El corregimiento de las diecisiete villas (fotografía: Jesús Pinedo)


Imagen del poder municipal

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EL CORREGIMIENTO DE LAS DIECISIETE VILLAS EN LA EDAD MODERNA (foto: Jesús Pinedo)

sábado, 13 de abril de 2024

BREVES RESEÑAS SOBRE DON JORGE MANRIQUE Y LA VILLA DE SAN CLEMENTE

 Reducir la presencia de Jorge Manrique a Uclés, Santa María del Campo Rus y Castillo de Garcimuñoz es simplificar demasiado la Historia.

Los documentos y referencias conservadas nos dicen que don Jorge Manrique llegaría probablemente a comienzos de 1479 a estas tierras y lo haría con el título de capitán conferido por los Reyes Católicos a finales de 1478. Nuevas evidencias nos llevan a pensar que llegaría a San Clemente, donde haría presentación de la carta de comisión real, firmada por el secretario de los Reyes Álvarez de Toledo. Dicho documento, el original, se conservaría en el archivo de la villa. San Clemente, de la mano de Juan Rosillo, había tomado un papel protagonista en la guerra. El campamento realista de 1476 se había instalado muy cerca de la villa y la reducción de la villa a la Corona ese verano contó con la presencia del Adelantado de Murcia.
Llegado a San Clemente, donde establecerá su residencia, Jorge Manrique es presumible que dedicará el mes de enero a organizar las defensas de Santa María del Campo, se construiría un cortijo, estructura de tierra en torno a la casa de Juan Castillo Portocarrero. Organizado el campamento, entre finales de enero y comienzos de febrero, Jorge Manrique recorrería La Alberca, Las Pedroñeras, El Perdernoso y Las Mesas, reuniendo concejos abiertos para prometerles el villazgo a cambio de la reducción a la Corona real. Nos ha quedado testimonio de la reunión con La Alberca y testimonio posterior en las RRTT para Las Mesas. Sólo La Alberca mantuvo su compromiso con el poeta (sería saqueada), pues el resto de pueblos citados no se atrevieron a levantar horca de tres palos, símbolo de su exención del marqués.
Luego las noticias de Jorge Manrique son muy vagas, amén de la correría que le procuró la muerte, se adivina a un Jorge Manrique que desde San Clemente, como centro nodal, mantiene una comunicación con el resto de pueblos favorables a la causa isabelina. Vislumbramos que las lanzas asentadas en Santa María del Campo tenían como finalidad ser un escudo para defender los pueblos del llano de la fortaleza del Castillo y a pesar de la narración de los hechos por Pedro Baeza creemos que tenia que temer más el cortijo de Santa María del Campo, saqueado, que la fortaleza del Castillo o la de Belmonte y su alcaide Diego Pacheco. La verdadera guerra se dio en los campos por partidas irregulares de labradores, más preocupados por unas acciones de tierra quemada que por grandes combates. Unos y otros aprovechaban la escasa fuerza militar en la mayoría de los pueblos para el saqueo. Incluso Santa María del Campo se quejará de que las lanzas asentadas en el pueblo poco podían hacer para evitar la destrucción de cosechas y robo de ganados.

SOBRE LA PRESENCIA DE DON JUAN MANUEL EN SAN CLEMENTE

SOBRE LA PRESENCIA DE DON JUAN MANUEL EN SAN CLEMENTE
 
Cada día es menos creíble que Clemén Pérez de Rus, fundador de San Clemente, lo hiciera a finales del siglo XI. No hemos de dudar de la existencia de tal personaje, tal como aparecía en aquella piedra conservada todavía en el siglo XVI y antes de la reforma de la iglesia de Santiago. Pero es evidente que tal figura de Clemén Pérez de Rus fue idealizada por la genealogía fabricada por los Castillo Portocarrero de Santa María del Campo Rus y que la existencia de tal personaje es probable que tenga que ver con lo que en su día dijimos de la "casa del caballero" de Castillo de Garcimuñoz. 

San Clemente solo aparece para la historia en los documentos con los amojonamientos entre Alcaraz y Alarcón el año 1318 por Sancho Jiménez de Lanclares, hombre de confianza de don Juan Manuel. No debía ser por entonces San Clemente pueblo con larga historia, pues no aparece mencionado en los amojonamientos de Alcaraz de 1272, pero cuarenta años después, en 1318,  ya es pueblo arraigado. Don Juan Manuel favorecerá a Castillo de Garcimuñoz, que de día en día adquiere más relevancia, hasta la concesión del villazgo de octubre de 1322.  Diez años después, del 18 al 24 de julio, don Juan Manuel dictará varias cartas a su escribano desde Castillo de Garcimuñoz y un mes después, el 22 de agosto de 1332, de regreso a Castillo de Garcimuñoz, don Juan Manuel parará en San Clemente para dictar una carta a su escribano Clemén Sánchez para que su vasallo, el alcaide de Alhama, devuelva el molino y el horno embargado a un tal Andrés García. Es de suponer que don Juan Manuel pasaría el día veintidós en San Clemente, pues hasta el día siguiente no nos aparece en una nueva parada, esta vez en Santa María del Campo, para dictar otra carta a su escribano. 

Será la segunda vez que San Clemente aparece en los documentos para la Historia: la primera, en 1318, con Sancho Jiménez Lanclares; esta segunda vez, en 1332, con la presencia del propio don Juan Manuel.

ARCHIVO MUNICIPAL DE MURCIA, serie 3, nº 43. Cartulario de Alfonso XI. Carta de don Juan Manuel a Alfonso Fernández Saavedra, 22 de agosto de 1332.

jueves, 11 de abril de 2024

SOBRE LA VIRGEN DE RUS

 No seré yo quien aporte novedades sobre el origen del culto mariano de Rus, pues los documentos anteriores al siglo XVII y la institucionalización de la romería en 1619 son las únicas realidades ciertas. Más allá del siglo XVII solo hay una mención de don Diego Torrente, que, al referirse al regidor Miguel Muñoz en 1528, nos dice el interés de este personaje para su estudio sobre Rus. Pero hay una serie de hechos que contribuyen a fijar contextos que hacen posible este culto más tardíamente.


En primer lugar, la existencia del poblado de Rus es muy anterior a San Clemente, antes de la conquista de esta tierra, y la fundación de San Clemente, leyendas aparte, sería la obra de un caballero de Castillo de Garcimuñoz con casa en Rus, que se aventura a nueva población en los disputados y cercanos límites con Alcaraz. En la crisis de mediados del siglo XIV, Rus se despuebla y San Clemente pervive, hasta tal punto que absorbe en 1387 al despoblado de Rus. Probablemente, por las propias exigencias fiscales de definición de los términos para el cobro de las rentas decimales. Rus desapareció pero es probable que, mientras su castillo se arruinaba, tal como ya nos decía hacia 1517 Hernando de Colón en su Cosmografía, su pequeña iglesia, ahora simple ermita se mantuviese en pie. Claro que en esa larga travesía del siglo XV y XVI a quién podía interesar este espacio apartado si no era a media docena de renteros que vivían en Perona y a otros tantos en Villar de Cantos. Rus sufragáneo de Villar de Cantos, abría las puertas de su ermita una vez a la semana en el siglo XVI para que el cura de Villar de Cantos dijera su misa, pero los oficios religiosos se hacían imposibles durante largas temporadas, pues las tierras anegadas impedían la comunicación entre Villar de Cantos y Rus.

Además, en el siglo XVI, y ya desde el siglo XV, Villar de Cantos, y Rus, comienzan a vivir de espaldas a San Clemente. La zona se convierte en sendas fincas particulares de dos familias: los Castillo, dueños de Perona, y los Ortega, dueños de Villar de Cantos. Los vecinos de San Clemente por entonces andaban como pollos sin cabeza y sin lugares de referencia en los que expresar su devoción mariana. Si las vecinos poblaciones de El Cañavate y La Roda tenían ya desde mediados del siglo XV sus centros marianos y sus Vírgenes aparecidas a pastores, San Clemente andaba en disputas con El Provencio por el santuario de Santa Catalina en Majara Hollín y el del mismo nombre en Sisante, donde junto a Villarrobledo celebraban sus particulares romerías.

El vacío al culto mariano comienza a llenarse en el cambio del siglo XV al siglo XVI. Mientras el converso Lope Rodríguez, un auténtico tahúr, cuya repentina muerte en las cárceles inquisitoriales le valió evitar ser quemado vivo, pues, decimos, mientras que andaba en 1490, en compañía de doña Juana de Toledo, por tierras de Perona, Rus y Villar de Cantos engañando a los campesinos con una imagen de la Virgen que paseaba por los campos a cambio de presentes, en San Clemente aparecen los primeros franciscanos y con ellos viene la devoción al culto mariano como centro de la espiritualidad. En aquellos años, en los que San Clemente y la religión estaba en ciernes, cualquiera se creía santo o santa y capaz de imitar en virtudes a María, unas más honestas con su vida de beaterio, otras como Inés de Moratalla, cayendo en alucinaciones y desenfrenos creyéndose sus propias fantasías. Pero si San Clemente veía en el convento de Nuestra Señora de Gracia su propio refugio espiritual y los Castillo, olvidándose de su iglesia de Perona colmaban sus aspiraciones de esconder su ascendencia conversa en magna construcción franciscana, en Villar de Cantos y Rus, los Ortega seguían a lo suyo, es decir, a enriquecerse. Don Rodrigo Ortega, el rico, que casó cuatro veces, todas ellas movido por lo mismo: la búsqueda de "rica hembra", que se decía entonces, para completar su hacienda, pues don Rodrigo, decimos, estaba más aislado en sus tierras de Villar de Cantos que la imagen por entonces existente en la abandonada ermita de Rus, que poco tendría que ver con esa imagen que vemos hoy. De hecho, cuando muere en 1535, don Rodrigo pide, como hombre de su tiempo, ser enterrado en la iglesia en alza en ese tiempo, que no es otra sino la de Nuestra Señora de Gracia. Su hermoso sepulcro renacentista (y el de alguna de sus mujeres enfrente) lo que nos demuestra es que don Rodrigo no tenía capilla donde ser enterrado (todas ellas estaban en manos de otras familias, que don Rodrigo tantas veces dispuesto a casarse no supo ver que la capilla la daba por entonces el apellido Monteagudo).

Así pasó el largo siglo XVI, San Clemente en pleno desarrollo y sin virgen. Bueno, virgen tenía y esa era la de los Remedios, convertida en motivo de disputa entre hortelanos, sastres y la población marginal del Arrabal por hacer de ella su referente y patrona, pero la realidad es que la sociedad sanclementina del Quinientos era sociedad muy secularizad. Hasta que llega el año 1600. San Clemente padece terrible peste ese año, la desgracia sería vista como auténtica calamidad y castigo divino, pues el resto de pueblos, en su mayoría (más avezados en aislarse), habían evitado el mal. Desesperados, los sanclementinos, incrédulos de los médicos que se mandan desde la corte y de los hermanos de Antón Martín, que ayudan desprendidamente, ponen sus ojos en las tierras de Villar de Cantos, Perona y Rus. Allí, ni don Juan Pacheco y su mujer Elvira Cimbrón, en Perona, ni los Ortega, en Villar de Cantos, padecen el mal, y entre unos y otros, la virgen de Rus entre ambas poblaciones salvaguardándolas. Es entonces, cuando el pueblo de San Clemente toma sus propias decisiones, los vecinos, que han pedido que la virgen de Rus venga al pueblo para salvarlos del mal, se aventuran, saltándose a autoridades civiles y religiosas, a ir a Rus, coger la imagen y traerla al pueblo. El escándalo debió ser mayúsculo por aquel entonces, pero los sanclementinos, en esto de asaltar ermitas, ya tenían tradición, pues ya lo habían hecho en Majara Hollín en 1524. Mientras que los sanclementinos portaban la imagen de la virgen de Rus hacia su pueblo a la carrera, las autoridades intentaban poner remedio a tal osadía; así que curas, presbíteros, regidores y alcaldes se plantaron a la entrada del pueblo para intentar poner orden y frenar a los desbocados vecinos. No creemos que el encuentro se desarrollara en la cordialidad, probablemente esa "carrera" actual por "esconder" la virgen tenga su tradición y razón de ser en el pasado, aunque, según parece, por el año 1600, la virgen fue llevada hasta la ermita de Santa Ana, centro de acumulación de apestados y cadáveres en aquel momento, en la vana esperanza de que la virgen volviera a la vida a aquellas víctimas del mal. Es en este contexto en el que la devoción a la virgen de Rus surge: un pueblo desangelado por un mal pestífero y un pueblo huérfano de tradiciones marianas y necesitado de ellas. Otra historia es la de los Castillo (ahora convertidos en Pachecos) y los Ortegas: los primeros con el cuerpo incorrupto de la madre Remona de aquí para allá y los segundos, más listos, viendo el filón de oro que suponía la virgen de Rus para sus ambiciones personales y es que don Rodrigo de Ortega el mayor, primer señor de Villar de Cantos (y ya su padre Francisco) debieron pensar: si no se nos acepta en San Clemente que nadie se olvide que la sartén por el mango, perdón, la Virgen la tenemos nosotros en nuestras tierras. O sea, si queréis la Virgen, nos dejáis como rehén esa otra del Remedio a la que ya teníais una devoción anterior y de la que ahora parecéis renegar por haber hecho suya durante unas decenas de años los moriscos que habéis expulsado en 1609, pero a la que el pueblo y el barrio del Arrabal sigue teniendo especial devoción. Y hablando de moros, no debemos olvidar que la principal acusación en el siglo XVII contra los Ortega es que habían trocado una abuela mora por otra cristiana, que no solo se intercambian vírgenes, también abuelas. 

domingo, 24 de marzo de 2024

LA CASA DE COMEDIAS DE SAN CLEMENTE

 ¿DÓNDE ESTABA EL CORRAL DE COMEDIAS DE LA VILLA DE SAN CLEMENTE?

Es una pregunta que se hizo don Diego Torrente y que fue incapaz de contestar, dándose por contento con fijar algunas representaciones teatrales en casa de vecinos principales. Pero ese corral de comedias existía o casa de la comedia como era conocida en el siglo XVII. Hasta allí se desplazaba compañía de actores murcianos en carretas provistas por quintanareños.
La casa de la comedia de San Clemente era también casa de posada, donde se alojaban los propios actores y otros viajeros en tiempos de inactividad teatral. Sabemos que en 1624 llegado a San Clemente el escribano receptor de Granada Esquivel, se alojó en esa casa de comedia: "posada que es casa de comedia", se nos dirá y la ubicará en los cantones de la calle Feria y Arrabal. Es decir, a nuestro entender, en el barrio de los Dulces, de donde se sacó la puerta mal llamada de la Inquisición para llevarla a la plaza de la Iglesia.






viernes, 15 de marzo de 2024

EL LEGENDARIO ORIGEN DE LOS ORIGÜELA EN PERONA (FRANCIA)

 Los Castillo de Burgos, descendientes de los Origüela de Castillo de Garcimuñoz se fabricaron una genealogía que llevaba sus antecesores a Francia y la ciudad de Perona en la Alta Edad Media. Según la genealogía el señor de Perona fue un señor y príncipe del estado de la provincia de Permanduez, Amianz (Amiens), San Quintín, Arsz (Arrás), y Jatalete: Era señor tan poderoso que el conde Alberto de Permanduez, que sucedió en este señorío, apresó al rey de Francia Carlos el simple el año 926 hasta la  muerte de este rey en Perona, tal como nos cuenta Francisco de Villaflorez. Los sucesores de Carlos el simple persiguieron al conde Alberto, señor de Perona, hasta conseguir, mediante engaños, matarlo. Con su muerte se deshizo su casa, de modo que sus hijos se repartieron: unos, a Italia, otros a España y otros se quedaron en Francia. Estos últimos llegaron a ser condestables de Francia y tuvieron por armas una onza en campo de plata.

Dos caballeros de la casa de Perona llegarían a España, hasta la corte de Oviedo y León; uno de ellos quedaría en esta tierra y de ahí vendrán los Avileses; el otro pasó a la corte de Castilla, que estaba en Burgos, sirviendo en ella a los reyes y habiéndole hecho capitán pasó contra los moros de la Mancha y Reino de Murcia, donde hizo hechos notables y siendo la ciudad de Murcia de los reyes, hizo su asiento y mayorazgo en la ciudad de Murcia, llamándose Avilés de Origüela.

Estos Avileses haciéndose poderosos en esta ciudad y Reino vinieron a tener bandos contra otros caballeros, de suerte que algunos tuvieron que salir de Murcia por muertes que dieron a sus contrarios y el primer caballero que salió fue Alonso González del Castillo Avilés y Origüela. EL Castillo lo había adoptado por haber tomado sus antepasados a los moros la fortaleza de Castillo de Garcimuñoz, que es en la Mancha frontera de Aragón. Este caballero fue alcaide del Castillo de Garcimuñoz y sucedió en la alcaidía a un caballero aragonés de la casa del conde de Ribagorza, con cuya hija casó, que se llamaba María Alfonso de Aragón, tuvieron mucha hacienda y lugares junto al dicho Castillo y fueron señores de Perona, que le pusieron este nombre en honor del conde Alberto, señor de Perona en Francia.

El dicho Alfonso González del Castillo Avilés de Origüela y su mujer María Alfonso de Aragón tuvieron por hijos a Pedro González del Castillo, Alfonso González del Castillo y Juan González del Castillo, que fue caballero de la banda y otra hijo que llamaron Diego, que fue obispo de Monreal en Nápoles, y luego de Tarazona, interviniendo en las diferencias entre los reinos de Castilla y Aragón.

Los dichos Pedro González del Castillo y Alonso González del Castillo, hermanos e hijos del dicho Alonso González del Castillo y María de Aragón, que están enterrados en la capilla de San Bartolomé de la iglesia San Juan Bautista de Castillo de Garcimuñoz, vinieron algunos donde estaba la Corte y casaron y casaron con dos hermanas  e hijas del doctor García de Camargo del Consejo del Rey don Enrique y de doña Constanza Bonifaz, nieta de Ramón Bonifaz, el primer almirante, que está enterrado en San Francisco de Burgos y fue en ganar Sevilla con el rey don Fernando el santo. El dicho Pero González del Castillo. El dicho Pedro González del Castillo, hermano del Alonso González del Castillo tuvo un hijo que llamo Pedro González del Castillo que casó con doña María Prestínez, vecinos de Burgos que están enterrados en la iglesia de San Román, en las gradas del altar mayor. Del otro hermano Alonso González del Castillo descienden don Pedro Velasco, capitán de la guarda y sus hijos y los señores de Villavaquería, alcaide de Fuenterrubia.

El matrimonio de Alfonso González del Castillo y María Alfonso de Aragón tuvieron, además de los cuatro hijos, otras dos hijas: Una de ellas, casó en Cuenca con Pedro López de Madrid, hijo de Lope López y tuvieron un hijo que fue el primer marqués de Moya y otro que fue comendador de la orden de Santiago, que murió en Sevilla, y una hija, que casó con el marqués de Cañete, de quien descienden el marqués de Chinchón y el marqués de Villena. La otra hermana con los antecesores de doña Eufrasia de Guzmán, princesa de Asculi.

Se advierte que hay otros Castillos conversos en Burgos, venidos de Medina del Campo.


"Yo el Rey: por hacer bien y merced a vos Juan González del Castillo y de Origüela damos licencia que podades traher e trayades la mi divissa de la banda en todas las ropas y armas y guaniciones que vos troxiéredes e en todas las otras cosas que las acostumbran traher los otros que de mí tienen. Fecho en veinte días de henero año del nascimiento de nuestro Salvador Ihesucristo de mill quatrocientos y treinta y un años. Yo el Rey, yo Diego Romero la fize escrebir por mandado de nuestro señor el Rey don Juan segundo, nieto de don Juan el primero e hijo de don Enrique tercero y padre de Enrique Quarto y de la reina doña Isabel".

"Un castillo de oro en campo colorado, una encina y al pie de ella una onza en campo blanco"


BNE, MSS/9645

Genealogía de D. Antonio de Quintela, deán de Astorga, y de sus hermanos. Año de 1590 (h. 1 24); Genealogía de los Sáenz o Sánchez, de la villa de Pesquera en el Valle de Iguña, abuelos maternos de D. Antonio de Quintela Sáenz de Pesquera, deán de Astorga (h. 25 32); Genealogía de los Castillo, de Burgos (h. 33 42); Memoria de los caballeros que han tenido hábitos de las cuatro Órdenes Militares, tíos, primos y parientes de D. Antonio de Quintela (h. 43 61v); Memoria del principio de los blasones y armas (h. 62 69v); Qué cosa es nobleza e hidalguía (h. 70 76); Noticias sobre las Órdenes Militares (h. 76v 86v); Solares y armas de los Quintela, Sarriá, Solís, Mesa, Salazar, Sáenz o Sánchez de Pesquera, Castilla, Alfonso, Vázquez, Peralta, Pérez das Mariñas, Rodríguez y Ron (h. 88 113); Advertencia para las hidalguías de solar conocido (h. 114 115v); Memoria de las probanzas que se han hecho de la limpieza y nobleza de D. Antonio Quintela de Salazar, en los años de 1589 1591 (h. 117 133) / Antonio de Quintela Salazar 1592

martes, 5 de marzo de 2024

La madre Remón

 

VIDA DE MARÍA DE SAN FRANCISCO O MARÍA REMÓN, NATURAL DE VARA DE REY (I)
Uno de los personajes más célebres de Vara de Rey es fray Alonso de Remón, fraile mercedario y cronista de esa Orden, dramaturgo y, para algunos, persona que se esconde tras el autor de "Avisos para forasteros". No queremos en esta biografía escribir una hagiografía, sino aportar luz sobre la familia Remón en Vara de Rey.
La familia Remón es descrita por fray Alonso Remón como una familia de labradores medianos que procuraron dar una buena educación a sus hijos. No obstante, fray Alonso Remón buscó unos orígenes nobiliarios a la familia. Quiso ver en unos parientes de Consuegra esa hidalguía que faltaba a los Remón de Vara de Rey. En 1547, ganan ejecutoria de hidalguía los hermanos Francisco, Juan, Diego, Julián y Alonso Remón, vecinos de la localidad toledana de Consuegra, hijos de Francisco Remón, nietos de Juan Remón y biznietos de Guillén Remón, que, en tiempos pasados había sido alcaide de la fortaleza de Consuegra.
Nuestro frailes había ido hasta Consuegra a adquirir la sangre nobiliaria, pero incapaz de rehacer genealogías, tuvo que ir a su pueblo de Vara de Rey para buscar sus antecedentes propios y los de su familiar María Remón. Fray Alonso Remón sabía bien la vida de la religiosa María Remón, pues era su tía (hermana de su padre). María Remón era hija de Fernando Remón y Catalina Sánchez de Honrubia, "gente de mediano estado, pero con nobleza y limpieza"; labradores acomodados de Vara de Rey, por lo que sabemos nosotros, y con ascendientes conocidos en el pueblo, al menos desde el último tercio del siglo XV. Creemos que nuestro cronista no tiene por qué mentir y es probable que los Remón de Consuegra fueran sus familiares, dadas las relaciones conocidas entre esta zona y esa otra de Toledo.
María Remón o María de San Francisco, nacería en año de 1541. Como familia de labradores, y en aquella época, sus padres ya la prepararían para lo que era la mejor de las progresiones sociales a la sazón; pues "lo que ha de tener duración, empiece temprano". Nos dirá su sobrino fray Alonso que ya de pequeña jugaba a hacer altares, vestir santos, formar procesiones y cantar aquello que escuchaba en los oficios religiosos. Es lo que se podía esperar para una mujer o un segundón que huyeran del campo. Pues siendo mujer quedaba vetada la ansiada vida de soldado o como nos dirá fray Remón: "el que desde niño se ensayó en el juego de la espada negra, para que en la varonía no le espante la sangre, que derramase la blanca".
ARMAS DE LA FAMILIA REMÓN: "un escudo dividido en cuatro cuarteles, en el uno un castillo almenado en campo colorado y en el correspondiente una banda de oro con cinco estrellas a cada lado, y en los de abajo cinco grajas, en campo de oro, y en el siniestro, un brazo armado con un árbol en la mano en campo colorado, orlado, y cenefado el escudo con armas con vistosa plumajería, pendiente de la cima y celada timbre a la tarjeta y festón en la forma que aquí se ve"


La niña que jugaba en su pueblo de Vara de Rey se hizo moza. En un pueblo, donde sobraban los hidalgos y empezaban a despuntar los labradores ricos, los primeros veían a las hijas de los segundos como carne de cañón para un buen casamiento. María Remón era una moza hermosa, lúcida de entendimiento como de compostura exterior. En los cánones de belleza de aquella época se nos dirá que era esbelta de talle, airosa y más blanca que morena, con unas pecas que realzaban su hermosura. Varios de los nobles se ofrecieron a casar con la moza, pero, aunque fray Remón, nos diga que era obsesión en la joven quedarse soltera para cuidar de ancianos a sus padres, más parece que la simple mención a la dote fuera la causa de no llevar a buen puerto cualquier promesa matrimonial. Dicho de otro modo, los hidalgos por vender su sangre querían una buena dote y, por el contrario, el padre de María se negaba a entregar su hacienda a unos hidalgos tan arribistas como arruinados. La moza y su familia tuvieron que escoger entre los dos esposos que se ofrecían ante sus ojos: un esposo terrenal y arruinado al que mantener o un esposo celestial, en cuya unión alcanzar una perfección que se negaba en vida. Esta disyuntiva la expresará mejor que nadie Fray Alonso Remón: "la doncella que perseveró en aquel estado no le ocupan otros pensamientos sino el cómo ha de agradar a Dios para merecer el ir a gozarle, pero la que se casa llévanle los cuidados de la casa, hijos, hacienda y familia y todo es agradar a su marido, de modo que corazón a tan dividido no puede estar tan libre, como era necesario para llenar los caminos de la perfección, porque está repartido en dos amores y sirviendo a dos dueños". Dicho de otro modo, una mujer en aquel tiempo era más libre sirviendo a Dios en un convento que a su marido en su casa.

Si bien la decisión de María Remón a profesar como monja se apresuró cuando vio morir a sus padres. Fue entonces cuando se dijo aquello de "ea, Señor, ya se llegó la ocasión, ya es tiempo de que vos me deis la luz y yo guiada de su resplandor no me contento con andar sino con correr al paso de vuestras inspiraciones de modo que el sentido del olfato pierda la fragancia de vuestro divino ejemplar, es a saber que no me entibie ni permitáis que me acobarde el que dirán de que una doncella honesta y recogida vaya a consolar los afligidos, se halle a enterrar los muertos, visite a menudo las iglesias".

María vistió el hábito franciscano de la Tercera Orden, pero no en el monasterio de la Asunción de San Clemente, sino que llevó vida de beaterio acompañada de una sobrina en Vara de Rey. Quizás porque el convento de la Asunción estaba a medias de hacer y el de San Francisco, devenido en convento dúplice no daba más de sí para nuevas huéspedes. Quien era conocida por la hija de Fernando Remón nacerá a nueva vida, siendo apodada la Madre Remona, muy a pesar suyo que preferirá y tardará en llamarse María de San Francisco. No sería fácil a María olvidar el viejo mundo terrenal. Su pelea con el demonio por alcanzar el nuevo estado de perfección es definido por su sobrino como guerra contra el envidioso Lucifer, solo ganada a costa de mortificaciones constantes de la carne. Era tal su tesón en la lucha que se dice que salió de la misma "aporreada y descalabrada". Cuentan que en cierta ocasión el demonio, que solo ella veía, no le dejaba pasar a misa. arrebatándola y llevándola por los aires algunos pasos, mientras la religiosa afirmaba: "no te canses en vano bestia, que he de decir misa a tu pesar". Vencido el demonio, fue ella quien quiso vivir en la simpleza de las bestias, apenas vestida y buscando el sustento frugal de la naturaleza: "el vestido un poco de sayal , digo de paño, o cordellate frailesco era. La comida tan tenue que raras veces comía carne y cuando la obligaban a comer fuera de su ordinario, porque era molestada de señores y amigas principales. luego echaba mano de la fruta o legumbres y riñéndola respondía con gran alegría, yo soy una bestia, en habiendo verde, no hay sino dejarme, que con ello he de sustentarme". Nunca comía todo, pues con ayuda de su sobrina repartía comida a los pobres. No se daba alegrías, siendo la primera a asistir a pobres y enfermos y enterrar a los muertos. 

La frugalidad y mortificación llevaron a María a la experiencia mística, de tal modo que como si fuera ida, se arrobaba y en éxtasis pronunciaba sus profecías. María sabía que estos misticismos, y menos el ejercer de pitonisa, provocaba recelos que bien le podían causar perjuicios con el Santo Oficio. Por esa razón, vuelta en sí, se apresuraba a decir: "¿Qué he dicho, he hablado algo? no crean nada, que todo son disparates y cosas poco considerables". Pronto la Madre Remona adquirió fama milagrera.

Un tercer domingo de mes, estando descubierto el Santísimo Sacramento, la Madre Remona quedó arrobada una vez más, pero para volver enseguida en sí y salir corriendo de la iglesia de Vara de Rey; los fieles salieron tras ella, caminando hacia el mediodía, pasado el paraje de la Vega y el camino que de San Clemente va hasta los molinos en un olivar que había a la otra parte de la venta y camino. Allí la Madre Remona quitó la soga a un hombre que se estaba ahorcando en un olivo, salvándole la vida. En otra caso, adelantándose a los malos pensamientos de un vecino principal de Vara de Rey que quería matar a otro. Presentóse la sierva de Dios a eso de las doce de la noche en la casa del potencial criminal y le hizo desistir de sus aviesas intenciones. Otra veces, era el propio tío quien quería ver milagros. Así, en una ocasión que le visitó en Toledo y el colgar unas uvas devino en lucha interior que acabó con nuestra mujer santa malherida. Entretanto, los vecinos de Vara de Rey veían a María de San Francisco levitar una y otra vez delante de un demonio no visible que le impedía entrar en la iglesia. 


(El expediente está incompleto)


BNE, VE/139/47Relacion de la vida, y muerte de la sierua de Dios Maria de San Francisco, de la Orden Tercera del Serasico Padre de San Francisco, por otro nombre Maria Remon, natural de la villa de Vara de Rey en la Mancha :Va dividida esta relacion en doze puntos, y parrafos : / Por el padre maestro fray Alonso Remõ, predicador, y coronista general de todo el orden de n. señora de la Merced, redencion de cautivos

Fray Alonso Remón, 1561-1632

lunes, 4 de marzo de 2024

Buenache de Alarcón y el onceno

En los lugares de señorío del sur de Cuenca era costumbre pagar un diezmo adicional al señor, además del diezmo eclesiástico. Este diezmo, raramente era la décima parte de los frutos cosechados y se aproximaba más a la onceava o quinceava parte, siendo fluctuante en relación a la fuerza de las partes enfrentadas. En Buenache de Alarcón, los campesinos paraban el llamado "onceno" a los señores del lugar: la familia Ruiz de Alarcón. El año 1595, tal renta señorial fue discutida por los vecinos en los tribunales, amparándose en una escritura de 1496 que declaraba sus bienes libres de tributos. Don Pedro Ruiz de Alarcón alegó que los bienes eran tributarios de "una especie de décima" desde tiempo inmemorial, en virtud de un "pacto, conveniencia o transacción" que se había hecho entre vecinos y señores cuarenta y nueve años antes del pleito. El origen del tributo se quería ver no en imposición señorial sino en tributo pagado con anterioridad a los reyes. Dicho tributo se pagaba en florines al monarca. Según Pedro Ruiz de Alarcón, los señores de Buenache se había encargado de la recaudación del tributo y como compensación recibiría la llamada "décima", luego reducida a "onceno", y el pago de este tributo se hacía desde una escritura entre los vecinos de Buenache y el abuelo de Pedro Ruiz de Alarcón que  se remontaba a 1466, que venía a ratificar otro concejo de 1415 y que reducía la décima a onceno. 

Las discusiones entre los vecinos de Buenache y su señor llegaba a poner en duda por este el concejo abierto de 1496. A este concejo abierto habían acudido los alcaldes Martín Sánchez y Fernán López, dos regidores y un vecino Fernando Soler, nombrados por su nombre, aunque el concejo decía reunir a cuarenta vecinos para una población que se consideraba pequeña ese año. La oposición al "onceno" se había discutido en ese concejo de 1496, pero el debate se había reabierto en un nuevo concejo abierto de 1568, lo que muestra el rechazo al impuesto de los bonacheros a este tributo.


Madrid, 14 de enero de 1644. Alegaciones de Pedro Ruiz de Alarcón en el pleito con el concejo de Buenache el onceno.


CIRCA 1644. BUENACHE DE ALARCÓN, CUENCA. PLEYTO DEL ONZENO. LIBRERÍA ANTICUARIA LUCES DE BOHEMIA

Pedro de Mendiola Bracamonte

La ejecutoria de hidalguía de Pedro Mendiola era de 15 de febrero de 1576. Pedro de Mendiola era hijo del licenciado Juan de Mendiola y el reconocimiento de hidalguía era también para el resto de sus hermanos. El licenciado Juan de Mendiola había iniciado el pleito por su hidalguía en 1558, que luego habían continuado sus hijos, habidos en el matrimonio con Catalina Galindo. Pedro luego se doctoraría en leyes y casaría con doña Mariana de Bracamonte, vecina de la ciudad de Guadalajara. Del matrimonio nacería Pedro de Mendiola Bracamonte, que en 1612 y en  Santa María del Campo y pedirá ser admitido en su ayuntamiento como hidalgo. En 1605, Pedro de Mendiola Bracamonte había ocupado el cargo de alférez mayor perpetuo de Santa María del Campo Rus por renuncia de su familiar Miguel Galindo.


La información se ha obtenido de un documento a la venta por Internet en TODOCOLECCIÓN (Librería anticuaria Luces de Bohemia)

domingo, 3 de marzo de 2024

JOSÉ DE HARO CASTAÑEDA Y FERRER

 

GENEALOGÍA DE DON JOSÉ DE HARO CASTAÑEDA Y FERRER (bautizado el 5 de mayo de 1666 en Villanueva de la Jara)

PADRES

Antonio de Haro y Castañeda, vecino de Chinchilla, y Ana Isidora Ferrer, natural de Villanueva de la Jara

TÍAS POR PARTE DE PADRE

Francisca de Haro (madre de Fernando Antonio Núñez y Robres, caballero de la orden de Montesa) y Magdalena de Haro (madre de Marcos Enríquez, caballero de la orden de Montesa)

ABUELOS PATERNOS

Diego López de Haro y María Castañeda, naturales de Alarcón, y residentes en Motilla

ABUELOS MATERNOS

Juan Ferrer, natural de Villanueva de la Jara, y Francisca Rosillo Ruiz de Alarcón, natural de Palomares de Campo (hija de Gaspar Rosillo, natural de San Clemente y sobrina de Francisco de Alarcón, obispo de Pamplona y Córdoba, del linaje de los señores de Valera de Arriba)

Partida de Bautismo de Juan Ferrer

Villanueva de la Jara, 27 de febrero de 1587, hijo de Martín Ferrer y Ana de la Osa

En la iglesia de Santa María de Alarcón se encontraban los libros sacramentales del resto de iglesias de la villa de Alarcón: Santísima Trinidad, San Juan, Santo Domingo, Santiago y la propia iglesia de Santa María. Los libros habían sido trasladados allí desde el resto de iglesias. En 1654, la iglesia de la Santísima Trinidad sufre un incendio en el que se pierden los libros de Bautismo. El incendio afecta a la sacristía y archivo parroquial.

Diego López de Haro había sido bautizado en la parroquia de la Trinidad, donde se bautizaban los hombres principales de Alarcón; los bautizados en esta iglesia tenían el privilegio de antelación para las becas del Colegio de Cuenca del Monte Olivete de Salamanca. Don Diego de Haro vivía en la calle de los Caballeros, perteneciente a la parroquia de Santa María; los Haro tenían en la puerta de su casa y los cuartos de las mismas, sus armas en los escudos. Los Haro de Alarcón tenían su enterramiento ("sepultura sumptuosa") en el presbiterio de la iglesia de San Juan


Archivo Histórico Nacional, OM-CABALLEROS_MONTESA,Exp.243