El corregimiento de las diecisiete villas

IGNACIO DE LA ROSA FERRER

Imagen del poder municipal

Imagen del poder municipal
EL CORREGIMIENTO DE LAS DIECISIETE VILLAS EN LA EDAD MODERNA
Mostrando entradas con la etiqueta Quintanar del Rey. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Quintanar del Rey. Mostrar todas las entradas

viernes, 15 de junio de 2018

Trigo y fraude en la Mancha conquense a finales del siglo XVI



                                                                       
Christoph Weiditz. Grabado del siglo XVI

Diego Velázquez, gobernador del Marquesado de Villena, se quejaba el 5 de julio de 1579 desde Villanueva de la Jara cómo el precio del pan estaba alcanzando los treinta y los treinta cinco reales en los pueblos del Marquesado y cómo se burlaba la tasa, especialmente en los lugares de señorío. La acusación iba dirigida contra varios vecinos de Iniesta a los que se acusaba de ventas especulativas en Tarazona de la Mancha. Junto al escribano Francisco Rodríguez Garnica, el licenciado Velázquez había sido testigo de los desmanes y abusos en la venta de granos los meses posteriores a la cosecha del verano de 1578.

Se denunciaba con especial ahínco la especulación de granos en la villa de Iniesta, de puertas adentro, y en el pequeño lugar de Casas de Juan Fernández como centro de las operaciones especulativas. Francisco García Ruipérez, vecino de Tarazona, denunciaba cómo Francisco Gómez vecino de Iniesta le había vendido veintiséis fanegas de trigo
en dos veces que fueron dos carretadas a precio cada una fanega de ueyntitres rreales en las casas que dicen de Juan Fernández que son del dicho Francisco Gómez

Francisco Gómez se valía de un testaferro llamado Alonso López Palmero, de treinta y nueve años y vecino de Villalgordo del Júcar, que recibió en la ermita del lugar de Casas de Juan Fernández el dinero. La operación pecaba de nocturnidad, pues fue en la noche de Nuestra Señora de Septiembre cuando se cerró. El caso es que Alonso López Palmero ya se encontraba en la ermita de las Casas de Juan Fernández desde la víspera del 14 de septiembre con varias carretadas de trigo. Alrededor de cuatro carretadas con cincuenta fanegas de trigo, dispuestas para la venta a precio de 24 reales. Las compras de granos, también cebada y centeno, por Francisco García Ruipérez a vecinos de Iniesta, tales como Gregorio Cabronero, Baltasar de Cuenca o Juan López Alpargatero eran continuas. El precio de la cebada alcanzó hasta los nueve reales, doce el centeno y siete la avena.

Casas de Juan Fernández. Foto de José Díaz Martín
http://pueblosabandonadosdecuenca.blogspot.com/


Así el pequeño lugar de Casas de Juan Fernández se convertía en centro neurálgico de la especulación de granos, soslayando la pragmática que fijaba la tasa de granos o límite superior de venta de los cereales en el Reino de Castilla. Las operaciones de compra y venta de granos tenían un alcance regional. Francisco García Ruipérez asumía el papel de acaparador de granos en Tarazona. Sus compras, además de Iniesta, se extendían a Villanueva de la Jara. Otro pequeño lugar de cierre de tratos eran las Casas de Marisimarro, lugar de Villanueva de la Jara. Allí Pedro Bonilla, vecino de la Motilla había vendido a Francisco García Ruipérez tres carretadas de trigo con cuarenta fanegas a precio de veintitrés reales cada una. Las operaciones tenían sus riegos, sobre todo en el transporte, pues cuando el hijo de Francisco García pasaba con las carretas por el lugar de Gil García tuvo que enfrentarse con los vecinos de este lugar que intentaron robarle el grano.

Pero el acaparamiento de granos en Tarazona de la Mancha no era monopolio únicamente de Francisco García Ruipérez. El regidor de Tarazona, Alonso de Mondéjar, compraba sesenta fanegas de cebada eludiendo la tasa en el molino de Losarejo, sito en tierra de Alarcón, a un vecino de Sisante llamado Juan Serrano. El trigo fue llevado hasta Tarazona por el hijo del regidor e Isidro Monedero, que reconocían que habían cerrado compras similares en Iniesta.

La figura del testaferro, quizás debíamos emplear la palabra regatón (aunque este término es más propio del mundo de las lanas) es fundamental por dos motivos. En primer lugar, asumía el papel de intermediario en las ventas; así, López Palmero se encargaba de dar salida al trigo de los vecinos principales de Iniesta, tales como el citado Francisco Gómez o el regidor Antón Granero. Era el encargado en cerrar las ventas a los acaparadores de Tarazona en lugares aparatados de la villa de Iniesta para eludir la acción de la justicia. En segundo lugar, jugaba con los precios, que según transcurría el tiempo tendían hacia máximos. Para la Navidad, el precio del trigo ya alcanzaba los veintiséis reales la fanega. Además Alonso López Palmero era una figura bregada. En su declaración ante el gobernador Velázquez, siendo conocedor de la colisión de jurisdicciones, se negó a declarar, remitiéndose a su confesión ante la justicia ordinaria de la villa de Iniesta, mucho más benigna y sin lugar a dudas con intereses comunes con los vecinos principales que vendían su grano. Alonso López Palmero era más que un tratante, era el almotacén y corredor de la villa de Iniesta y, por eso mismo, debía velar porque los granos vendidos se ajustaran a la tasa. Al menos esa era la teoría, pues el juego de complicidades hacía de él un hombre de paja al servicio de los principales y labradores de la villa de Iniesta.  En su declaración ante el alcalde ordinario de Iniesta, Antón Atienza, el almotacén defendió que todas las transacciones de granos se habían ajustado a la tasa, algo poco creíble pues eran demasiados los implicados como se deduce de la relación de ventas a Francisco García Ruipérez:

  • Gregorio Cabronero, una carretada de cebada
  • Juan López Alpargatero, nueve fanegas de cebada
  • Juan Gómez de Correa, morador en Casas de Juan Fernández, 14 fanegas de trigo
  • Antón Ruiz, regidor, once fanegas de trigo
  • Sebastián Herrero, once fanegas de trigo
  • Baltasar de Cuenca, tres cherrionadas de cebada


Tan importante o más que el testaferro, eran los vecinos principales de Tarazona que actuaban como penúltimo eslabón de la cadena especulativa. Francisco García Ruipérez, de sesenta y cuatro años, y su hijo revendían el grano comprado en el sur de Cuenca en los molinos de la Marmota, propiedad de Pedro Carrasco, principal de la villa de Albacete. El comprador del grano era Jorge de Villena, hacedor de la ciudad de Chinchilla, con destino al pósito de esta ciudad. Los precios finales eran desorbitados. Más si pensamos que su fin era el abasto de los vecinos chinchillanos.

El desorden en la venta de granos, tal como decía el licenciado Medinilla, alcalde mayor de Marquesado, era generalizado en todas las villas de realengo, y también en las de señorío. Se denunciaban transgresiones en Belmonte, Castillo de Garcimuñoz, Alarcón, Tébar y Honrubia. Las especulaciones coincidían con años de carestía y malas cosechas, o al menos se intentaba crear esa imagen. Se citaba con especial preocupación la falta de pan en La Roda
que en la villa de la Rroda a causa de no auerse coxido los años pasados pan en la dicha villa a sido necesario traerlo de fuera especialmente de las dichas villas del Marquesado

Hasta la Roda fue enviado Juan Pérez de Oviedo como juez de comisión para averiguar la escasez de la villa. A su servicio se pusieron todos los alguaciles del Marquesado, encabezados por Juan de Villanueva, alguacil mayor. En el caso de La Roda, el encargado de comprar trigo para el pósito fue un vecino llamado Andrés González. En su periplo había ido hasta Tébar y la villa de San Clemente para comprar trigo. En el caso de San Clemente, la venta se cerró en el monte del Calvario, a veintiocho reales cada una de las veinte fanegas de trigo compradas. En la transacción intervino Hernando Origüela. Otro vecino de La Roda, Francisco Ruiz, fue hasta Alarcón  y su aldea de Tébar para comprar setenta fanegas de trigo para el abasto de la villa y otras veintiséis en Cañadajuncosa. En esta aldea la venta se cerró por debajo de la tasa, a un ducado la fanega, es decir, once reales, pero el transporte del trigo supuso un encarecimiento de la fanega en cinco reales y medio. De la cifra de un ducado por fanega de trigo hemos de dudar, pues no deja de ser sospechosa la coincidencia entre los testigos en aportar un dato común, coincidente con la tasa del trigo fijada en 1571. Similares compras hicieron otros vecinos de La Roda en otras villas; tal, García Martínez el rubio en Iniesta, que compraba el centeno y cebada al vicario de la villa. En este caso, actuaban de testaferros, unas beatas hermanas del clérigo. Los precios, esta vez sí declarados, duplicaban la tasa de granos.

La fijación de un precio máximo en la venta del grano o tasa fue establecido con carácter temporal en 1502 por vez primera y por un período de diez años, revisada en 1539 y posteriormente  en 1558 se le dio un carácter indefinido. Por la pragmática de 9 de marzo de 1558 se pretendía un doble objetivo: garantizar la sementera de los agricultores pobres y el abasto de los vecinos de los pueblos y ciudades. Los pósitos municipales se convertían en los establecimientos provisores para lo uno y lo otro. Se trataba de fijar un precio máximo en origen para garantizar el precio final del pan a los consumidores que una vez convertido el grano en pan cocido debía dejar a los panaderos únicamente lo necesario para sus casas y familias (unos treinta maravedíes). El precio de venta del trigo en origen se fijo por la pragmática de 1558 en nueve reales y cuatro maravedíes la fanega de trigo, desde los siete reales de 1539 (venía de 110 mrs. del año 1502, unos tres reales). La pragmática de ocho de octubre de 1571 elevó la tasa a once reales (un ducado). El once de marzo de 1584 se volvió a subir a catorce reales la fanega de trigo, fijándose finalmente en dieciocho reales por pragmática de dos de septiembre de 1605. En cuanto a la cebada, el precio venía fijado por la tasa de 1566 en cinco reales

En la fijación de los precios finales del pan cocido siempre se jugó con un elemento sobrevenido: el coste del transporte de los cereales. Ya vimos en un pleito de 1503, recién establecida la tasa, como se intentó eludir la misma con unos excesivo precios del transporte. Ahora en 1578, las alegaciones eran las mismas. Como hemos visto, el transporte de trigo desde Cañadajuncosa a La Roda se calculaba en cinco reales y medio por fanega. ¡La mitad del precio fijado por la tasa para la venta! Los precios de acarreo que se intentaron fijar legalmente por la época iban de los seis a diez maravedíes por fanega y legua para el trigo y de los cinco a nueve para la cebada (pragmáticas de 26 de abril de 1558 y de 8 de enero de 1587). Si calculamos la distancia entre Cañadajuncosa y La Roda en seis o siete leguas, el precio de acarreo se aproxima a los treinta maravedíes por legua de acarreo y fanega de trigo; es decir, el triple de lo estipulado legalmente.

Al leer los documentos, en estos caminos laberínticos de la especulación queda la duda de quién estaba detrás de esos mozalbetes que se encargaban de las operaciones de carga y acarreo de los granos, jóvenes entre los dieciséis y los veintitantos años, incapaces de mentir en las probanzas de testigos. Llegamos en seguida al nivel de los tratantes, más avezados como Alonso López Palmero, conocedores de las pragmáticas que estaban defraudando e incluso del nombre de algunos labradores, como Pedro de Moya, de la aldea de Tébar. Pero resulta difícil llegar más allá. Alguien dice ver a Hernando de Origüela en el monte del Calvario de San Clemente, se menciona a algún regidor de Iniesta, a Francisco Gómez, rico hacendado de Casas de Juan Fernández, o incluso a la poderosa familia albaceteña de los Carrasco, pero todos ellos se guardan de participar directamente en las ventas. Algunos vecinos trataban de escapar a estas redes especulativas, comprando ellos mismos directamente los granos. Este era el caso de Francisco Escribano, vecino de La Roda, que recorría los pueblos para comprar pequeñas cantidades para su casa y para la de su vecino Juan Bonjorne. Aunque conseguía el trigo a precios menores, no por eso las operaciones dejaban de ser menos fraudulentas: compras a un clérigo de Iniesta, que se valía de un criado, a un labrador que venía con el trigo molido del molino (en este caso, la operación se cerró a veintitrés reales la fanega en un mesón de la Jara) y directamente a quién por principio lo tenía prohibido: el pósito de Villanueva de la Jara o las tercias de Tébar. Incluso Sancho de Angulo, juez de las salinas de Minglanilla, se apuntaba a la vorágine especuladora de los granos, ocultando las operaciones con la fórmula del trueque: recibió de Diego Pérez de Oviedo, vecino de La Roda, una esclava a cambio de veintiocho fanegas de trigo y veinticuatro de cebada. El juez de salinas no pudo hacer frente a su compromiso y hubo de pagar la esclava, parte en cebada y parte en dinero. La disputa de la esclava no era sino arma arrojadiza de los testigos, en especial de alguno de ellos como Alonso Resa, contra el juez de comisión Juan Pérez de Oviedo, pues quien estaba implicado en el asunto era su familiar Diego Pérez de Oviedo. Los regateos entre Diego Pérez de Oviedo y el juez de salinas de Minglanilla demostraban la participación de ambos en una fijación indirecta del precio del grano más llevada por el interés particular que por el respeto a la tasa
el dicho Diego Pérez de Oviedo no se la quso dar (la esclava) si no era por treinta fanegas de trigo y treinta de cebada e que visto por el alguacil García (que actuaba en nombre del juez de salinas) que no se la quería dar por la cantidad de pan que dicho tiene e el dicho alguacil gozó y executó a el dicho Diego Pérez e hizo execución en una esclauilla  e le apremio por vía de torzedor para que le diese la dicha esclaua e este testigo (Alonso Resa) como depositario del dicho esclauillo fue tercero entre los susodichos Juan García alguacil y el dicho Ouiedo y como el dicho Diego Pérez de Ouiedo le apremiaua el dicho alguacil sobre la dicha esclaua vino a darle la dicha esclaua por las veynte y ocho fanegas de trigo e por las veynte e quatro de cebada
El valor de la esclava se había fijado en ochenta ducados y la disputa simplemente traducía esa cantidad a las propias fluctuaciones del mercado de granos.

Que los pagos no eran siempre en metálico lo demuestran otros casos. Principales de las villas, como el sanclementino Cristóbal García de Monteagudo, recibían de Antonio de Monteagudo una treintena de ovejas. Dicho ganado lo había de recibir en pago por las veinticuatro fanegas de cebada y una de avena que debía entregar a Antonio de Monteagudo, lo que hizo indirectamente a través de su suegro Pedro de Montoya, vecino del Cañavate. Del trato se expidió unas tosca letra de cambio, documento de carácter privado, ajeno al control del fisco. Como precio de referencia se tomo el valor de cinco reales y un cuartillo por oveja. Otro de los principales sanclementinos implicado en el comercio de granos, eludiendo la tasa, era Hernando del Castillo; ya de edad avanzada, tan viejo como avezado, prefería cerrar los tratos con Andrés González Mesonero. Este vecino de la Roda había llegado con tres carros a por el trigo. Siguiendo los consejos de Hernando del Castillo, cambaron, durante su estancia en San Clemente, hasta tres veces de parador. Primero, alojados en el parador de Romero, luego en el de Moguer y, por último, recelando de la proximidad de la justicia, en el parador que estaba junto a la mancebía del pueblo y el juego de pelota. Las treinta fanegas de trigo vendidas por Hernando del Castillo fueron medidas por él mismo, sacando a relucir su cicatería, en la cámara de su casa en la villa de San Clemente a la luz de un candil, que sujetaba un vecino de La Roda, Antonio del Castillo. Sería éste, en compañía del mencionado Andrés, los que cerrarían el trato y cargarían los costales, cuando todavía no había despuntado el alba
e cargaron las dichas treynta fanegas depriesa para salirse con ello antes que pareçiese gente por las calles e las cargaron (en los carros). 
Hernando del Castillo, desconfiado, siguió sigilosamente a los carros hasta que se perdieron en medio de las viñas, temeroso que la justicia descubriera el fraude y embargara su trigo. Unas horas antes, de las cámaras de Hernando habían salido otras veinticuatro fanegas de cebada en un carro conducido por el hijo de Andrés González Mesonero. Un tercer carro no llegó a salir, pues Hernando del Castillo, precavido, se reservó trigo para su casa. El destino del trigo, después de evitar los caminos principales, era el pósito de La Roda.

La necesidad de los vecinos de La Roda les llevaba a personarse en los pueblos y cambiar cualquier cosa en su poder por el deseado trigo. Era común que acudieran hasta Vara de Rey, donde intercambiaban almohadas de alfombra o miel por el cereal. El alumbre de miel se intercambiaba por cuatro celemines de trigo. A la villa de Cañavate, los de La Roda llegaban con su lana y cordellates. Una arroba de lana se intercambiaba por una fanega de cebada. Estos eran tratos igualitarios, como se habían hecho de toda la vida, insertos en la tradición del trueque y en la buena voluntad de las partes. Muestra de ello es que tres arrobas de lana se intercambiaron por tres fanegas de cebada, siendo el valor de la lana en su conjunto de trece reales, precio con el que jugaban los especuladores para una sola fanega de cebada. Aunque en El Cañavate también se cerraban tratos ilícitos a media noche, especialmente en el mesón de una mujer, llamada la viuda de Castañeda, sito al lado del puente sobre el río Rus. Detrás de las ventas, parece que estaba su yerno, Juan Jareño. Por cambiar se cambiaba una fanega de cebada por un vestido para la vieja. La mayoría de los tratos correspondían a pequeñas ventas de los labradores, que no eran ajenos al ambiente especulativo, que se vivía. La venta era por almudes y celemines y el precio del trigo se situaba por encima de los dos ducados la fanega; la cebada, a once reales. Entre los vendedores, destacaba un vecino llamado Pedro Sánchez de Hontecillas. Estas transacciones se hacían a plena luz del día y en presencia del alcalde de la hermandad. Estas ventas al por menor y al precio doble de la tasa se realizaban también en la placeta nueva de Iniesta, en presencia del medidor del pósito municipal.

El trueque se movía en el terreno del regateo. Antonio Martínez, de La Roda, acudió varias veces a Iniesta con un cortinaje de lino en pos del mejor precio, pero el valor de las cosas venía determinado por el trigo y a sus dos ducados la fanega se tuvo que plegar. Pedro Monteagudo intercambiaba cualquier cosa, con resultado muy desfavorable para él: en Iniesta,  una cuera de tafetán, valorada en seis ducados por un almud de trigo y una fanega de cebada; en Gil García y en casa del mesonero, una cortina por veintiún celemines.  A Vara de Rey llegó Mateo Sánchez Bernal en busca de trigo, llevaba un lienzo de doce de varas y un plato de estaño, grabado con el nombre de Jesús, pretendía cambiarlo por el grano vareño en casa de Lucas de Tébar. El tira y afloja entre Mateo Sánchez y la mujer de Lucas de Tébar es una muestra de los intercambios en aquella época y del trigo como mercancía central que regía el valor del resto de las cosas
e ansí fue este testigo con la dicha del dicho Lucas de Teuar y trataron de lo que le auía de dar por el dicho lienço e plato e visto que lo vieron dixo este testigo que le avían de dar trigo y cevada por ello y este testigo pidió a dos rreales y medio por cada una vara del dicho lienço porque hera de lino y por el dicho plato pidió doze rreales porque los valía e no le quisieron tomar el dicho lienço a más de sesenta mrs. la uara y el plato que conçertó primero e pidió este testigo doce rreales por dicho plato y la dicha mujer que lo compró vezina de la dicha de Lucas de Tévar, porque este testigo dixo que quería por él trigo antes que dineros, dixo la dicha muger que ella le daría trigo a rrazón de la tasa e le daría ocho rreales e ansí le dio ocho celemines de trigo e algo menos pues que este testigo estimaua el dicho plato en doze rreales e le parescía a este testigo que los valía y el dicho lienço no lo quisieron comprar más de a sesenta marauedis la vara e le dieron çebada a la tasa en ello que son las dichas doce varas e que otro lienço de la propia manera pocos días antes lo avían vendido al propio presçio e que si no lo dieran la dicha cevada por él no lo diera por el dicho prescio syno a dos rreales e medio e que lo teniendo de nescesidad lo dio e lo dieran aunque no le dieran más de a rreal... e que en Viveros aldea de Alcaraz vendió este testigo un manto de media seda a una muger por dos fanegas de trigo e que la de Juan Diaz mesonera en el dicho lugar de Viveros conosce la dicha muger e valía el dicho manto sesenta rreales

La acusación directa, y valiente, contra los poderosos y ricos, como principales culpables de jugar con la necesidad ajena, especialmente de la gente flaca e pobre, vino de un vecino de La Roda, llamado Hernán Ruiz del Peral. Acusaba como las principales compras de los vecinos de La Roda se habían cerrado en lugares de señorío, en Alarcón y Castillo de Garcimuñoz y sus aldeas, para evadir los controles de la hacienda real. Los precios habían alcanzado los tres ducados, el triple de la tasa. Las compras a precios abusivos también se dieron en los lugares de realengo. En Sisante, Diego Gómez vendía el trigo a veintiocho reales y la cebada a once. Eran precios superiores a otros lugares como Cañavate o Santa María del Campo, que, ya de por sí, duplicaban la tasa. Pero  a la especulación de granos se sumaban todos. Un portugués de Iniesta, mercader de lencería, revendía el trigo comprado por él mismo, quince celemines, aceptando como forma de pago cinco cucharas de plata, cuyo valor superaba los treinta cuatro reales. La venta le supuso un beneficio de diecinueve reales.

Contra lo que pudiera parecer, el gobernador Velázquez elevó sus informes al Consejo de Castilla, denunciando las fraudulentas ventas de trigo que alcanzaban las desorbitadas cifras de mil maravedíes (cercanas a los tres ducados), al tiempo que pedía se enviara comisión para castigar a los  verdaderos culpables, protegidos por las justicias ordinarias de los pueblos, y a los mayordomos de los propios y de los pósitos que había  comprado el pan a precios excesivos y se negaban a dar los nombres de los vendedores. El clima de bandidaje que reinaba en los pueblos del Marquesado era desolador
Por otra carta que también escribe al Consejo con cierta ynformación de testigos suplica que los mayordomos de los concejos sean castigados por auer comprado el trigo a más de la premática y porque no dan quién se la o aya vendido ni en dónde y por la ynformación consta que los concejos dieron licencia y poder a los mayordomos para comprar trigo a cómo lo hallasen sin que diesen quién se lo vendió y adonde lo compraron e qué vecinos del mismo lugar lo vendían a mill mrs. de noche a deshoras disfraçados y enmascarados y tiznadas las caras porque no los conociesen y así en las quentas que dauan de los propios dauan por quenta el gasto del trigo que comprauan y no dauan el lugar y persona de quién lo comprauan lo que era en gran daño de los propios
No siempre los vendedores se escondían detrás de máscaras o caras tiznadas. En ocasiones, los poderosos se valían de gente menesterosa para cerrar las ventas. En Atalaya del Cañavate, cumplía tal papel un zapatero remendón. Aunque los preferidos en el papel de intermediarios eran los mesoneros. Hemos visto como en Cañavate o San Clemente los tratos se cerraban en torno a los mesones. Igual ocurría en Iniesta, donde se formalizaba las ventas en un mesón camino de Minglanilla y en el llamado parador Cerrado. En Honrubia, los tratos se cerraban en el mesón de un tal Plaza y en Pozoamargo en el mesón de un hombre apodado el Brebas. Las casas aisladas del campo eran lugares idóneos para cerrar las transacciones, hemos citado el caso de Casas de Juan Fernández, pero otros eran núcleos o alquerías de poca entidad, tal es el caso de las casas de Juan Martínez de la Casa, lugar indefinido en la jurisdicción de Alarcón, a una legua de la misma, cabo Sisante, o las ventas que se realizaban en Cañavate en una casa aislada, camino de Honrubia. Función similar cumplían los molinos, entre los que destacaba el de La Losa; en estos casos, se jugaba con la maquila y el trigo ya molido para elevar los precios, dando los fieles de Villanueva de la Jara cierta legalidad a las ventas, llevando registros de las mismas.

Quien pagaba los excesivos precios era el común de vecinos de La Roda. Por reconocerlo lo reconocía hasta el regidor Diego de Alarcón de la Torre. El alhorí de la villa ofrecía el pan almacenado a precios de treinta y un reales la fanega, y más. La maña cosecha de 1578 había llevado al concejo de La Roda a autorizar las compras de cereales fuera de la villa. El mayordomo del pósito Juan de Jábega. Se expidieron libranzas para que ciertos vecinos pudieran comprar el trigo. Principalmente, el regidor Martín Moreno, que compró trescientas fanegas de trigo, pero también una multitud de vecinos que realizaron compras menores: Pedro García fue a El Cañavate, Juan Velázquez a Iniesta, Pedro de Buencuchillo a Pozoamargo y Cañavate (cambiaba alfombras por trigo). A estos nombres se podían unir otros ya mencionados, donde es difícil discernir las compras particulares de las compras para el pósito.

La Roda había decidido la compra de trigo para su pósito en un ayuntamiento de octubre de 1578 al que había asistido el gobernador Velázquez, aunque sabemos que las compras eran anteriores a esa fecha. La villa había se había endeudado a censo en la villa de Madrid, para conseguir dinero con el que proveerse de granos. En un principio, la villa se abastecía de carros de trigo venidos de allende del puerto de Guadarrama, pero la  escasez de este trigo apenas si aliviaba la necesidad de la villa. El concejo de La Roda, tomó la decisión de endeudarse a censo y comprar el trigo a treinta reales si era preciso. Se buscó primero el trigo en Almansa e incluso se concertó la compra con unos carreteros de Andalucía, o más bien parece que se pretendían de esa tierra para ocultar una operación de abasto de la villa de La Roda, donde los intereses y principales beneficiarios eran personas de la comarca. Así lo denunciaba el regidor Martín Moreno, encargado por el concejo de las compras
que los dichos ombres que le vendían el dicho pan heran de la tierra porque venían de noche a contratar con este testigo las dichas ventas del dicho trigo y del rrescivo del dinero dello y que salía cada fanega a más de veinte y ocho rreales e más maravedís e que asymismo dixo este testigo que a cabo de un mes poco más o menos dixo Diego de Alarcón vezino e rregidor desta dicha villa que tenía una carta en que decía que darían trezientas fanegas de trigo a treynta rreales en tierra de Alarcón y los señores del ayuntamiento le tornaron a dar a este testigo dineros para que tornase a buscar trigo e fue a lugar del Marqués de Villena que es en término e juredición de Alarcón a Tévar y este testigo halló otras ciento e tantas fanegas que no esta bien certificado en esto e de uno que le dixo que hera de Téuar le dio e vendió nouenta fanegas de trigo e que puestas en la dicha villa de la Roda salieron a veynte y nueue rreales cada una fanega... y esto fue de noche y venía arrebucado por no darse a conozer  y las demás se las dieron otros dos hombres de la dicha tierra de Alarcón que menos los pudo conozer porque se encubrían de tal manera

La compra de trigo en Tébar, señorío del marqués de Villena, a casi tres ducados la fanega, difícilmente se entiende son la complicidad de algunos regidores rodeños, como Diego de Alarcón. Por eso, el juez Juan Pérez de Oviedo, decretó órdenes de prisión. El primer encarcelado fue Hernando de Córdoba. Su culpa, saber el nombre de los especuladores del grano y participar de estos tratos. Fue trasladado a la cárcel de la villa de San Clemente. Hernando de Córdoba acusó a los hermanos López, Andrés y el regidor Juan, de estar detrás de las treinta fanegas que él mismo compró en la villa de El Cañavate, también acusó al ya conocido Alonso Sánchez de Hontecillas y a otro hombre llamado Cantero. Pero las declaraciones de Hernando de Córdoba eran simplemente la punta del iceberg de una trama más compleja, que el gobernador del Marquesado no dudaría en denunciar.

A las pesquisas del alcalde mayor y su juez comisionado Juan Pérez de Oviedo en la villa de La Roda, se sumaron las propias pesquisas realizadas por el gobernador Diego de Velázquez en su visita a los pósitos del Marquesado, acompañado del escribano Francisco Rodríguez de Garnica. La situación de fraude generalizada se había demostrado especialmente en cuatro villas: El Cañavate, Quintanar del Marquesado, Motilla del Palancar y Villanueva de la Jara.

Martín Martínez, mayordomo de El Cañavate, mostró un pósito lleno de trigo, ciento treinta y cinco fanegas, pero sus precios de compra eran muy altos: cincuenta y siete fanegas a veintidós reales y medio, seis fanegas a veinticinco reales, dos fanegas a veintinueve reales y sesenta y nueve fanegas a mil maravedíes. Su sucesor Antón López había comprado trescienta cincuenta fanegas más, a precios de veintidós a veinticinco reales. Pero de los vendedores ni una palabra ni un registro con sus nombres, tan solo treinta y cuatro partidas de las compras. El modus operandi, el común en otras villas: ventas cerradas de noche y a forasteros. Los altos precios derivados de la necesidad de la villa. Poco creíble pues El Cañavate vendía su trigo a la necesitada villa de La Roda.

Quintanar del Marquesado era una república de labradores, sus vecinos complementaban las tierras de su escaso término con las tierras del suelo de Alarcón que se extendían en estas comarcas en torno al río Júcar. Pueblo recientemente eximido de la villa de Villanueva de la Jara, todavía estaba en formación como entidad independiente. Las rivalidades de la villa hacía más difícil ocultar las cosas. La denuncia contra el fraude a la tasa de granos vino del regidor Joaquín Pastor, que acusaba abiertamente al mayordomo del pósito, Alonso Mondéjar, de encubrir las operaciones ilícitas. Los labradores principales, incluido el mayordomo, se habían concertado para vender su propio trigo a precios de hasta treinta reales, fingiendo que supuestos forasteros disfrazados habían acudido a vender su grano en la villa a altas horas de la noche. Pero vecinos como el alcabalero o corredor Gil Navarro manifestaban que no quedaba constancia de pagos tributarios como la alcabala del viento o la correduría, a pesar de lo que aseguraba el mayordomo, de las trescientas diez y ocho fanegas compradas a forasteros. Los encargados de comprar el trigo fueron Miguel Valencia y Martín Donate. El primero, por temor o por desavenencias con el concejo quintanareño, no ocultó la verdad. Los labradores ricos se habían puesto de acuerdo para vender su propio trigo a precios altos al alhorí.  Se fingían carros supuestamente traídos por forasteros, que con la cara pintada de negro acudían hasta la casa de Miguel Valencia a vender su trigo, pero la realidad era que en la nocturnidad de las ventas todos sabían que los vendedores eran labradores del pueblo que daban a Miguel Valencia medio real de comisión por su papel de tercero. Inverosímil era la versión del otro tercero en las operaciones, Martín Donate de Honrubia, a su entender, los vendedores que defraudaban eran forasteros de Camporrobles y Henarejos, pues los vecinos del pueblo vendían el trigo a un ducado. Claro que entre estos hombres honrados destacaba, además de Alonso Martínez Talavera, un familiar del confesante llamado Miguel Donate. El mismo Martín Donate reconocía la facilidad con la que cualquier vecino del pueblo hubiera podido burlar la tasa.

Si hay un pueblo donde el fraude era generalizado, ése era Motilla del Palancar. A pesar de contar con un único testimonio, el del labrador Bartolomé Valverde, que compró ochocientas once fanegas. Los precios pagados, hasta treinta y un reales la fanega. Nadie sabía nada en el pueblo: ni registros de las ventas ni naturaleza de los vendedores. La orden del concejo era comprar a cualquier precio, tal y como reconocía Bartolomé Valverde, él mismo podía haber metido su propio trigo a precios excesivos. El gobernador Diego de Velázquez, junto a su escribano Francisco Rodríguez Garnica, abandonaron el pueblo, a sabiendas que era poco más lo que los vecinos iban a confesar y lo que necesitaban saber.

El esfuerzo económico que debía realizar una villa de cierta entidad para garantizar la provisión de trigo de su pósito a estos precios era ingente, y si eso exigía un endeudamiento a censo, las hipotecas adquiridas comprometían a toda la villa. Este era el caso estudiado de La Roda, pero otras villas como Motilla o Villanueva de la Jara todavía contaban con recursos para comprar grandes cantidades de trigo, aun a riesgo de esquilmar su hacienda municipal. Villanueva de la Jara compró mil ochenta y dos fanegas de trigo a veintiocho reales cada una. El desembolso total ascendía a treinta mil trescientas diez reales, casi tres mil ducados. La familia Bravo denunció sin tapujos el fraude. Andrés Bravo, escribano de la villa, acusaba cómo algunos regidores habían utilizado como testaferro al clérigo Miguel López, en la seguridad que iba a ocultar las operaciones de sus vecinos. El clérigo celoso de su comisión recogió las más de mil fanegas en apenas una semana, en partidas de cien a doscientas fanegas, tal como declaraba Juan Bravo, escribano asimismo. Es decir, el abasto de granos quedó en manos de unos pocos vecinos. El beneficio que obtuvieron algunos principales jareños, cuyo nombre se mantiene en el anonimato, es paralelo al que obtuvo Elvira Cimbrón, señora de Valera, e hija de Francisco Castillo, vecino de San Clemente. En sus molinos de La Losa se cerraban ventas de granos duplicando y triplicando la tasa. Antón López del Castillo, encargado por el concejo jareño para comprar trigo en ese lugar compró gran cantidad de trigo en La Losa, lugar con fama de seguro y donde las ventas quedaban en el más absoluto secretismo.

El informe final del licenciado Diego Velázquez, gobernador del Marquesado de Villena, fue elaborado en Villanueva de la Jara el cinco de julio de 1579. El gobernador no se dejó embaucar por la maraña de transacciones y heterogeneidad de sus partícipes. Había visitado los pósitos de las ciudades y villas del Marquesado. Los había encontrado repletos de granos. Los regidores y principales habían hecho circular el falso rumor de malas cosechas y concertado con los mayordomos municipales para vender el grano, del que ellos mismos eran poseedores, a excesivos precios. La culpabilidad que se trasladaba a forasteros era simple cortina de humo para esconder sus fraudes. Los principales y regidores consiguieron su objetivo, duplicar y triplicar el precio de los granos, dando salida a su excedente de granos y obteniendo pingües beneficios. En ese clima especulativo es en el que se dan las grandes operaciones como las trescientas fanegas vendidas en Tébar y el menudeo de transacciones de poca monta, guiadas por el mismo principio especulador, aunque respondieran a la vieja tradición del trueque. El beneficio desmesurado de unos pocos era el virus que gangrenaba de fraude y corrupción las sociedades locales. Los perdedores eran la gentes pobre y flacas, en palabras del gobernador, víctimas de los principales de sus villas. La misma firmeza del gobernador para denunciar los fraudes era pareja a su tibieza a la hora de pedir castigo para los culpables al rey don Felipe II
El licenciado Diego Velázquez vuestro governador del marquesado de Villena digo que visitando y tomando cuentas de los pósitos y alhorís deste marquesado y execuntando los alcance y otras deudas para que este año estén proveídos y bastecidos de pan so color de la nescesidad que uvo el año pasado e hallado por las dichas quentas estraños modos e ynbinciones para contravenir a la tasa y premática rreal vendiéndolo a mas precio della en grano los rregidores y personas principales de las ciudades y villas deste marquesado que an tenido mano con los mayordomos de los pósitos en esta forma: que los rregidores de las dichas ciudades y villas an dado y davan comisión a los tales mayordomos y otras personas para conprar pan para los dichos pósitos a qualquier precio que lo hallasen sin que pidiesen rrazón y quenta ny testimonio de dónde lo trayan ny de quien conpravan, sino que lo conprasen aunque fuesen excediendo de la tasa y agora por la espirencia se a visto que el año pasado aunque fue estéril no lo fue tanto que el trigo que se cojió en este marquesado bastara para los vecinos y moradores de él y se pudiera aver conprado todo a la tasa de V. Mt. sino fuera por el dicho fraude porque con color de la dicha comisión que los tales mayordomos y otras personas tenían para poder conprar, ellos propios y los rregidores y personas de los dichos lugares llebaban el trigo a casa de los dichos mayordomos y conpradores y finjiendo que eran forasteros yban de noche mascarados y tiznadas las caras y lo vendían y cobraban a precio de veynte y ocho y treynta rreales la hanega y a más precio alguno y por cosa cierta se tiene que todo el pan que por esta orden se conpró era de los propios vecinos y cojida del pueblo y no de forasteros y los mayordomos y conpradores en las quentas dicen y declaran ser de forasteros sin mostrar otra rrazón ni claridad más de sola su palabra y con juramento declaran lo que va rreferido lo qual a sido de mucho ynconbenyente porque estos tales en efecto an sido terceros de los vendedores para vender su trigo a más de la tasa y muy malos administradores de los pósitos como a V. Mt. constara por los testimonios y declaraciones de los propios por ser negocio de la calidad que es están las culpas de muchos por determynar hasta consultarlo con V. Mt. porque si a esto se da lugar para este año será muy mayor daño, Vuestra magestad le mandará ver y proueer y ordenando lo que más convenga a su rreal seruicio cuya C. R. Md. nuestro señor guarde por muy largos años con acrecentamiento de mayores rreynos y señores como sus criados deseamos de Villanueua de la Xara, 5 de julio de 1579


AGS. CRC. Leg. 267. Pesquisas del gobernador Diego Velázquez sobre los fraudes contra la pragmática que fijaba los precios de los granos. 1579

sábado, 2 de junio de 2018

El acceso a los oficios concejiles en Quintanar del Marquesado y Motilla del Palancar

Juan Doñate Talaya, regidor perpetuo de Quintanar del Marquesado, solicitaba el tres de agosto de 1618 que se sacara traslado de la ejecutoria que obraba en posesión de Jerónimo de Oviedo. Se trataba de una ejecutoria de de veinticuatro de mayo de 1585, que venía a reconocer la partición de oficios concejiles de la villa a partes iguales entre hidalgos y pecheros.

El pleito se había iniciado el 27 de abril 1584 por cuatro hidalgos de la villa de Quintanar del Marquesado: Hernando de Alarcón, Diego Pérez de Oviedo, Fernán Pérez de Oviedo y Jerónimo Pérez de Oviedo. Protestaban porque en la elección de oficios concejiles entraban indistintamente hidalgos y pecheros sin preservar la diferenciación de los dos estados. El concejo de Quintanar alegó que los demandantes eran recién llegados al pueblo, que no habían demostrado su hidalguía. Además frente al discurso de la desigualdad de estamentos, se daba prevalencia a la virtud y mérito personal para ocupar estos oficios
y el dicho conçejo su parte de tienpo ynmemorial a esta parte auía estado y estaua en pacífica posesión de admitir en los dichos ofiçios del dicho conçejo los honbres más honrrados y abonados de la dicha villa sin distinçión de estados

Se alegaba además que el concejo de Quintanar del Marquesado tenía ciertas ordenanzas, que insistían sobre todo en el carácter abonado en cierta cuantía de los destinados a ocupar los cargos concejiles. Los aspirantes hidalgos podrían ser de un estado diferente, pero eran pobres. No obstante, la sentencia de dos de abril de 1585 fue favorable a los hidalgos
que agora y de aquí adelante en la eleçión que hiçieren de los ofiçios de alcaldes hordinarios y de la hermandad y otros qualesquier del conçejo den la mitad dellos al estado de los hijosdalgo de la dicha uilla guardando las leyes y premáticas de su majestad que açerca de las eleçiones hablan

La sentencia sería apelada por el concejo de Quintanar, pero también de los hidalgos que se negaban a pagar las costas del juicio. El treinta de abril y siete de mayo en sendos autos se confirmaba la sentencia y condenaba a los pecheros como particulares a pagar los gastos del juicio si decidían su prosecución. Pero la sentencia definitiva en grado de revista sembraba la semilla de la discordia por una afirmación que no pasaría inadvertida a los pecheros: los hidalgos tenían derecho a los oficios como vecinos y moradores de la dicha villa.

Desde luego que Hernando de Alarcón y los Pérez de Oviedo cumplían ese requisito, pero eran unos recién llegados al pueblo. Ese carácter advenedizo como traba para la ocupación de los oficios públicos sería rescatado treinta y tres años después por el concejo de Quintanar (1). Se pedía que era condición inexcusable para ocupar cargos concejiles el ser natura y morador en la villa o haber vivido diez años en la misma con casa y familia para naturalizarse porque de otra manera sería elijir sin aver visto sus costunbres y modo de viuir.  La exclusión iba destinada directamente contra los hermanos Fernando Pérez de Valdés Oviedo y Jerónimo de Oviedo Valdés. El límite de los diez años venía determinado por una sentencia que había ganado la villa de Motilla del Palancar un año antes.

La sentencia ganada por el concejo de Motilla del Palancar en 1617 era una revisión de otra anterior ganada por los hidalgos reconociendo el derecho a ocupar la mitad de los oficios concejiles por este estado, tal como se había guardado en Quintanar treinta y dos años antes. En un primer momento, varios hidalgos motillanos, de reciente vecindad en el pueblo, habían defendido su derecho a ocupar los cargos concejiles. Se trataba de Juan Pérez Chavarrieta, Alonso Álvarez Beamud, Marco Antonio de Arriaga, Jorge Pérez de Zornoza, Juan de la Casa Zornoza y Andrés Luján. La sentencia de de 27 de marzo de 1617 fijaría la elección de oficios en el concejo motillano a partes iguales entre pecheros e hidalgos
e que de aquí adelante en todas la eleçiones que hiçieren de ofiçiales del dicho conçexo en cada un año den la mitad de de los ofiçios honrrosos que en ellos se elexieren a el estado de los hijosdalgo de la dicha villa y en quanto a la uara y ofiçio de alguaçil mayor y otros ofiçios que se elijen en una persona sola mandamos que un año se den al estado de hijosdalgo y otro año al estado de los onbres buenos pecheros começando el primero año por el estado de hijosdalgo; y en quanto a las firmas, asientos, juntas y congregaçiones donde concurrieren anbos estados sea preferido en el mexor asiento y lugar el dicho estado de  hixosdalgo  el dicho estado de los buenos onbres pecheros

El concejo motillano protestó. El objeto de la protesta era impedir el acceso a los cargos municipales a un recién llegado al pueblo, Juan Pérez de Chavarrieta, que se había establecido en Motilla tras su matrimonio con María de Ojeda en 1608. Ya ese año se había conseguido apartarle del poder de acuerdo a las viejas formas de elección de la villa (Sobre la elección de oficios en La Motilla del Palancar (1608), ahora nueve años después Chavarrieta consigue de la Chancillería de Granada una sentencia que rompe con las viejas formas de elección de oficio, que el paso del tiempo solo había conseguido modificar en lo que tocaba a la extensión del colegio de electores. Pero no se lo pondrían fácil sus enemigos que al menos consiguieron retrasar un año su participación en los oficios públicos, alegando que no cumplía con el requisito de los diez años de vecindad que marcaban las leyes
mandamos que los dichos Juan Pérez de Chavarrieta y Marco Antonio no sean admitidos por aora en la eleçiones que se hiçieren a los ofiçios del conçejo de la dicha villa hasta tanto que cada uno dellos aya cunplido el tienpo que conforme a las leyes destos Rreynos se rrequiere para adquirir veçindad y biuido con su cassa poblada en la dicha villa los diez años
Era el dieciséis de febrero de 1618. Aun así las desventuras de los Chavarrieta no acabarían con los vecinos motillanos, diez años después el hijo de Juan Pérez Chavarrieta, llamado Julián, se vería inmerso en un turbio asunto de estupro con María Zarzuela. Los viejos hidalgos vascos enlazaban forzadamente con unos pecheros oportunistas (Las tribulaciones del estudiante motillano Juan Chavarrieta).


ARCHIVO DE LA CHANCILLERÍA DE GRANADA. HIDALGUÍAS. Quintanar del Marquesado. Elección de Oficios. 1618. Signatura antigua: 303-469-2




(1)  Formaban el concejo de Quintanar, por aquel entonces, Fernando Pérez de Valdés Oviedo, alcalde ordinario, y los regidores perpetuos Alonso Martínez Gómez, Juan Doñate Talaya, Alonso de Mondéjar, Sebastián Parreño, Francisco Saiz Parreño y Fernando Simarro.

ARCHIVO DE LA CHANCILLERÍA DE GRANADA. HIDALGUÍAS. Quintanar del Marquesado. Elección de Oficios. 1618. Signatura antigua: 303-469-2

sábado, 30 de septiembre de 2017

Diego del Castillo contra Tarazona de la Mancha y la tierra de Villanueva de la Jara



Diego del Castillo, alcaide de Alarcón, enfrentado a Villanueva de la Jara y sus aldeas

Villanueva de la Jara ya estaba enfrentada con Hernando del Castillo por un molino en la ribera del Júcar; a la muerte del alcaide de Alarcón, su hijo heredó la alcaidía de la fortaleza y también los problemas de su padre, es decir, los conflictos con las villas recién eximidas. A mediados de 1497, Diego del Castillo se presentó con treinta o cuarenta hombres de a caballo en el lugar de Tarazona, aldea de la villa de Villanueva de la Jara. Desarmando a los hombres que encontraba, los llevaba presos a Alarcón, o simplemente los molía a palos. Otras veces, como en la cuaresma de 1500, quienes se presentaban en las casas de los vecinos eran cuatro o cinco caballeros de sierra para embargar los bienes. La razón era hacerse con la grana oculta  en las casas y recogida sin licencia en los montes de Alarcón.

Diego del Castillo defendía un derecho que consideraba propio: el monopolio a la recogida de grana en los montes de Alarcón; pero Villanueva cuestionaba ese derecho. La grana era un bien comunal de cuantos había en la tierra común de Alarcón, de libre uso salvo la llamada redonda que Alarcón había establecido en torno a una legua alrededor de la villa. Desde el final de la guerra del Marquesado, Alarcón había incrementado los impedimentos para coger grana, encomendado su guarda a los caballeros de sierra y aumentando las penas hasta los seiscientos maravedíes. Por eso, Villanueva pidió al Consejo Real que mandara juez pesquisidor a averiguar los hechos acaecidos en el lugar de Tarazona. Martín de Lunar, que había recibido comisión un 16 de julio de 1501, llegará a Villanueva de la Jara el dos de agosto.

En el mes de mayo de 1497, Diego del Castillo, junto a otros treinta y tantos caballeros y peones armados, entra de forma violenta en Tarazona hiriendo y despojando de sus armas, y sobre todo de sus enseres de labranza, a los moradores del lugar de Tarazona. Era una razzia feudal contra unos campesinos, que junto al azadón tenían sus armas y que venía precedida por multitud de secuestros de bienes y ganados de vecinos de Villanueva de la Jara y moradores de Tarazona por los caballeros de la sierra y guardas de Alarcón. La razón era la negativa de Alarcón, y su señor Diego del Castillo, al libre aprovechamiento de sus montes para la recogida de la grana. Las ofensas eran muchas desde fines del siglo anterior y se acumulaban groseramente
que los dichos caualleros e guardas de la dicha villa de Alarcón tomaron por fuerça a Gil Martínez, vesyno desta villa treynta e quarenta rreses de ganado e a Pasqual Ferrero vesyno otrosi desta dicha villa çinco o seys rreses y Antón Martínez vesyno otrosi un buey donde estaua arando, al fijo de Juan Otiel un capote e un destral e a Garçía escriuano dos o tres ducados e a su hermano de Miguel de Sant Martín seysçientos mrs. 
El negocio de la recogida de la grana cada vez tenía más competidores. El libre aprovechamiento de los montes supeditada a la concesión de un albalá por el concejo de Alarcón se había mutado en la fijación de una tasa por dicho aprovechamiento. Además había un competidor no deseado: la villa de Iniesta. Iniesta contaba hacia 1500 con seiscientos vecinos, es decir, triplicaba la población de otros pueblos con más futuro, como la propia Villanueva de la Jara o San Clemente. Iniesta era parte integrante de la tierra de Cuenca, pero con su incorporación al Marquesado de Villena de Juan Pacheco en 1452, había adquirido el derecho al disfrute de los bienes comunes de la tierra de Alarcón. Aprovechamiento que, lejos de la gratuidad, tenía bastante de interés pecuniario por Alarcón y Hernando del Castillo, alcaide de la fortaleza y criado del Marqués; para el caso de la grana, los iniestenses debían pagar doscientos maravedíes por el derecho a recoger tal producto en los montes de Alarcón. Las primeras disputas entre Alarcón y Villanueva y sus aldeas por la recogida de la grana se remonta a 1490, cuando Alarcón decide encomendar a sus caballeros de sierra y guardas que protejan sus montes e incrementar las penas frente a los vecinos de Villanueva.

Tarazona, origen de la aldea y disputas entre Diego del Castillo y los jareños

Tarazona de la Mancha
La realidad es que nadie respetaba las viejas ordenanzas y usos antiguos de la tierra de Alarcón. La recogida de la grana comenzaba con la llamada rompida o derrota, es decir, con el levantamiento de la veda por la villa de Alarcón para comenzar dicha recogida. Si tradicionalmente el levantamiento de las vedas de la piña y la bellota tenían fechas marcadas, el 11 de noviembre para la piña (festividad de San Martín) y el 18 de octubre para la bellota (festividad de San Lucas), no ocurría lo mismo con el levantamiento de la veda, cuya fecha era fijada por el concejo de Alarcón entre los meses de mayo y junio. Sin embargo a la altura de fines de siglo, el concejo de Alarcón no solía desvedar la grana en el tiempo fijado. La razón era que frente al aprovechamiento comunal se prefería la igualación o avenencia con vecinos de Iniesta, Albacete o Chinchilla que adquirían tal derecho a cambio de una tasa. Alarcón jugaba intencionadamente a la indefinición del momento de la desveda. Tal inconcreción se traducía en una carrera de los vecinos por adelantarse, haciendo oídos sordos a la tradicional rompida. Los primeros en llegar, entre otros, eran los vecinos de Villanueva de la Jara y sus aldeas, poniendo en entredicho el derecho común del resto de moradores de la tierra de Alarcón y el monopolio que sobre la explotación de tal producto pretendía el concejo de Alarcón y la familia Castillo. Por supuesto, los jareños y sus aldeanos, sabedores de la vigilancia de los guardas y caballeros de sierra alarconeros, acudían profusamente armados. No era extraño que la intervención de los caballeros de sierra acabara en peleas multitudinarias. La razzia de Diego del Castillo contra Villanueva y Tarazona vino precedida con uno de estos enfrentamientos, que acabó con un guarda de Alarcón herido grave. Para el caso de Tarazona el problema se agravaba, pues la propiedad y casas del pueblo estaban divididas entre Villanueva de la Jara y Alarcón. Con razón dirá el procurador Rodrigo de Castro que poco les costó a los caballeros armados de Alarcón para entrar en la aldea de Tarazona pues que no tiene más término de fasta las goteras de las canales. De hecho, Tarazona había crecido sobre término de Alarcón, que cercaba el lugar, el término de Villanueva de la Jara se limitaba a la zona de las Goteras adentro. El crecimiento de Tarazona había sido muy rápido en el período que va de 1480 a 1500. La aldea se situaba en un primer momento junto a los mojones que separaban la aldea del término de Alarcón; quién definió los límites de Tarazona fue el juez real licenciado Molina en 1480
e que en Taraçona le dio las casas que estauan fechas entonçes e más sesenta pasos de cada parte e que asy se posieron los mojones
Testigos como Miguel Ruipérez, refiriéndose a la Tarazona de 1480, la ven no como aldea sino como casas; muestra de la poca entidad del lugar. Pero el testimonio más esclarecedor sobre la corta historia de Tarazona de la Mancha nos la aporta Juan Tabernero el viejo, vecino de Villanueva de la Jara desde 1450 y que recordaba cuando en Tarazona no había casa edificada alguna; situando el nacimiento de Tarazona después que Villanueva de la Jara se alzara contra el Marqués de Villena, es decir después de 1480, aunque bien, es verdad que se reconoce un núcleo preexistente, pero por el testimonio de Juan  Tabernero las primeras casas no debían ir más allá de 1450, y seguramente serían posteriores a esta fecha
e sabe la dicha Villanueva de la Xara porque es vezino della e es vezino della dese çinquenta años que ha que casó e es vezino de la dicha villa e sabe la dicha aldea Taraçona e que este testigo se acuerda que no avía en ella ninguna casa, ... e después que la dicha Villanueva se alçó por sus altezas se pobló la dicha aldea Tarazona o la mayor parte della 
En la década de los noventa, Tarazona se había ensanchado con nuevas casas (son numerosos los testimonios de nuevos moradores llegados a comienzos de ese decenio); a la altura de 1500 se hace referencia a diez o doce casas ya construidas en el suelo de Alarcón, más allá de los mojones que fijaban el límite con Villanueva. Uno de los mojones estaba en el corral de la casa Cardosa. Así nos cuenta la expansión de Tarazona Martín Zapata, caballero de la sierra de Alarcón
que la dicha aldea de Taraçona no tiene término alguno salvo fasta las goteras de los texados que se les dio por un juez que sus altesas enbiaron e que sabe e ha visto que la dicha aldea se ha augmentado asy en el término que el dicho juez le dio como fasta de los dichos mojones en el término de la dicha villa de Alarcón
El caso es que desde 1490 las casas edificadas en Tarazona han roto los mojones que diferencian los términos de Alarcón y de Villanueva. Hoy nos es difícil imaginarnos unos términos de la villa de Alarcón más allá de los límites próximos a la villa, pero después de la concordia de 1480 Alarcón fue capaz de conservar términos propios que se extendían doce leguas al sur de la ribera del río Júcar, comprendiendo dehesas aledañas al río como la de Galapagar, pero además otras que se incardinaban en el mismo término de Villanueva de la Jara, tales eran los casos de sus aldeas de Tarazona y Gil García. Para el caso de Tarazona, el primer núcleo eran unas casas que, en término de Villanueva, quedaron a unas escasos sesenta pasos de los mojones. Al otro lado de los mojones, en término de Alarcón, comenzaron a construir sus casas moradores de las aldeas de Alarcón, como los procedentes de Tébar o El Picazo. La afluencia de nuevos moradores jareños al otro lado de los mojones, acabarían fundiendo ambos núcleos para formar el pueblo que hoy nos ha llegado. Así, Tarazona surgió de la fusión de unos moradores enemistados por su procedencia, Alarcón y Villanueva de la Jara, pero a los que la vivencia diaria pronto amalgamó en una comunidad con intereses comunes. Hacia 1500, Tarazona ya se ha forjado como un núcleo propio, que tiende a la órbita de Villanueva frente a Alarcón. Para entonces debía pasar de los cincuenta hogares, al menos, en la plazuela de Juan Tabernero se concentraron cincuenta hombres, dispuestos a luchar contra el alcaide de Alarcón (1).


La grana, una fuente de riqueza en disputa



Grana
¿Qué es la grana? La grana es las excrecencias o agallas producidas sobre las ramas y hojas de los chaparros por las hembras de un insecto, el quermes, una cochinilla, y que, una vez exprimida, da lugar a un líquido rojo intenso usado para el tinte. El color carmesí, tan apreciado y conocido ya desde época romana. Se recogía con azadones y honcetes para depositarse una vez recogida en calderos y ollas. La recogida de la grana era una actividad familiar. Cuando en mayo de 1500 los caballeros de la sierra sorprenden a los tarazoneros cogiendo grana, en el lugar, además de una treintena de vecinos de Alarcón, hay cincuenta moradores de Tarazona, grandes y críos, nos dirán los testigos del expediente que examinamos. También mujeres, añadimos nosotros, pues en 1501 son las sorprendidas por los guardas de Alarcón. Según va avanzando el siglo XVI las noticias de recogida de grana van desapareciendo; la razón es muy sencilla, el intenso avance roturador de la primera mitad de la centuria hace desaparecer los bosques de carrascas. La competencia de la cochinilla del Nuevo Mundo tampoco perdona.

La importancia de la grana para aquellos hombres hoy nos es difícil de valorar, pero en aquella época los hombres arriesgaban sus personas frente a los caballeros de sierra por coger las excrecencias de este insecto. Valga como ejemplo que cuando Juan de López, vecino de Valera de Suso, lugar de la tierra de Cuenca, y el iniestense Gil del Campillo son sorprendidos hurtando grana, la pena que se impone no es por las ordenanzas de Alarcón sino por el valor de la mercancía prendada, unos mil maravedíes. (2)


El afianzamiento de las aldeas de Villanueva de la Jara en las dos últimas décadas del siglo XV

¿Cómo vivían a comienzos del quinientos los moradores de Tarazona de la Mancha? Nos podemos hacer una idea sobre la vida de aquellos hombres por los objetos prendados por la razzia de los caballeros de sierra de  Alarcón. Miguel Remón vivía en una casa, con corral ajeno, que llamaban la Cardosa, perteneciente a la mitad del pueblo de la jurisdicción de Alarcón. Era pastor, estaba casado, poseía, junto a sus hijos, un centenar de cabras parideras, varios machos y otras tantos chotos. Le fueron embargados un caldero de trescientos maravedíes, una sartén de tres reales, cuatro barrenas, una caldera, una peconera  (pieza de rueda de carro), una rusta, un par de esquilas, una azuela de dos reales y un par de palomas. Y por supuesto, la grana que había cogido en el monte. Era un hombre de frontera que vivía de los recursos que proveía un espacio inculto: pastos para sus cabras, la madera de los árboles y la propia grana, pero, consciente de los peligros de su actividad, siempre llevaba consigo un puñal valenciano valorado en ciento diez maravedíes. Era un hombre al que un espacio por conquistar ofrecía posibilidades. Su hacienda era familiar, aunque de relativa importancia; la llevaba con ayuda de su mujer, sus hijos Juan Remón y Benito García, su hija y su nieto Juan, pero ya disponía de un criado. Se apuesta, como primeras formas de poblamiento en este espacio rural, la aparición de quinterías, unas casas con su corral, del que depende un espacio agrario cultivado. En nuestra opinión los primeros moradores de este espacio son ganaderos, que complementan su economía con otros recursos del monte, así la grana, pero también piñas, bellotas o simplemente esparto. Al igual que Miguel Remón, Miguel Sánchez del Picazo tenía también casa asentada sobre el término de Alarcón, poseía ganados; debía ser un recién llegado desde El Picazo, aldea de Alarcón, pero con un rico patrimonio, pues su hijo estudiaba en Salamanca. Estos hacendados, además de ganados, debían tener tierras en sus alquerías. Hay un momento en el parlamento de paz con el alcaide Diego del Castillo, que los enviados de Tarazona, acuden montados en dos mulas de arada, animal muy caro por entonces. Pero la conquista agraria y la roturación de tierras sólo viene después, ya entrado el siglo XVI. Ahora Tarazona está rodeada todavía por numerosas tierras incultas y monte. No obstante a la entrada del pueblo en el camino de las Escobosas nos aparece un paisaje de viñas y huertas. La Cardosa de Miguel Remón era una casa aislada del núcleo poblacional, con un corral un poco separado. La concentración de casas para formar los primeros espacios habitados, nace de la misma necesidad de agrupación ante un espacio salvaje, tanto por su carácter inhóspito como por los peligros de una economía fundada en la rapiña de esos malhechores feudales que era la baja nobleza, pero también lucha por la conquista del espacio de los primeros moradores de esta tierra, que se movían entre la necesidad y las ambiciones de las primeras familias más favorecidas por la colonización del espacio. Hacia el año 1500 el término de Tarazona se empezaba a roturar y se buscaban nuevos espacios agrarios en el término de Alarcón
los moradores de Taraçona aran e rrompen e sienbran la dehesa de Val del Parral e abreuaderos del término de Alarcón forçiblemente
Los ganados de Miguel Remón eran guardados por su nieto Juan y un criado llamado Pedro del Valle, ambos de apenas quince años. Ellos eran los que estaban en la casa de Cardosa, cuando entró una noche con otros tres hombres a caballo de Alarcón Pedro Granero. La escena nocturna debió ser aterradora para los jóvenes, viendo como Pedro Granero, alguacil, se presentaba con vara de justicia en una mano y con la espada desenvainada en la otra, al igual que exhibiendo espadas se presentaron sus tres acompañantes a caballo: Antón Granero, Rodrigo de Padilla y Lope de Cibdad, A los jóvenes les tocó llevar a las cabras hasta Alarcón, haciendo diferentes escalas.

Pozoseco
http://www.pozoseco.com/

Una de ellas fue al amanecer en Pozoseco, a cinco o seis leguas de Tarazona, abrevadero por entonces de ganados, sin que de los textos podamos inferir la existencia de casa construida en el lugar, pero sí lugar de parada obligada en aquella época. La segunda parada fue en Valhermoso, lugar propiedad de la familia Granero, donde el criado se volvió a la Cardosa. Llegados a Alarcón se decidió embargar treinta y cinco cabras, dieciocho crianzas y un cabrón, que serían vendidas en almoneda pública por el corregidor de la tierra de Alarcón Juan Ruiz de Molina. La crianza de cabras era complementada por la actividad de la recogida de grana y aquí es donde Miguel Remón entró en conflicto con la justicia del corregidor de Alarcón, que para enero de 1500 emitió un mandamiento de embargo de bienes del citado Miguel por valor de 4800 maravedíes. Se acusó a Miguel Remón de no pagar la alcabala correspondiente a la grana recogida. ¿Quién acusaba? Sorprendentemente nos aparece en la parte acusadora la familia Origüela. Alfonso González de Origüela, y en su nombre su hermano Juan, que vive en Belmonte, son arrendadores de la alcabala de la villa y tierras de Alarcón. Aunque su nombre no se cita, sería uno de estos Origüela el que sufriría una tanda de palos de Miguel Remón y sus hijos cuando fue a cobrar la alcabala. Fue a Pedro Granero al que correspondió la ejecución de los bienes de Miguel Remón y el llevar las cabras a Alarcón. Este y otros sucesos llevarán, a petición del concejo de Villanueva de la Jara, a pedir la intervención del Consejo Real.

Cuando llega a comienzos de agosto el bachiller Martín de Lunar como juez pesquisidor, inicia un periplo por Alarcón, Villanueva y Tarazona para hacer acatar su comisión, aunque sabiamente instalará su audiencia en Motilla. Hasta allí acudirá citado Pedro Granero, creyéndose suficientemente protegido, no en vano su hijo Antón es vecino de Motilla, pero se encontrará con mandamiento de cárcel. Aunque asesorado por el escribano del pueblo Fernán García que le aconseja que nada ha de temer, pues el caso no es de muerte, Pedro Granero, acompañado del escribano, decide salir de Motilla por el camino de Alarcón y eludir la cárcel, siendo visto pasar por entre las viñas que se extienden a ambos lados del camino. En seguimiento de él irá el pesquisidor Lunar, llegando hasta la aldea de Valhermoso, propiedad de Juan Granero, padre de Pedro. Su padre y la mujer de Pedro intentan protegerle del secuestro de bienes, que el padre dice ser suyos, pero el pesquisidor embarga varios costales de trigo y algunos enseres domésticos. Las dificultades que encontró el bachiller Lunar para hacer justicia con Pedro Granero eran un adelanto de las que encontraría en un proceso mucho más amplio en el que se veían inmersos los concejos de Villanueva de la Jara y Alarcón, pero en el que también entraban los intereses de la nobleza regional de la comarca y la lucha por el poder de esta nobleza con las villas recién eximidas.

La batalla de Tarazona de la Mancha

El caso de Miguel Remón era un caso particular; las diferencias y agravios de los moradores de Tarazona eran más generales, concluyendo en la ya citada razzia de 1497, en la que Diego del Castillo se presentó en el lugar con cuarenta hombres de a caballo y a pie. Diego del Castillo, que había heredado el cargo de su padre Hernando, que moriría en 1499, asumía el papel de condottiero con varios hidalgos, criados a su servicio: eran los Padilla, los Montoya, Buedo,Villanueva o los Castañeda. Su influencia era regional y sus correrías también. Los moradores de Tarazona le hicieron frente, entablándose una batalla en la que los de Tarazona salieron mal parados, con varios heridos, apaleados y ser llevados presos a la fortaleza de Alarcón. Los hechos ocurrieron hacia el 25 o 26 de mayo de 1497 fueron narrados por Alonso de Mondéjar cuatro años después:
que este mes de mayo que agora pasó, fizo tres años que podya ser a vebién ynte e çinco o veynte o seys días del mes de mayo este testigo e Benito Picaço el viejo e Alonso López e Miguel de Piqueras e Andrés Rruuio e Juan Ruuio e Juan Tavernero el moço de Alonso de Escobar e Juan Serrano e Alonso picaço e otros vesinos del dicho lugar que no se acuerda al presente fueron al término de la villa de Alarcón grana e llegaron adonde dizen la foya del mojón e que estando allí cogiendo grana a su aventura llegó a ellos el dicho Alonso López e les dixo que el alcaide Diego del Castillo venya con fasta veynte e çinco o treynta de cauallo e çiertos peones a los prender e que como él ge lo dixo acordaron todos los que allí estavan de se venir a sus casas e que se venieron por el camino rreal fasta que llegaron al dicho logar de Taraçona e que llegados al dicho logar e queriendo entrar en él por la calle que dizen de los tenderos fallaron allí çinco o seys de cauallo e con ellos çiertos peones de la villa de Alarcón e que de los de cauallo conosçió a Montoya e a Villanueva e de los peones conosçió algunos de los que no se acuerda de sus nonbres e que estando en la dicha calle syn dezir cosa ninguna a este testigo ni a los otros que con el venían començaron a pelear con ellos e que este testigo e los otros que con él venían por se defender començando de tyrar piedras e pelear con los çinco o seys de cauallo e peones e los rretraxieron por la dicha uilla fasta la yglesia del dicho logar e que llegando allí salió Diego del Castillo alcayde de Alarcón de la casa de Miguel Sánchez de Picaço donde pasava fasta con quinze o veynte onbres e se fue fazia donde los otros vesinos de Alarcón venían e se juntó con ellos e que como este testigo e los otros que con él venían vieron juntos al dicho alcayde a los otros se rretraxieron fazia la casa de Juan Tavernero el viejo e que estando asy oyó desir al dicho alcayde Diego del Castillo a los que con él estavan les mandó que saliesen del dicho lugar al término de Alarcón e que asy salieron e se fueron junto con la casa de Miguel Martínez yerno del dicho Juan Tavernero que está en el dicho logar hedeficada la meytad della en el término de Alarcón e que estando ally oyó desir que algunos de los que estavan con el dicho alcayde querían boluer a pelear otra vez con los del dicho logar e que el dicho alcayde no lo consentya antes mandaua que no se siguiese e que tres o quatro de cauallo vydo que tornaron otra vez a pelear con los del dicho logar e de que les fisieron rrostro que se volvieron donde el dicho alcayde e los otros estavan e que desde allí el dicho alcayde e los que con él estavan se fueron al Poço Llorente que es jurisdiçión de la dicha villa de Alarcón media legua de la dicha aldea de Taraçona e que en el dicho rruydo no se firió otro onbre ninguno salvo uno de los de Alarcón que no sabe su nonbre e que después de llegados al dicho Poço Lloreynte en la tarde boluió el dicho Diego del Castillo con la dicha gente al mojón que está junto con el dicho logar de Taraçona e se estovo ally por espacio de más de una ora e que en este estante venieron de la aldea de Quintanar fasta çinquenta o sesenta onbres a ayudar a los de Taraçona sy el dicho alcayde algo les quería faser en que estando el dicho alcayde con la dicha gente en el dicho mojón fueron a fablar con él Juan García de Villanueva el moço e Miguel Garçía e Fernán Simarro y Antón Martínez e otras personas e a dezille que lo pasado fuese pasado e que no ouiese más sobre ello en que se asentó con el dicho alcayde que él ni la dicha gente sobre ello más no entenderían en cosa alguna e que en el mesmo día oyó desyr que Diego Paes vesino de Alarcón auía venido con se juntar con el dicho alcayde Diego del Castillo e que auía ydo a la villa de la Roda por gente disyendo que Villanueva e sus aldeas les cogían la grana por fuerça e que auía sacado fasta ochenta e çinco e nouenta onbres de la dicha villa e que llegados al rryo veniendo camino del dicho logar Taraçona el dicho Diego Paes como no venía saluo a vengar çierta injuria que los de Taraçona desyan que les avia fecho e que la dicha gente de la Rroda no quiso pasar con él disyendo que no auía de ser contra sus vesynos ... asimismo dixo que puede aver catorçe meses poco más o menos que serái en el mes de mayo estando en el dicho lugar de Taraçona este testigo e los otros vesinos de la dicha aldea un día de fiesta que no se acuerda que día de fiesta era vio como pasaron por la dicha aldea fasta çinquenta e çinco o sesenta personas chicas e grandes de la villa de Alarcón con carros e otros aparejos para coger grana e que como los vesinos de la dicha aldea los vieron yr asy pensando que la dicha grana era desvedada se fueron tras ellos algunos en la misma noche e otros por la mañana e que estando en el término de la dicha villa de Alarcón en el camino que disen de los curas ojo al rrío los vesinos de la dicha aldea desían a los de Alarcón que si cogían grana que ellos la cogerían e  sy no la cogían que se estarían quedos e que vio este testigo como todas las personas de la dicha villa de Alarcón començaron lego en syendo de día a coger grana e que los vesinos de la dicha aldea asymismo la començaron a coger de que visto de que todos cogían e que estando asy cogiendo los unos e los otros vio como çinco o seys de cauallo que se desyan los caualleros de la syerra e guardas de los términos de Alarcón entre los quales conosçió a dos hermanos que se llaman los Padillas, e a Villanueva e a Castañeda hermano de Diego Paes e otros dos hermanos que se disen los Salantes (Escalante) que venían a cauallo con lanças e adargas saluo el Villanueva que venía a pie e que uno de los Salantes que cree que era el mayor traía una ballesta armada a cauallo e vio que la tiró e dio en medio de los vesinos de la dicha aldea de Taraçona e començaron a maltratar a los vesinos de la dicha aldea que primero toparon dándoles con las lanças e deziendole el dicho Viallanueva a ellos a ellos apeaos que oy es nuestro día para vengar las ynjurias e que asy andovieron los unos peleando con los otros e que de allí vio ferido de un botre de lança Juan criado de Martín Picaço vesino de la dicha aldea porque no sabe quien e firió pero que vio que le tomaron una capa buena color pardilla e que no sabe quien se la tomó saluo cómo ge la tomaron los dichos de cauallo e los peones que con ellos venían e que asymismo le tomaron un puñal e un dardo e que a la muger de Bartelomé Rromo vesino de la dicha aldea le tomaron un caldero con la grana que tenía que dezía que valía dos ducados e que asymismo toparon a un fijo de Gonçalo de Cuenca vesino de la dicha Villanueva morador en la dicha aldea una capa que no sabe de qué color ni declarar el nonbre de quien ge la tomó e que asymismo tomaron a Bartolomé Tendero vesino de la dicha aldea una ballesta e que a otros vesinos de la dicha aldea tomaron la grana que auían cogido que asy se juraron los vesinos de la dicha aldea en el dicho canpo disyendo a los dichos caualleros de syerra e guardas del canpo e a los vesinos de la dicha villa de Alarcón que sy ellos cogían grana que ellos la auían tanbién de coger pues tenían para ello justiçia e que asy se desapareçieron e que asy los dichos vesinos de Alarcón no cogían grana que ellos no la cogerían e quasí los dichos caualleros e guardas se fueron por la mancha adelante e seguieron a los vesinos de la dicha villa de Alarcón que no cogiesen más grana e se fueron los vesinos de la dicha villa de Alarcón juntos hasia el rryo de Xúcar e se pusieron en la dehesa del Vando el Parral e que este testigo e los otros vesinos de la dicha Villanueva quando vieron que los de Alarcón no cogían e se yvan al rryo se fueron con ellos e se pusieron çerca dellos a la parte debaxo en la misma dehesa del Vando del Parral e estouieron allí todo aquel día e que estando allí vio cómo el dicho Escalante que avía tyrado la vira con la vallesta entre los vesinos del aldea e que él e otro con él andouieron a cauallo el dicho Escalante con la dicha ballesta armado e con otra vira preguntando qué quáles de los de Taraçona le avía dado de pedradas cuando él tyró con la dicha ballesta que jurara a Dios que los avía de matar e no bolver a Alarcón syn vengallo pero que no tyró con la dicha ballesta ni hiso cosa ninguna saluo como los rrodeo con la dicha ballesta armada él e otro una o dos veses e casy des que venía la noche este testigo e otro catorze o quinse se venieron al dicho lugar de Taraçona e no sabe lo que más después pasó saluo como oyó desir que algunos de los vesinos de la dicha villa de Alarcón salieron otra ves a coger grana en el mismo día e que otro día vio que alguno vesinos de la dicha Taraçona boluieron al dicho término e mancha de la grana e la cogían de rrota comúnmente todos asy los unos como los otros e que en el mesmo dya que lo que tiene dicho tiene amanesçió en salyendo el sol estando en el canpo dixo a este testigo Juan Tendero vesino de la dicha villa de Alarcón que cogía grana con los otros andando cogiendo grana e que en la dicha villa de Alarcón e que el dicho Juan Tendero dixo a este testigo que byen podyan coger pues ya en la dicha villa de Alarcón la avya desvedado o dado liçençia para que cogiese
Iglesia de San Bartolomé
Tarazona de la Mancha

Diego del Castillo había salido de Alarcón con alrededor de veinticinco o treinta hombres armados, algunos criados suyos, otros criados de sus parientes. El primer encontronazo fue con varios jareños, que cogían grana, armados con ballestas y lanzas. El incidente mostraba la realidad a la que se debía enfrentar un alcaide incapaz de entender que su enfrentamiento no era con uno furtivos sino con los intereses económicos de unos concejos dispuestos a defenderlos con las armas. Así el conflicto adquiría una dimensión regional, donde el alcaide de Alarcón, Diego del Castillo, se enfrentaban a todos los lugareños de tierras de realengo. Diego del Castillo, buscando las diferencias, intentaba una alianza con la Roda que le era negada por sus vecinos. Si los los de Alarcón iban armados, no se quedaban atrás los de Tarazona. Es más la solidaridad entre los vecinos era total: Villanueva aporto hombres desde un principio y una carreta llena de armas y otros sesenta o setenta moradores de Quintanar del Marquesado se presentaron armados dispuestos a hacer frente a Diego del Castillo y sus hombres, o sea, en un pueblo que entonces contaba con setenta vecinos todos sus hombres varones acudieron a defenderse. Quizás el punto débil en estas solidaridades era el lugar de Tarazona, dividido jurisdiccionalmente en dos entre Alarcón y Villanueva de la Jara. Diego del Castillo lo sabía, pero los tarazoneros también. Por eso, esa peculiar anécdota de los vecinos del lugar refugiándose en la casa de Miguel Martínez, edificada mitad en jurisdicción de Alarcón, mitad en jurisdicción de Villanueva de la Jara. Diego del Castillo hizo todo lo posible por jugar con estas contradicciones y diferencias. Esa es la razón por la que implicó a Iniesta provocadoramente en el conflicto de la grana. Para mayo de 1501 el concejo de Alarcón daba licencia a los más de seiscientos vecinos de Iniesta para coger grana, previo pago de la villa iniestense de la ridícula cantidad de doscientos maravedíes. Esta avenencia o iguala era un acto de mala fe contra los habitantes de Villanueva y sus aldeas. Hasta entonces, los forasteros se igualaban individualmente con el concejo de Alarcón por uno o dos reales para obtener la licencia de coger grana, o a lo sumo se igualaban casas aisladas que no albergaban más de diez personas, pero que un concejo de seiscientos vecinos se igualara por la insignificante cifra de doscientos maravedíes nunca se había visto. Los vecinos de Iniesta acudieron en masa a coger grana en los lugares llamados Cerro del Lobo, los Arenosos y Las Madrigueras. Tal derecho de coger grana previa concesión de licencia y pago de doscientos maravedíes parece que ya se otorgaba a algunas casas limitadas de Iniesta, pero ese año se concedió ilimitadamente a todos los vecinos de esta localidad por faser mal a los de Villanueva.

La recogida de la grana venía marcada por el uso y la costumbre y por las ordenanzas de Alarcón. La pena por coger grana en época de veda estaba castigado con multas de seiscientos maravedíes. Cuando se alzaba la venda, el concejo de Alarcón tenía obligación, a través de los caballeros de sierra e los guardas, de hacer saber tal hecho en los ocho días anteriores. En ese periodo de ocho días, parece que la licencia para poder coger grana estaba sometida a un canón de veinte maravedíes, aunque sí se recogía con azadón se gravaba con los seiscientos maravedíes; sin embargo, lejos de pagarse canón por la expedición de algún tipo de albalá parece que se cobraba en el mismo momento de la recogida. El hecho es que a finales del siglo XV no se pagaba ya canon alguno y existía un libre aprovechamiento del monte que daba lugar a disputas continuas entre los vecinos y a una carrera desenfrenada por ser los primeros en iniciar la recolección. Los mismos vecinos nos dicen en sus testimonio que salían  a  furtar la grana al amanesçer, armados con lanzas y puñales.

En la Hoya del Mojón se encontraban dieciocho moradores de Tarazona un 25 de mayo de 1497 cogiendo la grana, armados con lanzas y con tres de sus vecinos a caballo, vigilando un posiblemente acercamiento de caballeros de sierra, elementos más disuasorios que los veinte maravedíes de pena, cuando un sastre les avisó que los caballeros de sierra de Alarcón iban en su búsqueda. El origen del conflicto radicaba en que al parecer los vecinos de Alarcón habían sido desplazados del lugar por los de Tarazona y obligados a coger grana una legua más allá en Casa el Simarro. Eran sabedores que los de Alarcón pretendían tomarse la justicia por su mano, por eso, según bajaban por el camino real hacia Tarazona iban fabricando hondas de esparto, necesarias para una pelea que se hacía evidente. Corriendo fueron a su pueblo, a la parte que estaba en jurisdicción de Villanueva, tapando la calle estaban varios caballeros de Alarcón, Egas de Ágreda, un Villanueva, un Montoya y un Padilla, junto a dos peones, para cortarles el paso a ese espacio franco de jurisdicción real que les protegía. Con ellos, en la llamada calle de los Tenderos, se toparon Alonso de Mondéjar, Benito Picazo, Martín Picazo, Alonso Escobar y otros aldeanos. Los tarazoneros sabían lo que les deparaba si eran detenidos en término de Alarcón, pues en los días anteriores hasta cinco vecinos de Villanueva de la Jara fueron llevados a la cárcel de Alarcón; por eso pelearon durante media hora a lanzazos y a pedradas. Una de las piedras derribó a un peón de Alarcón llamado García Sánchez, otra al caballero Sarantes. Alertado Diego del Castillo, que estaba comiendo con otros hombres en casa de Miguel Sánchez de Picazo el viejo, acude  a apoyar a sus caballeros. Es ahora cuando se entabla una batalla total en la plazuela de Juan Tabernero, con los tarazoneros haciéndose con dos caballos de los de Alarcón y levantando barreras con carros para defenderse, los caballeros, arrinconados se vieron obligados a retraerse en la iglesia de Tarazona
que en esto los de la dicha villa de Alarcón se començaron a rretraer e que llegó el dicho Diego del Castillo e los otros de cauallo con los cauallos e armados a fauoresçer los suyos que peleauan con los de la dicha aldea e que se retraxeron con ellos fasya la yglesia e los de la dicha aldea no pasaron de la dicha plaça de Juan Tauernero e fisieron barreras con carros e otras casas para se defender e que estando el dicho alcaide e los otros susodichos çerca de la yglesia dentro del término de la dicha aldea el dicho Diego del Castillo dixo a este tesstigo cómo esto me tenyades guardado en vuestra casa, mas vos señor a esto venistes a mi casa, e que asy el dicho alcayde con la dicha gente se salio fuera del término de la dicha aldea para el término de Alarcón más baxo de la dicha yglesia que estouieron allí un rrato e que después se pasaron de la otra parte 
Contemplando la escena, un humillado alcaide de la fortaleza de Alarcón, acompañado de otros treinta o cuarenta hombres a caballo, que demostraba más valentía con sus palabras que con sus actos
Diego del Castillo ençima de un cauallo con una lança e un adarga e unas coraças disyendo que juraba a Dios que auía de entrar en la dicha aldea e alançealos a todos e poner fuego al dicho logar
El conflicto de Tarazona había recobrado por un momento el viejo enfrentamiento entre sebosos, acusados de judaísmo, y almagrados, o cristianos viejos. Así lo narraba Alonso de Vera, criado del señor de Cervera
e a la plaçuela donde la dicha gente estaua que avría en ella quarenta o çinquenta onbres aramados con lanças e coraças e ballestas e otras armas e que se conçertaron que le diesen sus cauallos e que a este testigo e al dicho buedo les echaron de la barrera disyendo fuera los judíos e que todos heran judíos poniéndoles las lanças a los pechos e que cada uno de ellos se mataría con dos de los judíos
Las acusaciones de judaísmo pronto alcanzaron a Diego del Castillo. En los momentos de tensión que se vivieron en los sucesos de Tarazona, Alonso de Mondéjar le espetó en la cara al alcaide de Alarcón la acusación de judío.
e el dicho alcayde e Alonso de Mondéjar atrauesaron palabras e el dicho Alonso de Mondéjar dixo al dicho alcayde que el puto judí auía venido allí a tienpo de pagar e que el dicho alcayde le rrespondió no me lo dezís eso por quien se dexa de faser lo que se a de faser lo dezís
Entre Alonso y el alcaide los odios se remontaban al tiempo de las guerras del Marquesado, cuando Diego del Castillo mató al padre de Alonso Mondéjar en Villanueva de la Jara. Aquel día de mayo de 1497, Diego del Castillo, se marcha enojado y humillado, amenazando con destruir la aldea de Tarazona. Va en busca de más peones a Pozo Lorente, volviendo a Tarazona, cuyos moradores se han encastillado con barreras de carros. Sobre este carácter encastillado de Tarazona nos da fe Martín de Zapata
que ya los vesynos de la dicha aldea tenían puestas talanqueras en las calles e honbres en los tejados por guardas e atalayas e las mugeres trayan pyedras
Ante la inesperada resistencia, Diego del Castilllo se mantiene indeciso, abandonando el lugar camino de la dehesa de Galapagar (en el soto de Fernando Bravo), donde pasa la noche de nuevo a la intemperie, y de mañana llega a La Roda en busca de aliados. Mientras Diego Páez llega desde a Alarcón, donde recibe la noticia que el alcaide ya ha marchado. Diego Páez marcha a La Roda también, donde Diego del Castillo ha dejado allanado el terreno para la recluta de hombres. El alcaide mientras recorre los amplios términos de Alarcón en torno a la ribera del Júcar, prendiendo a furtivos de la grana, entre ellos al molinero del molino de la Focecilla; vuelve a Tarazona tres días después por el camino de las Escobosas, acompañado de más hombres armados que aporta Diego Páez; como ave de presa, coloca un paño de lienço blanco en una lança por bandera en un cerrillo y da varias vueltas alrededor de la villa para atacarla, pero no se atreve. Antes ha pedido refuerzos de gente armada, además de La Roda, en las villas de Belmonte y Castillo de Garcimuñoz. En las dos últimas villas busca aliados, en La Roda cree tener el favor de sus vecinos, pues entre Alarcón y La Roda hay establecida hermandad para la guarda y recogida de la grana. Ambos concejos se reúnen en los molinos de la Losa para su derrota o desvedamiento. Pero los rodeños dan la espalda a Diego Páez en Villalgordo, aldea de Villanueva de la Jara, negándose a marchar en una operación de castigo contra sus vecinos tarazoneros. Las dudas de los de Alarcón chocan con la decisión de los jareños, que al mando de sus alcaldes acuden con treinta hombres armados, entrando en la aldea, dispuestos a defender a sus paisanos. También acuden los hombres de Quintanar del Marquesado, hasta en número de sesenta, al mando del alcalde de la hermandad de Villanueva Juan Martínez Prieto. Nuevos hombres llegan hasta concentrarse en número de trescientos para defender la aldea.
e después de acaesçido el dicho escándalo este testigo e otros vesinos de Villanueua e del Quintanar fueron a la dicha aldea de Taraçona syn armas (no es esa la opinión de otros testigos como el alcalde de la hermandad Juan Martínez Prieto que dice se trataba de setenta hombres armados con piedras) e estouieron allí dos o tres días porque se dezía que Diego del Castillo llegar gente de toda la tierra del marqués para sobre la dicha aldea diziendo que la auían de quemar

En la entrada de Tarazona, los alcaldes jareños Alonso de Cañavate y Fernán Simarro y un vecino llamado Miguel García salen al encuentro del alcaide para evitar el enfrentamiento. Diego del Castillo da marcha atrás y evita la pelea. Se ha quedado solo y sin aliados. Abandona la villa, camino de Quintanar del Marquesado. Camino del Quintanar todavía puede ver a ochenta jareños armados que, desconocedores del compromiso, se dirigen a apoyar a sus vecinos de Tarazona. El alcalde jareño Fernando de Simarro, que ha actuado como mediador en todo el conflicto, les hace volver a sus hogares. Diego del Castillo ha perdido su partida frente a Villanueva de la Jara y Tarazona
e que vieron como la dicha gente se abaxó (del cerro o teso donde se habían situado los treinta caballeros de Alarcón) fasya la cañada de Villanueva e quitaron la vandera e el dicho alcayde con la dicha gente se fue después de la dicha tregua camino de Villanueva (en realidad de su aldea de Quintanar) syn faser cosa ninguna con la dicha gente

El posible origen de Casasimarro


En la solución amistosa jugó un papel fundamental Fernán Simarro, alcalde de Villanueva de la Jara, que mantendrá en todo el conflicto una posición de entendimiento con Diego del Castillo. Será Fernán Simarro el que garantizará esa misma noche un descanso sin problemas en la belicosa Quintanar del Rey. Pero ahora la figura de Fernán Simarro nos interesa por otro motivo. En el expediente estudiado se nos habla de la Casa de Fernán Simarro. Creemos que en torno a las casas de Fernán Simarro nacería la futura población de Casasimarro. Ahora nos aparece como una única casa, lugar de descanso y aposento en los desplazamientos de Alarcón hacia el sur. Un lugar insuficiente para albergar a la treintena de caballeros que acompañan a Diego del Castillo, pues deben pasar la noche al raso, en el campo
e fueron a çenar aquella noche a la casa de Symarro e que çenaron allí e fueron a dormir al canpo
Las referencias a la Casa el Simarro o la Casa Fernán el Simarro son continuas en el expediente que estudiamos. Estaríamos pues al nacimiento de una aldea en torno a la casa de uno de los principales vecinos de Villanueva de la Jara, Fernán Simarro, alcalde de la villa en 1501; otro Alonso de Simarro es procurador de la villa en la Corte. Tal idea coincide con el nacimiento de las diferentes aldeas de Villanueva de la Jara en torno a alquerías o quinterías, que en el lenguaje de la época, sin equívocos, se les llama casas, nombre que permanece en la toponimia actual. Las Relaciones Topográficas así nos lo dicen
que los dichos pueblos se llaman Gil García, e Madrigueras e la Casa Simarro. Que han oído decir que el lugar de Gil García se llama así porque el primero fundador se llamaba ansí, e lo mismo de la Casa Simarro

La naturaleza regional del conflicto de la grana

El conflicto de la grana transcendió la aldea de Tarazona para convertirse en un conflicto regional. Un mercader sanclementino, llamado Álvaro Peñafiel, que andaba vendiendo sus mercadurías en las casas de Villalgordo (que por entonces no tenía ni siquiera la condición de aldea), se hacía eco de los combates de Tarazona, mientras que con simpatía contaba cómo a un vecino de Alarcón le había roto un tarazonero de nombre Miguel Porras varias costillas a pedradas. En las casas de Villagordo, junto al río Júcar, cogían la grana unos vecinos de Belmonte, Vara de Rey, Villarrubia o de Minaya. No todos tenían el derecho como moradores del suelo de Alarcón, pero se igualaban o concertaban por cierta cantidad con el alcaide de Alarcón para ejercer ese derecho. Hasta Villalgordo acudieron varios vecinos de La Roda, correspondiendo al compromiso que la villa tenía con la de Alarcón para guardar la grana, pero pronto declinaron la invitación de Diego Páez de marchar sobre Tarazona para castigar la aldea. La traición de los rodeños sería sentida por los de Alarcón, pues entre los veinticinco caballeros acorazados y armados que salieron a guardar los montes de Alarcón estaban los principales oficiales de la Roda: su alcalde García Carretero o el regidor Fernando González de Huete. Los caballeros de La Roda manifestaron sentirse engañados por Diego Páez, pues su misión era guardar los montes frente al hurto de grana. Pero el hecho de que salieran fuertemente armados, y que a los caballeros acompañaran hasta cuarenta peones (según otros testigos la cifra subía a ochenta), repartidos y reclutados entre las diferentes cuadrillas de La Roda, parece demostrar que eran conscientes que iban a una operación de guerra. De la Roda salieron por el Vado de Romanejos, siguiendo hacia arriba el curso del Río Júcar, hasta llegar a Villalgordo. Allí tuvieron noticia del alcance del conflicto (hasta Tarazona habían acudido hombres armados de Villanueva de la Jara y Quintanar), decidiendo volver a su pueblo.

Después de los sucesos de mayo de 1497, los conflictos continúan en años sucesivos. El mismo año los incidentes se reproducen entre jareños y caballeros de la sierra en la aldea de Gil García. Otro mayo, un lunes de 1500, los aldeanos de Villanueva de la Jara, pero también algún motillano como Juan Aparicio, se encuentran recogiendo grana en las tierras de una aldea ya desaparecida, conocida por el nombre de Juncillera, fasya la parte de Albaçete; concretamente, en los llamados Llanos de los Vallejos, entre los dichos valles e la foya Mondéjar e los Llanos de la Mata Alvar. Allí son sorprendidos por Diego Páez y otros diez caballeros de Alarcón que arremeten a lanzazos contra ellos y los ponen en fuga. Los caballeros de Alarcón no dan tregua a los aldeanos de Tarazona, que, ofendidos, el domingo anterior han recibido la noticia de la libertad de los vecinos de Iniesta para recoger grana.

Estos incidentes de 1500 se producen una vez desvedada la grana, los de Tarazona acuden a recogerla; en ese momento ya hay ochenta vecinos de Alarcón e Iniesta cogiendo grana, los de Alarcón con sus carros y bestias han pasado previamente por medio de la aldea provocadoramente. Pasan en silencio, hasta que los tarazoneros arrancan de uno de ellos las palabras deseadas: la grana está derrotada. Es entonces cuando los vecinos de Tarazona marchan en tropel (hasta ochenta o cien personas de la aldea y resto de la tierra de Villanueva) con sus aparejos, y sus armas, hacia el monte, pero al poco de empezar el trabajo, llegan los caballeros de sierra, que arremeten contra los de Tarazona al grito de mueran los traidores, a palos, lanzazos y con ballestas. Entre los caballeros de Alarcón están dos hijos (de nombres Pedro de Castañeda y Antón de Castañeda o Granado) de Diego del Castillo, este otro alcaide de Ves, y los ya conocidos hermanos Rodrigo y Fernando Padilla, Lope de Cibdad, vecino de Tébar, un Serna, los Salantes y Juan de Villanueva. Pero no hemos de pensar en unos tarazoneros inermes, pues recuperados del ataque sorpresa se atrincheran detrás de sus carros para dar la batalla. Es sólo entonces cuando los hijos del alcalde de Ves deciden poner paz en el asunto y se suspende la recogida de grana, retrayéndose todos hacia la parte del río. Al día siguiente los tarazoneros vuelven a su aldea, pero los más atrevidos se quedan cogiendo grana. La respuesta de los caballeros de Alarcón es el embargo de algunos bienes como calderos, azadones, honcetes y también armas. El que peor sale parado de los tarazoneros es un criado de Miguel Remón, un tal Juan Aparicio; herido, es despojado de la grana, de sus armas y de una capa.

En los incidentes de 1500, una vez que solo habían quedado unos pocos tarazoneros, se le escuchó a algún caballero de sierra decir que oy es nuestro día, tenemos ventaja en las armas. Lo que dice todo sobre sus intenciones y de los odios persistentes. En 1501, las que sufren las afrentas son dos mujeres de Tarazona. Ya en 1497 le habían levantado las faldas a la hija de Martín Tabernero para quitarle la grana. Tres años después un nuevo incidente entre Rodrigo de Padilla y Juana López, mujer de Alonso Picazo, la mujer e hija de Miguel Remón y la mujer de Juan de Mondéjar, mientras cogían grana, duele mucho en la aldea. Las mujeres se sienten deshonradas, no tanto por el embargo de la grana como por el modo, abriendo y rasgando las sayas de las mujeres donde la habían escondido, y por las palabras injuriosas proferidas por Rodrigo Padilla: sucias. Por otra parte, la queja más repetida por los tarazoneros es cómo eran molidos a palos por los caballeros de la sierra en cualquier ocasión y sus bienes prendados. Un caso singular es el de Bartolomé Tendero; quizás más atrevido que sus convecinos acudía con azadón a recoger la grana y con ballesta. Le sería confiscada la ballesta, el capacho de grana recolectada y pagaría con una cuchillada en el carrillo su osadía.


La baja nobleza regional frente a las villas de realengo

Las relaciones entre los de Alarcón y los de Tarazona habían llegado a una situación de odio extremo. Las diferencias venían de antaño y salieron a relucir en los enfrentamientos de 1497. Era la primera vez en treinta años que un alcaide la fortaleza de Alarcón se ponía al mando de un grupo de hombres armados para guardar la grana; dos generaciones antes lo había hecho un alcaide llamado Diego de Villaseñor, pero ahora el conflicto era más grave.  Además, Diego del Castillo en su razzia sobre Tarazona buscó el apoyo de otros señores, como Alonso Álvarez, señor de Cervera y casado con la hermana de Diego del Castillo, o Pedro Ruiz de Alarcón, señor de Buenache y casado con la sobrina del alcaide; se sumaron además caballeros de Belmonte y Castillo de Garcimuñoz. Es más, la decisión se tomó con la presencia de Juan Ruiz de Molina, del consejo del Marqués de Villena, presente en ese momento en Alarcón y Antonio Buedo reconocía que la orden de una razzia armada contra Tarazona era del propio don Diego López Pacheco y así se lo comunicó el alcaide de Alarcón. Así el conflicto se presentó como una vendetta de la baja nobleza contra las villas de realengo, pero con ramificaciones que apuntaban más alto.

La cabalgada del alcaide de la fortaleza de Alarcón es una acción militar consciente de una nobleza feudal para mantener su poder en la comarca. Cuando los caballeros que envía Pedro Ruiz de Alarcón llegan a la villa de Alarcón, el propio Diego del Castillo es el que advierte que no van suficientemente bien armados para la operación a la que van destinados, que se concibe como misión de guerra. La decisión misma se toma en presencia de un consejero del marqués de Villena; pero nos es más indicativo que los caballeros armados que acompañan al alcaide de Alarcón, además de los criados y caballeros armados de Alarcón y algún paniaguado del alcaide en otras villas (así Sepulveda de Vara de Rey), son criados de parientes pertenecientes a la nobleza regional. El alcaide de Ves Hernando del Castillo aporta a sus dos hijos, Alfonso Alvarez, señor de Cervera, aporta cuatro caballeros (Antonio de Buedo, Pedro Redondo, vecino de Montalbanejo y criado de Pedro Coello, Alonso de Vera y Fernando Álvarez), Pedro Ruiz de Alarcón, señor de Buenache, varios caballeros (Fernando López, Pedro Jiménez de Buenache, Francisco Flores y Diego de Alarcón), y Hernando del Castillo del Arzobispo, alcaide del Castillo de Garcimuñoz, al joven García Zapata. Todos ellos a caballo, armados con coraza, lanzas, adargas y espadas, y acompañados de varios peones. Pero la expedición es en un principio privada, pues los hombres que acompañan a Diego del Castillo son los aportados por sus parientes y solo en un segundo término se incorpora el concejo de Alarcón con sus hombres y caballeros armados. Incluso entonces hay un desigual comportamiento entre Fernando de Montoya y otros caballeros de Alarcón, actuando como simples clientes del alcaide, y el modo de actuar de Diego Páez, que responde a los mandatos del concejo de Alarcón y acude con sus propios hombres armados hasta Tarazona, pero que a diferencia del alcaide, intenta moverse en la línea de compromisos de Alarcón con otras villas como La Roda o mantiene una actitud tibia en los momentos decisivos de la llamada quistión de Taraçona.

El interés económico del Marqués de Villena en la expedición es evidente, por el monopolio que pretendía de la recogida de la grana y su fiscalidad. Todavía en 1497, sabemos que Juan de Sevilla, enviado por el concejo de Alarcón, está en Aragón intentando concertarse o igualarse con vecinos de aquellas tierras para recoger la grana; mientras la realidad era que los jareños cogía la grana sin sazonar, estando como leche. En el caso de Diego del Castillo se trataba de recuperar su autoridad ante unas villas de realengo cada vez más insolentes, en especial, Villanueva de la Jara. No olvidemos que la expedición se decide después que dos caballeros de sierra vuelven a Alarcón después de ser humillados y expulsados del campo por los jareños. La participación del resto de la baja nobleza responde a las solidaridades familiares nacidas del parentesco. Y sin embargo, una operación de castigo tan pensada fracasó. Diego del Castillo se vio sorprendido por la resistencia de Villanueva y sus aldeas, que llegaron a concentrar en Tarazona trescientos hombres y desplazaron hasta el lugar una carreta llena de armas para organizar la defensa de la aldea. La segunda razón del fracaso es la traición de La Roda, incumpliendo los compromisos adquiridos con Alarcón sobre la grana; La Roda no quería ir contra sus vecinos,en sus propias palabras, porque, añadimos nosotros, era ir contra los tiempos de unos pobladores de la llanura que con su esfuerzo común estaban conquistando el espacio agrario.

En el fondo, el equilibrio de poder entre tierras de señorío y tierras de realengo se estaba inclinando a favor de éstas últimas. Esto era especialmente visible en el caso de Villanueva de la Jara. Si villas como San Clemente aún tendrán que esperar al cambio de centuria para iniciar el despegue económico y demográfico, en Villanueva de la Jara, la existencia de un extenso hinterland ofrecía un amplio espacio de desarrollo económico y colonización a las aldeas. Son aldeas como Tarazona, Quintanar del Marquesado o Gil García ( y las casas aisladas que darán lugar a nuevos núcleos) las que darán salida al excedente demográfico de Villanueva de la Jara, que ve cómo desde 1490, una vez superada la crisis de la guerra, sus vecinos ocupan el espacio casi desértico de las aldeas. El incipiente desarrollo agrario tenía muy poco peso respecto a las actividades tradicionales como el pastoreo o la recolección de los frutos del monte: piñas, grana o bellota. Pero fue en estas actividades tradicionales que empezaban su fase de declinar en las que se presentó el conflicto entre Alarcón y Villanueva de la Jara; por contra, el establecimiento de alquerías por los vecinos más acomodados como García Mondéjar en el Vado del Parral, Miguel Remón en Casa Cardosa, Fernán Simarro en la Casa de Simarro y, es posible, que también los Ruipérez en Pozo Lorente, donde tenían intereses ganaderos, daba lugar a un juego alterno de entendimientos y disputas entre el alcaide de Alarcón y estos nuevos propietarios. En suma, los sucesos de Tarazona anunciaban el cambio radical de la economía agraria del primer tercio del siglo siguiente y el auge definitiva del realengo y la llanura frente al señorío y los concejos militares. Al mismo tiempo, el amplio desarrollo de la propiedad privada condenó al pasado a los bienes comunales. Esa ambivalencia de auge de unos y declinar de otros lo supo ver con clarividencia un testigo
e que sabe que los de Villanueva son más que los de Alarcón e más rricos porque en la dicha Villanueua ay quinientos vesynos (incluye sus aldeas) e en Alarcón çiento e çincuenta vesynos

Enfrentamientos entre Alarcón y Villanueva de la Jara y su aldea Quintanar del Marquesado

El acoso de los vecinos de Tarazona para evitar que cogieran grana lo padecían los vecinos de la villa de Villanueva de la Jara. En 1489 se llegó a un concierto entre las villas de Alarcón y de Villanueva, pero la solución de un compromiso fue un fracaso. Antaño, cuando Villanueva era aldea de Alarcón, más allá de lo que dijeran las ordenanzas, parece que las penas por coger grana se fijaban en veinte maravedíes, pero desde la exención de Villanueva tras las guerras del Marquesado, la pena impuesta, independientemente del caso, era de seiscientos maravedíes. Pronto se pasó al embargo de bienes y prendimiento de personas. En 1497, dos vecinos de Villanueva, de nombres García de Zamora y Juan de Tébar, fueron presos y llevados a Pozo Lorente por coger grana en la Hoya de Matacán. Ese mismo año, cuando el alcaide abandona Tarazona, Fernando López de Anguix y otros dos jareños son sorprendidos cogiendo grana en las Madrigueras, que por entonces debía ser lugar de cierta entidad pues allí comió Diego del Castillo con sus hombres y se entabló cierta discusión por el pago de la comida. Pero a medio día se desveda la recogida de grana. Fernando López de Anguix se las tendrá que ver de nuevo con la justicia de Alarcón, pero el asunto de la grana deriva ya a otras diferencias que marcarán el siglo siguiente. Nos referimos a la intromisión de los vecinos de Villanueva de la Jara en la ribera del Júcar. Consecuencia de esta injerencia fue que los caballeros de sierra de Alarcón apresaron a Fernando de Anguix y derribaron un batán junto al río Júcar, en el actual término de Sisante, en cuya construcción había empeñado 30000 maravedíes. Aunque las diferencias de este Anguix con los de Alarcón tenía un supuesto origen en la grana, es evidente que la causa real de las diferencias era la construcción del batán. Era tal el odio que despertaba que salvó de milagro la vida al intentar ser apuñalado por un tal Diego Chamizo.

Los incidentes de Tarazona tuvieron su origen cuando una veintena de vecinos de Villanueva de la Jara, entre los que destacaba la familia de los Herreros, cogían grana en el paraje de las Arenosas; iban armados, vigilaba a caballo un vecino de El Peral llamado Pedro de Espinosa, al ver aparecer a los caballeros de sierra de Alarcón, lejos de darles la grana, los acosaron con sus lanzas y pusieron en fuga. Los caballeros de sierra fueron con sus quejas a Diego del Castillo, que prepararía la expedición de castigo ya conocida y su fallido intento de quemar Tarazona. Diego del Castillo saldría de Alarcón con la intención de dar un escarmiento definitivo. Primero fue con diez hombres a caballo hasta Quintanar del Marquesado, donde se juntó con otros caballeros de sierra, luego en el cerro del Lobo apresó y embargó aparejos a seis vecinos de Villanueva, entre ellos, miembros de la familia de los Herreros, que fueron llevados presos hasta la entonces llamada Casa de Fernán Simarro; los de Alarcón siguieron su camino, aunque algunos se separaron para herrar sus caballos; por el campo encontraron a varios vecinos de Iniesta cogiendo grana, los apresaron y dejaron encarcelados en Gil García; llegados a Iniesta herraron a sus caballos y volvieron de nuevo para juntarse con el alcaide Diego del Castillo en Quintanar y dirigirse a Tarazona. Tiempo después, García Escribano, fue multado con dos ducados por coger grana. Martín González fue sorprendido el viernes posterior al Corpus de 1500 en el camino de Juncillera. De nuevo el modo de operar de los de Alarcón se repetía. Un grupo numeroso, ocho hombres a caballo y doce o trece peones, atacaban a los jareños con lanzas, adargas y ballestas, con la excusa de que la grana no estaba derrotada, cuando al lado veían a vecinos de Alarcón cogerla con total impunidad. De la importancia de esta actividad para las economías de la época da fe que ese día había cincuenta de Alarcón y cien de Villanueva y sus aldeas. Peor fue el calvario pasado por Gil Carralero, alguacil de Villanueva, fue sorprendido cogiendo dos celemines de grana en la Hoya del Mollidar y condenado a seiscientos maravedíes y al embargo de un capote de dos mil maravedíes, siendo conducido, junto a otros dos presos, a Alarcón, maniatados y uncidos a un cabestro como a los moros. No siempre los jareños aceptaban su suerte, así cuando Juan Valverde llevaba un ganado embargado a Alarcón, vio aparecer armados ante sus ojos a veinte caballeros jareños y otros cien de pie

Aunque si a alguien tenía por enemigos, el alcaide de Alarcón, era a los lugareños de Quintanar del
Quintanar del Rey
Marquesado, a los que acusaba de esquilmar de grana de los campos. Los quintanareños mostraban una celosa solidaridad, acudían en grupos numerosos a coger la grana y se organizaban para defenderse de los caballeros de sierra, levantando atalayas de vigilancia. Aunque su precaución no les libró de la acción del alcaide de Alarcón, que apresó a varios vecinos durante su estancia en Quintanar en 1497, antes de emprender camino a Tarazona.

Aunque las quejas de los de Villanueva no iban tanto por la grana. Existían viejos conflictos, como el pleito pendiente por la Hoya de Robresillo, una dehesa de caza, pero ahora las quejas se extendían al entorpecimiento que sufrían los jareños por las trabas al libre aprovechamiento de la tierra de Alarcón y a la libertad de paso de personas y mercancías, trabas que se sumaban al conjunto de tropelías de que eran víctimas. Gómez Moreno vio cómo le era arrebatado un costal de piñas. Otro vecino fue apresado y multado por intentar llevarse un pino caído. Tanto Gómez Moreno como su hermano sufrían la requisa arbitraria de trigo, cuando iban al molino de la Losa, propiedad de Alonso del Castillo. Pedro de Valera fue enviado a Alarcón a pedirle al alcaide el pago de la alcabala del viento por el trigo que tiempo antes había vendido en Villanueva; la escena que a continuación siguió merece contarse. A Pedro de Valera no le faltaba hombría; se presentó ante Diego del Castillo con una carta de pago en una mano y asiendo el puño de su espada con la otra, enfrente el alcaide, que colérico, viendo interrumpida la partida de tablas que estaba jugando, se abalanzó sobre Pedro de Valera cogiéndole de los pechos
e echó mano de a su espada deste testigo e ge la sacó de las manos por fuerça e le dio dos cuchilladas e una estocada e que la gente que allí estava dio bozes a este testigo diziendo que fuyese e no esperase que le matara e que asy començó a fuir e el dicho Diego del Castillo corriendo tras él fasta la casa de Juan de Valladolid barvero e que allí venía por la calle del dicho alcaide e le mandó (a un esclavo negro) que matase a este testigo diziendo muera el traydor e que el dicho negro tiró a este testigo dos piedras de la una de las quales le açertó en la cabeça e que este que depone se metió en la dicha casa de Juan de Valladolid e que el dicho negro entró tras él e tomó una lança e que en esto llegó Montoya e los despartió e a este testigo començaron a curarle
Pedro de Valera sería llevado a casa del alcaide por la mujer de éste, doña Mayor, recibiendo todo tipo de cuidados y consejos para que no denunciara el incidente.

A Gil Martínez de Torrepineda, propietario de ciento cincuenta cabezas de ganado le embargaron treinta ovejas en el campo de San Benito, término de Alarcón, a Benito Yubero seis y a Pascual Herrero cinco. ¿Por qué? Pues un pretendido derecho alegado por Alarcón de tomar el quinto de sus ganados a los forasteros que pastaran con sus ganados en su tierra
que a los que no son vesinos e fallasen ganado en el término de Alarcón los caualleros de la syerra de la dicha villa de Alarcón les puedan tomar el quinto
Había casos más chocantes, como el acaecido a Pascual de Buenache, un vecino de Villanueva de la Jara. Mientras araba con un buey en el lugar llamado Peña Arenosa, se presentó Pedro Granero (o Granado, que esta variante del apellido es la que dominaba entonces), con vara de alguacil y acompañado de un Montoya. Su buey sería requisado como pena por haber descalabrado a un hijo de Fernando de Ávila. De poco sirvieron las alegaciones de Pascual, cuyo caso estaba siendo juzgado por la justicia de Villanueva y que en ningún caso se trataba de un delito de sangre, es decir, en la justicia de la época al no haber sangre no correspondía el secuestro del buey.  Los moradores de Tarazona y de la tierra de Villanueva en general jugaban con su incertidumbre jurídica. Especialmente aquellos moradores de Tarazona y Gil García que vivían en casas de sus aldeas cuyo suelo era término de Alarcón o los labradores de Quintanar que tenían sus explotaciones en las dehesas de Alarcón, como la de Galapagar. Jurídicamente dependía de la justicia de Alarcón, pero ellos mismos se consideraban vecinos de Villanueva de la Jara, ante quien solían pender los pleitos. Pero no opinaba lo mismo la justicia de Alarcón que cuando tenía especial interés en los asuntos hacía uso de su jurisdicción, juzgando, embargando bienes o apresando a los delincuentes e infractores.

La apertura de una nueva realidad frente a los abusos señoriales

El caso es que a finales de siglo, la libre recogida de la grana se ve entorpecida por el alcaide de Alarcón. Reservando dicho derecho a los vecinos de la villa de Alarcón e introduciendo a forasteros, ajenos a la tierra de Alarcón o de lugares de señorío en la recogida a cambio del pago de un canon, que respondía a una iguala previa. La iguala o avenencia escondía en realidad un intento de monopolizar la recogida de la grana por la familia Castillo. Ya en 1494 había traído moros del Reino de Aragón para tal tarea. El malestar contra Diego del Castillo fue creciendo en la comarca. Junto a la negación de los viejos usos comunales de la Tierra de Alarcón, no se perdonaba su actuación como un condotiero, que en sus cabalgadas, acompañado de la vieja nobleza de Alarcón, imponía exacciones de día en día peor llevadas por los aldeanos. Los de Pozo Lorente veían como los de Alarcón merendaban a su costa en el pueblo, uno de los vecino decía haber aportado dos cántaros de vino, una canasta de pan, queso y guindas; Juan de Moragón, vecino de la Roda, se veía despojado de dos carneros y un cuero de vino para alimento del alcaide y de sus hombres, e incluso los moradores de Tarazona, en un intento de aplacar a sus enemigos, llevaban víveres al teso desde el que Diego del Castillo y sus hombres amenazaban la aldea. Diego del Castillo rechazaba orgulloso los alimentos, no así algunos de sus hombres, al fin y al cabo, quienes se los ofrecían eran sus parientes. Otros simplemente pagaban por el pan y el vino, que la guerra no está reñida con el negocio.

Pero frente a los deseos del alcaide se empezaba a abrir una nueva realidad. Por los testigos del pleito sabemos que muchos de ellos acudieron desde Villanueva de la Jara a asentarse en Tarazona poco antes de 1490. Así podemos hablar de una primera expansión roturadora de tierras, una vez pasados los años postreros de la guerra del Marquesado. El crecimiento demográfico no fue tanto en las villas principales como en las aldeas dependientes. El caso más señalado es el de Villanueva de la Jara, que ve la consolidación de sus aldeas de Tarazona, Quintanar, Gil García o Villalgordo y la aparición de las primeras casas en puntos de encuentro y paso. Es un avance de la explosión económica y demográfica del primer tercio del siglo XVI. Este primer impulso económico no estuvo exento de contradicciones. En primer lugar disputa de los bienes comunales de la tierra de Alarcón y, a continuación, rompimiento y roturación de los espacios comunales. Así lo reconocía Andrés de Almodóvar y su mujer Picaza la vieja
labró e senbró e ronpió e cogió grana e se aprouechó de los términos de la dicha villa de Alarcón como los mismos vesinos guardando los pinos donzeles
Los abusos señoriales de Diego del Castillo, que se asemejan más a la rapiña de un malhechor feudal, fueron contestados por las villas de realengo. Muestra de ello es el reforzamiento de la solidaridad entre las aldeas de la tierra de Villanueva de la Jara. En los sucesos de Tarazona, sus moradores pidieron ayuda a sus vecinos de Quintanar, que acudieron fuertemente armados y tuvieron que ser sosegados por el alcalde jareño Fernán Simarro. A veces, la solidaridad era entre las villas, los jareños solían acudir conjuntamente con los de El Peral a coger grana en el llamado cerro del Lobo, cerca de Gil García. La picaresca de los caballeros de sierra de Alarcón les llevaba a evitar el enfrentamiento y no era raro que requisaran algún azadón como prenda de cambio para conseguir medio azumbre de vino. Lo que era evidente es que los jareños y los moradores de sus aldeas habían roto con el monopolio que de la recogida de la grana pretendían Alarcón y La Roda. Asimismo la mano de obra morisca había sido desplazada por conciertos individuales o familiares con vecinos de la comarca. Pero ese control de Alarcón de esta actividad con moriscos o igualas con sus convecinos chocaba con el derecho a coger la grana según los viejos usos comunes. A la altura de 1500, la recogida de la grana comenzaba a obscurecerse con otro conflicto ahora incipiente, pero que crecerá de modo salvaje en el primer tercio del siglo XVI. Nos referimos a la roturación de tierras; las quejas de los de Alarcón apuntarán a García Mondéjar, al que acusan de romper las tierras de la dehesa del Parral. No era el único, como acusaba Miguel de Ruipérez, hombre próximo a los intereses de Alarcón y su alcaide, y que tenía arrendada dicha dehesa.

La solución final del conflicto

Las diferencias entre Villanueva de la Jara y Alarcón, y su alcaide Diego del Castillo, vendrían vía judicial con la intervención del ya mencionado bachiller Lunar, juez pesquisidor, que el 27 de agosto de 1501 se pronuncia a favor de Villanueva de la Jara, condenando a Diego del Castillo y sus hombres. El alcaide fue condenado a pagar las costas del proceso y los salarios del juez pesquisidor su escribano. Se decretó prisión y embargo de bienes del alcaide y sus caballeros. Se procedió al embargo de bienes de los caballeros de Alarcón: Alfonso de la Jara, Álvaro de Villanueva, Rodrigo de Padilla, Martín Zapata, Martín de Valbuena, Cristóbal de Sarantes, Egas de Ágreda, Fernando de Padilla, Martín de la Serna, García de Tresjuncos, Juan de Valverde, Diego Páez y Martín de Olmedilla. Los intentos del juez pesquisidor por embargar los bienes fueron infructuosos en muchos casos como lo fue el intento de dar con la persona de Diego del Castillo. Por él respondieron en la fortaleza de Alarcón su procurador Rodrigo de Castro, su hermano Alonso del Castillo, Hernando del Castillo del Arzobispo y Alfonso de Origüela, que cerraron las puertas del castillo y se negaron a entregar los ocho mil maravedíes del salario del juez y los caballeros que en la fortaleza estaban refugiados, además de los que habían visto embargados sus bienes, Pedro Granero, Lope de Cibdad y Fernando de Montoya. Finalmente se dejaría pasar al bachiller a la fortaleza, pero para entonces los culpados ya la habían abandonado. El pesquisidor, dispuesto a cobrar su salario se fue hasta la villa de El Peral, allí embargó el trigo que tenía el alcaide y, para más oprobio, lo vendió en Villanueva de la Jara a cuarenta maravedíes la fanega; mal negocio, pues el trigo, en opinión del alcaide valía el doble. El resto lo sacaría el pesquisidor de las rentas que los labradores debían al alcaide por la explotación de sus tierras. El pleito acabaría muriendo en la Chancillería de Granada, que a comienzos de siglo sustituía a la malograda de Ciudad Real.


                                                              *******

(1) Así el origen de Tarazona dista bastante del presentado por la historiografía albacetense, presentada como aldea previa de Alarcón que pasa tras las guerras del Marquesado a jurisdicción de Villanueva de la Jara (GARCÍA MORATALLA, Pedro Joaquín: Tarazona del Marquesado de Villena (Concejo y gobierno municipal tras el privilegio de villazgo de 1564). IEA Don Juan Manuel. Albacete 2005. pp. 17-19. De hecho, el origen de Tarazona que presentamos coincide con el relato de las Relaciones Topográficas de Felipe II.
(2) Un estudio completo sobre la grana en el Marquesado de Villena en SÁNCHEZ FERRER, José: "La grana, un producto de la economía del Marquesado de Villena" en Congreso de Historia del Marquesado de Villena. IEA Don Juan Manuel. CSIC. Albacete. 1987. pp. 361-370

AGS. CRC. Expediente 97/1. Pleito de Villanueva de la Jara con Diego del Castillo, alcaide de la fortaleza de Alarcón, sobre abusos de autoridad en la villa y en Tarazona de la Mancha. 1501

Archivo General de Simancas,RGS, LEG, 150107, 472. Comisión al bachiller Martín de Lunar, a petición de Alonso de Simarro, procurador de Villanueva de la Jara, 16 de julio de 1501


ANEXOS


ANEXO I.- CONCEJOS DE VILLAS

Concejo de Villanueva de 2 de agosto de 1501

Juan Mondéjar y Martín López, alcaldes; Pascual López, regidor; Fernando Simarro, Martín Jiménez, Miguel de Ruipérez, diputados del común; Juan de Zamora, escribano del concejo; Juan de Córdoba y Pedro de Beamud, alcaldes de la hermandad.

Concejo de Villanueva de la Jara de 10 de agosto de 1500 (reunidos en la sala del nuestro concejo)

Juan García de Villanueva, alcalde ordinario; Miguel Ruipérez y Hernán Simarro, regidores; Antón Martínez, alguacil de la villa, y Pedro López, diputado del concejo, y Miguel de la Torre, corredor del concejo.

Concejo de Alarcón de 4 de agosto de 1501, en las casas del concejo

Diego Paez y Antón Sánchez Granero, alcaldes; Alfonso Yáñez, regidor; Diego del Castillo, Juan de Valverde, Rodrigo de Castro y Diego el Rubio, vecinos

Concejo de Alarcón de 17 de agosto de 1501, reunidos en la sala pública

Diego del Castillo, alcaide de la villa; Martín de la Serna, alcalde; Alfonso Cabeza de Vaca, criado, por juez en el dicho concejo; Álvaro de Villanueva, Alonso Yañez, regidores del concejo de la dicha villa; Gil de Olmedilla, Diego el Rubio, Bernardino Carpintero, Ginés Tello, Juan de Iniesta, Fernando de Molina, Benito Valero, Pedro Fernández, Francisco de la Orden, Alonso de Astudillo, Alonso de Ayllón

Concejo abierto de Tarazona de 6 de agosto de 1501

Estando en la plaça del dicho lugar muchos vesinos del dicho lugar en salida de misa, estando presentes Alfonso de Escobar, alcalde, e de los vesinos del dicho lugar Alfonso Sánchez de Solera e Juan Sánchez Tabernero e Alonso López, e Miguel Sánchez del Picazo, e Miguel Remón, e Martín Gómez, e Bartelomé Picaço, e Martín Picaço e Alfonso de Mondéjar (hijo de García de Mondéjar)


ANEXO II.- Relación de testigos que aparecen en el pleito (1501)

Vecinos de Alarcón

Pedro Granero, 35 años, caballero de sierra, e hijo de Juan Granero el viejo, de ochenta años.
Martín de Olmedilla, criado del alcaide, 45 años
Gil de Olmedilla
Martín de Bobadilla
Diego de Madrid
García de Tresjuncos, caballero de la sierra
Alonso de la Jara, caballero de la sierra
Cristóbal Sarantes, caballero de la sierra
Buedo, criado de Alonso Álvarez, señor de Cervera (no es vecino de Alarcón)
Pedro Molinero
Juan de Iniesta, escribano
Alonso de Ayllón, pregonero
Alfonso Yáñez
Juan de Valverde, 45 años, caballero de la sierra en 150, antes juez y alguacil de Alarcón
Diego de León, mesonero
Diego Páez
Gaspar de Agreda
Rodrigo de Padilla, caballero de la sierra
Fernando de Padilla, caballero de la sierra
Fernando de Montoya, caballero de sierra
García de Tripillas
Benito Sánchez de Cuenca
Juan de Valera
Fernando de León
Pedro de Paracuellos
Juan Tendero, regidor
Miguel Armero
Alonso Armero
Pedro de Olalla
Fulano Balboa
Jorge Merino, criado del alcaide
Egas de Ágreda
Álvaro de Villanueva
Santacruz, caballero de sierra
Cabeza de Vaca, caballero de sierra
Diego de Arévalo, caballero de sierra
Diego Chamizo
Diego de Alarcón
Juan de Sevilla
Sepúlveda, criado de Diego del Castillo
Martín Zapata, caballero de la sierra, regidor y procurador en la Audiencia de Ciudad Real, de 47 años
Ortega de Sevilla, guarda
Cristóbal de Illescas, criado del alcaide
Benito Sánchez de Cuenca
Martín Valbuena
Juan de Sevilla

Vecinos de Motilla

Martín Zapata
Miguel de Valverde
Fernán García, escribano, y su mujer Juana
Alfonso de Guadalajara, criado de Fernán García
Alfonso Mateos
Juan de los Paños
Antón Granero
Juan de Cigales
Martín Serrano y su mujer María de Iniesta
Juan Verdejo
Juan de Blasco
Juan de Aparicio, hijo de Aparicio Martínez, 21 años
Juan del Portillo
Fernando de Arona

Moradores de Tarazona en el término de Alarcón, se consideran vecinos de Villanueva

Miguel Remón, setenta años
Su hijo Juan Remón y su nieto Juan
Miguel de Fuenterrubia

Moradores de Tarazona en el término de Villanueva de la Jara

Alonso de Mondéjar, hijo de García de Mondéjar, 33 años. Se ha instalado en Tarazona hace diez años
García de Mondéjar
Juan Serrano, morador en Tarazona desde hace diez o doce años, procedente de Villanueva
Juan de Valverde, treinta años, llegado a Tarazona hace veinte años
Alonso López
Benito Picazo, cincuenta años,
Martín Picazo
Alonso Picazo
Alonso de Escobar, padre, cincuenta años
Alonso de Escobar, hijo, veintiún años
Juan Rubio
Andrés Rubio
Alonso de Solera
Simón Visiedo
Pedro Mesonero
Miguel Sánchez del Picazo el viejo, 65 años, aliado de Diego del Castillo, en cuya casa se hospeda
Miguel Rubio
Francisco Ruiz
Miguel de Piqueras
Miguel Sánchez de Piqueras el mozo
Lope el Romo
Juan de Aparicio
Bartolomé López
Martín Tabernero
Alonso de Solera
Bartolomé Sajardo
Juan de Gabaldón, hijo de Pedro de Almansa
Juan Tendero
Bartolomé Tendero
Chinchilla clérigo
Juan Lozano
Benito García, hijo de Miguel Remón
Bartolomé Martínez, clérigo
Juan de la Osa
Juan Mondéjar el viejo
Juan Herrero
Miguel de Porras
Juan Tabernero el viejo, 74 años

Vecinos de Quintanar

Antón Martínez

Vecinos del lugar de Buenache de Alarcón, que es de Pedro Ruiz de Alarcón

Álvaro de Cuenca
Marco de Cuenca, 40 años, natural de Villanueva de la Jara, desde 1485 vive en Buenache
Alonso del Castillo
Pedro Jiménez, hijo de Juan Jiménez (luego se traslada a Iniesta)
Fernando López, caballero
Francisco Flores, caballero
Alonso Sánchez Tejedor, peón con ballesta

Vecinos de Villanueva del Río, que es de Pedro Ruiz de Alarcón

Alfonso Sánchez el mozo

Vecinos de Castillo de Garcimuñoz

García Zapata, de 22 años, hijo de Martín Zapata, criado de Fernando del Castillo del Arzobispo. de niño había sido paje de Hernando del Castillo, alcaide de Alarcón

Vecinos de Tresjuncos

Diego de Molina

Vecinos de Villanueva de la Jara

Martín Sánchez de Atalaya, su casa de campo es utilizada como posada y cárcel, de cuarenta o cincuenta años
Miguel García, negocia con Diego del Castillo, junto a los dos alcaldes
Juan Caballero el Viejo
Alfonso González, alguacil
Alfonso Simarro, procurador
Juan de Zamora, escribano
Martín Quílez
Gómez García, hijo de Pascual García
Pedro Martínez Carralero, nacido en Alarcón, de 52 años, hacia 1475 llega con su padre a Villanueva
Gil Carralero
Pedro Moreno
Juan Zamora, procurador de Martín López y Juan Mondéjar, alcaldes, y de Alfonso Sánchez alguacil, y Pascual López y Alonso Ruiperez, regidores.
Alfonso García, escribano
Juan de Zafra
García de Zamora
Aparicio del Atalaya
Gil Simarro
Bachiller Sebastián Valera
Juan García de Villanueva, hijo de Juan García de Villanueva el viejo
Pedro Sánchez de Valera
Fernán Simarro, 55 años
Juan García de Villanueva
Juan de Tébar hijo de Rodrigo de Tébar
Juan Martínez Prieto el viejo
Benito Gómez, hijo de Benito Gómez el viejo, difunto
Miguel de Ruipérez,
Jerónimo de Olinos
Juan Prieto
Benito Bribano
Alonso Carretero
Fernando López de Anguix
Alonso Guilleme
Gil Martínez de Torrepineda
Pascual Herrero
Martín González,  42 años
Pedro Moreno, de 50 a 55 años
Gómez García, hijo de Pascual García, 25 años
Bachiller Sebastián de Valera, 19 años
Benito Yubero
Miguel Sanmartín
Pedro de Valera
Juan de Tébar
Alonso de Tébar
García de Zamora
Juan Martínez Prieto
Benito Gómez
Fernando de Buendía
Ferrán Martínez el Rubio
Fernán González Carpintero, 37 años
Miguel de Ruipérez, hijo de Juan Sánchez de Ruipérez. Aliado de Diego del Castillo
Pedro de Ruipérez, 43 años, hijo de Juan Sánchez de Ruipérez. Aliado de Diego del Castillo
Antón Granero, 36 años, vecino de Villanueva desde 1488, procedente de la aldea de Tébar, aliado de Diego del Castillo
Alonso Simarro, procurador de causas
Alonso García de Villanueva, 55 años
Bachiller Clemente, letrado de la villa

Vecinos de Iniesta

Pedro Jiménez de Buenache, antiguo vecino de Buenache de Alarcón
Pedro el Rubio
Alonso García de Cañavate
Gil del Campillo

Vecinos de Cervera, que es de Alfonso Alvarez

Antonio de Buedo, nacido y criado en Barchín del Hoyo

Vecinos de la Hinojosa, que es del Marqués de Villena

Alonso de Vera, al servicio de Alfonso Álvarez, 42 años,

Vecinos de Montalbanejo

Pedro Redondo, al servicio de los Coello,

Vecinos de Olivares, que es de Alfonso Alvarez

Fernando de Alvarez

Vecinos de la Hinojosa, que es del Marqués de Villena

Alfonso de Vera

Moradores de Valhermoso, aldea de Alarcón, que es de Juan Granero

Juan de Tresjuncos

Vecinos de Barchín

Juan de Torrubia, 65 años

Vecinos de San Clemente

Álvaro de Peñafiel, vendedor de lienzos y especias

Vecinos de La Roda

Quintanilla, regidor
Fernán González de Huete
García Carretero
Rodrigo Ruiz
Alonso el Calvo
Juan Redondo
Alonso Sánchez Prieto
Martín Fernández Quintanilla
Andrés de Almodóvar

Vecinos de Minaya

Martín de Villanueva