El corregimiento de las diecisiete villas (fotografía: Jesús Pinedo)


Imagen del poder municipal

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EL CORREGIMIENTO DE LAS DIECISIETE VILLAS EN LA EDAD MODERNA (foto: Jesús Pinedo)
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Tuesday, April 21, 2026

Vínculos y sucesiones

 El mantenimiento de las haciendas era difícil en las economías medias de comienzos del siglo XVI, pues la partición de los bienes entre los hijos facilitaba la disgregación de las herencias. El problema era más acuciante si el testamentario había casado varias veces, algo más común de lo normal, pues la mortandad obligaba a nuevos matrimonios, que, en el caso de las mujeres jóvenes, era una necesidad para evitar su marginación social.

El bachiller Alonso Carrero era un vecino de Villarrobledo que había hecho una gran hacienda y había casado dos veces. Del primer matrimonio había nacido Diego de Aguado; del segundo, con Mari Sánchez Bonillo (hermana de Francisco Martínez Bonillo), nacieron dos hijos: fray Alonso Calero, de la orden de San Bernardo, y el bachiller Juan Calero, clérigo. Se formaba una saga que combinaba los estudios con la compra de una gran hacienda, que, ahora en 1605, corría el riesgo de perderse entre pleitos familiares.

El padre había adquirido una gran heredad en el llano de Estremera, junto al río Córcoles. Era una heredad de 895 almudes, que se había empezado a partir desde el momento del segundo matrimonio con Mari Sánchez, la cual había recibido 145 almudes por su dote y mitad de multiplicado al casar. El hijo del primer matrimonio recibió 310 almudes y los otros dos hijos 450 almudes. El primer hijo, el bachiller Diego Aguado, había vendido su parte en dos tandas. Cien almudes a Juan Tercero el viejo y los otros 210 a su madrastra Mari Sánchez. Así la segunda mujer acumuló una herencia de 795 almudes para pasar a sus dos hijos naturales y excluyendo al hijo alnado que había, supuestamente vendido su parte a la madrastra. Sin embargo, el litigio comenzaría con la muerte del padre en 1605.

El pleito se sustanciaría entre dos hermanastros, el bachiller Diego Aguado y el bachiller Juan Calero. Pero las distintas vicisitudes llegaron el pleito a otros lares. El 10 de febrero de 1581, el bachiller Alonso Calero profesa en la orden de San Bernardo y redacta testamento y manda que los bienes que quedaren a su muerte pasen a su hermano el bachiller Juan, pero vinculados a una memoria con obligación de diez misas anuales. Se planteaba además el problema de que los bienes heredados no habían sido partidos con su hermano.

En 1601 el que muere es el hermano Juan Calero, que, como clérigo, declara no tener herederos y su deseo de fundar un nuevo vínculo, dejando como heredero a su hermanastro Diego de Aguado Calero (que había vendido su parte) con la única condición de que vinculara esos bienes como quisiere a su muerte. Esta cesión venía a su vez entorpecida por el carácter proindiviso de los bienes y porque el hemano fallecido, Juan, no había nombrado patrón para la memoria fundada por el bernardo, que, ahora, nombraría primero a su hermanastro Diego, luego a su tío Honorio y, muerto este, a otro tío, Francisco Martínez Bonillo. En 1613 se produce la muerte de Diego Aguado, que deja los ciento cincuenta almudes de su propiedad a Matía Jávega, y, además, por vía de patronazgo 650 almudes al citado Matías. Ese patronazgo iba contra el legado testamentario del bernardo Alonso y conducirá a un pleito entre Matías de Jávega y Francisco Martínez Bonillo. El pleito entablado dio la razón a Matías de Jávega, si bien después Francisco Martínez Bonillo apelaría, sin que sepamos la sentencia final.



Por Francisco Martinez Bonillo vezino de Villarrobledo, contra, Matias de Xauega, vezino de la misma villa [Sobre vínculo y patronazgo]. PORCONES/988(21)

Saturday, January 20, 2024

¿VALA DE REY O VARA DE REY?

A los Jávega, los conocemos como una familia de labradores de Vara de Rey. Labradores ricos que monopolizaban el poder municipal junto a otras familias hidalgas, a las que trataban de excluir en ocasiones. A falta de hidalguía, los Jávega buscaron otros signos de distinción social y el más notorio en aquella época, aparte de un oficio de regidor, era poseer una familiatura del Santo Oficio. Alonso de Jávega era familiar del Santo Oficio por la Inquisición. A diferencia de los hidalgos, salvo en algún privilegio común, como el no hospedaje de soldados, Alonso no estaba exento de pechar y podía ser preso por impago de deudas, pero el título de familiar le garantizaba una jurisdicción privativa, ajena a la ordinaria, en caso de problemas. Así, cuando se vio envuelto en un conflicto por deudas con varios vecinos de Castillo de Garcimuñoz, que pedían fueran liquidadas las deudas pendientes, Alonso de Jávega se resistió a ser apresado por el alguacil del corregimiento de San Clemente, Martín de Molina, emprendiéndola a golpes con él.

El mandamiento de prisión correspondía a una petición de la justicia de Castillo de Garcimuñoz y sería ejecutada por la justicia del corregimiento de San Clemente, por aquel entonces, el año 1594, encarnada por el corregidor licenciado Fernando del Prado (el mismo de la inscripción de la cárcel) y por su alcalde mayor Francisco Pimentel del Prado. Aunque en el enfrentamiento entre el alguacil Martín de Molina y el familiar de la Inquisición Alonso de Jávega el que peor salió parado fue el alguacil con varios dientes rotos, no parece que opinara igual el Santo Oficio de Cuenca, para el que los "rempujones" sufridos por su familiar era un ataque al fuero privativo del que gozaban sus familiares. La Inquisición de Cuenca pediría la inhibición de la justicia del corregimiento y que trasladara a Cuenca los autos en poder del escribano Juan de Robledo. 

La realidad era que de la justicia del corregidor se burlaba el Santo Oficio y la justicia de Vara de Rey. A pesar de sus dientes rotos, el alguacil Martín de Molina consiguió poner en la cárcel de Vara de Rey a Alonso de Jávega, junto a otro deudor, llamado García de Jávega, pero, en un pueblo donde podían más los lazos familiares e intereses vecinales, el alcaide de la cárcel permitió que los dos presos se fueran a dormir a su casa, sin intención de volver al día siguiente. Para mantener la autoridad de una justicia de corregimiento humillada, se tuvo que personar en San Clemente el alcalde mayor Pimentel; fue entonces, cuando los Jávega acudieron a la justicia privativa del Santo Oficio. Aunque sea anecdótico, una muestra de estas diferencias es que los vecinos de Vara de Rey y el Santo Oficio de Cuenca seguían llmando a su pueblo como toda la vida, Vala de Rey, mientras que el corregidor y su alcalde mayor, en una decisión impuesta seguramente con motivo del nuevo tributo del servicio de millones, comenzaron a llamar al pueblo como Vara de Rey, nombre con el que lo conocemos hoy. Los burócratas de Madrid eran incapaces de entender a qué respondía el nombre de "Vala", y así, cuando los escribanos mandaban sus oficios a Madrid fechados en la villa de Vala de Rey, en Madrid escribían en las espaldas de aquellos documentos de 1591 "Vara de Rey". En el intercambio epistolar cada uno seguía con su costumbre, pero las autoridades de San Clemente, un corregidor y alcalde mayor foráneos a las tierras conquenses, que ya recibían los oficios del Consejo Real con la nueva denominación de Vara de Rey, copiaban el nuevo nombre en sus oficios enviados a este pueblo hasta que, es de suponer, que, primero las autoridades y luego el resto del pueblo, tuvieron que desistir y resignarse a llamar a su pueblo tal como lo conocemos hoy: Vara de Rey. El resto, suponer que lo de Vara hace mención a la vara de justicia de los oficios reales y que detrás del cambio de nombre hay un sojuzgamiento a la autoridad real es mera sospecha. Al menos de momento.



Archivo Histórico Nacional, INQUISICIÓN,1923,Exp.9