El corregimiento de las diecisiete villas

IGNACIO DE LA ROSA FERRER

Imagen del poder municipal

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EL CORREGIMIENTO DE LAS DIECISIETE VILLAS EN LA EDAD MODERNA
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sábado, 7 de julio de 2018

Juan Rosillo, el reductor del Marquesado de Villena


Escudo de armas de la familia Rosillo,
 en la capilla de Santa Ana de la iglesia parroquial de Santiago Apóstol
Juan López Rosillo había tomado decididamente partido por la Reina Isabel desde los inicios de la guerra del Marquesado. Era hombre fiel a la Reina Católica y enemigo enconado del alcaide de Alarcón Hernando del Castillo, el hombre  del marqués de Villena en la zona. No es de extrañar que desde un primer momento recibiera mercedes de la Reina Isabel. El dos de septiembre de 1476, en Segovia, se expedía carta de privilegio e hidalguía a su favor. Juan Rosillo era reconocido como onbre hijodalgo e de solar conoçido e de vengar quinientos sueldos de mis rreynos. La carta sería confirmada posteriormente el nueve de octubre de 1503 y expedida ejecutoria en pergamino con sello de plomo colgado de hilos de seda el catorce de noviembre de 1503, en la ciudad de Segovia.

Curiosamente, la fecha de la carta de hidalguía de Juan Rosillo, dos de septiembre de 1476, coincide con la carta y privilegio que recibió la villa de San Clemente de no ser enajenada de la Corona real.

Carta de merced concedida a la villa de San Clemente para no ser enajenada de la Corona real.
AMSC. AYUNTAMIENTO. Leg. 2/3. Segovia, 2 de septiembre de 1476
La coincidencia de fechas de ambas cartas no es azarosa. Tampoco las formas. Aunque el original de la carta de hidalguía de Juan Rosillo ha desaparecido, sabemos que era una carta de privilegio en papel sellada con sello de cera colorada, al igual que la carta de la imagen superior de no enajenación de la Corona real de la villa de San Clemente. Eran tiempos de guerras, de concesión de mercedes para ganarse fidelidades y no había dedicación ni para el pergamino ni para sellos de plomo colgados de hilos de seda. El privilegio de hidalguía de Juan Rosillo es recompensa por los servicios hechos a la Corona por lo mucho que había trabaxado en que la villa de San Clemente y las otras villas del Marquesado se reduxesen a la obidiençia rreal. Juan Rosillo fue uno de los tres procuradores de la villa de San Clemente que acudieron hasta Segovia para obtener la merced real de no enajenación de la Corona. Los otros dos eran Diego de Montoya (¡un declarado hombre del Marqués!) y Juan López, hijo de Martín López. La petición se hacía después del requerimiento de sumisión a la autoridad real del comendador de Segura, Pedro de Manrique (el hermano del poeta Jorge Manrique), y en un contexto, primavera y verano de 1476, en el que las villas del Marquesado iban cayendo en manos de la autoridad real. En la pequeña triada, que actúo como embajada de la villa de San Clemente, hemos de ver el frágil equilibrio de fuerzas en el que se movían los distintos grupos que luchaban por el poder local en la villa de San Clemente. Junto a Diego de Montoya, nos aparece Juan de Martín López, que junto a otros vecinos como Juan López Tendero o la familia origüela, lucharon por el control del poder concejil, aprovechándose de la reserva de los oficios municipales a los pecheros.

Don Diego Torrente siempre se topó con la falta de datos sobre este Juan López Rosillo, o Juan Rosillo, destacando su papel a favor de la Corona en la guerra del Marquesado, siendo conocido por su protagonismo destacado en dicha guerra como el reductor del Marquesado de Villena. La villa de San Clemente sería tomada por el capitán García de la Madrid al servicio del maestre don Rodrigo Manrique y, fallecido éste, de su hijo Pedro, pero el hombre que alzó a la villa de San Clemente contra el Marqués de Villena fue Juan Rosillo. Su papel agitador se extendió a todas las villas del Marquesado
hiço que se alçase la dicha villa de San Clemeynte contra el Marqués. E a los otros lugares que se alçaron contra el Marqués de Villena e contra la villa de Alarcón, en todo ello entendió como prinçipal parte (1)
Creemos que Juan Rosillo, junto a otros dos hidalgos de la villa de Vara de Rey, Juan Alonso de Palacios y Fernando de Peralta, formaba el núcleo de los almagrados, opuesto al bando de los sebosos del alcaide de Alarcón y enemigos declarados del Marqués de Villena, don Juan Pacheco, y luego de su hijo. Todos ellos tuvieron un papel clave en el levantamiento de las villa de San Clemente y su aldea de Vara de Rey a favor de la Corona real. Juan Rosillo es presentado por Hernando del Castillo como deservidor de Marqués, mal hombre y de mala conciencia, jactancioso, enemigo capital de los conversos y perjuro levantador de falsos testimonios (2). Palabras gruesas de un enemigo irreconciliable, el alcaide del Alarcón, que no debió ser ajeno a la condena de muerte de Juan Rosillo, condena que no acabaría ejecutándose.

Las acusaciones de Hernando del Castillo denunciando el carácter pendenciero de Juan López  Rosillo no eran desacertadas. Junto a sus grandes servicios a la Corona, especialmente en el final del verano de 1479, intentando un mayor compromiso de la villas del Marquesado en la guerra, vinieron en los años de paz múltiples pleitos por ofensas y deudas en los que nuestro protagonista se vio inmerso. Los documentos han sido transcritos por Diego TORRENTE, destacando el pleito por injurias contra su antiguo compañero de procuraduría en 1476 en la ciudad de Segovia Juan de Martín López, alcalde ordinario, que en 1486 le injurió y ofendió públicamente, llamándole traydor e rrobador e falsario. El pleito se prolongó durante dos años, con un perseverante Juan Rosillo dispuesto a conseguir el destierro y condena pecuniaria de su enemigo y defender su honra ante sus rivales. A este pleito seguirían otros con sus vecinos y otros de Castillo de Garcimuñoz o San Belmonte por deudas (3).

Sin embargo, la inquina del alcaide del Alarcón contra Juan Rosillo, creemos que no se responde con la realidad sobre el terreno de la sociedad sanclementina. A diferencia de otras poblaciones como Villanueva de la Jara o Iniesta, la lucha de bandos estaba muy mitigada en la villa de San Clemente o no adquirío la virulencia sanguinaria de otras poblaciones. En la obtención de la merced de no enajenación de la villa de San Clemente de la Corona real hay mucho de oportunismo, que no se entiende sin la letra de la concordia firmada entre la Corona y el Marqués el 11 de septiembre de 1476, fecha de la toma de la fortaleza de La Roda. Según dicha concordia, quedarían en poder real cuantas villas se alzaron a favor de la Corona antes del 8 de septiembre. Hubo prisas, pues, por obtener la merced apenas unos días antes para una villa, la de San Clemente (y su aldea de Vara de Rey), que contaba con declarados partidarios del Marqués. No olvidemos que San Clemente era lugar de residencia habitual de la Marquesa de Villena madre, doña María de Portocarrero. En sus calles había crecido y jugado un Diego López de Pacheco niño. Pero más allá de la anécdota, San Clemente era lugar de residencia de declarados partidarios del Marqués: Diego de Montoya o Diego López de Haro y término donde otros aliados del joven Diego López Pacheco tenían sus haciendas: Hernando del Castillo en Perona o Ruy Saez de Ortega en Villar de Cantos, sin olvidar los Pacheco de la vecina Minaya, que habían recogido la herencia de Hernán González del Castillo. La propia Marquesa disfrutaba por legado testamentario del difunto Juan Pacheco de quinientos mil maravedíes sobre la rentas, derechos y pechos de la villa de San Clemente (junto a las de Belmonte e Iniesta)

En este contexto adverso, Juan Rosillo fue capaz de formar un partido favorable a la Corona. Contaba con la enemistad de la villa con el alcaide de Alarcón, al que no perdonaba sus intentos de hacer de Perona un señorío propio y también con las rivalidades que en Vara de Rey existían entre las familias hidalgas, en especial, entre los Peralta y los Montoya (4). De la actividad militar de Juan Rosillo se conoce poca y responde a una nota sin referencias que nos dejó don Juan José Bautista, según la cual durante el año 1478, siendo campo de batalla la zona de Cañavate, Castillo de Garcimuñoz y Villanueva de la Jara, San Clemente habría figurado al frente de la rebelión contra el Marqués. Pero los datos históricos no confirman este carácter aguerrido de los vecinos de San Clemente y creemos que la mención hace justicia y da fe del valor y arrojo de Juan Rosillo. La carta de hidalguía de Juan Rosillo se obtiene en este contexto de guerra, al igual que la carta de hidalguía obtenida por Juan Alonso de Palacios, En la merced de hidalguía se hace hincapié junto al valor de la tradición más dudosa, aquella del solar conocido, en la remuneración militar, esta del vengar quinientos sueldos. Las hidalguías de estos tiempos de guerra serían muy discutidas en las villas pecheras. Juan Alonso Palacios mantuvo un pleito interminable con la villa de San Clemente hasta obtener confirmación de su hidalguía en 1494. Juan Rosillo tuvo que esperar hasta 1503. Incluso Hernando de Peralta, cuyo padre había ganado en acción militar en la guerra de Granada, en tiempos de Juan II, su hidalguía, entraba en conflictos con la pechera San Clemente, quedando en tierra de nadie al añadir
su ya declarada enemistad al alcaide de Alarcón.

Juan Rosillo estaba casado con Elvira López. Su hijo Antonio casó con María de Haro, el matrimonio tuvo por hijo a Antonio, que casó en La Alberca con Isabel de Alarcón. Es difícil precisar la fechas de la vida de Juan Rosillo, el reductor del Marquesado de Villena, pues no somos capaces de determinar las fechas de las probanzas mandadas hacer por sus nietos y biznietos, anteriores a una nueva ejecutoria de 1582. En años anteriores (la primera datación posterior es un auto de la Chacillería de 1578) se debieron hacer las probanzas. Felipe de Segovia, un anciano de San Clemente de 75 años, recordaba haber conocido a Juan Rosillo como hombre que andaba con palo por ser hombre tan viejo. Había fallecido cincuenta y ocho años antes. Creemos que las probanzas son cercanas a 1570. La razón, la encontramos en el testimonio que, en otra probanza sobre la hidalguía de los Haro, nos dio Juan Rosillo (otro hijo del reductor del Marquesado, nacido pasado el año 1460, que marchó a Chinchilla), que daba como fecha aproximada de la muerte de su padre la década de 1510.

Los Rosillo tenían capilla propia en la iglesia parroquial de Santiago Apóstol. La capilla de Santa Ana, lugar de enterramiento de la familia y fundación al parecer del hijo mayor de Juan Rosillo y Elvira López, Alonso López Rosillo


Capilla de Santa Ana, de la familia Rosillo,
 en la iglesia de Santiago Apóstol de la villa de San Clemente

Poco sabemos de la hacienda de los Rosillo, más allá de la afirmación de un hidalgo sanclementino de ochenta años llamado Francisco Gómez, que nos decía que era hombre que vivía de su hacienda y hacía mucha hacienda ansí en la villa de San Clemente como en otras partes. Sabemos de un vínculo fundado por Juan Rosillo en Pozoamargo. Entre las rentas que gozaba Juan Rosillo, una de ellas era un situado sobre las rentas reales del Marquesado de Villena de quince mil maravedíes


AGS, EMR, leg. 70. Relación de las rentas reales del Marquesado de Villena y Reino de Murcia. 1499-1500

Los Rosillo con el tiempo, y a lo largo del siglo XVI, se diseminaron por las poblaciones cercanas de La Alberca, Santa María del Campo y Villaescusa de Haro. En los años setenta se inician nuevos pleitos en la Chancillería de Granada por ver reconocida la ejecutoria de 1503 ante los concejos de los nuevos lugares de residencia. Los hijos de Antonio Rosillo, hijo de Juan el reductor del Marquesado de Villena, de nombres Antonio y Juan, habían marchado a vivir a La Alberca. A su vez, los hijos del primogénito Antonio vecino de La Alberca se habían establecido en Villaescusa de Haro, caso de Antonio, que fijo su residencia en la aldea de Villar de la Encina, y en Santa María del Campo Rus, caso de Cristóbal. Antonio Rosillo, vecino de Villaescusa de Haro, obtendría ejecutoria de hidalguía el 15 de junio de 1582.

Una rama de la familia se asentaría en Málaga. Los descendientes de Juan Rosillo, nieto de Juan el reductor del Marquesado, pero sin que podamos asegurar de que se trata del hermano de Antonio, establecido en La Alberca

Juan Rosillo que vino de San Clemente, este fue nieto de Juan López Rosillo, llamado el Restaurador del Marquesado de Villena, por lo que los Reyes Católicos le dieron varios heredamientos, con privilegio executoriado, sobrecartando su nobleza en Segovia a 9 de mayo de 1503, (¿octubre?), y la de sus descendientes legítimos, declarándolos a todos por hijosdalgo de sangre de los de vengar 500 sueldos áureos a fuero de España, como dicho Juan López lo era, y que como a tales les guardasen sus preeminencias en todas partes donde hicieren asiento y morada, por lo que el dicho Juan Rosillo y sus descendientes ganaron su executoria de confirmación, de Felipe II en 9 de marzo de 1575 y 16 de abril de 1581. Son descendientes suyos como venidos de la villa de San Clemente a Málaga sus mayores, los Medina Rosillo (5)
Hoy en la Chancillería de Granada tenemos copia de la carta de hidalguía de Juan Rosillo, cuyo original se conservaba en el Archivo de la familia Fontes y que desapareció desgraciadamente durante la guerra.

ARCHIVO DE LA CHANCILLERIA DE GRANADA. HIDALGUÍAS: Antonio Rosillo. Signatura antigua: 301-68-20, 15 de junio de 1582


(1) GARCIA MORATALLA, Pedro Joaquín: La tierra de Alarcón en el Señorío de Villena (siglos XIII-XV). IEA "Don Juan Manuel". Albacete. 2003.  pág. 217. Declaración de Hernando del Castillo, alcaide de Alarcón, ante el Santo Oficio en el expediente conservado en el Archivo Diocesano de Cuenca (INQUISICIÓN, Leg. 27/480, fol. 114 vº y 115 rº)
(2) Ibidem, pág. 217
(3) TORRENTE PEREZ, Diego: Documentos par la Historia de San Clemente. Tomo I. 1975. pp. 156 y ss.
(4) GARCIA MORATALLA, Pedro Joaquín: La tierra de Alarcón en el Señorío de Villena (siglos XIII-XV). IEA "Don Juan Manuel". Albacete. 2003.  pág. 217. Hernando de Peralta era enemigo declarado del alcaide de Alarcón, Hernando del Castillo. Una rencilla con Pedro de Montoya, casado con una sobrina del alcaide, a la que había acudado de judía, le había llevado a perder el brazo.
(5) GARCÍA DE LA LEÑA, Cecilio: Conversaciones históricas malagueñas. Parte II. Málaga moderna. Imprenta Luis de Carreras. 1792
ARCHIVO DE LA CHANCILLERIA DE GRANADA. HIDALGUÍAS: Antonio Rosillo. Signatura antigua: 301-68-20, 15 de junio de 1582

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jueves, 28 de junio de 2018

Relación de vecinos de San Clemente en 1559

Diego de Abengoza era hijo de Nuño de Abengoza. En 1557 consigue de la Chancillería de Granada provisión favorable para examinar con testigos su hidalguía. Sus deseos nobiliarios se vieron truncados pues sus testigos fueron declarados impedidos. Sin duda con pocas ganas de declarar, en su mayoría, o bien Diego de Abengoza tenía pocas amistades en la villa de San Clemente. Pero el deseo de Diego de Abengoza nos ha legado hoy una amplia gama de vecinos sanclementinos, nacidos en los años finales del siglo XV. Fue la generación que, junto a sus padres, contribuyó a engrandecer una pequeña villa de apenas ciento cincuenta o doscientas casas en el centro político del sur del Obispado de Cuenca. No están todos, pero hay muchos: pocos hidalgos y muchos pecheros o dicho de otro modo, muchos ricos, para los que la hidalguía o pechería se subordinaba a los intereses del dinero y del poder. También una relación de mujeres, aunque ocultos sus nombres bajo el de sus maridos.
Las edades son orientativas, pues en la reprobación  de los testigos se dan edades más reales que fluctúan algunos años.

Sobre el origen de la familia Abengoza ya hemos escrito en otro lugar

Los Abengoza


Probanza de testigos de 1559



Tristán de Pallarés, clérigo, de más de 75 años (padecía el mal de las bubas; tiene cierta renta en la ciudad de Chinchilla)
Alonso González de Andújar, clérigo, 85 ños
Hernando de Molina, clérigo, de más de 75 años
Cañavate, clérigo, de más de 75 años
Sancho López de los Herreros el viejo, de más de 75 años
Pero López de Tébar el viejo, de más de 70 años
Hernando González de Origüela el viejo, 80 años
Francisco López el viejo, más de 75 años
Francisco Rosillo el viejo, más de 75 años
Francisco Gómez el viejo, más de 80 años
Gonzalo de Origüela, de más de 70 años
Diego Dávalos el viejo, de más de 75 años
Miguel Sánchez de Herreros el viejo, más de 75 años
Francisco de la Serna, de más de 75 años
Baltasar de la Serna, de 70 años
Diego de Haro, de más de 75 años
Juan López de Martín López, de más de 75 años
Juan Calvo Cañavate, de 80 años


Juan Ruiz de Casablanca, de más de 75 años
Diego López de Laredo, más de 80 años
Pedro La Fuente de 75 años
Francisco de Olivares el viejo, de más de 75 años
Juan de Manzano el viejo, de más de 75 años
Ginés de Haro, de más de 75 años
Hernando de Lara, de más de 75 años
Hernán Martínez, de 75 años
Gil López, de más de 85 años
Juan de Iniesta, de más de 75 años
Merchante el viejo, más de 75 años
Miguel de Las Mesas, de más de 75 años
Juan García de Azofrín, de más de 75 años
Francisco de Perona, clérigo, de más de 70 años
Diego de Simón, de más de 70 años
Gonzalo de Chacón, de más de 75 años
Diego de Olivares el viejo, de más de 75 años
Pedro Martínez , de más de 70 años
Cristóbal del Castillo, de más de 75 años
Gaspar Zaragoza el viejo de 75 años
Antonio Ruiz, de más de 75 años
Alonso García, de más de 75 años
Juan Gemio, de más de 75 años
Pedro el Pozobueno, de más de 80 años
Juan de Hellín, de más de 75 años

Mujeres

La de Juan Simón
La de Cristóbal de Juera
La de Francisco Muñoz
La de Astudillo
La de Gil López
La de Bernaldino Gallego
La de Diego de Caballón
La del bachiller Rodríguez
La de Escobar
La de Diego Díaz
La de Francisco Saenz
La de Hernando de Origüela
Elvira López, madre de Diego González
Leonor de Villaescusa
Ana Gómez, madre de Juan Olivares
La de Martín de Meca
La de Juan de Aguado, madre de Lope de Aguado
La de Juan de Murcia
La de Calderón
La de Palomera
La de Juan de Aguado, junto a Nuestra Señora
La de Pero Barriga
La de Bernaldino de los Herreros
La de Ginés de Haro



Francisco Gómez el viejo de más de 75 años
Juan López de los Secos el viejo, de más de 75 años
Francisco Rosillo el procurador el viejo, de más de 70 años
Diego de Olivares el viejo, de más de 70 años
Diego de Ávalos el viejo de más de 75 años
Martín Sanz de Barchín el viejo, de la misma edad
Ginés de Haro el viejo, de la misma edad


Juan Calvo el pastor, de más de 80 años
Martín López Cestero, de más de 75 años
 Benito López, de más de 75 años
Francisco de Perona, de más de 70 años
Andrés González alcalde de más de 75 años
Francisco García regidor de más de 70 años
Felipe Segovia, de más de 75 años
El licenciado Perona, de más de 75 años
Juan López de Perona, de más de 80 años
Juan de Origüela de más de 75 años
Gonzalo de Caballón, de más de 75 años
Alonso de Valenzuela, de más de 75 años
Diego Simón, de más de 75 años
Juan de Mendoza, de más de 75 años
Francisco Rosillo, de más de 75 años
Antonio Rosillo, de más de 75 años
Diego Díaz, de más de 75 años
Alonso González de Santacruz, de más de 70 años
Hernando del Castillo, de más de 75 años
Francisco Jiménez, de más de 75 años
Pero González de Córdoba, de más de 75 años
Diego del Castillo, de más de 75 años
Hernán Vázquez (de Haro), de más de 70 años
Pero López Santamaría, de más de 75 años
Melchior de Sevilla, de más de 75 años
Amador López, de más de 75 años



ARCHIVO CHANCILLERÍA DE GRANADA. HIDALGUÍAS. Diego de Abengoza. Signatura antigua: 303-356-8

martes, 26 de junio de 2018

Los Zamora, de labradores a hidalgos

La primera demanda por su hidalguía de Diego Zamora ante el concejo de Vara de Rey fue el 16 de noviembre de 1516. Diego Zamora era hijo de Rodrigo Zamora, que desde el lugar de Hontecillas, distante cinco leguas hacia 1485 había venido a Vara de Rey, donde se había desposado con una hija de Gil Sánchez de Jábaga, llamada Elvira. Rodrigo murió hacia 1500, era hijo de Diego Sánchez de Zamora y Leonor Sánchez. Leonor se quedó viuda, marchando con su hijo Rodrigo a vivir a Vara de Rey, allí se había casado con un escudero e hidalgo llamado Hernando Alonso.

Iglesia de Hontecillas
El abuelo, Diego Sánchez de Zamora había vivido en Albaladejo y en Hontecillas, bajo la protección de Lope de Alarcón, señor de Hontecillas y Valverde. Había fallecido  con sesenta años. Su mujer, Leonor Sánchez quedó viuda, morando en el lugar de Valverde, como mujer de hidalgo no pechaba, pero su origen era pechero, como demuestra los impuestos que pagaba su hermana, que vivía en Albaladejo.

Si Diego Sánchez de Zamora había hecho fortuna al servicio del señor de Valverde y Hontecillas, su hijo Rodrigo hizo fortuna como labrador al servicio de Alonso del Castillo, el hijo segundo de Hernando del Castillo, el alcaide de Alarcón. Así nos lo contaba el hidalgo Pedro de Villanueva, que vio venir a Rodrigo de Zamora a Vara de Rey
con un cauallero que se dezía Alonsso del Castillo que vivía en San Clemente y tenía heredades zerca del dicho lugar (de Vala de Rey) y que el dicho Rrodrigo de Zamora tenía cargo de su hazienda e de hazer e criar las heredades del dicho Alonsso del Castillo e que con él le conozió uivir tres o quatro años e que así antes como después auía estado munchos tienpos sin uivienda de ningún cavallero teniendo rrazonable hazienda con que se mantenía labrando y senbrando e que al dicho Diego de Zamora su hijo nunca le auía uisto viuir con ningún cauallero saluo uivir por labranza como el dicho su padre y que nunca supo ni oyó que el dicho Diego de Zamora ni el dicho su padre por la dicha uivienda que avía tenido fuesen libre ni exsentos de los dichos pechos
Los dardos envenenados de Pedro Villanueva también iban contra Elvira Sanchez de Jávega, mujer pechera, a la que sin embargo reconocía el tratamiento como hidalga respetando la naturaleza de su difunto marido Rodrigo. Pero Vara de Rey no ponía tantas objeciones como San Clemente para el reconocimiento de la hidalguía. Vara de Rey era lugar con gran número de hidalgos, con una fuerte conciencia de grupo diferenciado, que se veía en gestos como repartirse el pago de un capellán propio o el hecho de la existencia de un padrón de hidalgos. Cuando vieron como fueron apartados del gobierno municipal de la villa de San Clemente, sus esfuerzos se concentraron en controlar el lugar de Vara de Rey con un gobierno propio. Ya desde comienzos de siglo los hidalgos vareños lucharán por una jurisdicción independiente de la villa madre.

Los Zamora, a pesar de ser labradores, estaban asentados en el padrón de hidalgos de Vara de Rey. La oposición a su hidalguía no la encontraban en ese lugar, donde los regidores o el procurador del común hacían oídos sordos a cuantos protestaban por el favor de la refacción de la sisa de la carne, que gozaban los Zamora. Otra cosa, era la villa de San Clemente, donde difícilmente se podía aceptar la hidalguía de una familia al servicio de los Castillo. Por eso, el fallo de la sentencia de hidalguía se hizo esperar hasta el 19 de marzo de 1535. La ejecutoria es de 24 de octubre de 1541.

Rodrigo y Leonor habían tenido tres hijos: Diego de Zamora, un tal Aguilar y otro de nombre desconocido. Diego se desplazaría a El Cañavate,  a su aldea de Atalaya, donde casaría con María Martínez. Del matrimonio nacería un nuevo hijo: Francisco Zamora, que volvería a San Clemente al casarse con una hija de Alonso García Moreno (hijo del hidalgo Antón García). En 1563 se vio obligado a pleitear por su hidalguía, cuando fue encarcelado por una deuda de algo más de cinco mil maravedíes al herrero Miguel Galves.



Probanza de 1535 en Vara de Rey

Diego de Montoya, hidalgo de 50 años
Alonso de Sepúlveda, hidalgo, 45 años
Pedro de Villanueva, hidalgo, 60 años

Probanza de 1563 en San Clemente

Cristóbal de los Herreros, 53 años
Pedro González de Córdoba, 55 años
Juan García de Manzanares, 35 años
Mateo de Sacedo, 45 años

ARCHIVO DE LA CHANCILLERÍA DE GRANADA. HIDALGUÍAS. Ejecutoria de hidalguía de Diego Zamora. 24 de octubre de 1541 Signatura antigua: 302-260-11

Un estudio completo sobre los Zamora se puede ver en:
ESPEJO ZAMORA, Antonio: Linaje y apellido Zamora, heráldicay genealogía
http://parroquiasierranevada.blogspot.com/2015/06/linaje-zamora.html

domingo, 24 de junio de 2018

Los Valera, una familia conquense: de escribanos a ganaderos


                                                                           
Signo de escribano

La probanza de testigos de los hermanos Felipe y Diego de Valera se celebraron en las casas de morada del alcalde Diego Gallego. Los testigos estaban llamados de ocho de la mañana a once de la mañana y de una a cinco de la tarde.

El padre de los hermanos Felipe y Diego de Valera, de nombre Diego había llegado a San Clemente a comienzos de siglo, hacia 1515. El abuelo, Felipe Valera, era de Villar de Olalla, jurisdicción de la ciudad de Cuenca, aunque había nacido en Cuenca y solo se había desplazado a vivir a este lugar cuando su padre le había legado a su muerte los heredamientos familiares en este lugar. Casado con Isabel López, tuvo dos hijos: Felipe que permaneció en Villar de Olalla y Diego que marchó a San Clemente. El abuelo Felipe murió en Cuenca, siendo enterrado en un primer momento en la iglesia de San Miguel, pero después sus restos se llevaron a la iglesia de Villar de Olalla. Su hijo Diego casó en San Clemente, donde vivió y murió violentamente, sin que sepamos la causa.

Hernán Vázquez de Haro, el viejo, había conocido al abuelo Felipe de Valera, cuando desde Villar de Olalla se desplazaba a la villa de San Clemente a casa de su hijo Diego
que era hombre grande de buen cuerpo cano que paresçía por su aspecto de más de sesenta años... que vivía e tenía su casa poblada en la cibdad de Cuenca e logar de Villar de Olalla
La hidalguía de los Valera, venía de antaño. La familia todavía conservaba el privilegio otorgado en pergamino y letras de oro, tal como recordaba haber visto la segunda mujer de Diego Valera, Catalina Muñoz. Muerto Diego de Valera, el pergamino se lo llevó consigo a Cuenca su hermano Felipe
que por rrazón de serviçios que hizo un su abuelo que no tiene noticia de su nombre  a los rreyes pasados les dieron privillegio por los dichos seruiçios e le confirmaron al dicho Felipe de Valera abuelo de los que litigan por no pechar e ser libre e esentos e gozar  de las esençiones de los otros hijodalgos gozavan el qual dicho privillegio escrito en pergamyno e con letras de oro que no se acuerda si estava sellado este testigo después de la muerte del dicho Diego de Valera padre de los susodichos que litigan quedó en su poder desta testigo e lo tuvo en su casa dos meses después de muerto el dicho Diego Valera
La naturaleza de personas principales de los Valera nos la da a conocer un vecino de Villar de Olalla, llamado Francisco Rodrigo el viejo. La bisabuela de los litigantes había estado casada en segundas nupcias con Juan Pareja, escudero del "obispo" Pedro Barrientos (posiblemente se refiera al sobrino del obispo Lope Barrientos)
estando este testigo en casa de Juan de Pareja escudero del obispo don Pedro de Barrientos obispo que fue de la dicha çibdad de Cuenca casado con su madre del dicho Felipe de Valera abuelo de los que litigan e madre del dicho Diego de Valera padre de los susodichos e su padrastro e syendo este testigo de ocho años (hacia 1465-1470) e después conosçió estar casado en la dicha çibdad de Cuenca çinquenta años poco más o menos e en el dicho logar de Villar de Olalla con Ysabel López su muger hija de un Pascual (en realidad, Pedro) López vezino del logar de Valdemorillo
Ese Pedro López (o Checano), llamado el rico, de Valdemorillo de la Sierra, otorgó la mano de su hija a Felipe Valera y con ella una cuantiosa dote. El mismo testigo sabía de oídas que el padre natural de Felipe de Valera, procedía del lugar de Ballesteros, de la llamada familia de los Carniceros. En el párrafo anterior se menciona a un Diego de Valera, hermano de Felipe. Se trata, como nos recordará el citado testigo, de Diego de Valera, escribano del ayuntamiento de Cuenca y alcalde del Castillejo, tierra de Huete.
que era persona que valía e mandava mucho en el dicho ayuntamyento por rrazón del dicho ofiçio de escriuano
El auge de la familia Valera está ligado a la figura del escribano Diego, que ganó para la familia cierta exención (el pergamino citado más arriba), pero que según el hidalgo Miguel Ruiz no sabía con certeza si era carta de hidalguía
que syendo el dicho Diego de Valera escrivano del ayuntamyento de la dicha çibdad de Cuenca hermano del dicho Felipe de Valera abuelo de los susodichos (litigantes) criado del doctor de Talavera (Rodrigo Maldonado de Talavera) del Consejo de sus Magestades avía ganado para él y sus hijos çierta esençión que no se acuerda este testigo si era de hidalguía o el ofiçio escrivanía del dicho ayuntamiento e que esta dicha esençión nunca este testigo la vio escrita más de quanto viviendo este testigo con Diego Hurtado de Mendoça marqués de Cañete en el dicho tiempo oyó deçir lo susodicho
El casamiento de Felipe Valera con Isabel López, hija de Pedro López el rico, vino a afianzar el poder de la familia. Cuando llegaron a Villar de Olalla era un lugar donde no había hidalgos. Tal como decía Juan Daza, salvo él mismo, en Villar de Olalla no había hidalgos con los que ayuntarse. De hecho, es de dudar de la entidad como población de Villar de Olalla. A comienzos del quinientos sonaba más el lugar de Abengozar, pero con la crisis de comienzos del siglo, algunos de sus habitantes se mudaron a Villar de Olalla, tal era el caso de Bartolomé Hernández, mozo de soldada de Felipe Valera, que antes había servido en Abengozar a una Juana Chirino, madre de un Salazar. Las posibles conjeturas de este dato son tantas como permite el papel roto, que nos oculta la información.


El padre Diego de Valera había abandonado con veintisiete años el hogar familiar hacia 1515, después de haber vivido con su padre unos cinco años en Cuenca, estableciéndose en San Clemente donde casó con Catalina López de Perona, hija de Martín de Monteagudo y María de Perona. La boda debió ser un gran acontecimiento en la villa de San Clemente, que entonces apenas si empezaba a despuntar como núcleo poblacional de cierta entidad. Hasta la villa llegaron hidalgos y ricos de la ciudad de Cuenca y de sus lugares de Arcas y Villar de Olalla. El matrimonio tuvo por hijos a Felipe, Diego e Isabel. La muerte de Catalina López de Perona, dejó viudo a Diego de Valera, que volvió a casar con Catalina Muñoz, hija de Garci Martínez de Ángel. La temprana muerte de Diego hacia 1529, dejó a sus hijos, con menos de catorce años,  huérfanos en el hogar de los abuelos. El segundo matrimonio con la Muñoza duró siete u ocho meses. Su hija Isabel de Valera casó con un hidalgo, hijo de mercaderes zamoranos, Francisco de la Fuente. Diego de Valera fue enterrado en el convento de San Francisco, donde la familia tenía por entonces capilla propia. La fundación de esa capilla en el convento de Nuestra Señora de Gracia fue legado de Martín Monteagudo.

Diego de Valera había sido invitado por su hermano Alonso a participar en cierta guerra, tal vez la guerra de las Comunidades, con otros hidalgos, aportando armas y caballo. Parece que delegó esta participación en un criado llamado Martín Mañas, que acudió con un caballo castaño. Además Diego tuvo que ir a Cuenca a recoger quizás algún traslado de ejecutoria para obtener albalá para la refacción de la carne en las tiendas y participó, según Antonio Rosillo, en los ayuntamientos para elegir alcalde de la hermandad.

Los dos hermanos, Felipe y Diego nacieron a partir de 1516 o 1517. El menor Diego, fue enviado con apenas cinco años con su abuela Isabel López, hasta que volvió a San Clemente hacia 1535. En realidad, los Valera, a pesar de estar asentados en San Clemente, siempre estuvieron ligados a Villar de Olalla, donde tenían su hacienda. Diego de Valera padre pasaba hasta cuatro y cinco meses con el abuelo Felipe cuidando de la hacienda familiar, tal como confesaba Bartolomé Hernández, pastor de la familia. Al igual que Hernando el Marqués, esquilador de la familia, nos da a conocer en su oficio cual era la base ganadera de la riqueza económica de la familia. Muertos el padre y abuelo, los nietos con veinte años cumplidos volverían a hacerse cargo de los negocios ganaderos en Villar de Olalla, y con veinticinco años recibirían la propiedad de los bienes familiares.
porque en el dicho logar el dicho Felipe Valera tenía mucha hazienda heredamientos e ganados yeguas e bacas e hera hombre muy rrico e hidalgo



Armas de los Valera

Por sus armas verdaderas y naturales un castillo de oro a la mano derecha del escudo en campo negro y en la torre del homenaje de él una bandera blanca o de plata que se descubre por lo alto y a la mano izquierda del escudo cinco roques de oro en campo azul y alrededor del escudo una orla de plata y en ella nueve leones de su color natural, los tres por lo alto y los cuatro por lo bajo y los dos a los lados del escudo en esta forma (Imagen). Porque roque en cierta lengua de la gentilidad quiere decir capitán significando cosa fuerte, fija y constante como lo son las rocas que son peñas fijas, que no se pueden mover sino haciéndolas pedazos; por el castillo de oro o amarillo se entiende la adversa fortuna por el campo negro: la tristeza; por la bandera blanca la alegría que se tenía y le daba su nobleza determinada, antes a morir que recibir afrenta ni mengua; los nueve leones por orla en campo blanco significan los nueve capitanes que este valeroso caballero don Valentín Valeras eligió en nombre de la corona de España y los traía debajo de su gobernación siendo capitán general de ellos, el campo blanco en que están corresponde a la bandera blanca manifestando la claridad y limpieza que tenían en su persona y honra (BNE: Juan de Pineda: Papeles Genealógicos varios. Mss/3281, fol 5vº y 6rº)



Testigos de la villa de San Clemente, de la probanza de 1541

Gonzalo de Pallarés, hombre hijodalgo, 62 años
Antonio Rosillo, hombre hijodalgo, 60 años
Juan de Vicen López
Pedro Rodríguez, pechero
Hernán Vázquez de Haro, el viejo, hombre hijodalgo, 66 años
Pedro Gómez, hidalgo, hombre hijodalgo de la villa de San Clemente
Diego Simón
Catalina Muñoz,  37 años, mujer que fue de Diego Valera y casada en segundas nupcias con el pechero Cristóbal Merchante

Testigos de Villar de Olalla

Francisco Rodrigo el viejo, 80 años
Miguel Ruiz, vecino de Ballesteros, aldea de Cuenca, hombre hijodalgo, 60 años
Bernardino Recuenco, pechero, 70 años
Hernando el Marqués, vecino de Villar de Olalla, natural del Infantazgo
Pedro Martínez, criado de Felipe de Valera, 55 años
Juan Daza, hidalgo de Villar de Olalla, 60 años
Juan Alonso
Bartolomé Hernández, 65 años
Pedro Martínez, vecino de aldea de Palomera, 60 años


ARCHIVO DE LA REAL CHANCILLERÍA DE GRANADA, HIDALGUÍAS, Probanzas de los hermanos Felipe y Diego Valera. 1540-1541. Signatura antigua. 303- 402- 3

jueves, 21 de junio de 2018

El altercado de Francisco Rodríguez, alguacil de la villa de San Clemente

Encabezamiento del proceso sobre heridas del alguacil Francisco Rodríguez
AGS. CRC. 240



A caballo y espada en cincho, el alguacil Francisco Rodríguez realizaba su ronda nocturna en el camino de Villarrobledo, que desde el pinar conducía a la villa de San Clemente. Era el anochecer de un diecinueve de enero de 1562 y venía de hacer la ronda del pinar situado a media legua de la villa. Sin causa que lo explicara se vio asaltado por varios jóvenes, que le arrebataron la espada, lo descabalgaron, hirieron a cuchilladas y molieron a pedradas. Dejado medio muerto en el camino, el alguacil sobreviviría tras larga convalecencia de tres meses. Esta vez los criminales eran los dos hijos de Valentín Saenz de Olmedilla, Alonso Vargas, Pedro Correoso, Juan Barchín , Lope Peinado, Miguel López de la Plaza y Juan Carnicero, pero poco importaba en una villa donde la lucha de bandos era el pan de cada día y el uso de armas estaba permitido (el toque de queda nocturno era poco o nada respetado), cualquier joven envalentonado con un arma blanca, y más si iba en cuadrilla, se veía en condiciones de desafiar a cualquiera, fuese particular o autoridad de la villa. De los hechos, un solo testigo Alonso del Campillo, que había tomado el camino llamado del Atajo o de la Casa de los Llanos para llegar antes al pueblo. El camino del Atajo era un pequeño desvío del camino principal, saliendo del Pinar Nuevo, que atravesaba un paisaje de viñas

Francisco Rodríguez, un servidor público, desconfiaba de la justicia real. Acusando de negligencia y pasividad al gobernador y al alcalde mayor del Marquesado, pidió la intervención de un juez de comisión. El Consejo Real accedería a la petición mandando al licenciado Bonifaz. Hoy nos resulta difícil comprender esta pasividad de las autoridades del Marquesado. Pero el gobernador poco ganaba metiéndose en pleitos que las justicias ordinarias se arrogaban para sí, en virtud de los privilegios de primera instancia, y menos ganas tenía de verse envuelto en las acusaciones que con motivo de los juicios de residencia al acabar su mandato tenían que soportar, donde los agraviados, agricultores acomodados y regidores de las villas, no paraban en meterse en largos procesos, en defensa de sus intereses, para lavar las afrentas sufridas. El gobernador no dejaba de ser un funcionario, para el que los tres años de paso por el Marquesado no era sino el trampolín para acceder a la administración polisinodial, y para ello, mejor presentar un expediente limpio.

A comienzos de 1562, el gobernador del Marquesado era Carlos de Guevara, debía pasar largas temporadas en San Clemente, por entonces una villa renovando su ayuntamiento y el espacio edilicio de su plaza. De su antecesor Francisco de Osorio Cisneros nos queda una inscripción en el intradós de los arcos del ayuntamiento; de Carlos de Guevara, nada.

Ante Carlos de Guevara, el veintisiete de enero de 1562, se presentó Alonso de Zahorejas para pedir justicia por su malherido hijo, el alguacil, Francisco Rodríguez de Zahorejas. Solicitando copia de los autos que el gobernador había llevado a cabo desde la misma noche del día 19, para remitirlos al Consejo Real.

Los sucesos ocurrieron al anochecer del diecinueve de enero de 1562. Aunque las disputas del alguacil Francisco Rodríguez con los hijos de Valentín ya venían del día de antes. Los hijos de Valentín Saenz gustaban de burlarse de la justicia. Así lo hizo el menor Alonso y otros colegas cuando toparon con los alguaciles Luis Caballero, Agustín y Francisco Rodríguez en la ermita de San Sebastián. A la carrera salieron los jóvenes (fama de buen corredor tenía Alonso, el hijo de Valentín Saenz, que perdió su espada) y detrás de ellos los alguaciles, hasta que llegaron a la casa de Gil Díaz, pretendido lugar de celebración de una supuesta boda, aunque por el regocijo bien pudiera ser lugar de citas. El joven Alonso no fue localizado en el prostíbulo, pero sí su hermano Valentín junto a los hijos de Correoso, Vargas, Crespo y Romero, que vieron con gran enojo cómo se interrumpía el baile y regocijo con cuatro mujeres en la casa.  Francisco Rodríguez se tuvo que contentar con las dos espadas de Cristóbal Olivares, otro mozo presente allí, que custodiaba su madre Isabel la serrana. El alguacil mayor y su teniente solo pretendía hacer cumplir la provisión que sobre el uso de armas tenía la villa desde 1551

que la canpana de queda se taña cada noche una ora entera en berano desde las diez hasta las onze y en ynbierno desde las nueve hasta las diez e hasta que se aya tañido la dicha canpana dicha ora no toméis ni consintáis tomar a persona alguna las dichas armas...
 Por la descripción de los hechos ni parece que las campanas avisaran del toque de queda ni que se respetaran la horas marcadas, antes bien los alguaciles tomaban como referencia la caída de la noche para aplicar la ley, que en invierno se adelantaba unas horas antes, mientras que era costumbre de los jóvenes hacer caso omiso de la prohibición.

La ronda de los alguaciles se iniciaba al anochecer, desalojando jóvenes de las calles y mandándolos a dormir a casa. Especialmente, era problemático para los alguaciles el barrio del Arrabal, particularmente, la zona del juego de pelota, donde se encontraba la mancebía de la villa. Aquella noche, a la habitual ronda nocturna se unió el deseo del alcalde de la villa, Antón Montoya, de visitar los dos pinares del pueblo, el Nuevo y el Viejo. Para desgracia de Francisco Rodríguez su caballo estaba cojo, así que tuvo que volver al pueblo y fue ese el momento en que topó con sus agresores. El incidente, contado en palabras del agredido Francisco Rodríguez, parece sacado de cualquier página de sucesos
y este que declara se apartó y se vino por el camino que dizen de la casa de los llanos y llegando media legua de esta villa en el canpo yermo ya que quería anochecer unpoco antes e que vido que venyan delante dél seys honbres e que trayan un par de mulas e que los dos dellos venyan cavalleros en las dichas mulas e que los que venyan a pie entre ellos venya un hijo del dicho Valentín Saynz hermano del que venya en la mula y que avya quitado el espada que tiene dicho y en llegando este que declara a ellos e dicho hijo de Correoso dixo buenas noches dé Dios a todos y este que declara rrespondió asy plega Dios y el hijo de Valentín Saynz a quien este que declara avya quitado el espada le asió del freno del cavallo y este que declara echó mano a la espada y el susodicho le dixo dadme el espada que trae yo por la mya que me quistastes y este que declara dixo que no quería dársela que se quitase de allí e que si no soltava las dichas rriendas que le pasaría con la espada e que todos juntos como venían le dixeron que ellos le pasarían a este que declara asy no les dava la dicha espada e que el hijo de Valentín Saynz le dio una cuchillada en la cabeça e le quitaron después de avelle herido la dicha espada que traya este que declara e que el hijo de Crespo tomó una piedra antes que lo hiriesen e dixo apartaos que lo tengo de matar mira en qué hora nascistes e que después de avelle herido este que declara dixo mira cómo me aveys muerto e que el hijo de Correoso le dixo cobija la cabeça que os hará mal el sereno e que ansí se quedaron atrás e que este que declara se vino un poquito delante e que luego el dicho hijo de Correoso y el dicho hijo de Francisco Rromero se adelantaron y llegaron a este que declara e que le dixeron tome señor un paño para que se apañe e apriete la cabeça e ansí este que declara el dicho paño e se vino linpiando los ojos e la cara que lo tenya lleno de sangre e que ansí se vino este que declara a esta villa a su casa
Francisco Rodríguez, malherido en su casa, fue atendido por el médico de la villa, licenciado Pomares, y los dos cirujanos del pueblo, Juan de Mérida y Juan Redondo. El diagnóstico del médico licenciado Pomares es una muestra de la medicina de la época
y le vido cortado el  cuero y la carne y el pelicráneo y toda la primera tabla del caxco cortada y que vido una telilla que se llama el pelicráneo que estava negra e que es señal de muerte en las heridas en la cabeça y que le dixo el dicho Juan Rredondo cirujano a este testigo que en la primera cura le avía sacado dos pedaços de carnes e una esquirla... hasta ser pasado el seteno día y que tiene entenddo que le an de trapenar la cabesça y descobrille hasta el seso

La noticia del altercado se extendió rápidamente por el Arrabal. Rodrigo González, hijo de Juan González Origüela se hacía eco de la historia contada por un negro, propiedad de Francisco Barrionuevo, y por un tal Peresteban, criado de unas beatas (posiblemente, profesaban en el convento de clarisas). Se decía que los jóvenes, temerosos, se habían refugiado en el convento de los frailes, pues el tal Peresteban los había visto refugiarse allí. La iglesia del convento de los frailes era la más popular de la villa, el amor que profesaban a esta iglesia los sanclementinos, sobre todo las clases populares del Arrabal, oscurecía a la más cercana de Santiago Apóstol. La misa mayor del domingo era una cita obligada. El veinte de enero, día de San Sebastián, el joven Alonso Aguilar había acudido a la misa mayor y a su confesión semanal. El monasterio no era todavía ese lugar cerrado de cien años después. Alonso Aguilar había paseado por le claustro y allí había visto a los retraídos, que desconfiados prefirieron recogerse a las cámaras altas del monasterio  en el cementerio con sombreros calados y capas embozando el rostro. No tardarían de huir del monasterio. El día veintiuno, bajo los arcos del ayuntamiento, el pregonero leía el edicto del alcalde mayor, licenciado Noguerol Sandoval, ordenando el apresamiento de los huidos.

Entre los jóvenes que habían participado en el altercado, destacaba Pedro Correoso y los dos hijos de Valentín Saenz,  Alonso y Valentín. Valentín Saenz tenía tres hijos, además de los dos mencionados, otro también de nombre Juan, casado en Santiago de la Torre. Valentín Saenz, como tantos otros sanclementinos vivía del negocio de las viñas y poseía dos mulas. Sus hijos, el día del incidente, estuvieron arando y plantando sarmientos en una viña situada junto a la casa de Esteban Ángel, cerca del Pinar Nuevo. Valentín era viudo, su mujer había aportado al matrimonio algunas viñas, en la partición de bienes a su muerte, la mitad pasaron a sus hijos y la otra mitad las tenía él en usufructo. Juan Correoso, el padre de Pedro, otro de los implicados en el incidente, tal vez compaginara el cultivo de viñas con su oficio de carpintero. En su casa, junto a su mujer e hijo, comían varios peones.

Valentín Saenz se definía a sí mismo como un hombre viejo, honrado y labrador. Vivía de sus tierras de cereal, de sus viñas y de su trabajo, por lo que, cuando fue encarcelado para pagar las culpas de sus hijos, pidió pagar la fianza para cuidar su hacienda. La fianza la pagó un familar suyo, Juan Saenz de Olmedilla. Lugar del que es posible procedieran ambos. Era un rico hacendado, poseía quinientos almudes de tierras trigales y cebadales en el lugar llamado de Pozoseco, cinco aranzadas de majuelo viejo y otro por determinar de más reciente plantación, un par de mulas, nueve tinajas, de las que tres llenas de vino; en sus cámaras tenía veinte fanegas de trigo y cebada. Su casa mostraba signos de cierta comodidad, con dos camas y su correspondiente ajuar de sabanas, almohadas y colchones y cuatro arcas de madera para guardar el mencionado ajuar. Las telas demostraban cierta riqueza: un brial de velarte con dos fajas de terciopelo, un manto de velarte con ribete de terciopelo negro, sábanas de lino y cáñamo y diversas ropas; los utensilios de cocina eran diversos y numerosos. Los hijos disponían de varias capas. En suma, Valentín Saenz era el ejemplo de labrador rico.

El resto de inculpados pertenecían a hogares familiares humildes, pero con hacienda propia. En el hogar de Francisco Romero, padre de Juan Carnicero, vivían con su segunda mujer tres hijos. El mayor, Miguel López de la Plaza, hijo de la primera mujer, participante en las heridas al alguacil, no pisaba el hogar familiar desde hacía quince días. La noche de antes del incidente había cenado y dormido en casa de los Correoso. Es de suponer que este joven de veinticinco años, sin oficio ni beneficio, se empleaba a jornal al mejor postor. Su padre, dedicado al pastoreo de cabras, lo había echado de casa, incapaz de sacar partido de él. Miguel López de la Plaza había heredado de su madre difunta ciertas viñas, y un arca tan vacía como las dos tinajas de cincuenta y cuarenta arrobas legadas. Mal integrado en el hogar familiar de su madrastra, deambulaba por el pueblo sin rumbo fijo. Su padre,Francisco Romero poseía doscientas cabras, un par de pollinos, un carretón herrado y tres aranzadas de viña en Marcelén.

El hogar de Miguel Crespo, padre de Lope Peinado, estaba formado por el mismo y dos hijos de quince y diecinueve años. Era viudo. El patrimonio familiar se componía de la casa donde vivían y dos majuelos de tres aranzadas cada uno, una tinaja de vino, dos puercos y la casa familiar, junto al juego de bolos. Por vestidos tenían los que llevaban puestos. En resumen, todos las familias de los inculpados eran hacendados con más o menos propiedades.

Los hermanos Valentín y Alonso eran viejos conocidos de la justicia, con fama de buscar conflictos. En junio de 1559, siendo alcalde Diego Sánchez de Origüela, el hijo mayor Juan fue herido en la cabeza y el brazo por su hermano Alonso Valero, tras una disputa por unos pollinos, en la que Juan se puso de parte de su padre. Dos meses después, Alonso tuvo un encontronazo con el alguacil Francisco Rodríguez, cuando intentaba detener a aquél por resistirse a ser encarcelado al estar acusado de la agresión a su hermano,y ver como el acusado se refugiaba en la ermita de San Sebastián, con la ayuda de un hijo de Juan García Azofrín y otro hijo de Gonzalo Escala. La escena que tuvo lugar ante la puerta de la casa de Antón Martínez Meca y su mujer Ana de Tébar, fue vista por una quincena de testigos, que negaron su auxilio al alguacil cuando pedía  favor al rey y a la justicia. El caso es que el hijo de Juan García Azofrín, de nombre Luis, fue desterrado dos meses de la villa, mientras que Alonso huyó y su caso se fue olvidando.

Es en ese contexto en el que tienen lugar los sucesos de 1562, en los que Francisco Rodríguez es herido en el camino del Pinar Nuevo. La familia de Valentín Saenz, a pesar de sus desavenencias cerró filas. El padre hizo una defensa cerrada de la pretendida honradez de una familia pobre de labradores frente a aquellos que usaban de la justicia para beneficiarse. Y por sus antecedentes, el alguacil Francisco Rodríguez no eran un ejemplo de probidad, tal como acusaba Valentín Saenz, que además de presentar al alguacil como un vividor, nos mostraba a la justicia como parcial y corrupta, iniciando procesos con un fin lucrativo
que el dicho Alonso y consortes de quien se funda dicha querella son pobres hijos familias y hijos de honbres pobres que ganan de comer de su trabajo y no auer a de donde pagarse las costas de un juez si no fuese calumniando a los que no tienen culpa como los tales jueces lo suelen hacer para cobrar sus salarios los dichos querellados entendidas sus defensas están sin culpa porque el dicho Francisco Rrodríguez es un moço leuantado y que tiene por costunbre tiniendo la uara de teniente de alguacil de juntarse con moços amigos suyos y andar dando golpes a las puertas de las doncellas cantándoles coplas en gran difamia de sus honrras y por a ello a seydo preso
La sociedad en la que vivía Valentín Saenz, y así él mismo lo manifestaba, era una sociedad de labradores, en la que cada hombre ganaba su honra y su fama ante sus vecinos, y al igual que ellos, con su trabajo. Estos labradores, con mayor o menor hacienda, despreciaban  a aquellos que desempeñaban oficios públicos como gente pobre (y aquí la palabra pobre es sinónima de ruin), que se ganaban la vida con lo que era el principal cometido de los alguaciles de la villa de San Clemente: guardar las viñas de los ganados. Aquellos que estaban privados de la propiedad cuidaban de esos otros que la poseían en mayor o menor medida. En torno a Valentín Sáez hicieron causa común otros labradores de la villa de San Clemente, defendiendo su honra frente a aquellos hombres viles y de baja suerte, desprovistos de toda hacienda y del más mínimo decoro en su comportamiento. Eran Juan Jiménez, hijo de Hernán Jiménez, Ginés de Llanos, Pedro de Vala de Rey, hijo de Pedro, Miguel García, hijo de Gregorio de Moya. Naturales de la villa que acompañaban con orgullo a su nombre el de sus padres, como vecinos asentados en el pueblo y con fortuna y hacienda ganada con su trabajo, pero los hijos ya no eran como los padres ni el celo con que cuidaban las viñas, base paterna de la riqueza, tampoco. Incapaces de culpar a los dueños de ganados, los principales de la villa, del destrozo de sus viñas, se contentaban con difamar a los alguaciles que incumplían sus obligaciones y servían los intereses de aquéllos. Gines Llanos recordaba cómo el anterior gobernador Francisco de Osorio Cisneros había encarcelado al rufián de Francisco Rodríguez que había puesto en entredicho la honra de las doncellas y mujeres casadas del pueblo.

AGS, CRC, Leg.240, Expediente sobre heridas a Francisco Rodríguez de Zahorejas, teniente de alguacil de la villa de San Clemente, año 1662



sábado, 9 de junio de 2018

La riada del río Rus del año 1589

Río Rus, a su paso por Santa Ana


Descripción de la riada del río Rus que aparece en la ejecutoria de hidalguía de los hermanos Herreros del año 1666. El testimonio que da el cura de la parroquia de Santiago Apóstol, de la villa de San Clemente, don Manuel Gregorio Santos, nos lleva a adelantar el año de dicha riada al año 1589 (once años antes de la fecha aportada por don Diego Torrente). La catástrofe se llevó por delante cuatrocientas casas en el barrio del Arrabal, el auténtico motor de la vida y de la economía de San Clemente. Con las casas, desaparecieron las partidas de bautismo de la villa de San Clemente anteriores a ese año, que el clérigo Juan de Caballón guardaba en su casa de la calle Roma.




Y hauiendo reconocido el dicho libro no se halló en él partida alguna que hiziese esta probanza ni otro libro más antiguo, y preguntado el dicho D. Manuel Gregorio Sanctos de S. Pedro la caussa dijo que después que sirue de cura propio de esta villa no a conocido más libros que los que nos a mostrado y que la causa de heberse perdido otros más antiguos según es público y notorio en esta villa fue que los dichos libros paraban en poder de vn teniente maior que se llamaba Juan de Caballón y en el año de mil quinientos y ochenta y nuebe vino una crecida de el río impensadamente y llegó asta la cassa de el dicho teniente y vivía en la calle que llaman de Roma y sacó los dichos libros el agua con otros papeles, que todos perecieron
(ARCHIVO DE LA CHANCILLERÍA DE GRANADA. HIDALGUÍAS. Ejecutoria de hidalguía de los Herreros, 30 de enero de 1666. Signatura antigua: 303-121-11,12 y 13)

martes, 15 de mayo de 2018

El nacimiento de Casas Benítez y el pinar de Azaraque





Martín Parreño, de cuarenta y siete años, era un labrador de la aldea de Casasimarro, perteneciente a Villanueva de la Jara, pero había abandonado este lugar para asentarse en un nuevo núcleo poblacional que ahora empezaba a formarse: Casas Benítez. Era uno de tantos lugares que empezaban a cuajar en torno a la alquería de un labrador rico o simplemente una casa aislada que aglutinaba a otras. Así surgieron algunas aldeas en el último tercio del cuatrocientos; el ejemplo se repetiría desde mediados del quinientos, en un último coletazo, roturador de la tierra, consolidándose este fenómeno a comienzos del seiscientos, cuando entró en quiebra una economía regional basada en la especialización de cultivos y se estabilizaron pueblos más pequeños con economías autárquicas o de escaso desarrollo comarcal.

El dicho Martín Parreño, labrador vezino del lugar de Cassasimarro, aldea de Uillanueua de la Xara, estante a el pressente en las cassas que llaman de Benitez en el pinar del Açaraque, término de la uilla de Uala de Rrei

Casas Benítez es un pueblo surgido a mediados del quinientos. Ni siquiera el incipiente pueblo tenía nombre. A decir de Martín, las casas que llaman de Benítez se situaban en el pinar del Açaraque. Un antiguo pinar de San Clemente, cuando Vara de Rey estaba englobada en el término de aquélla, pero ahora, y desde 1537, Vara de Rey tenía términos propios y poseía el pinar de Azaraque tras duro pleito y sentencia favorable de la Chancillería de Granada, dada hacia 1540. La vieja Vara de Rey, tras su emancipación, no tuvo el auge esperado por sus vecinos. Mientras Vara de Rey menguaba, su aldea de Sisante, comprada a golpe de tres mil ducados, crecía. No solo Sisante. En torno al lugar de la Cabezuela, Diego de Montoya, llegado de Minaya establecía casa en el lugar de Pozoamargo. El empeño de Diego Montoya y García de Buedo, crearía un nuevo núcleo en un lugar donde la tradición establecía viejos asentamientos. Ni siquiera nos referimos a la discutida ubicación de la mansio ad Puteas, sino al asentamiento de la Edad de Bronce, donde se levanta hoy la ermita de Nuestra Señora de la Cabeza o a esa otra leyenda que nos narraba el cura del pueblo muchos años después: por aquí habían pasado los Condes de Carrión, burladores de las hijas del Cid
El pueblo, que oy se llama Pozo Amargo refieren algunos de él, oieron decir a sus padres se nombró en lo primitivo Pozo Dulze, y que pasando los Condes de Carrión por él los prendieron, y preguntando estos por el sitio donde los cogieron, como les dijeren era Pozo Dulce ellos respondieron Pozo Amargo es para nosotros y desde entonces se llamó así, más no ai fundamento alguno para esto, que el dicho, se carece del libro primitivo de su erección
No ai más aguas corrientes, que una poca que sale a la falda de la referida sierra, y mirando a este lugar, y viene a parar desde su nacimiento como unos cien pasos como a rebalsarse en medio de los dos barros, que componen, y en que se divide el pueblo (1)

Pero en el siglo XVIII todavía quedaban testimonios y escrituras privadas que certificaban el nacimiento del pueblo a mediados del siglo XVI
No se tiene razón fixa de la fundación de este lugar solo se sabe por instrumentos particulares fueron sus primeros pobladores Diego de Montoia y Pedro de Montoia, Fernando de Buedo, y García de Buedo a cuyas espensas se hizo la Yglesia (la de la Santísima Trinidad), y dotó con varias alajas para el culto divino que fue bendita y consagrada por el Ylmo Sr. Don Miguel Muñoz obispo de Cuenca el año 1548.           
La afirmación del párroco del lugar ha sido certificada por el excelente trabajo de José González Sandoval Buedo, acudiendo a los documentos conservados en el archivo familiar (2). Según el autor Diego de Montoya y su mujer Catalina Alonso Palacios llegaron desde Minaya a fines del siglo XV, poco después lo haría García de Buedo, que hacia 1520 casaría con Catalina, la hija de Diego Montoya. Nosotros incluso adivinamos la presencia en los años treinta de Juan Montoya, que andaba por allí. Pero si Pozo Amargo era el solar de dos familias nobiliarias, a las que la necesidad obligó a ponerse de acuerdo; Casas Benítez era el vivo ejemplo de asentamiento nacido del hambre de tierras. No estamos ante un movimiento roturador como el de comienzos del quinientos, sino ante la desesperación de los vecinos de las grandes villas que, huyendo de la crisis urbana, buscan nuevas oportunidades en el campo.

Al igual que Martín Parreño, el labrador Francisco García de Villarrobledo, había ido hasta Casas Benítez en busca de tierras. El pinar debía presentar bastantes claros que facilitarían su roturación. Ya en 1540, los sanclementinos  habían invitado a los vecinos de la comarca a talar el pinar. Se prefería la destrucción del pinar a su entrega a los vararreyenses. La medida desalmada no consiguió acabar con el pinar, pero la idea de su preservación caló en los contemporáneos. Durante treinta años el acceso de ganados y la corta de árboles estuvo prohibida. En la dispersión poblacional de comienzos del seiscientos y el caos administrativo y gubernativo no se entendía que la ciudad (léase las grandes poblaciones del sur de Cuenca) pasara hambre. Los vecinos de San Clemente abandonaban la pequeña corte manchega tras la peste y carestía de comienzos del seiscientos; los villarrobletanos veían como los campos de trigo se abandonaban, después que la villa en una carrera desenfrenada y llevada por la avaricia se lanzarán a cultivar calveros que nada producían. Villarrobledo dejaba de cosechar trigo y San Clemente no dejaba de plantar viñas. El Consejo de Castilla avisaba: faltaban tierras para los cereales; se llamaba a cultivar las tierras incultas. Los hombres más arriesgados abandonaron las grandes poblaciones que les condenaban al hambre; comenzaron a surgir las casas, simples núcleos donde se aglomeraban las viviendas en torno a edificaciones en un principio aisladas. Los reclamos eran sencillos: la instalación de los jesuitas en torno al legado de una gran finca, caso de Casas de Fernando Alonso; los calveros abiertos en el pinar, tal Casas de los Pinos; la explotación del lugar por un gran terrateniente, así Casas de Haro o Casas Ferrer, o, sencillamente, la existencia de un foco de atracción. Tal era el caso de Casas Benítez, cercana a los molinos de la Losa. Únicamente el pinar de Azaraque limitaba las roturaciones, pero la crisis de inicios del seiscientos dio libertad para romper los montes comunes. En los treinta y cuarenta unos pueblos ahogados por la presión fiscal y la necesidad de financiar la guerra darían licencias sin fin para obtener recursos.

Pero la presencia de colonos en las casas venía de antes. Francisco García se había desplazado a Casas Benítez hacía ya treinta años, en torno a 1555. Por entonces, y tras la atroz tala de los años cuarenta de los sanclementinos, los vararreyenses habían plantado nuevas suertes de pinos donceles. La idea era hacer del pinar un bien comunal para los pobres que allí se proveían de piñas y piñones. Se prefería que los vecinos se proveyeran de madera de otros árboles. Cuando los sanclementinos iban hasta allí en busca de madera para reparar su molino del Concejo en la ribera del Júcar se les negaba tal derecho.

¿A quién debía el nombre este pueblo, nacido en medio del pinar? Nosotros apostamos por Gines Benítez, vecino de Vara de Rey, que había muerto en torno a 1570, hacía catorce o quince años con setenta años. Ginés Benítez, al igual que otro vecino de San Clemente, llamado Juan Chamocho, eran muy buenos conocedores del pinar. Para esas fechas, las Relaciones Topográficas de Felipe II nos presentan a Casas Benítez (junto a Rodenas) como un asentamiento de ocho a diez casas. Otros núcleos habían surgido, aunque con menos recorrido, tal es el caso citado de Casas de Hernando López Meneses, de otra decena de  vecinos, además del ya conocido Pozoamargo, de treinta vecinos, e otros caseríos de labradores, donde no hay concejo ni justicia ninguna por ser de poca población.

Con el villazgo de 1537, atrás quedaron los viejos derechos de San Clemente, cuando Vara de Rey era aldea suya. Un anciano Andrés González de Tébar, un hidalgo, ordenado como clérigo, recordaba sus tiempos como regidor, cuando el concejo de San Clemente daba las licencias para corta de pinos y el las firmaba. Ahora el viejo Andrés era incapaz de estampar firma alguna en papel por la gota que le inmovilizaba las manos. Juan de Montoya, hidalgo de ochenta y seis años recordaba cómo estando en Pozo Amargo, veía prendar a los vecinos de Vara de Rey, que iban hasta el pinar. La cicatería de San Clemente (o más bien protección del pinar) le llevaba a permitir un máximo de cinco piñas recogidas por vecino con licencia. Así fue desde el año 1523 hasta que se eximió en 1537. Pero luego vino la tala indiscriminada de 1540, favorecida por el concejo sanclementino antes de entregar el pinar de Azaraque a Vara de Rey en cumplimiento de la sentencia de la Chancillería de Granada. Vara de Rey procuró replantar el pinar con pinos donceles, de los que estaba prohibida la tala y cuyos aprovechamientos de piñones mitigaban las necesidades de los vecinos.

Si estamos en lo cierto, el origen del actual pueblo de Casas de Benítez reside en un doble fenómeno: la construcción de una casa por un hombre muy apegado al pinar, Ginés Benítez,  y tal vez encargado de preservar los pinos donceles plantados por los vararreyenses para restaurar un pinar talado por los sanclementinos antes de su entrega. Y la posterior consolidación, en torno a esta casa, levantada por Ginés Benítez, de un núcleo poblacional de casas erigidas por agricultores venidos de otras partes, caso de Martín Parreño desde Casasimarro o Francisco García de Villarrobledo desde Vara de Rey. Otro caso sería el de Alonso Rabadán, pero la rotura del expediente no nos permite ir más allá. Estas nuevas vecindades tenían lugar en un contexto del impulso roturador de la primera mitad del quinientos, que todavía daba sus últimos estertores a mediados de siglo. Tal vez la plaga de langosta de finales de los cuarenta actuara como revulsivo para estos hombres en el abandono de sus hogares y su afán por buscar nuevas tierras. Quizás les llevara la necesidad. Martín Parreño, en 1584, declaraba cómo de más de treinta años que se sabe acordar a estado en el dicho pinar (de Azaraque). Martín Parreño ni siquiera se defínía como morador en Casas Benítez sino como simple estante. Francisco García de Villarrobledo, de 54 años, recordaba como siendo un rapaz de catorce años, hacia 1545, pastaba con los ganados por el pinar de Azaraque, hasta que diez años después estableció su morada en Casas Benítez, que, a su decir, vivía en las casas que están en el dicho pinar, haciéndonos ver que los pinos rodeaban a estas edificaciones. Recordaba a los múltiples infractores que acababan presos en la cárcel de Vara de Rey. Posiblemente Francisco García auxiliara a Ginés Benítez en las tareas de guarda del Pinar de Azaraque y siguiera su ejemplo poniendo casa en medio de los pinos. En especial les preocupaba la salvaguarda de las suertes de pinos donceles, recién plantados. Ginés era un vecino de Vara de Rey, fallecido hacia 1569 o 1570 con setenta años.

Después de los ganados y los guardas de los pinos, llegaron los labradores. La colonización de nuevos terrenos como Pozoamargo por las familias Montoya y Buedo, sirvió de acicate para la deforestación del pinar de Azaraque y el surgimiento de Casas Benítez, pero tanto o más importancia tuvo la proximidad de los molinos en la ribera del Júcar, los de la Losa y los llamados Nuevos, y el surgimiento de importantes núcleos de población al otro lado del río.

Probanza del año 1584

Alonso Rabadán
Martín Parreño, labrador de 47 años, vecino de Casasimarro y estante en Casas de Benítez
Francisco García de Villarrobledo, vecino de Vara de Rey y morador en Casas de Benítez, 54 años
Andrés González de Tébar, clerigo del estado de los hijosdalgo, más de 80 años
Martín de Albendea, labrador de San Clemente
Juan de Montoya, hidalgo de San Clemente de 86 años
Pedro López de Tébar, labrador de San Clemente, 67 años; hijo de regidor
Pedro Juárez el viejo, 67 años, vecino de San Clemente
Julián Gómez el viejo, hidalgo, 64 años, vecino de Vara de Rey
Francisco González, labrador, vecino de Vara de Rey; hijo de Pedro Martínez Pintor, escribano de la villa de Vara de Rey, y padre de regidor
Francisco de Alarcón, hijodalgo, vecino de Vara de Rey


(1) LÓPEZ, Tomás: Diccionario Geográfico de España: Cuenca. (BNE, Mss. 7298, fols. 664 y 665)
(2) GONZÁLEZ SANDOVAL BUEDO, José: Pozo Amargo (Cuenca). Aproximación histórica. Edición del autor. 1997, pp. 69 y ss.

ARCHIVO DE LA CHANCILLERÍA DE GRANADA (AChGr). 01RACH/ CAJA 523, PIEZA 7. Probanzas del pleito entre Vara de Rey y San Clemente por corta de pinos para reparo de los molinos del Concejo. 1584

domingo, 13 de mayo de 2018

Los Abengoza

Jerónimo de Montoya Abengoza era uno de los hidalgos que el 28 de febrero de 1531 demandados por el concejo de San Clemente para que exhibieran sus cartas ejecutorias de hidalguía. Jerónimo era hijo de Diego de Abengoça, natural del Castillo de Garcimuñoz, y que se había mudado de joven a la villa de San Clemente para casar con Teresa, una hija de Alonso Montoya. Diego murió pasado el año 1510. Era hijo de Nuño de Abengoça, vecino del Castillo y con hacienda en Villalgordo. casado con Leonor de Céspedes. Nuño Abengoça estaba al servicio del maestre de Santiago, don Juan Pacheco, ocupando algún tiempo el cargo de alcaide de Villena.

La proyección social de los Abengoça debía mucho de sus servicios a los marqueses de Villena. Rodrigo de Luz recordaba a un joven Jerónimo de Montoya Abengoça en la casa de Alarcón de Diego López Pacheco, pero también se acordaba del padre Diego de Abengoça, que poseía una tierra de labor en Villar de Cantos, junto a la de su hermano, Alonso de Luz, el cual había heredado una heredad en Villar de Cantos por su matrimonio con la hija de Ruy Saez de Ortega el mozo.
y estando ya casado el dicho Diego de Abengoça este testigo (Rodrigo de Luz), thenía un hermano en la dicha villa de Sant Clemeynte  casado que se dezía Alonso de Luz y thenía una lavor de pan en una granja que se dezía Villar de Cantos y en ella este testigo avía estado algunas vezes yendo a ver a su hermano y vido como el dicho Diego de Abengoça assimismo thenía allí lavor y entonçes lo avía tornado a tratar y comunicar y lo avía tratado y comunicado con amystad y lo mismo en la dicha villa de Sant Clemeynte por tienpo de quatro o çinco años en tenporadas y que quando el dicho Diego de Abengoça se casó este testigo estaua en Villalgordo porque se avía venido desde Alarcón y desde entonçes este testigo estaua y rresidía en Villalgordo
Pero Rodrigo Luz, que a pesar de su residencia temporal en Alarcón, se declaraba natural de Villalgordo, había conocido con quince años  (hacia 1570) al abuelo de los Abengoça, Nuño, que desde Villena había llegado hasta el lugar de Villalgordo para establecer su morada, aprovechando las heredades aportadas por su mujer Leonor, natural de este pueblo.
el qual (Nuño de Abengoça) venía de Villena con su mujer y casa poblada  y traya consigo dos honbres de pie y una mula y un cauallo, el qual se vino al dicho lugar de Villargordo a poner lavor de pan y en él avía tomado casa porque hera de su mujer y çierta heredad adonde quería començar a labrar 
No se conoce la procedencia de Nuño de Abengoça, pero sí que su ascenso social debe mucho a su servicio al maestre de Santiago don Juan Pacheco, tal como recordaba en su ancianidad más de setenta años después Tristán Molina, caballero de la orden de Santiago
que el dicho Nuño Abengoça avía seydo ayo del dicho don Juan Pacheco que después fue maestre de Santiago y que vido este testigo siendo paje del dicho marqués que el dicho Nuño Abengoça entraua en la cámara del dicho marqués como persona privada con él 
Nuño Abengoza alternó su residencia en Villalgordo con su cargo de alcaide de Villena. El matrimonio duro poco, Pues Rodrigo Luz recordaba que hacía ya 60 años que Nuño había fallecido con apenas cincuenta años de edad en el lugar de Villalgordo, desde donde fue llevado su cuerpo a enterrar al Castillo de Garcimuñoz. Cuando fallece, su mujer Leonor de Espinosa se vuelve a casar; esa vez con un criado del marqués de Villena, un tal Espinosa.

Isabel Rubia, criada de los marqueses de Villena, conocía bien a los Abengoza. A Diego de Abengoza lo recordaba con quince años como trinchante de don Juan Pacheco.  Isabel Rubia estaba al servicio de la marquesa de Villena, doña María de Portocarrero; con ella y con el marqués, Isabel se desplazaba por las villas de Belmonte, Castillo, Villena o San Clemente (que por entonces ya era lugar de residencia continuada de María Portocarrero). Junto a ellos iba Nuño Abengoza, que era maestresala en la corte del maestre de don Juan Pacheco, hasta que fue nombrado alcaide de Villena por un periodo de tres o cuatro años. A Nuño se le conocía un hermano de nombre Alonso, al servicio del marqués de Villena, hasta que casado marchó al reino de Aragón. ¿Cual era el origen de los Abengoza? Isabel Rubia recordaba que la naturaleza del padre de Nuño, un tal García, era Villaverde, sin determinar más. Este tal García ya había detentado el cargo de alcaide de Villena

Los hijos de Nuño fueron el citado Diego y otro conocido por Céspedes. Diego Abengoza estableció su residencia en San Clemente. Posiblemente tras vender su hacienda en Villalgordo y el Castillo, aunque algún testigo remonta esa enajenación a Nuño. Casado con Teresa Montoya, tuvo tres hijos; Jerónimo, Nuño, que vivió en Villar de Cantos algún tiempo y luego se mudó a Vara de Rey, García, en Vara de Rey, y una hija llamada Luisa.

Jerónimo Montoya tenía su casa en San Clemente, en medio de dos pecheros Francisco Aguado y Francisco Rosillo (aunque éste hubiera podido renunciar a su hidalguía para participar en los oficios concejiles). El 20 de octubre de 1545 obtenía carta ejecutoria de hidalguía, trece años después que la Chancillería de Granada reconociera dicha hidalguía por sentencia de 22 de abril de 1532.



Probanza de testigos de 1531


Ortega del Castillo, vecino de Castillo de Garcimuñoz, libre de pechos, 74 años. Suegro de Sancho López de los Herreros

Rodrigo de Luz, hombre hijodalgo, vecino de Villalgordo que es de Juan Pacheco, 78 años
Tristán de Molina, caballero de la orden de Santiago, vecino de Castillo de Garcimuñoz, de 88 años
Isabel Rubia, vecina de San Clemente, viuda de Juan Chinchilla, de más de 80 años
Alvar Ruiz del Castillo, escribano de San Clemente, 74 años
Alonso Álvarez de Rebe, vecino de San Clemente, 84 años
Sancho Rodríguez, vecino pechero de San Clemente, 62 años
Antón García, el viejo, hidalgo de San Clemente, 70 años. Llega a San Clemente desde Iniesta en 1493

ARCHIVO DE LA CHANCILLERÍA DE GRANADA, HIDALGUÍAS. Ejecutoria de hidalguía de Jerónimo Montoya de Abengoza. 1545. Signatura antigua. 301-17-22


La crueldad de la justicia en el siglo XVI



Descuartizamiento de Damiens, regicida, en 1757


Es poco lo que sabemos del pleito entre María de Cáceres, viuda de Diego de Abengoça, tutora de sus hijos y acusadora de don Manuel de Calatayud, señor de El Provencio, y de su hijo Manuel, y de sus criadosel comendador Hernando Camargo y Gabriel Murillo. Desgraciadamente no contamos con las probanzas de testigos, tan solo con las sentencias dadas por el juez de comisión licenciado Zaballos y los jueces de la Chancillería de Valladolid.

Desconocemos cual era la raíz de las diferencias entre el señor de El Provencio y el hidalgo sanclementino Diego de Abengoza. Pero estando don Diego de Abengoça en Toledo fue llamado allá por el año 1564 a la posada donde se alojaba don Manuel de Calatayud. Allí se inició una trifulca que acabaría con la muerte de Don Diego. Asesinato premeditado y planeado previamente por don Manuel de Calatayud y sus dos criados para la viuda de Diego de Abengoza; muerte dada en defensa propia, en palabras de Hernando Camargo, que se limitó a acudir en defensa de su señor ante un Diego de Abengoza agresor. No obstante, tal como se recoge en las diligencias practicadas por el licenciado Zaballos, la razón parece estar de parte de la viuda


estando el dicho diego de abengoçar en la dicha çibdad de toledo el dicho don manuel le auía enbiado a llamar por engaño y ansí auía ido a su posada y estando en ella él e los demás que con él estaban theniéndolo ya acordado sobre acuerdo y caso pensado auían arremetido a él y asídole de los pechos y con una daga dádole muchos golpes e cuchilladas así por el cuerpo como por la cabeça
Diego de Abengoça, que malherido acudió a su posada, acabó muriendo a los quince días.

La sentencia del juez de comisión licenciado Diego Zaballos en 1565 fue durísima para los dos criados del señor de Calatayud, no tanto para don Manuel, que se vio libre en todo el proceso. La dureza de las penas se expresaban en las vergüenzas públicas de unos reos paseados por las calles principales de Toledo, mientras que el pregonero en altas voces manifestaba su delito, para ser llevados hasta la horca y rollo de justicia situados junto a la puerta toledana de la Bisagra. Allí serían clavadas las cabezas de Hernando Camargo y Gabriel Morillo y la mano del primero; el cuerpo del segundo sería descuartizado en cuatro cuartos, que clavados en cuatro palos, serían expuestos a la vista de los que accedían por los caminos principales a la ciudad de Toledo. La crueldad, sin llegar a los extremos que nos describe Foucault en Vigilar y castigar de los suplicios sufridos por el regicida francés Damiens en 1757, es muestra de una justicia ejemplarizante


en el pleito criminal que ante mi pende entre partes de la una autora acusante mari lópez de cáceres viuda muger que fue de diego de abengoçar difunto veçino que fue de la dicha villa de san clemente como madre y tutora de nuño y diego y maría de abengoçar menores sus hijos e hija del dicho diego de abengoçar y melchor de rrojas su procurador en su nonbre y ernando camargo preso en la carçel rreal de la çibdad de toledo y matía de la fuente su procurador en su nonbre rreo acusado de la otra fallo que por la culpa que contra el dicho hernando camargo rresulta deste proçeso que le debo condenar y condeno a que de la carçel donde está sea sacado en un asno de albarda atado pies y manos y con una soga a la garganta sea llebado por las calles públicas desta çibdad con boz de pregonero que manyfieste su delito al canpo a la puerta de bisagra y al rollo y orca donde se açen semejantes justiçias y dél el dicho hernando camargo sea aorcado asta que naturalmente muera y después de muerto mando que le corten la cabeça y la pongan y se enclabe en el dicho rrollo y orca y mando que ninguna persona de ningún estado y condizión que sea la quite so pena de muerte e perdimiento de todos bienes... y ansi mesmo mando que le corten la mano derecha la qual se enclabe en la dicha orca y rollo y no se quite della so la dicha pena más le condeno en perdimiento de todos sus bienes
... por la culpa que contra el dicho gauriel de morillo rresulta deste proçeso que debo condenar y condeno a que de la carçel donde está preso sea sacado caballero en un asno de albarda atados pies y manos y con una soga a la garganta con boz de pregonero que manyfieste su delito sea llebado por las calles públicas acostunbradas de la dicha çibdad al canpo a la puerta de bisagra al rrollo y orca donde se haçen semejantes justiçias y della el dicho grauiel de morillo sea ahorcado de la garganta hasta que naturalmente y después de muerto mando que sea echo quartos y cada quarto se ponga en un camino prinçipal en un palo alto y ninguna persona sea osado de los quitar so pena de muerte e perdimiento de bienes ... e la cabeça del dicho grauiel de morillo sea puesta y enclabada en el dicho rrollo y orca y ninguna persona la quite so la dicha pena
pronunçiada por el dicho juez de comysión en la çibdad de toledo a treçe días del mes de nobienbre del año pasado de mill y quinientos y sesenta y çinco años
La sentencia apelada, sería mitigada en parte por los jueces de la Corte y Chancillería de Valladolid. Hernando Camargo y Gabriel Morillo serían condenado a seis años de galeras, sirviendo de soldados, y en pena cada uno de quinientos ducados para indemnizar a la mujer e hijos de Diego Abengoza. La pena sería rebajada de nuevo en agosto de 1568, aunque en este caso solamente para Gabriel Morillo (sin que tengamos noticia de nueva apelación por parte de Hernando Camargo), a tres años de destierro en las cinco leguas del término y jurisdicción de Toledo y en pena de cien ducados para la viuda e hijos de Diego Abengoza, así como 63.220 maravedíes de costas judiciales. En la disminución de las penas intervino sin duda don Manuel de Calatayud, que en todo momento eludió el proceso.





Archivo de la Real Chancillería de Valladolid, REGISTRO DE EJECUTORIAS, CAJA 1148, 43. Ejecutoria del pleito litigado por María de Cáceres, viuda de Diego de Abengoza y sus hijos, vecinos de San Clemente (Cuenca), con Manuel de Calatayud, señor de El Provencio (Cuenca), Gabriel Morillo, vecino de la dicha villa, preso en la cárcel pública de Toledo y consortes, sobre el asesinato de Diego de Abengoza. 1568

sábado, 5 de mayo de 2018

Los Melgarejo: alcaides de fortalezas, terratenientes y letrados


Escudo de armas de los Melgarejo


Los hermanos Juan, Diego y Francisco Melgarejo eran hijos del bachiller Francisco Melgarejo Mula y Juana de Olivares. El padre había fallecido hacia 1540, según los testigos. El abuelo era Juan de Melgarejo Mula, casado con Juana de Arboleda, que siempre vivió en Castillo, salvo al poco de casar, razón por la que se mudó cuatro o cinco años a la aldea de Torrubia.

El bisabuelo era Rodrigo Melgarejo de Mula, alcaide de Belmonte en tiempos de los dos primeros marqueses de Villena, Juan Pacheco, maestre de Santiago, y de su hijo Diego López Pacheco. Rodrigo Melgarejo se había ganado la confianza del maestre de Santiago, desempeñando el cargo de ayo de su hijo menor Diego, posición que le daba gran influencia sobre el futuro II marqués de Villena. Había casado con Teresa Sánchez de la Gruesa. Los más ancianos decía que Rodrigo Melgarejo procedía de Sevilla*. Del matrimonio de Juan de Melgarejo y Juana de Arboleda habían nacido tres hijos, Valeriano, que permaneció en Belmonte, donde ganó ejecutoria de hidalguía frente al concejo de esta villa, un licenciado Alonso Melgarejo que andaba en la corte y el bachiller Francisco.

Valeriano Melgarejo acabaría trasladándose a Santa María de los Llanos, donde litigaría con el concejo por su hidalguía, obteniendo carta ejecutoria el 24 de noviembre de 1542.

Los Melgarejo ya están instalados en Castillo de Garcimuñoz con el abuelo Juan Melgarejo de Mula, o Juan de Mula, como era más conocido, que, alrededor de 1470 o 1475 había acudido a esta villa, procedente de Belmonte, para casarse con Juana Arboleda, hija del doctor Arboleda. Juan de Mula moriría hacia 1525. Su hijo Francisco inicia su educación en el estudio existente en la villa en casa de un hombre llamado Diego Sánchez de Cucarón. Estudio de gramática no reconocido o escuela, como nos decía Cristóbal de Tébar, que con diez años, allá por 1480, había sido compañero de estudios de Francisco. El matrimonio del bachiller Francisco con Juana de Olivares, hija del comendador Diego de Alcaraz, en el cambio de siglo consolidaría la riqueza familiar. El matrimonio duraría 35 años, hasta la muerte del bachiller. Hacia 1540, Juana de Olivares, acompañada de su hijo el licenciado Juan, nos aparece dirigiendo los negocios familiares.

En Castillo de Garcimuñoz, el gobierno municipal se hallaba repartido entre hidalgos y pecheros. Aunque el reparto era desigual en favor de los hidalgos, pues se partía de una reserva inicial de los oficios concejiles a éstos. Teóricamente como en otras ciudades andaluzas o en la villa de Belmonte existía un número de caballeros veinticuatro, hidalgos a los que estaba reservado el gobierno municipal. En tiempos de Juan Melgarejo de Mula, en el último cuarto del siglo XV, todavía se conservaba esta forma de gobierno municipal. Así nos los contaba el hidalgo Cristóbal de Tébar
que avía en ella (la villa de Castillo de Garcimuñoz) veynte e quatro hijosdalgo cavalleros e personas generosas que entravan y eran governadores de la dicha villa en cada un año sin que en nyngunos oficios entrasen nyngunos pecheros y despues que los quitaron los dicho veynte e quatros
Ese cambio en el gobierno municipal debió acaecer a comienzos del quinientos por la presión pechera. El gobierno de los caballeros veinticuatro desapareció y el gobierno municipal recayó en dos alcaldes ordinarios, tres regidores y un alguacil mayor del estado de caballeros y escuderos hijosdalgo y dos regidores por el estado de los pecheros. Los dos oficios de alcaldes de la hermandad eran compartidos cada uno de ellos por hidalgos y pecheros. Los Melgarejo supieron reservarse un puesto en el reducido número de oficiales de Castillo de Garcimuñoz. que al igual que otras villas del reino de Murcia, estaba poblada y fundada al fuero de la çibdad de Sevilla. Esto explicaba que la sisa de los mantenimientos de la carne y el pescado, que complementaba a los propios de la villa, cuando no llegaban para pagar los pechos, fuera pagada por todos, pecheros e hidalgos, incluido el marqués de Villena, durante su estancia en la fortaleza. Castillo de Garcimuñoz tenía, además, un régimen foral diferenciado de sus aldeas (Almarcha, Torrubia, Pinarejo y la Nava), regidas por el fuero de Alarcón. Así, Castillo de Garcimuñoz estaba exento de la moneda forera para todos sus vecinos, impuesto de dieciséis maravedíes que se pagaba cada siete años; sus aldeas pagaban dicho impuesto, del que estaban excluidos hidalgos y clérigos.

Con el cambio de naturaleza del gobierno municipal, el viejo fuero de Sevilla se fue olvidando. El marcado carácter estamental de la aristocracia de Castillo de Garcimuñoz fue mutando en una oligarquía de ricos, indistintamente de su condición hidalga o pechera. Y aquí es donde más a gusto se sentían los Melgarejo, convertidos en familia de terratenientes, pero con una sólida formación jurídica en leyes de sus miembros que les permitía influencias en la Corte.

El Castillo de Garcimuñoz vivió una época de declinación a comienzos del quinientos. Esta crisis se enmarca en el contexto del declinar de las viejas fortalezas frente a sus propias aldeas, como Torrubia, y villas eximidas de la llanura. Los propietarios de mayorazgos, como los de Cervera, Piqueras o Albaladejo, abandonaron las casas que poseían en el Castillo. En el declinar del Castillo, influyó un régimen fiscal diferenciado de sus aldeas. En Castillo de Garcimuñoz, poblada según el fuero de Sevilla, pagaban todos indistintamente de su condición hidalga o pechera; en sus aldeas, tales como la Almarcha y Torrubia, regidas por el fuero de Alarcón, únicamente pagaban los pecheros. Los hidalgos se trasladaron a las aldeas, donde además tenían sus heredamientos y podían llevar su gestión directa, alejados ya de aventuras militares y de servidumbres a un marqués de Villena, que no pisaba la villa de Castillo de Garcimuñoz. No sabemos hasta qué punto el diferenciado régimen fiscal entre el Castillo y sus aldeas provocó el debilitamiento demográfico en favor de sus aldeas, pero sin duda fue un acicate más en la irremediable crisis de la fortaleza frente al impulso agrario de aquéllas.

El licenciado Juan Melgarejo había estudiado Leyes en la universidad de Salamanca. Hasta 1541 vivió con sus padres, hasta que el bachiller Francisco falleció; entonces, el licenciado Juan vivió hasta 1550 con su madre, Juana Olivares, momento en que abandona el hogar familiar para casarse con Ana Carrillo, hija del señor de Valera, Melchor Carrillo de Alarcón.

Las propiedades de los Melagarejo se extendían por todos los pueblos comarcanos, fundando su riqueza en el cultivo del cereal y el abastecimiento a grandes villas como San Clemente
que conosçió al dicho bachiller Françisco Melgarejo su padre e a Juan Melgarejo de Mula su abuelo asy los unos como los otros los vido tener ansy en las villas de Santa María del Canpo e Alconchel e huerta e lugar de Honrrubia y en sus términos que eran villas e lugares comarcanos  a la dicha villa del Castillo de Garcimuñoz, heredamientos de casas e tierras e viñas e molinos e mesones e otros muchos bienes rrayzes
A estas propiedades, añadir otras que la familia poseía en la Hinojosa, lugar de Alarcón. Pero los testigos no dejaban de referirse a la madre de los hermanos Melgarejo, Juana Olivares, como aportadora de una importante dote a la familia (e la dicha su madre como cosa suya propia). La aportación de Juana Olivares quizás sea más significativa si tenemos en cuenta que la hacienda del abuelo Juan Melgarejo estaba centrada únicamente en las casas y propiedades de Castillo de Garcimuñoz y los heredamientos que de tierras de pan llevar poseía en el lugar de Torrubia. Los heredamientos de Torrubia, que se extendían por la vecina Honrubia, aldea de Alarcón, acabaron en manos de Fernando de Araque, vecino de Villalgordo, que los recibió como dote por casamiento con una hija del abuelo Juan Melgarejo, concretamente, Isabel de Mula. Hacia el año 1552, Torrubia era una aldea de veinticinco o treinta vecinos; apenas solo tres de ellos habían nacido en el lugar, lo que da idea del despoblamiento de este lugar a comienzos de siglo. Despoblamiento sin duda debido a algún suceso extraordinario, por muertes y enfermedades y años malos que había habido; referencia que hace mención a algún evento pestífero. Por los datos aportados por los testigos, estaríamos hablando de la peste iniciada a la muerte de la Reina Católica. Aquel periodo, que va de 1502 a 1508, tan desconocido en la zona, fue una catástrofe, o al menos en algunos pueblos. La carestía de las malas cosechas y la peste llevaron al pequeño lugar de Torrubia, de los cuarenta vecinos del año 1500 al despoblamiento. Cincuenta años después solo quedaban tres vecinos que hubieran nacido en el pueblo en la primera década del siglo. Este era el testimonio de Juan Redondo un vecino de Honrubia
lo conosçió poblado (a Torrubia) de quarenta veçinos en el tienpo que vivió en él el dicho Juan de Mula e que después aca se abía despoblado por muertes y enfermedades y años faltos que abía abido en el dicho lugar que sabía que no abía de presente vezinos en él que fueran de hedad de quarenta años arriba más de Martín López pastor e Miguel Millán e María Millán e Martín Garçía que fueron naturales del dicho lugar 
La peste, u otras enfermedades que en la mentalidad de la época se confundían con ella, eran un azote. Las clases privilegiada huían de ella. Tal hizo, aunque no sepamos la fecha exacta y al igual que su padre, el bachiller Francisco. Tal hecho pestífero debió ocurrir en la época de las Comunidades de Castilla. El bachiller Francisco se refugió en Villalgordo del Marquesado, la huida debió ser muy improvisada, pues Villalgordo era un pequeño lugar con muchas limitaciones. El bachiller mandaba a sus criados a comprar carne a la vecina Montalbanejo. A pesar de que Montalbanejo tuviera cerradas sus puertas para prevenir el mal contagioso, no parece que el bachiller tuviera impedimentos para conseguir la carne, y sin sisa.

La peste parece que fue la causa por la que el abuelo de los Melgarejo y sus hijos abandonaron la aldea de Torrubia, donde habían vivido unos cinco años, y por la que volvieron a Castillo de Garcimuñoz, abandonando el patrimonio familiar, cedido como dote a la mencionada hija, Isabel casada con un Araque. Aunque volvieron a la aldea algunas temporadas. Esta primera aventura de los Melgarejo como propietarios de tierra, parece que dio paso a la decisión de Juan de Mula de formar a sus hijos como letrados. Las ganancias de este oficio, posibilitaría la compra de nuevas tierras. Los bienes raíces de la familia en Honrubia aparecen ya con el bachiller Francisco Melgarejo. El bachiller había adquirido en Honrubia un mesón, una huerta y tierras de labor, que luego pasarán a sus hijos el licenciado Juan y Diego. El patrimonio familiar se había ampliado con nuevas tierras en Alconchel, Santa María del Campo, Honrubia, Montalbanejo y,por último, los bienes raíces de la Hinojosa, que posiblemente eran tierras adquiridas muy recientemente por los Melgarejo y que motivaron el pleito con el concejo de este lugar de la Hinojosa por la negativa de los hermanos Melgarejo a pechar.

En Alconchel la familia poseía un molino harinero. Alconchel era señorío de don Juan Pacheco, sus vecinos y otros vecinos de los pueblos próximos de Montalbanejo, Villar de Cañas o Villaescusa de Haro, que poseían heredades en el citado lugar, pagaban, además de los pechos concejiles y reales, un tributo adicional al señor de la villa: el llamado rediezmo, de cada quince fanegas de granos cosechadas, una acababa en manos del señor don Juan Pacheco. Hoy, se nos escapa la relación entre el bachiller Francisco Melgarejo y don Juan Pacheco, pero lo que no cabe duda es que la exacción señorial del Pacheco iba acompañada de la maquila del molino de los Melgarejo. Alconchel era hacia 1550 un  pequeño pueblo de cincuenta vecinos. Al igual que Torrubia, sabemos que fue afectado por la peste y carestía del final del reinado de Isabel la Católica y años posteriores. Tenemos el testimonio de la muerte de Alonso de Resa, por el mal pestífero, según los testigos en 1509 (posiblemente algún años antes). Más allá de las diferentes jurisdicciones o señoríos que imperaban en cada pueblo, Alconchel estaba integrada económicamente con otros pueblos comarcanos como Villalgordo, Montalbanejo, Villar de Cañas o la propia Villaescusa de Haro. Alconchel, desde un punto de vista geográfico estaba en la intersección de estos pueblos; el molino de los Melgarejo, también; sumándose a otros molinos en la ribera del río Záncara. Hoy nos es difícil imaginar la existencia de molinos en la ribera del Záncara, y menos aún en su cabecera. Pero el bachiller Francisco Melgarejo, no solo se aprovechaba de las moliendas, sino que represando el agua, controlaba el riego de los vecinos de Alconchel tierras abajo. El conflicto entre los de Alconchel y los Melagarejo acabó por estallar, tal como nos contaba el labrador de Montalbanejo, Andrés Núñez
cómo los molineros del dicho bachiller Mula represavan el agua de él para poder rregar los caminos de los labradores que estavan de la parte vaxa del dicho molino y de henojo dellos este testigo estando en conçejo en la dicha villa de Alconchel un Pedro Castaño rregidor e Pasqual de Arriba alguazil e otros muchos se tratavan que pues el dicho bachiller Mula padre de los que litigavan no dexavan pasar el agua a los dichos caminos que le enpadronasen e rrepartiesen como a los otros pecheros de la dicha villa fuera della por el dicho molino e sobre ello abía abido en el dicho conçejo diferençia entre los dichos ofiçiales , ... pues el dicho bachiller no quería dexar pasar el agua a los dichos cáñamos e al fin vido que el dicho conçejo avía mandado al dicho alguazil que le sacara prenda por el dicho pecho e dende a çiertos días vido cómo el dicho bachiller Mula avía ydo a la dicha villa de Alconchel e avía hablado con algunos de los rregidores e ofiçiales del dicho conçejo e les dezía que avía sido ynformado que les mandava sacar prendas por pechero e que no lo podían hazer porque hera hidalgo
El contencioso del bachiller Francisco Melgarejo Mula y el concejo de Alconchel acabó por la intromisión de la justicia señorial de Juan Pacheco y su representante, el alcalde mayor Ginés Ruiz, declarando exento de pagar al bachiller. La sentencia dada en presencia de todos los vecinos de Alconchel no debió gustar nada a sus vecinos, que veían cómo el bachiller, además de arrebatarles el agua, conseguía un régimen fiscal diferenciado del resto de forasteros de Villar de Cañas, Montalbanejo o Villaescusa de Haro.

Los Melgarejo supieron aunar su reciente riqueza agraria, centrada en el cultivo de trigo, con sus conocimientos como letrados. Pero lejos de convertirse en burócratas pisapapeles, devinieron en prestamistas de grandes villas como San Clemente a las que extorsionaban en épocas de carestía con el abasto de granos. En estas operaciones especulativas contaban con ciertos miembros de la oligarquía local, como Hernando del Castillo. Como ya hemos estudiado en otro lugar, las operaciones consistían en jugar con los precios del grano, vendiéndolo en los momentos de mayor carestía. Previamente, los Melgarejo concedían préstamos al concejo de San Clemente, con fuertes intereses, que iban destinados a la compra de su propio grano excedentario. Los Melgarejo recuperaban el dinero y una importante cantidad adicional, fruto de intereses leoninos y cláusulas draconianas de los contratos de préstamo. En el ínterin, algunas familias menores, como los Rosillo, abastecedores de panaderías, veían su capital arruinado. Es en este clima especulativo, del que participaran otras familias como los Tébar en la venta de vino, en el que se va generando un clima anticonverso contra las familias procedentes de Castillo de Garcimuñoz, Castillo, Melgarejo u Origüela, a los que se identifica, más allá de su sangre judía o no, con la figura del semita usurero. Aún así, los Melgarejo tardarían un siglo en asentarse en San Clemente, lo harían como servidores públicos de la Hacienda: contadores de rentas reales.

La sentencia de la Sala de los Hijosdalgo de la Chancillería de Granada, reconociendo la hidalguía de los Melgarejo es de 18 de diciembre de 1549. Confirmada el 29 de febrero de 1552 y en grado de revista el 29 de octubre del mismo año. Las sentencias de la Chancillería de Granada acallaban las críticas de sus enemigos, que recordaban cómo el predecesor de la familia, Rodrigo Pacheco, había sido empadronado en la villa de Belmonte con los pecheros y que todos los vecinos tenían por privilegio el no pechar en la dicha villa de Belmonte, según sus ordenanzas, una vez haber residido en la misma con casa poblada y mujer durante siete meses. Por último los detractores, recordaban a los Melgarejo que debían su hidalguía a una merced de los Pacheco, a quienes Rodrigo había servido como ayo del menor Diego López Pacheco. Después de nuevo auto confirmatorio de 22 de noviembre, los Melgarejo obtenían carta ejecutoria de hidalguía con fecha 2 de marzo de 1553

Ejecutoria de hidalguía de los Melgarejo, propiedad familiar.
Foto: José Enrique Melgarejo Merino


* RAH, Signatura: 9/304, fº 241. Signatura antigua: D-29, fº 241. Colección Salazar y Castro. Tabla genealógica de la familia de Melgarejo, vecina del Castillo de Garci Muñoz. [Manuscrito]

ARCHIVO DE LA CHANCILLERÍA DE GRANADA, HIDALGUÍAS. Ejecutoria de hidalguía de los hermanos Melgarejo, vecinos de Castillo de Garcimuñoz. 1553. Signatura antigua: 301-17-6


ANEXOS

Probanzas de testigos de la probanza de 1545, vecinos de Castillo de Garcinuñoz

Alonso López, clérigo presbítero, pechero de 68 años
Pedro González, clérigo presbítero, pechero de 73 años, al fuero de Sevilla
Bernardino de Guadarrama pechero de ochenta años
Pedro de la Pastora, 60 años
Cristóbal de Tébar, hombre hijodaldo de 75 años, hijo de Juan Álvarez de Tébar

Nueva probanza de 1552

Juan de Gil Gómez, pechero de más de 80 años
Miguel Millán vecino del lugar de Torrubia, 60 años
Martín López pastor, vecino del lugar de Torrubia, 70 años
Juan Redondo, vecino de Honrubia de 78 años
Hernando de Origüela, hombre pechero, más de 70 años. En 1523, se desplaza a Honrubia desde Castillo de Garcimuñoz
Fabián Pérez Herrero, vecino de la villa de Alconchel (que era de don Juan Pacheco), vecino pechero de 50 años
Andrés Núñez, labrador, vecino de Montalbanejo
Pedro Cabero, el viejo, labrador de Valera de Yuso, setenta años