El corregimiento de las diecisiete villas (fotografía: Jesús Pinedo)


Imagen del poder municipal

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EL CORREGIMIENTO DE LAS DIECISIETE VILLAS EN LA EDAD MODERNA (foto: Jesús Pinedo)
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Monday, January 26, 2026

De los Avilés, Ramírez y León

 El 16 de septiembre de 1560, un fraile franciscano salmantino se presenta ante la justicia belmonteña. Se trata de Juan Ramírez, profesa en el convento franciscano de la ciudad de Salamanca, donde es lector de Teología, que luego llegarí a ser provincial de la provincia franciscana de Santiago y estuvo presente en el concilio de Trento. Ahora, llega desde Salamanca en busca de su ascendencia y linaje a esta villa manchega. Aunque el fraile se escondía tras el apellido Ramírez, procedente de Villaescusa, el apellido paterno era León, como el del conocido fray Luis. De hecho, el bisabuelo del primero y el abuelo del segundo eran primos hermanos, Gómez Fernández de León, el del franciscano, y Gómez de León, el del poeta y agustino, si bien, el primero de ellos era más conocido por haber sido condenado por hereje, judaizante, por la Inquisición en 1529. En cualquier caso, un primo hermano y otro decían proceder de las montañas de León y ser hijosdalgo. Pero en la Mancha se conocían todos y los hidalgos habían tenido que tomar casamiento con gentes del lugar, si era posible, mujeres adineradas, y estas se encontraban en Castillo de Garcimuñoz y su mundo converso. Si la ascendencia materna de fray Luis llevaba al apellido Olivares, con fama de judíos, la ascendencia de fray Juan Ramírez, llevaba al apellido Avilés, como fama de poco limpio

El bisabuelo Gómez Hernández de León era problemático por su condena de 1529, pero ahora se presentaba como uno de los veintiuno, hombres principales que regían la villa de Belmonte y mutaba su condena inquisitorial a anfitrión de los inquisidores en su casa belmonteña, en especial, del inquisidor Gumiel. Este Gómez Hernández de León había vivido hasta los cien años y, curiosamente, su muerte se debió producir inmediatamente después de la condena inquisitorial y coincidiendo con los intentos de Lope de León, padre de fray Luis de León, por obtener ejecutoria de hidalguía en la Chancillería de Granada.

También iba contra los León el hecho de que dos del linaje familiar hubieran casado con dos mujeres, cuyos sambenitos colgaban en la colegiata de Belmonte: Juana Rodríguez y Leonor de Villanueva. Dos mujeres de Quintanar, que la familia defendió que no eran descendientes de judíos, aunque reconocían que habían judaizado.

GENEALOGÍA DE FRAY JUAN RAMÍREZ

1.- PADRES

Gómez de León y Ana de Aviles, vecinos de Belmonte

2.- ABUELOS PATERNOS 

Juan de León y Leonor Ramírez (hija de Alonso García, llamado en Belmonte como el "amo del conde" y Juana Ramírez y nieta de Benito Ramírez el sordo -padre de Juana- y hermana del obispo Diego Ramírez de Villaescusa, que fundó el colegio de Cuenca en Salamanca). Además esta Leonor es hermana de la mujer de Martín del Cerro (Mari Ramírez) y de Francisco Ramírez y Alonso Ramirez, vecinos de Belmonte.

3.- BISABUELOS PATERNOS

Gómez Hernández de León e Inés Hernández del Rubio

4.- TERCEROS ABUELOS PATERNOS

Juan de León y Leonor Gómez (otro de los hijos de Hernán Álvarez de León es Lope de León, del que viene el linaje de Fray Luis, por su abuelo Gómez de León y su padre Lope de León. Un último hijo es Gonzalo de León).

5.- CUARTOS ABUELOS PATERNOS

Alvar Fernández de León y Elvira Hernández de Guadalajara (según los detractores este abuelo era Hernán Sánchez el Habichuelo, relajado y sus huesos quemados. Es improbable porque esa sentencia es de 1492)

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2.- ABUELOS MATERNOS

Bachiller Rodrigo de Avilés (jurista, teniente de corregidor en Lorca y Toledo, y hermano del capellán del marqués, otro hermano llamado Juan González, una hermana casada con Alonso Hdez. de Araque y otra hermana casada con Juan Madrid, vecino del Castillo) e Inés López del Rubio

3.- BISABUELOS MATERNOS

Hernán González (uno de los 24 de Castillo de Garcimuñoz) y Marí López, vecinos de Castillo de Garcimuñoz, padres del bachiller Rodrigo Avilés (enterrados en una capilla del convento de San Agustín de Castillo de Garcimuñoz), y Juan Rubio (veintiuno de Belmonte) e Isabel Hernández de Monreal, padres de Inés López Rubio. Hernán González se le atribuía descendencia de Alonso González de Avilés, señor que se llamó de la hazienda de Perona e fundador de la capilla de San Bartolomé en la iglesia mayor del señor San Juan de la villa del Castillo

4.- TERCEROS ABUELOS MATERNOS

Diego Sánchez del Rubio (mayordomo de don Juan Pacheco y fundador de la capilla familiar de San Antonio en el convento de San Francisco) e Inés López, padres de Juan Rubio. Inés López es hermana de Hernando López Barchillón y de Pedro López Barchillón, y también del vicario Juan de Baños

Fray Juan Ramírez tiene una hermana Leonor Ramírez, casada con Baltasar de Inestrosa (que a su vez era hijo del licenciado Inestrosa, natural de Belmonte, y doña Francisca de Olivares, natural de Castillo de Garcimuñoz). El hijo de este matrimonio es Juan de Inestrosa, escribano de cortes

GENEALOGÍA DE FRAY LUIS DE LEÓN

PADRES: Lope de León y Leonor de Valera y Alarcón (hija de Juan Valera, contino del rey. Sus hijos son Miguel -veinticuatro de Granada-, Cristóbal -gobernador de la Alhambra-, Antonio -clérigo-, Mencía, María y fray Luis

ABUELOS: Gómez de León (otros dos hermanos eran el licenciado Pedro de León y Álvaro de León de los 21 de Belmonte) y Leonor Tapia

BISABUELOS: Lope de León y Leonor de Olivares y Villanueva (hija de Pedro Rodríguez, vecino de Quintanar y María Rodríguez Olivares de Castillo de Garcimuñoz. Proceso inquisitorial en 1510-1512, reconciliada y cárcel. Sambenito en la colegiata de Belmonte, Tiene una hermana Juana, también penitenciada en 1512. Los sambenitos de ambas hermanas fueron colocados primero en la catedral de Cuenca y luego llevados en 1548 a la colegiata de Belmonte). Lope de León tiene un hermano Gonzalo de León (debe ser el padre de Álvaro de León, penitenciado en Toledo, en 1495) y otro hermano llamado Juan de León, muerto joven, que a su vez tiene dos hijos, Gómez Fernández de León (penitenciado en 1529) y Alvar Fernández (esta línea, a través del primero, Gómez, enlaza con los Ramírez de Villaescusa y los Inestrosa).

TERCER ABUELO: Alvar Fernández de León, alcaide de Belmonte) y Elvira Hernández de Guadalajara (Inventario de bienes de Elvira de 1452, tenida por conversa). Se dice que el ataúd de piedra de Alvar Fernández de León estaba en el altar mayor, pero luego se retiró. Los enemigos de los León creen ver en él al judío Habichuelo, pero es poco probable, fue relajado y sus huesos quemados por la Inquisición en 1492

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"Dize Tulio que la justicia es virtud que guarda primero el bien e provecho común e la cosa pública a cada uno de lo suyo en tanto que dize San Agustín que si en el mundo la justicia desfalleciese y el buen regimiento de los pueblos, los reinos, los señoríos serían roberías, e los antiguos dixeron señaladamente, Valerio Máximo que tanto hera que el amor que los antiguos avían a la justicia por sostener la cosa pública que sus propios adversarios amavan quando los veyan justos e quando por justicia e buen regimiento esos tenían e acrecentavan el público bien porque en el buen regimiento está la virtud de la justicia que se guarda e defendimiento contra todos los males e da  a todos camino para todo bien e al tenor de la justicia hace seguros a los trabajantes e a los escriuanos e face a los solescitar sin pabor e para los desanparados, uérfanos e bibdas  es anparaça e façe fuir y espanta, aborrece a todos los malhechores e face a todos los buenos alegrías, en tanto que Aristóteles dize que la justicia e buen regimiento es cosa maravillosa, virtud que las estrellas del cielo allá no se deven conparar de donde el nuestro redentor Ihesuchristo dixo e conpuso e adornó todo los susodicho, puniendo e dando firme esperança a aquellos que sostienen la justicia e rrigen los pueblos en ygualdad para que no aya turbación ni pabor de les sostener, que bienaventurados son aquellos que reciben algunas persecuciones por la justicia, ca de tales es del rreyno de los cielos por lo qual del concejo desta villa de Belmonte, quiriendo e deseando aquesto sostener e guardar, estando ayuntados en la sala de la dicha villa en un día deste presente mes de junio del año del nascimiento de nuestro salvador Ihesuchristo de mill e quatrocientos e noventa e un años, los honrados señores e virtuosos señores Juan Ruyz de Molina, secretario del duque de Escalona marqués de Villena don Diego López Pacheco nuestro señor, su corregidor e justicia mayor en esta dicha villa e su tierra y en todas las otras sus villas e logares del marquesado, e Fernando Alonso de Peñafiel e Juan Ruvio, alcaldes, el comendador Juan de Vitoria e Alonso Gonçales Gruesa e Diego Dïaz, regidores, e Martín Moreno y el alcaide Alonso de Montoya y el bachiller Juan Martínez de Segovia e Diego Martínez e Gómez Fernández de León e Martín del Cerro e Pero Gonçales de Guadalajara e Fernán López Barchillón e Myguel Burillo e Alonso Romero e Pero de Villanueva, personas del número del veyntiuno del regimiento de la villa, estando presente Álvaro de León, escriuano del secreto del concejo"

Las ordenanzas antiguas se remiten a 31 de diciembre de 1389 aprobadas por su ayuntamiento que se reúne en la iglesia de San Bartolomé. 

Posteriormente, en una reunión celebrada en el palacio de don Alfonso Téllez de Girón, en 10 de septiembre de 1432, se discute el pago de impuestos por los hidalgos. En esta ocasión, están presentes Fernán Sánchez y Pero López, alcaldes, Martín Sánchez de Monreal, Alfon Sänchez de la Tahona, Sancho García y Juan Martínez de Tresjuncos, regidores, Juan Sánchez Carrillo, alguacil, Luis Sánchez de Valera, Marcos Fernández, Fernán López Barchillón, Andrés Martínez de Riofrío y otros hombres buenos. El escribano es Diego Sánchez el Rubio. En el concejo se trata que han de pechar los que se tiene por hidalgos (se trata de una modificación de las ordenanzas. Entre los que se tiene por hidalgos están: Alonso Manuel, Alvar Hernández de León, Alonso Álvarez de Iranzo, Diego Maldonado y Juan Zapata. Se dice que no quieren pagar "por los bienes que ovieron de pecheros". Se trata de un primer embrión de hidalgos favorecidos que hemos de suponer recién llegados a la villa y que se han hecho con bienes de población pechera.

En  2 de septiembre de 1447, en una nueva modificación de las ordenanzas se mantiene el concejo pechero. En este concejo, se recuerda a don Juan Pacheco, que acabará cediendo, que todos deben pechar en Belmonte, por privilegios que tiene la villa, incluido el personal de confianza del maestre de Santiago, que en este momento son: Juan de Berrios, Alfon Álvarez y Rodrigo de Mula, su despensero (y que luego adopta el apellido Melgarejo). En esa fecha, Juan Pacheco intentará en mayo de ese año, asimismo, que participen, en las suertes para la elección de oficios, los tenderos, pues estaban vetados y seguirán vetados a entrar en suertes


Testigos en 1560

Juan Evangelista de Valera, canónigo de la colegiata de Belmonte, 48 años

Juan Díaz de Baños, canónigo de la colegiata de Belmonte, 85 años

Andrés Donoso el viejo, 60 años

Cristóbal Donoso, 60 años

Gonzalo Pacheco el viejo. 61 años

Sancho Collado, 60 años

Fernando de Tébar, 50 años

Pedro Ramírez de Montalbanejo, 60 años

Andrés de Alarcón, 56 años. nacido en Castillo de Garcimuñoz, hijo de Pedro López de Alarcón y Ana de Arboleda.

Alonso el Rubio Vanegas, 60 años

Diego de Jara, 60 años (en realidad, su apellido es Guadalajara)

Garci Martínez, clérigo, 47 años

Pedro de Moya, el viejo, platero. 62 años

Hernán Ruiz de Moncayo, clérigo. 60 años

Fernando de la Tahona, 70 años

Francisco García, el viejo, 64 años

Gonzalo Pinedo, 61 años

Gregorio de Inestrosa, 75 años

Diego Rodríguez, clérigo, 60 años

Juan de Piqueras, 64 años

Pedro de Moya, clérigo, 55 años

Pascual Valdeolivas, 60 años

Agustín de Monreal, 60 años

Juana Saiz, mujer que fue de Rodrigo Moya, difunto. 74 años

Licenciado Hernando de Céspedes, 59 años

Alonso de Montoya, el viejo, 76 años. Es nieto de Lope de León (el bisabuelo de fray Luis)

Juan Guerrero, 50 años

Alonso de Morales, clérigo. 54 años

Diego Donoso, 46 años

Alvar García de Monreal, 51 años 

Antón Rodríguez, 90 años

Juan González de Ortgüela, vecino de Honrubia, 72 años

Francisco de Origüela, morador de Honrubia, 61 años

Bachiller Juan de León Campuzano, clérigo de Honrubia, 60 años

Hernando Alonso de Buedo, clérigo de Castillo de Garcimuñoz. 66 años

Catalina de Valera, mujer de Sancho de Alarcón, 75 años, vecina de Castillo de Garcimuñoz. Procedía de Cuenca, pero con 19 años  (en 1504) llega a Castillo de Garcimuñoz para casarse con Cristóbal Torrijos, su primer marido.

Alonso Araque, clérigo de Castillo de Garcimuñoz, 66 años

Isabel García, viuda de Alvaro de Alcaraz, 75 años, vecina de Castillo de Garcimuñoz

Doctor Juan Martínez de Avendaño, 49 años

Pedro de Cañizares, clérigo de Castillo de Garcimuñoz, 53 años

Ana de Arboleda, mujer de Pedro López de Alarcón, 80 años, vecina de Castillo de Garcimuñoz. Dirá que Hernán González fue casado dos veces, la segunda con una mujer de Ocaña, que no parió porque era vieja

Diego de Moya, vecino de Castillo de Garcimuñoz, 75 años. Vivía en le mismo barrio que los González de Avilés.

María de Belmonte, mujer que fue de Luis de Arboleda, 70 años

Francisco Ramírez de Haro, cura de Villaescusa de Haro, 70 años

Alonso López de Mingo Juan, 67 años, vecino de Villaescusa (procede de los Ramírez por Elvira, hermana de Juana, casada con Miguel Sánchez Ortuño)

Juan Delgado, clérigo de Villaescusa, 61 años

Miguel Navarro, 80 años, vecino de Villaescusa de Haro

Andrés de Araque, vecino de Villaescusa de Haro, 58 años

Leonor Ramírez, mujer de García de Castro, 45 años

Cristóbal Díaz, vecino de Villaescusa de Haro, 70 años

LOS AVILÉS DE CASTILLO DE GARCIMUÑOZ

El apellido Avilés tenía muy mala fama en poblaciones como San Clemente, lejos de orígenes legendarios, se le consideraba ligado al mundo converso y con sangre judía. Fue una de las armas arrojadizas contra los Ortega, por ejemplo, cuando pleitearon su hidalguía. Pero a mediados del siglo XVI, la genealogía oficial de la familia pasaba por una de las principales de Castillo de Garcimuñoz, con la figura de Hernán González, que era uno de los veinticuatro de Castillo de Garcimuñoz, gente principal y adepta a la que el marqués de Villena había reservado el gobierno de la villa. Las genalogías parecían acabar aquí en este Hernán González, pero el doctor Juan Martínez de Avendaño se atrevía a colocar el origen de la saga en un Alfonso González de Avilés, señor de la hacienda de Perona y que había fundado la capilla de San Bartolomé en la desaparecida iglesia de San Juan. De los casamientos de Hernán se sabía poco, la primera mujer Mari López era una gran desconocida, más allá de ser modelo de cristiandad, repetido una y otra vez. De la segunda mujer, se despreciaba, pues era una de Ocaña que por vieja había sido incapaz de parir. 

El matrimonio de Hernán González y Mari López vivía en un barrio donde no faltaban los conversos, así lo reconocía un Diego de Moya, una familia de plateros cuyos apellidos originales son otros. Tuvo cinco hijos: uno capellán del marqués, otro que marcará la descendencia familiar en el pueblo, y dos hijas, una casada con los Araque y otras con los Madrid. Y sobre todo, un hijo el bachiller Rodrigo de Avilés, teniente de corregidor de Lorca y Toledo y jurista y letrado de gran prestigio. El enterramiento familiar sería en una capilla fundada por el padre en el convento de San Agustín.

LOS RAMÍREZ DE VILLAESCUSA DE HARO

La historia de los Ramírez de Villaescusa de Haro comienza con Benito Ramírez el sordo

"El dicho Benito Ramírez que llamaban el sordo, visahuelo de este testigo (Francisco Ramírez, cura de la villa en 1560) e revisahuelo del dicho fray Juan Ramírez, hizo hacer un altar que dizen de San Sebastián en la yglesia mayor de esta dicha villa de Villaescusa, la advocación de la qual es del señor San Pedro y que en él esta sepultado el dicho Benito Ramírez, hincado de rodillas con un capuz negro e un bonete e unos borzeguíes naranjados, porque dezían que andava de aquella manera e que en aquel tiempo fue de los primeros que en esta villa de Villaescusa se llamaron de este apellido de Ramírez" (Descripción del cura Francisco Ramírez)

"Hizo hazer un retablo del señor San Sebastián en la yglesia mayor de la dicha villa de Villaescusa, advocación de San Pedro, en el qual dicho retablo a visto este testigo que se hizo pintar el dicho Benito Ramírez", continúa con la descripción anterior (Alonso López de Mingo Juan)

"Un retablo de los bienaventurados mártires San Sebastián y San Fabián,... en el qual dicho retablo está pintado Benito Ramírez como persona que lo hizo...que es fundamento y cepa de los más perfetos Ramirez" (Juan Delgado)

"Que está puesto el dicho Benito Ramírez hincado de rodillas en lo bajo del retablo, puestas las manos en señal de hazer oración"  (Andrés de Araque)

Las acusaciones de apostasía y herejía contra Gómez Hernández de León (1529)

  • Primeramente, que el susodicho por honra y guarda de la ley de Moysen, para hacer oración judayca se ponía por la cabeça o sobre sí unos estafelines con unas correas según era costumbre de los judíos
  • Tenía en si casa una cámara, en lugar escondido, una lamparilla, donde no había imagen para hace la oración, en guarda y observación de la ley de Moisés
  • Estando en la iglesia, sin ser visto, y como vituperio y menosprecio del Santo Sacramento, hacía oración vueltas las espaldas al altar.
  • Comías los manjares y carnes guisadas de mano de judíos.
  • No comía tocino.
  • "Pater noster el mayor, que nos guarde el criador", tal como dicen esta oración los judíos.
  • Decir que su mujer tenía tanta verdad como la virgen María.
  • Decir Dios no es verdad si eso es verdad.
  • Sobornar a personas para desacreditar como locos a testigos que le habían acusado de herejía.
  • Referirse a los inquisidores con estas palabras: nora mala vengan que andan a tomar por toda la tierra los dichos de las moças de soldada para asir algo de los amos.
  • Decir las torres para los herejes, los muladares para los Christianos cathólicos.
  • Servirse de terceras personas para que hablasen con las personas que le querían acusar y avisarles de que mirasen lo que decían.
  • Referirse a la virgen como la puta vieja vil sangrienta, la puta vil sangrienta.
  • Decir que en otro tiempo se usaba que venían las hadas a hadar, lo qual es supersticioso y ceremonia de judíos.
  • Diciéndole una persona, qué grandes hombres ace la yglesia, él contesto, otros mejores desace la Inquisición. 
  • Decir tal como lo hacían los judíos: loado sea el criador, que hiço el cielo y la tierra y el mar y las arenas y que abrió el mar por doce carreras.
  • Decir en abierta crítica al Santo Oficio, que el lobo y la vulpeja todos son de una conseja y que el inquisidor y cierto letrado se aconsejaban y pagaría él y otra persona acusada con sus haciendas y pellejas. Y que pagaban justos por pecadores.
  • Por encubridor de herejes, de cierto hereje al que había escondido en su casa y luego facilitado la huida a Portugal.
  • Simular estar excomulgado por no manifestar sus delitos.
La sentencia contra Gómez Fernández de León le absolvía de herejía, pero le conenaba por blasfemar contra los inquisidores: le debemos condenar y condenamos a que el domingo o día de fiesta ande en una procesión que se hiciere en la iglesia colegial de la villa de Belmonte en cuerpo y sin bonete y sin cinto con una vela de cera encendida en las manos detrás de la cruz y así esté en pie junto a las gradas del altar mayor  y que no se humille sino al alzar y consumir y que después de la dicha misa se ofrezca la dicha candela al presente con un real, más le condenemos a que dé y pague para los gastos del Santo Oficio, al receptor, sesenta mil maravedíes. Se le absuelve de cualquier sentencia de excomunión. La sentencia se da en Cuenca, a 23 de agosto de 1529. Para entonces, Gómez Fernández de León yacía en la cama enfermo, cuando se le leyó la sentencia. Su salud se agravó y no pudo estar presente cuando la sentencia se leyó en la colegiata de Belmonte un cinco de septiembre, pero sí que estaría presente el 26 de septiembre para cumplir su condena y humillación pública. Poco tiempo despúes murió, con 85, 90 o 100 años, según los testigos. 

Otro de los penitenciados por la Inquisición fue el bachiller Álvaro de Luna, cuyo sambenito colgaba en la iglesia de San Pedro de la villa de Ocaña. El bachiller Álvaro de León, también llamado el bachiller de la Luna, era hijo de Gonzalo de León. Fue preso y castigado por el Santo Oficio por judaizar con pérdida de bienes. De su llegada a Ocaña se sabía poco, unos decían que había venido de Toledo, otros de Belmonte. Se casa en Ocaña con hija de un fulano de la Cámara y tiene por hijo a un Gonzalo de León. Estos León intentarán enlazar con el oidor Lope de Léon y sus hijos Miguel y Cristóbal, cuando pleitean la hidalguía en Granada.

En un principio, el bachiller Álvaro fue declarado en rebeldía, por ausentarse de estos Reynos, aunque después debió buscar un compromiso con el Santo Oficio con un compromiso de confesión. El promotor fiscal, el bachiller Diego Martínez Ortega, acusó al bachiller Álvaro de León herejía y este se auto inculpó de comunicarse con los judíos, reconocer que uno de ellos le había dicho que el judaísmo era la única fe verdadera, tal como se mostraba en una "biblia" que tenía, guardaba los sábados, ayunaba los ayunos de judíos, comía el pan ácimo, entraba en las cabañuelas y al salir de la pascua judía recibía, de otros judíos, lechuga y frutas, comía carne de animales, muerto en ceremonias judías, negó los sacramentos a su padre enfermo, ponía la mano sobre la cabeza de sus hijos y no les santiguaba, muerto un hijo estuvo retraído descalzo y con un paño sobre la cabeza, daba limosna a judíos, quitaba el sebo a la carne y comido carne y queso en la cuaresma. Confesó guardar la leey de Moisés y judaizar desde treinta y cinco años.

La sentencia inquisitorial afirmó que el reo había cometido herejía y apostasía y haber incurrido en sentencia de excomunión mayor, fue recibido a penitencia y reconciliación con la iglesia, se admitía su abjuración de Leví, y se levantaba la excomunión. La sentencia fue dada en la plaza de Zocodover, en Toledo, el 21 de julio de 1495.


Los Avilés de Castillo de Garcimuñoz

Se trata de la misma rama de ls Origüela, con el mismo antecesor reconocido común Alonso González del Castillo Avilés y Origüela, señor de la hacienda de Perona. En 1605, se decía de ellos: oyó a Diego de Haro Montoya y a otros que tiene poca edad para testigos que la aguela materna del dicho don Juan que se llamó fulana de Avilés fue de los Origüelas, que este apellido tiene muy mal nombre y que este testigo tien un hermano que se dice Andrés Donoso Romero familiar del Santo Oficio, el que se casó en la villa de San Clemente, donde ay oriuelas que son confesos,que vinieron de la villa del Castillo de Garcimuñoz"

El carácter converso de esta familia Origüela*Avilés lo confirmaba el comisario del Santo Oficio de Altarejos: por mandado de la Inquisición de Cuenca fue como comisario a llevar unos sant benitos a la villa de Sant Clemente y entre ellos yuan unos que decían oriuelas... que el ynquisidor estaba aquí de visita porque de viejos  se auían caydo y volvieron a renovar... aquí (en Castillo de Garcimuñoz) conoció a un Juan Gonzalez de Oriuela que estaba en mala reputación y deste quedaron un clérigo su hijo que se llama Francisco de Villamayor y el dicho Juan tuvo aquí hermanos que no se acuerda... y un Christoval de Garnica que también es Oriuela... y otro que se llama Alonso de Avilés, 

Hacia 1605, a Cristóbal de Garnica, Andrés de Villamayor y Pedro de Líébana Áraque se les tenía por Origüelas. Los Garnica se habían manchado, siendo limpio el primero que llegó a San Clemente, por matrimonio con los Origüela.

Archivo Histórico Nacional, OM-CABALLEROS_SANTIAGO,Exp.3935


En agosto de 1490, la mujer de Lope de León y sus hijos piden al gobernador del marquesado de Villena para que interceda para cobrar las deudas que se deben a la familia, pues no pueden mandar procuradores al estar apestada Belmonte y no dejar entrar a los procuradores que mandan para cobrar las deudas. RGS,LEG,149008,140
 En mayo de 1482, la que pide pago de deudas es la viuda de Gonzalo de León, RGS,LEG,149205,497



Monday, March 24, 2025

TRES MOMENTOS DE SAN CLEMENTE

* 1503: San Clemente ha embargado el pan de las rentas decimales de Vara de Rey (su aldea), autorizados por una pragmática de los RRCC. En la carta de compromiso que el concejo de San Clemente llega con el canónigo de Cuenca  Gonzalo Sánchez de Inestrosa, este entrega el pan de la rentas decimales de Vara de Rey a pagar por el precio de la tasa. En el compromiso que se llega don Luis Pacheco es juez árbitro para garantizarlo. Gonzalo de Sánchez de Inestrosa actúa por sí mismo y en nombre de  Diego de Iniesta que es prior de Belmonte y arcipreste de Alarcón. Es un año de esterilidad y carestía que dará lugar a varios de crisis. El concejo se compromete en un concejo abierto.


Concejo de San Clemente de 12 de diciembre de 1503

Benito López y Alonso López de Perona, alcaldes ordinarios

Juan de Olivares, alguacil

Juan Sánchez de Andrés Sánchez, Francisco de los Herreros, Martín Sánchez de Monteagudo, regidores

Juan Sánchez de Olmedilla, procurador sindico de la villa

Miguel López de Perona, Pedro Sánchez de Origüela, Pedro Ruiz de Segovia, Francisco de Perona, Gil Fernández de Alfaro, Juan López, Martín López y muchos otros hombres buenos



*1510: Carta de casamiento entre Aldonza Xuárez, hija de Alonso González de Origüela, y Fernando de Molina, hijo de Alonso Núñez de Molina, escribano público de Cuenca. La dote de la novia será 70000 maravedíes, la mitad en dinero y la otra mitad en ajuar (Cuenca, 10 de julio de 1510).

Alonso González de Origüela tiene, además, por hijos a Pedro Xuárez y Hernando de Origüela (al que conocemos por Hernando de Origüela).

Los dos documentos anteriores se los debo a Julia Toledo (AHPCu)

*¿1516?: Notificaciones de un auto a diversos oficiales del ayuntamiento: Juan López de Perona el viejo, Miguel Muñoz, Alonso López de la Alberca, Diego Simón (todos ellos regidores y alcaldes del año pasado). Sancho Rodríguez,  Rosillo (testigos y procuradores). Ginés de Haro, Alonso Astudillo, Pascual Simón, Juan Ruiz, Miguel Sánchez de los Herreros, Francisco de Perona (regidores y alcaldes de este presente año.

Testigos: Juan de la Huerta, Pedro Fuero (?), Juan de Sandoval, Francisco de Carboneras, Jerónimo de Montoya, Alonso de las Mesas, Alberto García de Illana, Juan López Lencero, Francisco Sánchez, Juan de Illana.

El documento no está fechado, AHMSC. Ayuntamiento




Sunday, June 23, 2024

El mayorazgo de Pedro González Galindo

 Pedro González Galindo constituye mayorazgo el año 1634 por dos mil fanegas de trigo de renta del marquesado de Villena, las casas principales y accesorias de la calle Alcalá en Madrid, otras principales que hay en San Clemente (las de la calle Piquirroti) y demás bienes familiares. Dicho mayorazgo, de hecho suponía una división de los bienes entre sus dos hijos: Pedro González Galindo, casado con Aldonza Fernández de Castilla, y Antonia Galindo, casada con Francisco María Piquinoti. Cuando muere el padre Pedro González Galindo, su mujer María de Tébar había de quedar por usufructuaria de los bienes, sin embargo en la escritura de mayorazgo se incluía una cláusula por la que el otorgamiento de los bienes al hijo era supeditada al matrimonio con la referida Aldonza. En las capitulaciones matrimoniales además se incluía que hijo y nuera habían de recibir  mil ducados en concepto de alimentos hasta la muerte de los padres, pero también una cláusula que se dejaría sin efectos el mayorazgo si el matrimonio no tenía hijos, como ocurrió con la muerte de Aldonza Fernández de Castilla:

Con que sien vida de los dichos señores don Pedro Gonçález Galindo y doña María de Tébar su mujer y qualesquier dellos fallesciere sin hijos la dicha señora doña Aldonça Fernández de Castilla en tal caso puedan variar el dicho mayorazgo y fundallo en cabeça de cualesquier hijo o hijas que al presente tienen o tuvieren porque queda en su voluntad de lo revocar no tienendo hijos del dicho matrimonio el dicho don Pedro Gonçález Galindo su hijo, porque en este caso quedará por ninguna esta fundación de mayorazgo que se haze o hiciere como si no se hubiera hecho por vía de contrato de causa onerosa, porque su voluntad es que por ella sola adquiera derecho de irrevocabilidad la dicha señora Aldonça Fernández de Castilla mientras viviere y cohabitare con el dicho don Pedro Gonçález Galindo, su hijo y sus descendientes si los tuviere el matrimonio.

Esta cláusula y otra que que dejaba en manos de la viuda María de Tébar la disposición de los bienes como usufructuaria supondrían la exclusión del hijo de la posesión del mayorazgo y la apuesta por la línea sucesoria de la hija Antonia Galindo y su marido Piquinoti. La exclusión del heredero vino el año 1635, cuando la desgracia se abatió sobre la familia, primero con la muerte de Pedro González Galindo padre y luego de su nuera Aldonza Fernández de Castilla. La vía genovesa de los Piquinoti se imponía, pero sobre todo la familia se alejaba de San Clemente, vivía de sus rentas pero abandonaba el pueblo.

Por Pedro Gonzalez Galindo, marido de doña Aldonça Fernandez de Castilla. Con doña Maria de Tebar su madre, viuda de Pedro Gonçalez Galindo. Sobre el amparo de la possession que se ha dado al dicho don Pedro del mayorazgo. Porcones, Biblioteca de la Universidad de Sevilla. Madrid, imprime Andrés Parra, 1635, signatura A 110/114(21)


Friday, March 15, 2024

EL LEGENDARIO ORIGEN DE LOS ORIGÜELA EN PERONA (FRANCIA)

 Los Castillo de Burgos, descendientes de los Origüela de Castillo de Garcimuñoz se fabricaron una genealogía que llevaba sus antecesores a Francia y la ciudad de Perona en la Alta Edad Media. Según la genealogía el señor de Perona fue un señor y príncipe del estado de la provincia de Permanduez, Amianz (Amiens), San Quintín, Arsz (Arrás), y Jatalete: Era señor tan poderoso que el conde Alberto de Permanduez, que sucedió en este señorío, apresó al rey de Francia Carlos el simple el año 926 hasta la  muerte de este rey en Perona, tal como nos cuenta Francisco de Villaflorez. Los sucesores de Carlos el simple persiguieron al conde Alberto, señor de Perona, hasta conseguir, mediante engaños, matarlo. Con su muerte se deshizo su casa, de modo que sus hijos se repartieron: unos, a Italia, otros a España y otros se quedaron en Francia. Estos últimos llegaron a ser condestables de Francia y tuvieron por armas una onza en campo de plata.

Dos caballeros de la casa de Perona llegarían a España, hasta la corte de Oviedo y León; uno de ellos quedaría en esta tierra y de ahí vendrán los Avileses; el otro pasó a la corte de Castilla, que estaba en Burgos, sirviendo en ella a los reyes y habiéndole hecho capitán pasó contra los moros de la Mancha y Reino de Murcia, donde hizo hechos notables y siendo la ciudad de Murcia de los reyes, hizo su asiento y mayorazgo en la ciudad de Murcia, llamándose Avilés de Origüela.

Estos Avileses haciéndose poderosos en esta ciudad y Reino vinieron a tener bandos contra otros caballeros, de suerte que algunos tuvieron que salir de Murcia por muertes que dieron a sus contrarios y el primer caballero que salió fue Alonso González del Castillo Avilés y Origüela. EL Castillo lo había adoptado por haber tomado sus antepasados a los moros la fortaleza de Castillo de Garcimuñoz, que es en la Mancha frontera de Aragón. Este caballero fue alcaide del Castillo de Garcimuñoz y sucedió en la alcaidía a un caballero aragonés de la casa del conde de Ribagorza, con cuya hija casó, que se llamaba María Alfonso de Aragón, tuvieron mucha hacienda y lugares junto al dicho Castillo y fueron señores de Perona, que le pusieron este nombre en honor del conde Alberto, señor de Perona en Francia.

El dicho Alfonso González del Castillo Avilés de Origüela y su mujer María Alfonso de Aragón tuvieron por hijos a Pedro González del Castillo, Alfonso González del Castillo y Juan González del Castillo, que fue caballero de la banda y otra hijo que llamaron Diego, que fue obispo de Monreal en Nápoles, y luego de Tarazona, interviniendo en las diferencias entre los reinos de Castilla y Aragón.

Los dichos Pedro González del Castillo y Alonso González del Castillo, hermanos e hijos del dicho Alonso González del Castillo y María de Aragón, que están enterrados en la capilla de San Bartolomé de la iglesia San Juan Bautista de Castillo de Garcimuñoz, vinieron algunos donde estaba la Corte y casaron y casaron con dos hermanas  e hijas del doctor García de Camargo del Consejo del Rey don Enrique y de doña Constanza Bonifaz, nieta de Ramón Bonifaz, el primer almirante, que está enterrado en San Francisco de Burgos y fue en ganar Sevilla con el rey don Fernando el santo. El dicho Pero González del Castillo. El dicho Pedro González del Castillo, hermano del Alonso González del Castillo tuvo un hijo que llamo Pedro González del Castillo que casó con doña María Prestínez, vecinos de Burgos que están enterrados en la iglesia de San Román, en las gradas del altar mayor. Del otro hermano Alonso González del Castillo descienden don Pedro Velasco, capitán de la guarda y sus hijos y los señores de Villavaquería, alcaide de Fuenterrubia.

El matrimonio de Alfonso González del Castillo y María Alfonso de Aragón tuvieron, además de los cuatro hijos, otras dos hijas: Una de ellas, casó en Cuenca con Pedro López de Madrid, hijo de Lope López y tuvieron un hijo que fue el primer marqués de Moya y otro que fue comendador de la orden de Santiago, que murió en Sevilla, y una hija, que casó con el marqués de Cañete, de quien descienden el marqués de Chinchón y el marqués de Villena. La otra hermana con los antecesores de doña Eufrasia de Guzmán, princesa de Asculi.

Se advierte que hay otros Castillos conversos en Burgos, venidos de Medina del Campo.


"Yo el Rey: por hacer bien y merced a vos Juan González del Castillo y de Origüela damos licencia que podades traher e trayades la mi divissa de la banda en todas las ropas y armas y guaniciones que vos troxiéredes e en todas las otras cosas que las acostumbran traher los otros que de mí tienen. Fecho en veinte días de henero año del nascimiento de nuestro Salvador Ihesucristo de mill quatrocientos y treinta y un años. Yo el Rey, yo Diego Romero la fize escrebir por mandado de nuestro señor el Rey don Juan segundo, nieto de don Juan el primero e hijo de don Enrique tercero y padre de Enrique Quarto y de la reina doña Isabel".

"Un castillo de oro en campo colorado, una encina y al pie de ella una onza en campo blanco"


BNE, MSS/9645

Genealogía de D. Antonio de Quintela, deán de Astorga, y de sus hermanos. Año de 1590 (h. 1 24); Genealogía de los Sáenz o Sánchez, de la villa de Pesquera en el Valle de Iguña, abuelos maternos de D. Antonio de Quintela Sáenz de Pesquera, deán de Astorga (h. 25 32); Genealogía de los Castillo, de Burgos (h. 33 42); Memoria de los caballeros que han tenido hábitos de las cuatro Órdenes Militares, tíos, primos y parientes de D. Antonio de Quintela (h. 43 61v); Memoria del principio de los blasones y armas (h. 62 69v); Qué cosa es nobleza e hidalguía (h. 70 76); Noticias sobre las Órdenes Militares (h. 76v 86v); Solares y armas de los Quintela, Sarriá, Solís, Mesa, Salazar, Sáenz o Sánchez de Pesquera, Castilla, Alfonso, Vázquez, Peralta, Pérez das Mariñas, Rodríguez y Ron (h. 88 113); Advertencia para las hidalguías de solar conocido (h. 114 115v); Memoria de las probanzas que se han hecho de la limpieza y nobleza de D. Antonio Quintela de Salazar, en los años de 1589 1591 (h. 117 133) / Antonio de Quintela Salazar 1592

Sunday, June 25, 2023

Capilla de San Juan en el convento de Nuestra Señora de Gracia de San Clemente

 



...y mando que sea sepultado en la yglesia del señor Sant Francisco desta villa en la capilla del señor Sant Juan adonde están enterrados Pedro Sanz de Origüela y la Galinda mis padres sus fundadores y de su capellanía y memoria que santa gloria ayan


ACHGR, HIDALGUÍAS, sign. ant. 301-107-36. Testamento del licenciado Galindo de 1566


Sunday, December 12, 2021

Una reinterpretación de los Castillo y Origüela de Garcimuñoz

La genealogía que presentamos de los Castillo está fundada en el "Nobiliario y blasón de Canarias", Tomo II, de don Francisco Fernández Bethencourt, del año 1878



Los Castillo de Garcimuñoz tienen por antecesor y fundador del linaje en Lope del Castillo "alias" Machaca (Macacho en la genealogía oficial de la familia) que participó en la toma de Algeciras en 1344. El sobrenombre de "Machaca" le viene por el uso de una maza en su lucha contra los moros. Es el Lope Martínez del Castillo o Macacho que tienen por padre el doctor Pedro González del Castillo, señor de Santa María del Campo) y su hermano el corregidor de Ávila, Hernán González del Castillo. No obstante, el Macacho o Machaca en la genealogía de los Portocarrero es el abuelo Alfonso Martínez. que por cronología tiene más sentido.

Lope del Castillo tiene por hijo a Alonso González del Castillo, I de este nombre, en esta genealogía, (y a los dos citados anteriormente según la genealogía de los Castillo Portocarrero).

Alonso González del Castillo tiene por hijo a Juan González del Castillo u Origüela, I de este nombre, por haber venido desde la población de Origüela a Castillo de Garcimuñoz (según el licenciado Villanueva de San Clemente, estudiosos de las genealogía en el primer tercio del siglo XVI, el apellido Origüela se toma después que la mujer de Juan, María (o Catalina en otras fuentes) Arronis de Vozmediano, cometiera un crimen en Murcia. La familia huye a Orihuela y de allí a Castillo de Garcimuñoz.

Juan González del Castillo u Origüela, deja cuatro hijos:
  • Francisco González del Castillo, señor de Perona
  • Fray Diego González del Castillo, dominico y confesor de Juan II de Navarra y de su Consejo Real, obispo de Monreal y de Tarazona (según testamento del doctor Pedro González del Castillo, su sobrino, obispo de Zamora y arzobispo de Tortosa)
  • Alonso González del Castillo, que sigue la línea
  • Hernán González del Castillo, forma la casa de los señores de Altarejos y Carcelén. Casó con Juana de Toledo (¿relación con el doctor Franco?), el segundo hijo del matrimonio, señor de Altarejos, es progenitor de los señores de Villadarias.
Creemos que de esta generación procede Hernando del Castillo, alcaide de Alarcón, y Hernando del Castillo el del Arzobispo. Planteamos como hipótesis que el primero es hijo de Francisco y de Violante González y el segundo es hijo de fray Diego. Es curioso que Perona y Altarejos cayeran en poder del alcaide de Alarcón... 

Alonso González del Castillo, II de este nombre, señor de Perona y alcaide de Garcimuñoz, casó con María Pérez de Cabrera, hija del alcaide de Castillo de Garcimuñoz, tienen nueve hijos
  1. Juan González de Origüela, II de este nombre, caballero de la banda por cédula real de Juan II, de quien fue contador. De esta rama procederá la rama menor de los Origüela de San Clemente
  2. Pedro González del Castillo, del consejo de Juan II, casado con María García Prestínez de Bonifaz. Dice que sus tíos son fray Diego, que lo es, y el doctor Pedro González del Castillo, señor de Santa María del Campo (en realidad es tío abuelo)
  3. Lope González del Castillo, que forma la rama de los Castillo de Canarias
  4. doña María Alonso del Castillo o Avilés que casó en Cuenca con Pedro López Gibaja, llamado de Madrid, tienen por hija única a María Gibaja y Castillo casada con Juan Fernández de Cabrera (biznieto legítimo de los vizcondes soberanos de Ager y Cabrera). El hijo mayor de este matrimonio es Andrés de Cabrera, I marqués de Moya.
  5. Doña Urraca González del Castillo, que casó con el doctor Diego González Franco, del consejo y contador de Juan II ( en otras genealogías es Inés)
  6. Marina González del Castillo, mujer de Álvaro de Tamayo, alcaide del castillo de Garcimuñoz, en cuyo puesto sucedió a su cuñado Lope González del Castillo. Padres del comendador Castillo, del hábito de Santiago.
  7. 8 y 9. Tres señoras cuyos nombres no nos han llegado los nombres y casaron con Peraltas, Carrillos y Alarcones
Lope González del Castillo, III de este nombre e hijo de Alonso González del Castillo y María Pérez Cabrera, alcaide de Castillo de Garcimuñoz en los reinados de Juan II y Enrique IV, casado con doña Marina García Prestínez de Bonifaz, hermana de la citada María. Asistió con su hermano Pedro al concilio de Basilea. Tuvieron por hijo a Hernán González del Castillo

Hernán González del Castillo se avecindó en Sevilla en 1440, casó con Teresa Martínez, en Moguer, en el condado de Niebla. Fue uno de los cinco capitanes nombrados para la conquista de Canarias al mando del general Juan Rejón. Su hijo Cristóbal García del Castillo participó en la segunda expedición para la conquista del Canarias al mando de Pedro de Vera, entre 1480 y 1483.


Las fuentes de Bethencourt son Gonzalo Argote de Molina y Bernabé Moreno de Vargas (para el caso de Juan González de Origüela, citados expresamente) y el Memorial presentado a Carlos III por don Fernando Bruno del Castillo Ruiz de Vergara, primer conde de la Vega Grande de Guadalupe, así como Don Antonio Ramos en su Descrpción Genealógica de las casas Mesa y Ponte.

"Nobiliario y blasón de Canarias", Tomo II, de don Francisco Fernández Bethencourt, del año 1878



Sunday, February 16, 2020

Tres testamentos de Origüelas

Testamento del doctor Pedro González del Castillo, el menor (1 de diciembre de 1470, natural de Castillo de Garcimuñoz

Pedro González del Castillo, el menor, es hijo de Alonso González de Origüela y Mari Pérez Cabrera, enterrados en la capilla de San Bartolomé de la iglesia de San Juan de Castillo de Garcimuñoz.

Asiste con su hermano Lope González de Origüela al concilio de Basilea, acompañando al obispo de Burgos, don Alonso de Caratagena.

Fray Diego González del Castillo, su tío, el arzobispo, confesor del rey Juan II de Aragón.

Doctor González del Castillo, oidor del rey don Juan II, su tío. Se hace con la tutoría de su hijo Bartolomé al tiempo de su fallecimiento

Diego del Castillo, comendador de Calatrava, su sobrino, e hijo de Juan González de Origüela, caballero de la banda (hermano del doctor Pedro González del Castillo el menor)

Tiene por hijos a Alonso del Castillo, capitán de gente de armas del alcázar de Segovia, y Francisco del Castillo, regidor de Burgos. Otros hijos son: el licenciado Juan González del Castillo, el licenciado Diego González del Castillo, Lope del Castillo, Álvaro del Castillo, e hijas Leonor, María y Constanza.

Hernán González del Castillo, corregidor de Ávila, su tío

Esposo de María Prestínez Camargo, hija de Diego García de Camargo, oidor de Enrique III y Juan II.

Testamento de Juan González de Origüela del Castillo, caballero de la espuela dorada y de la banda, morador del lugar de Sandoval, jurisdicción de Villadiego, natural de Castillo de Garcimuñoz (donde se da el testametno a 24 de diciembre de 1434)

Pide que su cuerpo sea enterrado en la capilla de San Bartolomé de la iglesia de San Juan, junto a los cuerpos de sus padres Alonso González de Origüela y Mari Pérez Cabrera.

Reconoce por hermanos al doctor Pedro González del Castillo y a Lope González del Castillo (casado con una hermana de María Prestínez Camargo) y como hermana a María Alonso de Cabrera y otras.

Casado con su mujer, Elvira González de Toledo, es hermana del doctor Diego González de Toledo, oidor real y contador mayor de cuentas.

Su hijo es Juan González de Origüela, en guerra en la Frontera, pide le suceda en la espuela dorada y banda

Otro hijo es Fernán González de Origüela, casado con Inés Sánchez de Alarcón.

Otra hija es Mari González de Origüela, casada con Alfonso de Tamayo.

Diego y Catalina son otros hijos legítimos

Testamento de Fernán González de Origüela, vecino del Castillo de Garcimuñoz (15 de mayo de 1456)

Pide ser enterrado en la capilla de San Bartolomé de la iglesia de San Juan de Castillo de Garcimuñoz, junto a su padre Juan González de Origüela, caballero de la espuela dorada y la banda, y su madre Elvira González de Toledo.

Casado con Inés Sánchez de Alarcón, hija de Alonso de Alarcón

Su hijo es Pedro Sánchez de Origuela, que llega a la villa de San Clemente en 1455.

Otro hijo es el bachiller Fernán González del Castillo, en Ciudad Real.



BNE. MSS/9880(H.101R.-118R.),
Traslado de los testamentos que otorgaron los señores Joan González de Orihuela, Pedro González del Castillo y Fernán González de Orihuela [Manuscrito]. Andrés Marcos Burriel (S.I.). Copia de un traslado hecho en Madrid, 19 abril 1636

Thursday, August 3, 2017

Cómo los Garnica entroncaron con la Grandeza de España (1593)

                                                   

Don Jorge de Mendoza, nieto y hermano de Marqués de Mondéjar, joven de 18 años, se presentó un veintinueve de septiembre de 1593 en la villa de San Clemente; seis días después a las nueve de la noche se casaría con María, la hija de Juana de Valderrama, viuda de Hernando de Avilés, que vivía en la ya entonces llamada plazuela de Astudillo, antes que esta familia adquiriera notoriedad en la villa. Provisto de un mandamiento del provisor del obispado de Cuenca que autorizaba su casamiento con la hija de Juana, María de Garnica y Avilés, estaba dispuesto a formalizar en contrato matrimonial lo que sin duda eran auténticos sentimientos de amor hacia la joven María, mezclados de la fogosidad propia de la edad. La familia del joven, Grandes de España (el grupo nobiliario de mayor prestigio social y acceso a la Corona) era, por supuesto, desconocedora de lo que estaba pasando aquella noche de San Miguel en la lejana villa manchega.

El matrimonio se celebraría, siendo el sacerdote oficiante el doctor Tébar. Don Cristóbal de Tébar es conocido como el inmaculado cura que fundó el Colegio de la Compañía de Jesús en la villa de San Clemente, pero cada vez que nos aproximamos a su figura, nos aparece como un hombre muy comprometido con su tiempo, y con los bienes materiales. Ese día de San Miguel, que casó a los dos jóvenes enamorados, Jorge y María, no se encontraba en la mejor situación en la comunidad eclesiástica. Dicho sin rodeos, el doctor Tébar se encontraba excomulgado por un asunto turbio relacionado con la administración de las rentas eclesiásticas.

Pero la familia Mendoza no estaba dispuesta a aceptar un matrimonio que por la condición de los contrayentes era, en palabras de la época, de gran disparidad: no era imaginable que un joven emparentado con los Grandes de España casará con la hija de un hombre pechero y llano y una humilde mujer, cuya nobleza no era pareja a su posición social. Además, en el pueblo estaba presente el corregidor don Juan de Benavides y Mendoza, dispuesto a desbaratar tal despropósito matrimonial. Actuando como confidente de los Marqueses de Mondéjar, intentó compaginar su actuación legal para invalidar el matrimonio con el papel de un actor más implicado en este vodevil. Tal como comunicaba el corregidor al Marqués de Mondéjar el día 9 de octubre de 1593, en su apreciación, el matrimonio de los dos jóvenes era una confabulación de curas, emparentados con los Garnica y los Oma:
El día de San Miguel que se contaron 29 del pasado vino a esta villa (de San Clemente) don Jorje de Mendoza, hijo de Yñigo López de Mendoza en compañía de un Gaspar de Garnica, vezino della, el qual a lo que yo he podido alcançar le deuió de engañar y persuadir con sus deudos a que se casase con una hermana suya y para haçerlo ganaron liçençia con secreto del probisor de Cuenca para desposarlo como lo hiçieron sin que se hiçiesen las amonestaçiones que manda el Santo Conçilio y ymagino que ayudaron a este negoçio que tan mal a pareçido en esta tierra: en Cuenca el dotor Martín de Garnica, canónigo, y aquí el dotor Tébar, cura desta villa, y Tristán de Pallarés, clérigo, por ser deudos y amigos
El corregidor ampliaba la trama denunciando a Antonio de Oma Zapata, primo hermano de la viuda Juana de Valderrama, que por entonces vivía en Belmonte, bajo la protección del marqués de Villena. Asimismo informaba que había mandado encerrar con grillos en la cárcel de la villa al principal inductor del matrimonio, Gaspar de Garnica, hermano de María de Garnica, mientras que mantenía en arresto domiciliario a la novia y a su madre. El joven don Jorge de Mendoza quedaba confinado en la casa del corregidor a espera de que se aclarasen los hechos.

A pesar de las diligencias del corregidor, el matrimonio se consolidaría y María de Garnica y Avilés, quedaría convertida en la esposa de don Jorge Mendoza, marqués de Agrópoli desde 1617. Su hermano, Gaspar de Garnica, superando el amargo contratiempo de la prisión, llegaría a ser prior y canónigo de la catedral de Santiago y consultor de la Suprema del Santo Oficio. El doctor Tébar se convertirá en benefactor de la villa con su legado jesuítico y los Oma volverían desde Belmonte a su villa natal de San Clemente para convertirse en una de las principales familias del pueblo.

Pero a nosotros nos interesa el incidente del matrimonio para conocer un poco más del San Clemente de 1593.


La excomunión del doctor Tébar

Doña Juana Valderrama, a quien su marido Hernando de Avilés, había dejado como curadora y tutora de sus hijos Gaspar y María, no estaba dispuesta a que las diligencias del corregidor para anular el matrimonio de su hija con don Jorge de Mendoza dieran su fruto ni mucho menos a que su hijo Gaspar siguiera en la cárcel pública. Por eso, con fecha 25 de octubre encargó su defensa ante el Consejo Real a dos letrados de prestigio de la villa, el doctor Pedro Alonso de Arce y el licenciado Alonso González de Santacruz. El primero, que era un médico de prestigio en la Corte, pronto delegaría su poder en el procurador Baltasar Romero. Al mismo tiempo se recurrió a la jurisdicción eclesiástica del provisor del obispado, doctor Rueda, que mandó le remitieran las actas del matrimonio que obraban en poder del notario de San Clemente, el presbítero Cristóbal de Iranzo. Mientras el corregidor Juan de Benavides y Mendoza seguía inflexible; un mes después de los hechos, tal como atestiguaba el escribano Gaspar Llanos, mantenía encerrado en la cárcel al joven licenciado Gaspar de Garnica.

Don Jorge de Mendoza, era hijo de Iñigo López de Mendoza y natural de la villa de Uclés.
Había conocido a María de Avilés a través de su hermano Gaspar de Garnica, que estudiaba en Alcalá de Henares junto a Jorge de Mendoza. Se había presentado en la villa de San Clemente el 29 de septiembre, pero aún esperaría hasta el cinco de octubre para casarse con doña María de Garnica y Avilés. Los días que transcurrieron entre las dos fechas los aprovechó para obtener mandamiento del juez ordinario del obispado de Cuenca, doctor Rueda, que le autorizara al casamiento. Alegaba don Jorge que no podía esperar a las tres amonestaciones preceptivas, porque sus deudos se opondrían maliciosamente al matrimonio si se alargaban los trámites. Conseguiría la licencia del matrimonio, condicionada a que no cohabitase con la novia hasta no cumplir con las necesarias amonestaciones, relegadas al momento posterior al acto sacramental. El mandamiento del provisor ordenaba al doctor Tébar celebrar el matrimonio, que se aseguró bien de guardar las formas, examinando a los testigos, Antonio de Oma Zapata y Gaspar de Garnica, advirtiendo a los novios de la disparidad de condición social,

que mirase que era noble y generoso, que podía ser uno de los grandes de España y que todas estas calidades le faltaban a la dicha doña María de Avilés
de su libertad para contraer matrimonio y de evitar la cohabitación de momento y asegurándose que la ceremonia matrimonial fuese pública, abriéndose las puertas de la casa de doña Juana Valderrama.
que los matrimonios no se hacen a puerta cerrada sino muy abiertas y que lo sepa Dios y todo el mundo y no solamente los de los aposentos, sino los de la calle y llamen testigos e ansí luego mandó abrir las puertas

Es de destacar la premura con la que el corregidor iniciará las averiguaciones, desde el mismo momento del casamiento; pero también la celeridad, 20 de octubre, con que el Consejo Real pide le sean remitidos los autos del corregidor e inicie informaciones de testigos para saber lo acaecido. Pronto las tomas de declaraciones dejan bien definidos dos bandos en el pueblo. En el primero, se sitúan los Garnica, los Oma y el doctor Tébar, junto a otras figuras menores del momento. En frente, los vecinos principales del pueblo se ven obligados a tomar partido a favor o en contra del cura. El número de enemigos era mayor que el de amigos.

La declaración tomada al doctor Tébar por el corregidor Juan de Benavides fue agria. Intentaba demostrar el corregidor el poco celo religioso del doctor Tébar, que había celebrado el santo sacramento con testigos que eran parientes de la novia y del propio cura, de modo secreto (¿Cuántos testigos pasaron al abrir las puertas?, preguntó con malicia el corregidor) y estando excomulgado. El doctor Tébar se negó a contestar y también a firmar su declaración. No se detendría el corregidor que inició una serie de declaraciones para demostrar que el cura no era quién para celebrar un matrimonio estando excomulgado.

El corregidor tomaría declaración al sacristán de la Iglesia de Santiago, Millán Martínez, que con apenas un mes en el oficio, reconocería saber de la excomunión del cura Tébar. A continuación se consultó en la iglesia la tabla de memorias donde se asentaban los nombres de los excomulgados; allí aparecía el nombre del cura junto a otros vecinos, socios suyos, con la fecha del 25 de septiembre como día de la excomunión. Desde esa fecha tenía prohibido decir misa y administrar los sacramentos. La excomunión por el ordinario de Cuenca tenía su origen en la irregular administración del cura Tébar de la administración de las rentas eclesiásticas, que había dejado de ingresar en el obispado de Cuenca, y la pena se había aplicado también a sus fiadores. Curiosamente, algunos de estos fiadores aparecen también como aliados del cura en el expediente promovido contra su sobrino el licenciado Herriega quince años después. Entre ellos, Francisco Carrera, padre del dicho licenciado, o Miguel Cantero. El escribano del ayuntamiento Martín de la Cámara daría fe

que un hombre de Cuenca abía venido e traya un braço seglar contra el dicho doctor Tébar.

Los testigos, sacristán y socios, reconocerían lo que había negado el cura: el doctor Tébar no sólo no decía misa sino que tenía prohibido acudir a ella. El corregidor, demostrada la incapacidad del cura para administrar el sacramento del matrimonio, iniciaría su particular cruzada. Esta vez se trataba de acumular testimonios de las personas principales contra el clérigo. No todos declararon contra él.

El buen nombre de la familia

El Consejo Real tendría conocimiento del desposorio de San Clemente con fecha de veinte octubre, ordenando al corregidor que iniciara una serie de pesquisas tendentes a averiguar lo sucedido. Las informaciones de testigos se desarrollaron a lo largo del día 31 de octubre de 1593; el corregidor elegiría personas próximas y de confianza, pero con influencia y poder en la villa, pues con sus testimonios se trataba de demostrar la poca calidad y nobleza de los Garnica.

El primero de los testigos llamados sería Martín Alfonso de Buedo, tesorero de rentas reales de Marquesado de Villena. Avecindado en San Clemente, este hombre contaba con treinta y tres años. Doce años después, en 1605, moriría. Su repentina muerte, dejaría a su viuda Catalina de Buedo incapaz de defender los derechos a la tesorería de su hijo menor Martín, frente a su tío. Le seguiría en las declaraciones el licenciado Alonso Ruiz de Villamediana, de 62 años, de familia cristiana vieja y con fama de limpia y noble en la villa, y cerrarían los testimonios dos Ortega. Francisco de Ortega, el padre, de 64 años, ya había cedido el testigo familiar a su hijo Rodrigo, el futuro señor de Villar de Cantos, y fundador del mayorazgo familiar junto a su esposa Ana Rosillo años después. Rodrigo de Ortega era regidor perpetuo de la villa y contaba entonces con 32 años.

Las declaraciones de estos testigos obviaron las acusaciones contra el cura Tébar, para centrarse en las calidades de los Garnica. No es extraño, pues Francisco de Ortega estaba casado con una Tébar de nombre Jimena. En la declaración de otros como Martín Alfonso de Buedo debió pesar más su proximidad al poder público ostentado por el corregidor, pues él también desempeñaba un cargo público. Es más dudosa la declaración de Alonso Ruiz de Villamediana y el interés que podía tener en declarar contra los Garnica, pero fue la declaración que más detalles aportó. Por el licenciado Ruiz de Villamediana, sabemos que el día del matrimonio, cinco de octubre, fue martes y que en el pueblo no se supo nada del mismo hasta el domingo 10 de octubre, cuando el matrimonio fue denunciado en la Iglesia Mayor de Santiago

este testigo no supo del dicho desposorio hasta o quatro o cinco días después de hecho porque dicen que fue secreto e sin amonestaciones y que el probisor deste obispado de Quenca había dado licencia para que se desposasen de presente syn denuciación alguna y que después de desposados se hiciesen, e ansí después una fiesta oyó este testigo denunciarlos en la yglesia desta uilla

la denuncia debió venir desde el púlpito, pero ¿quién hizo la acusación en ausencia del excomulgado doctor Tébar? No lo sabemos. Pero las acusaciones pusieron en acción al corregidor Benavides que veía en este enredo matrimonial la sombra de dos clérigos, el propio doctor Tébar y Tristán Pallarés. Pero si en el primer caso, hasta el sacristán puso su pequeña parte en la acusación, nadie se atrevió (a excepción del corregidor) a acusar a Tristán Pallarés. Este clérigo, que había nacido en la época en que murió su antecesor García Pallarés, vivía el final de su vida por estos años y heredará de su antecesor la memoria de aquel noble hombre de clara estirpe para cuantos viajeros pasen ante su epitafio, en la capilla de su nombre; pero al igual que el doctor Tébar era un hombre de su tiempo, ya su tío Tristán Pallarés el viejo estuvo implicado en los sucesos de julio de 1553, ya narrados, y el sobrino andará metido en otros más mundanos, que narraremos, como sus amoríos con la viuda de uno de los Herreros, allá por 1566.

La actuación del corregidor, tras la denuncia, fue inmediata, ordenando el arresto domiciliario de Juana de Valderrama y su hija María y la reclusión de don Jorge en su propia casa. Pero fue especialmente apasionado, tal como denunciará la familia Garnica, en el proceder contra Gaspar Garnica, que sin duda sabedor de lo que se le venía encima había huido a Motilla del Palancar, donde fue apresado y trasladado a la cárcel de San Clemente, para iniciar allí un auténtico calvario. Más suerte debió tener Antonio de Oma Zapata, alejado en Belmonte, bajo el amparo de la jurisdicción privada del marqués de Villena.

Posteriormente vendría la información de los testigos arriba referidos, donde el corregidor Benavides obviaría los temas más escabrosos de las detenciones, para centrarse en la poca calidad del difunto Hernando de Avilés, hombre llano y pechero, al fin y al cabo un origüela que escondía su apellido, y minusvalorar la hidalguía de Juana de Valderrama, por los cuatro costados, pues era gente humilde. Las acusaciones continuarían contra los testigos del matrimonio Antonio de Oma y Gaspar Garnica, cuyo valor de testigos debía ser puesto en entredicho, pues eran deudos de la contrayente. La información sería remitida al Consejo Real por el corregidor Benavides.

Pero los Garnica no estaban dispuestos a jugar el papel de espectadores y víctimas de las diligencias del corregidor. Doña Juana de Valderrama, desde su arresto domiciliario, apoderaría a Diego de Palomares para que se encargara de presentar testigos que defendieran la limpieza, nobleza y calidad de su familia. Además pidió, en lo que sin duda era un menosprecio a la competencia jurisdiccional del corregidor, que sus testigos fueran examinadas por el alcalde ordinario de la villa de San Clemente, el licenciado Alonso Muñoz. La defensa del honor familiar, en una familia que como pocas en el pueblo podía presumir de nobleza, se intentaba extender a la defensa del buen nombre del difunto Hernando de Avilés, que era un miembro del clan de los Origüela, pero a decir de sus defensores

fue ombre muy principal y onrrado y rregidor perpetuo desta villa de San Clemente hasta que murió muy emparentado con toda la gente más onrrada y noble y principal del pueblo y su comarca y él y sus padres e agüelos e antepasados ostentaron siempre mucha honrra e autoridad y buen punto e como los más delanteros desta tierra e como personas que siempre an podido y valido mucho, tiniendo de ordinario los oficios de alcaldes e rregidores desta villa e de presente es rregidor perpetuo della Gaspar de Gárnica e Avilés hijo del dicho Hernando de Avilés

Destacamos intencionadamente ese an podido y valido mucho, en lo que tiene de voluntad de anteponer una nobleza fundada más en el mérito y el valor personal, que conduce a la primacía social, por encima de una nobleza de la sangre. Los testigos ratificarían el poder de la familia Avilés-Garnica en la vida municipal sanclementina, pero también la exhibición de ese poder y riqueza con los aderezos propios de su condición hidalga. El primer espaldarazo a los Garnica vino de los Pacheco, en concreto de Francisco Pacheco de Guzmán, que, a sus sesenta años de edad, era propietario de una de las regidurías perpetuas del ayuntamiento. Su testimonio tenía el valor que le daba su propio apellido y fue parco. Pero sería ratificado por el siguiente testigo, Alonso de la Fuente Zapata, aportando los detalles de un hombre mayor de sesenta años que conocía a la familia

conosció a Fortuno de Garnica, padre de la dicha doña Juana, hombre hijodalgo, christiano viejo e muy principal e a Mari Pérez de Oma su madre, hija de Pedro de Oma, hijodalgo executoriado y al dicho Hernando de Avilés su marido... hombre principal y tener casa e criados como tal e aderezos de casa y plata que ningún cavallero de toda la tierra le hazía ventaja... con mucha autoridad e con mucha ventaja en el tratamiento de sus personas como de criados e muy bastecidas e muy regalada la dicha su casa de todo lo necesario y de manera que se tenía particular quenta en esta villa de buen término y buen tratamiento que en la dicha su casa avía

Doña Juana de Valederrama, en palabras de otro testigo, el regidor Llanos de Tébar, a la sazón de 53 años, había procurado que su hija María apareciera como mujer principal de cara a sus vecinos

llevándola siempre delante bien aderezada y vestida con escudero e criadas como hija de padres tan onrrados y principales

Otros testigos, personas principales y mayores de la villa, y en algún caso también deudos, defenderían la hidalguía de los Garnica. Entre ellos, Antón Dávalos Jiménez, de sesenta años, que no había sido precisamente amigo de los Garnica en su juventud, y un deudo, anciano de 73 años, Juan Ángel.

Mientras en la Corte, los derechos de los Garnica estaban representados por el procurador Baltasar Romero, que haría llegar al Consejo Real las informaciones hechas en San Clemente. Conseguirá real provisión para la familia el ocho de noviembre, ordenando la puesta en libertad de los Garnica en el plazo de ocho días. La motivación era que el juez ordinario eclesiástico podía, tal como permitía el concilio tridentino, dispensar de las amonestaciones a su libre albedrío. Con esta provisión, llevada a San Clemente, por Diego Palomares, fue requerido el corregidor Benavides el once de noviembre. Eran testigos Francisco de Astudillo y Alonso de Valenzuela. El corregidor, conocedor sin duda del dicho castellano obedézcase pero no se cumpla, atrasó el cumplimiento de la real provisión a que el Consejo Real se pronunciara sobre las informaciones que él mismo había remitido.

Baltasar Romero pediría el 16 de noviembre se diera nueva sobrecarta para la soltura de sus partes. Se unía a la petición, la querella que, contra el corregidor, presentaba ante el Consejo Real el propio don Jorge Mendoza, que se quejaba de su prisión, que ahora, en condiciones menos benignas, se había trasladado a la casa del ayuntamiento bajo custodia de un alguacil. El Consejo Real decidirá la libertad de los detenidos el 18 de noviembre. Esta vez el corregidor Juan de Benavides cumplirá la orden. A la casa de Juana de Valderrama, acudirá el joven Jorge de Mendoza en busca de la compañía de su esposa María. Poco les duró la felicidad a la pareja, pues hasta allí mandó el corregidor un alguacil para sacar a don Jorge, pues el auto del Consejo Real en modo alguno toleraba la cohabitación de los recién casados sin amonestaciones ni él corregidor estaba dispuesto a permitir tal escándalo público.

Además, el auto del Consejo Real excluía de la libertad a Gaspar de Garnica. Sin duda lo comprometido que había estado el joven en el matrimonio, trayendo a San Clemente a don Jorge de Mendoza, pesaba en su contra; aunque creemos que no tanto como su actitud díscola ante el corregidor, que le profesaba especial inquina, poco dispuesto a tolerar los desacatos de un regidor por joven e inexperto que fuera. Don Juan de Benavides lo tenía, en palabras de su madre,

entre galeotes, haciéndole otras muchas molestias, costas y vejaciones

En la cárcel pública de San Clemente permanecería seis meses Gaspar de Garnica, víctima de la enemistad y obcecación de Juan de Benavides y Mendoza. Y cuatro meses más, contados desde el uno de diciembre, mantendrían su pleito los Garnica.


 El calvario de Gaspar de Garnica


En la uilla de San Clemente en veinte y nuebe días del mes de nobiembre de mill e qinientos e noventa e tres años, el señor don Juan de Venavides y Mendoça corregidor e justicia mayor deste partido por su magestad dixo que mandaba e mando se notifique a doña Juana de Balderrama, viuda de Fernando de Avilés, en cuya casa y poder está doña María de Avilés su hija, de oy en adelante no consienta que don Jorje de Mendoça entre ni esté en su casa ni de noche ni de día ni le rreciba en ella y al dicho don Jorje se le notifique lo mismo para que no entre y estando en la dicha casa se salga luego della y así lo cumplan cada uno por su parte so pena de cada mill ducados para la cámara de su magestad y que procederá contra el que no lo cumpliere conforme a derecho y fírmolo don Juan de Venavides y Mendoça, ante mí Francisco Rodríguez

De esta guisa rezaba el auto de veintinueve de noviembre del corregidor Benavides. Dispuesto a hacer cumplir su mandato, envío a notificarlo a casa de Juana Valderrama al escribano, acompañado del alguacil Gonzalo Sánchez de Maguilla, encargado de sacar de dicha casa al infortunado Jorge de Mendoza. Doña Juana de Valderrama no se arredraría y protestaría el auto

v. m. do debe dar lugar que se perturben los matrimonios, apartando y que no estén juntos haciendo vida maridable marido y mujer ...

...que se cumpla

contestaría secamente el corregidor. El dos de diciembre el que protestaba ante el Consejo Real, apoderando a Francisco de la Fuente Comeño, era el propio don Jorge de Mendoza y Aragón. Pero quien llevaba las riendas del pleito era doña Juana Valderrama, por eso, enseguida el procurador de don Jorge delegara sus poderes en favor del procurador de aquélla, Francisco Enrique de Paz, que representaría a toda la familia hasta el final del proceso. Eso sí, don Jorge Mendoza escribiría una carta de su puño y letra dirigida a la Corte, quejándose del corregidor Benavides, cuya acción de gobierno se guiaba por el odio a su persona y tendente a perturbar su vida maridable. Dicha carta acompañaría a una nueva petición de quince de diciembre al Consejo Real para que don Jorge pudiera entrar en casa de su suegra.

Las dudas, que el Consejo Real mantenía, impedían una rápida resolución del conflicto. Es más el pleito se envenenaba con otras desavenencias marginales. En la segunda fase de su arresto, unos pocos días, don Jorge Mendoza había estado confinado en el ayuntamiento de la villa y custodiado por el alguacil Juan Ruiz; el corregidor pedía que los Garnica, responsables solidarios de don Jorge (que para esto si tenía valor legal el matrimonio), pagaran las costas y salarios del alguacil. En total Juan de Benavides pedía a los Garnica cuatrocientos reales, comenzando a sacar prendas como garantía de una futura ejecución de bienes. Además la situación de Gaspar de Garnica, que para finales de diciembre llevaba ya ochenta días preso, acusado de ser testigo en el desposorio, estaba enconando los ánimos, al verse la prisión como acto arbitrario y pasional del corregidor

y caso que ubiera alguna culpa se debe tener ya por bien satisfecha y purgada con tantas días y tan larga prisión

Tras sucesivas peticiones, solo el 23 de diciembre el Consejo Real determinará su libertad condicional por un periodo de cuarenta días, tras satisfacer fianzas y pago de costas del juicio. Esta libertad provisional se ejecutaría por la Pascua de Navidad, pero pasados los cuarenta días Gaspar de Garnica volvería a la cárcel. La situación empantanada intentaría ser desbloqueada por la personación en la causa del otro testigo del matrimonio. Desde Belmonte, el tres de enero de 1594, Antonio de Oma Zapata dará su poder a procuradores para personarse ante el Consejo Real como víctima de la ´persecución del corregidor de San Clemente. Y es que Juan de Benavides había enviado varias cartas requisitorias a la justicia de Belmonte (jurisdicción señorial del marqués de Villena) para prender a Antonio de Oma. Por supuesto al amparo de la jurisdicción señorial las cartas no habían tenido ningún efecto ni parece que se llegase a un conflicto de competencias entre la jurisdicción señorial y real, pero ahora Antonio de Oma planteaba el caso ante la Corte, sin duda en apoyo de su sobrino Gaspar de Garnica y quizás viendo la posibilidad de verse libre de unos cargos, una vez conseguida la medida benevolente de la libertad provisional de su pariente. Y lo consiguió, pues el Consejo de Real determinó la conclusión de las actuaciones contra Antonio de Oma, lo que no dejaba de ser una contradicción, tal como se reconocía en una nota marginal, con la situación de acusado y preso en que quedaba Gaspar de Garnica.

Pero tal contradicción no era tan evidente para el corregidor, que, iniciado el mes de febrero y acabada la cuarentena de gracia, metió en la cárcel nuevamente a Gaspar de Garnica. Se le exigía ahora que presentara testigos que dieran fe de su inocencia, pero dado el rigor de la justicia contra el preso pocos se atrevían a testificar. Juana de Valderrama implorará al Consejo Real por su hijo a mediados de febrero. Para entonces el pleito sobre el casamiento está concluso y los novios llevan vida maridable en casa de la madre y suegra. Nuevo auto del Consejo Real que determina, una vez pagadas nuevas fianzas, la soltura, esta vez por treinta días, del preso. Solamente el 31 de marzo de 1594 por auto del doctor Núñez Morquecho se decidirá la libertad definitiva de Gaspar Garnica; tendrá que pagar nuevas fianzas. Como muestra de las resistencias que debió provocar su libertad, baste decir que el auto de libertad viene precedido por otro tachado e ilegible, que no debía ser tan favorable.



AGS. CRC, 434, 7. El corregidor de San Clemente, Juan de Benavides y Mendoza, contra Jorge de Mendoza, hijo de Iñigo López de Mendoza, y María Garnica Avilés, porque se casaron sin amonestaciones. 1593

Luis de SALAZAR: Árboles de costados de gran parte de las primeras casas de estos reynos, cuyos dueños vivían el año de 1683. Imprenta de Antonio Cruzado. 1795. Universidad de Laussane, pág. 171. (Donde aparece el apellido Osma, se corresponde con Oma)

Saturday, May 6, 2017

Los Piquinoti y Carrascosilla de Huete: el condado de Villaleal

Escudo de los condes de Villaleal en la casa palacio Piquirroti de San Clemente
http://sanclemente.webcindario.com
La familia Origüela, esa gran olvidada por la historia de la villa de San Clemente, tuvo que esperar ciento sesenta y ocho años años para ver reconocida la hidalguía a la que tuvo que renunciar el primero de la familia, Pedro Sánchez de Origüela, cuando se avecindó en la villa de San Clemente en 1455. El ennoblecimiento llegó de don Pedro González Galindo, que había amasado su fortuna en el Perú en los últimos años del quinientos; vuelto a España, su posición se vio reforzada por su matrimonio con la también indiana María de Tébar Aldana, prima suya y sobrina del doctor Cristóbal de Tébar. Don Pedro González Galindo consiguió tras litigar con la villa de San Clemente ver reconocida su hidalguía el año 1623. La hidalguía fue acompañada de la correspondiente fundación de mayorazgo, que recaería en un primer momento en su hijo Pedro, aunque la beneficiaria a la larga sería su hermana. Posteriormente, la proyección de la familia escapa del localismo de la villa de San Clemente, por el matrimonio de la hija de Pedro y María, Antonia Galindo, con Francisco María Piquinoti, de familia asentista genovesa, y prestamistas principales de la Corona durante el reinado de Felipe IV. El encumbramiento definitivo de la familia vendría cuando Benito Galindo Piquinoti, hijo de Antonia Galindo y Francisco María Piquinoti, es nombrado Conde de Villaleal el 29 de diciembre de 1676, tal como se reconocía por la escritura otorgada por doña Mariana de Austria, como tutora de su hijo menor Carlos II:

Lo que por mandado de su Magestad la Reyna nuestra señora se asienta y concierta con el señor don Benito Galindo Piquinoti, cauallero de la orden de Alcántara, sobre la merced que su Magestad le haze por vía de venta y contrato onoroso de la jurisdición, señorío y vassallaje del lugar de Carrascosilla del partido de la ciudad de Huete, que se supone tendrá asta treinta vecinos y media legua de término es en la forma y con las calidades y condiciones siguientes

  • La primera condición hace referencia de la venta de Carrascosilla de Huete en el marco del contexto de la venta de veinte mil vasallos del año 1627, para pago del asentista de la Corona Octavio Centurión, a su primer propietario Don Pedro de Amoraga y Salcedo. La aldea vuelve a la Corona el 16 de diciembre de 1673 por no hacer frente a los pagos de la compra Juan Antonio de Amoraga, hijo del comprador. Es entonces cuando Benito Galindo Piquinoti se ofrece a comprar la aldea a la Hacienda Real, que asienta a dicha venta el 24 de junio de 1674, pagando Benito Galindo Piquinoti la mitad al contado y la otra mitad en medias anatas. La escritura de venta es de 28 de junio de 1674
  • La venta se hace por juro de heredad perpetuo con la jurisdicción, señorío y vasallaje de dicho lugar 
  • Benito Galindo Piquinoti debía pagar por cada vasallo dieciséis mil maravedíes en plata  o a seis mil cuatrocientos ducados en la misma moneda de plata por cada legua legal del término, a elección de su majestad o del Consejo de Hacienda
  • Piquinoti debía pagar la media anata de dicha venta 
La venta de formalizó por Real Cédula de Carlos II de cinco de julio de 1674, para entonces ya se había decidido cambiar el nombre al lugar de Carrascosilla a Villaleal. El juez de comisión encargado de dar la posesión de Carrascosilla a Benito Galindo Piquinoti fue Pedro de Herrera Ceballos, acompañado de alguacil y escribano receptor. El acto se celebró un 16 de julio en la casa que en dicho lugar poseía el regidor de Huete don José Graciano Figueroa. Estaban presentes los siguientes moradores del lugar: Juan de Arana, alcalde ordinario, Sebastián Culebras, Sebastián Cantero, Francisco de Arana, Domingo de Arana, Alejo Duque, Jacinto Guijarro y otros vecinos de los que no se dice el nombre. Benito Galindo Piquinoti no estaba presente en el acto de posesión. En Madrid había dado su poder a Pedro Rodríguez Anguix, regidor de Huete, y al capitán Benito Cavero. A Carrascosilla de Huete se le cambiaría el nombre por el de Villaleal, por cédula real de 24 de agosto de 1674. la posesión definitiva de Benito Galindo Piquinoti sobre Carrascosilla de Huete, y creación de facto del Condado de Villaleal, vendría confirmada por escritura dada en Madrid a 29 de diciembre de 1676, que reconocía la venta de dicho lugar el 8 de junio de 1674 por un millón setecientos treinta y cuatro mil novecientos noventa y nueve maravedíes de plata.

La posesión fue contradicha por su anterior propietario Juan Antonio de Amoraga y Espinosa, que era regidor perpetuo de la ciudad de Huete, y el capitán Juan Fernández de Sandoval y Pareja, vecino también de Huete y cesionario de Juan de Vera, que alegaba como acreedor de los Amoraga derechos sobre el lugar, de acuerdo con la venta de 1627 y las obligaciones existentes entre ambos. Pero sus peticiones fueron desechadas.

A continuación se nombraron nuevos oficiales. Alejo Duque como alcalde mayor, Sebastián Cantero por regidor y como alguacil, Francisco de Arana. Luego se tomó posesión simbólica de un horno, que presentaba un lamentable estado de abandono, con la techumbre derrumbada. El pueblo no disponía de cárcel, ni de taberna, ni mesón, ni carnicería, ni tienda.

Carrascosilla de Huete, foto de Faustino Calderón, tomada de la página web
http://lospueblosdeshabitados.blogspot.com.es
Carrascosilla era por entonces un lugar sin vecinos, ocupado por renteros. Tal como se reconocía de mucho tiempo a esta parte a estado sin población esta villa y que los vecinos que auía en ella se an ydo a uiuir a lugares circunuecinos y que los que al presente ay son renteros de don Pedro de Amoraga y don Joseph Graciano (señor de Valdecolmenas), vecinos de Huete. El 19 de julio de 1674 se hizo el recuento de casas y vecinos, que reproducimos por acercarnos al conocimiento del pueblo en aquellas fechas. La villa se había vuelto a poblar en 1672 con renteros, después de estar despoblada desde algunos años atrás, debido a la esterilidad de los tiempos. La villa había estado abandonada durante cuatro años, desde 1669, hasta que en ese año de 1672 se volvió a abrir la iglesia con párroco y de nuevo a lucir la lámpara del Santísimo Sacramento. Propiedad vinculada a los mayorazgos de José Graciano y Pedro de Amoraga, los renteros habían ocupado las casas, incentivados por la exención del pago de impuestos. En realidad, la despoblación de la villa de Carrascosilla fue una artimaña legal de Juan Antonio de Amoraga para no pagar tributos, tal como reconocía el testigo Domingo Duque
que es vecino de la villa de Alcozer y labra diferentes tierras que primero lo fueron de don Juan de Amoragas su tío y su mayorazgo de más de cinquenta años a esta parte y por el pasado del sesenta y nueue diferentes renteros de don Juan Antonio de Amoragas que viuían y heran vecinos desta villa siendo el susodicho señor de ella se fueron a lugares circumbecinos abecindarse así por falta de los frutos como por no pagar su renta y los tributos y hauiéndose quedado el testigo, diciendo el dicho Juan de Amoraga que conuenía que se fuese porque no hauiendo vecindad se daría por despoblada la villa y no pagaría tributos se fue y tomó vecindad en la villa de Valdecolmenas de Abajo
Así, los vecinos de Carrascosilla abandonaron la villa uno tras otro; pero sabedores que no se pagaban tributos, una vez declarada como despoblada la villa, volvieron de nuevo a ella (alguno tan solo dos meses después) para cultivar las tierras. De hecho, la realidad era que los vecinos habían cambiado de vecindad pero no de residencia, por lo que la Iglesia volvió a ser abierta para dar el servicio religiosos a una comunidad estable. Todos los vecinos volvieron, a excepción de tres de ellos, que habían marchado a Saceda del Río. El gran beneficiario de la situación era Juan Antonio de Amoraga que en la argucia había encontrado la solución para recomponer sus decaídas rentas, aunque como sabemos no con la suficiente premura como para pagar sus deudas y evitar que Carrascosilla pasara a los Piquinoti.

En realidad, la decadencia de Carrascosilla de Huete había comenzado mucho antes. A decir de un testigo, la escribanía del concejo había desaparecido hacía cincuenta y siete años, aunque esporádicamente había suplido sus funciones un fiel de fechos. En 1674, la villa ya estaba poblada por once casas que detallamos a continuación
Primeramente entró en una casa que está a la orilla de esta villa como se sale de ella a la ermita de San Seuastián que es del maiorazgo que posee don Juan Antonio de Amoragas, rexidor de la ciudad de Huete, según dijo el dicho alcalde (Alejo Duque), en la qual declaró el susodicho viuía como su maiordomo y asimismo Juan González y Alonso Garrido, mozos de la labranza, vecinos de la ciudad de Huete y que unos ni otros no tenían vecindad en esta villa
Entróse en una cassa acessoria del dicho maiorazgo en que viue María Cantera, viuda de Afonsio de Arana, tiene dos hijos sin hauer tomado estado Domingo de veinte y dos años y Isauel de diez y ocho, y dijo no tenía tomada vecindad y que la tenía en el lugar de Saceda del Río, no tiene criados
Entróse en cassa de Seuastián Cantero, regidor de esta villa, que asiste a esta diligencia, que dijo ser rentero de don Joseph Graciano y ser natural de esta villa casado de primer matrimonio con Francisca García de quien tiene seis hijos: Seuastián de diez y siete años soltero, Julián de doce, Diego Felipe de diez, Ana de siete, Francisco de cuatro y María de diez meses y no tiene criados
Entróse en cassa de Domingo Duque, cassado que fue de primer matrimonio con Isauel Alonso de quien tuuo dos hijos que son vecinos y naturales de Valdo Solmenas, donde están cassados mucho tiempo a y de segundo matrimonio con Catalina de Ygueras, de quien tiene tres hijos, Alonso de veinte, Ysauel de diez y ocho y Ángela de doze, y ninguno a tomado estado y que no tiene tomada vecindad y lo está en Bal de Colmenas y que es rentero de don Gómez de Amoraga vecino de la villa de Alcozer y que en la cassa en que viue es de su maiorazgo
Entróse en cassa del maiorazgo que posee don Joseph Graciano Figueroa, vecinos que dijeron ser de Madrid y señor de Val de Colmenas de Arriua, viue en ella Seuastián de Culebras, cassado de primer matrimonio con María Domínguez, tiene siete hijos: Romualdo de veinte y tres años, Seuastián de diez y ocho años, Ysauel de diez y séis, Lucía María de catorce, Juan de treze, Jacinta Josepha de nueue, Teresa Marta de ocho, no tiene criados ni tomado estado ningún hijo y que no tiene tomada vecindad y que solo es rentero del dicho don Jose Graciano
En dicha cassa viue en compañía de los referidos el licenciado Juan Cano García presuítero, theniente de cura de la parrochial de esta villa no tiene criados
Entróse en cassa que viue Francisco de Arana rentero que dijo ser de don Juan Antonio de Amoraga, casado con Ana de Moia, de primer matrimonio no tiene hijos ni criados ni vecindad tomada
Entróse en una cassa de Gregorio López, que se dijo estar ausente y siruiendo, en la ciudad de Huete de tres años a esta parte y es cassado con María de Arana, que viue en dicha cassa, tiene cuatro hijos, Julián de once años, Francisco de seis, Joseph de cinco y Ana de dos y que no tenía tomada vecindad
Entróse en cassa de Juan de Arana, rentero de don Juan Antonio de Amoraga, cassado de primer matrimonio con Jazinta de Agraz, tiene cinco hijos de Juan de diez años, Ysauel de ocho. Joseph de seis, Afonso de quatro, y Antonio de seis messes y que no tiene criados ni tomado vecindad aunque es natural desta villa 
Entróse en casa de Xacinto Guijarro rentero que dijo ser de don Joseph Graciano y vecino de Valparaiso, cassado de primer matrimonio con Quiteria Martín, tiene un hijo que es de seis meses, nombrado Xacinto que no a tomado vecindad en esta villa
En la cassa última de la dicha villa viue Chistóbal Gómez de hedad de treinta años, soltero, rentero de don Joseph Graciano y dijo no tener vecindad mediante la despoblación
Los mismos renteros de Carrascosilla, en sus testimonios,  nos  dejaron una descripción del pueblo, gracias a la cual podemos recorrer sus términos, bienes de realengo y propios del concejo, incluyendo el deslinde con  un antiguo despoblado llamado Tejer Viejo, el lugar de Saceda del Río y la villa de Verdelpino
y que por auer andado muchísimas veces el término saue que ni en él ni en esta villa no ai castillo ni cassa fuerte ni montes ni prados y valdíos que toquen a su magestad ecepto un ejido que está cercano a el orno del Concejo que será de asta dos fanegas poco más o menos y en él ay el passo y camino para los ganados y fuente y no se a arrendado y se arreinda porque cuando ay obligado assí él como el prado del concejo que está a la salida de el camino de Huete se da para el ganado de la carnicería y sirue también para el ganado de lauor y que assimismo tiene el concejo y son sus propios un montecillo vaxo que es carrascal y algunos robres pqueños que está a la uista del término de el despoblado de Texer Viejo, que era aldea de la ciudad de Huete y lo que produce de los propios y término cerrado seruía para aiuda para pagar los tributos de que se sacó despacho en el tiempo que tomó possesión del señorío para hacer el costo don Andrés de Andrada a quien se le dió y después que se dio por despoblada la villa ymportando mil reales antes más que menos cada año no an perciuido los vecinos marauedís algunos y lo a hecho el mayordomo que es y a sido de don Juan Antonio de Amoraga y se acuerda lo tuvo un año un vecino de Saceda del Río y otro año el licenciado León y el licenciado Vallesteros que son de Valdemorillo y al presente lo tiene y tuvo el año passado el licenciado don Antonio Oroquieta, cura de Caracenilla y a unos y a otros los a visto pastar con sus ganados y que en quanto al término lo que toca a la ciudad de Huete empieza en lo alto del sitio de la Varga y va corriendo por vaxo de la Morrilla asta el cerro de las Puercas donde cierra su término y entrada el de la villa de Verdelpino y va corriendo todas las cumbres de los Hoiaços aguas vertientes las que miran a esta villa y de allí se va continuando en derechura hasta el varranco de la Culebra por encima de el colmenar de el portugués y de allí en derechura al corral de Pascual Gutiérrez, dejándole en la jurisdicción de Verdelpino y de allí se prosigue por la cabeza del cerro de el Enebro asta encima de el poço  de esta villa donde cierra el término de la de Verdelpino y entra el de el lugar de el Texer Viejo, que al presente está despoblado y sin cassa alguna y de el ua siguiendo en rredondo por la cumbre de la buelta del poço quedando las aguas vertientes a esta villa asta llegar al corral que llaman de Pedro Sanz que quedan dentro de esta jurisdición y continúa asta el corral que llaman de Roque, que al presente es del licenciado Juan Cano García theniente cura de esta villa y que da dentro y cierra el término de el dicho lugar despoblado de Texe Viejo y entra en el lugar de Saceda del Río y corre asta el corral de la Senda Blanca por el visso que está por encima del camino de Bonilla y de allí corre asta la caueça de arriua atrauesando la hoia de la Verdad y prosigue a la caueça de el medio, de allí a la caueça de auajo aguas vertientes a lo que mira a esta villa y desde allí corre por deuajo de los Silancos asta el camino real de Huete y mojón de la Varga que es donde se començó 

Archivo Histórico Nacional, CÓDICES, L. 1151. Privilegio a Benito Galindo Piquinoti, conde de Villa Leal, de la jurisdicción, señorío y vasallaje de la villa de Carrascosilla, partido de Huete (Cuenca), a la que se le cambia el nombre por el de Villa Leal. 1676