El corregimiento de las diecisiete villas (fotografía: Jesús Pinedo)


Imagen del poder municipal

Imagen del poder municipal
EL CORREGIMIENTO DE LAS DIECISIETE VILLAS EN LA EDAD MODERNA (foto: Jesús Pinedo)

domingo, 25 de abril de 2021

Los símbolos del poder concejil de la villa de San Clemente

 






La iconografía del edificio renacentista del ayuntamiento de San Clemente quiere verse como representación de aquellas virtudes del buen gobierno. Sin embargo, que nadie busque ese carácter religioso de las siete virtudes, bien teologales bien cardinales, que han de ser la guía de todo buen gobernante frente a sus parejos pecados capitales´

Visitando hace poco el ayuntamiento de Uncastillo en el norte de la provincia de Zaragoza vi representado ese buen gobierno en la representación de los relieves que mostraban la fe, esperanza, caridad y templanza. Presidiendo la fachada del ayuntamiento de Uncastillo, la Justicia, y a su lado dos medallones en los que se quiere ver los relieves del emperador Carlos y su mujer Isabel de Portugal, que para otros son sendas imágenes de la sabiduría y la belleza, algo más en consonancia con la cronología del edificio.

No ahondaremos en la discusión sobre la época de construcción del edificio renacentista de San Clemente, aunque siempre hemos dudado que la leyenda que nos habla del gobernador Zapata Cisneros y el año 1558 sea la fecha de edificación y corresponda más a una reforma y afianzamiento del edificio. Fechas posteriores aparecen en el reloj solar o esa otra del reinado de Carlos II. 

Sí creemos que no hemos de ver en los relieves de la fachada plateresca del edificio imágenes alegóricas del buen gobierno. Imágenes de gobierno, pero no moralizantes. Imágenes de orgullo del poder pechero sanclementino y símbolos incontestable del poder de unas familias pecheras que dominan la vida del pueblo y libres del poder señorial del marqués de Villena y sus criados. El único límite a su poder es la obediencia debida a la Corona.

De las imágenes detalladas que me pasó hace tiempo Jesús Pinedo me detendré en dos: la del hombre que sujeta con fuerza unas cuerdas y la de ese otro con un libro en la mano. Creí ver en el primero, un hombre barbudo, y sujetando en su mano una soga, y con ella el símbolo de la independencia jurisdiccional de la horca, pero lo que tiene el hombre es un manojo de tres llaves. Las llaves eran el símbolo del poder jurisdiccional; con las llaves se abría el ayuntamiento y sus salas y con las llaves, en número de tres, se abrían las cerraduras del arca donde se guardaban los privilegios de la villa. Cuando los enviados de la emperatriz Isabel toman la posesión de la villa en acto lleno de simbolismo, tomarán para sí las siete varas de justicia de los oficiales del concejo y a continuación las llaves del ayuntamiento y su archivo, expulsando del interior del edificio a los oficiales sanclementinos para tomar posesión de su justicia y su villa en nombre de la nueva señora. Un edificio, que en su estructura es similar al que hoy se nos conserva. Otro detalle, el hombre barbudo, es un pechero, ataviado con la gorra o bonete común a estos patricios urbanos y esa gorra pende de su mano izquierda. El hecho de descubrirse la cabeza era algo común entre los oficiales concejiles  a la hora de aceptar las órdenes reales: después de quitarse sus bonetes, los oficiales ponían las cartas reales sobre sus cabezas y las besaban en gesto de acatamiento. Creemos que nuestro protagonista es representación del poder pechero, únicamente supeditado a la Corona, más que sujeción a cualquier señorío por muy regio e imperial que fuera.

El segundo relieves es el de un hombre con un libro. Por el hecho de llevar en su cintura una espada, se ha querido ver como un antecedente del discurso cervantino de las letras y de las armas. Pero no, nuestro personaje lo que nos muestra es la fuente del poder concejil de la villa, nacida de sus privilegios, representados en el libro que sujeta en su mano. Uno y otro, con sus llaves y con su libro, son hombres armados con espadas, pues el poder otorgado en privilegios no es concesión señorial sino que se ha ganado en la guerra. No lo olvidemos, hasta que el emperador Carlos decidió acabar con esa fuerza militar, tras la destrucción de El Provencio en 1524, San Clemente era capaz de levantar cuatrocientos hombres armados, a caballo y a pie, auxiliados con piezas de artillería.


Imágenes de Jesús Pinedo Saiz

sábado, 24 de abril de 2021

LA GUERRA DEL MARQUESADO EN CUENCA SEGÚN EL MEMORIAL DE PEDRO BAEZA

 Y ansí se partió vuestra señoría y se fue a Alarcón e yo me fui luego tras vuestra señoría y luego vuestra señoría mandó bastecer Alarcón y yo me fui a abastecer Alcalá (quiere decir Alarcón) y de allí nos veninos a el Castillo y Diego Pacheco avisó a vuestra señoría cómo avía trato en Belmonte e que no se podía escusar de no se perder Belmonte si vuestra señoría si vuestra señoría no yba en persona allá e vuestra señoría se determinó de yr a Belmonte e quisiérades que yo fuera con vos y don Martín Guzmán se quedaría en el Castillo, lo qual nunca se pudo acauar con don Martín yo quedé allí cinco meses y en este tiempo nunca me desarmé las armas porque la xente que el rrey y la rreyna auían enviado estauan en Santa María del Campo donde estauan quinientas lanças entretanto que vuestra señoría estaba en Belmonte me vino a correr Pedro Ruiz de Alarcón muchas veces y quando me dexastes en el Castillo me dexastes solas treynta lanças e yo tuve tal manera que quando volvistes señor al Castillo ya tenía ciento y veinte lanças e ducientos e cinquenta peones e con ellos desuaraté a Pedro Rruiz de Alarcón en el Alberca e le despoxe ciento e ochenta escuderos y me hallé en lo de Almodóvar y me ui en muchas afrentas y peleé muchas veces y derramé mucha sangre de mi cuerpo y estando herido en el braço de la adarga de una saciada me sacastes a pelear diciendo que no teniades capitán y yba a ser capitán estando yo herido y peleaba ansí y traía otras heridas de nuevo de allá que por no ser prolixo y por que vuestra señoría lo saue no lo quiero repetir más de decir a vuestra señoría que nunca os hallastes señor en cossas de afrenta en que no me hallase yo y muchas veces me hallé sin vos en lo del Cañavate donde pelee con don Xorxe Manrrique y le desuaraté e tomé la caualgada que lleuaua de la Motilla y entré en Almodouar del Campo (quiere decir Santa María del Campo) por fuerça e hiçe coxer el pan que estaua sembrado en tierra de Alarcón estando las capitanías de la rreyna tan cerca donde me vi con ellos en muchas afrentas y peleé muchas veces tantas que yo ternía mala memoria de ellas porque me parece que pocos días passaron después que me dexastes señor en el Castillo donde no oviese menester las manos y a la postre la noche que vuestra señoría saue que peleé con don Xorxe como vuestro capitán él salió herido de una herida que murió e yo saque otra de un enquentro por la uoca en que me derrocaron algunas muelas e me pasaron la quixada en fue tan peligrossa la herida que vuestro ciruxano aquella misma noche me dixo que me confessase y ordenase mi alma y otro día estando herido de esta manera salí al campo a cogerle y lo hiçe ansí y sobre cogelle torné otra uez a pelear



"Carta de Pedro de Baeza al Marqués de Villena,(Juan Pacheco), sobre que pidió un memorial de lo que por él había fecho".

RAH, Colección Salazar y Castro, N-43, fol.150 a 161

viernes, 23 de abril de 2021

Rentas reales de 1520 en el Marquesado de Villena

 


*Rentas encabezadas

Repartimiento de las rentas de las alcabalas, pechos y derechos del marquesado de Villena para el año 1520.
AGS, EH, leg. 12

martes, 20 de abril de 2021

Las deudas de la langosta

 Actas de Cortes de Valladolid, sobre la devolución del dinero prestado a los pueblos del marquesado de Villena, para matar la langosta. Año 1555

PTR,LEG,71,DOC.110



"Que los diputados sygan el pleyto de la langosta y procuren que se cobren con toda brevedad los vi (mil) ducados para la matar se prestaron a los pueblos de mi marquesado de Villena"


(Véase el perdón de alcabalas años anteriores a los pueblos)

Servicio y montazgo en los puertos del marquesado de Villena

 1.- Jorquera

El marqués de Villena cobra el servicio y montazgo de los ganados que herbajan en el término de Jorquera y sus aldeas y de tránsito

Derecho de montazgo por pasar por sus términos, cinco reses de cada millar, y el llamado servicio por herbajar e invernar en los pastos de los baldíos de Jorquera, seis reses por cada millar

2.- Alcalá del Río

El marqués cobra el montazgo a los ganados que pasan al Reino de Valencia

3.- Requena

El recaudador de los puertos secos cobra el servicio y montazgo de los ganados que se quedan a herbajar en el término de Requena
Se cobra asimismo el derecho de servicio y montazgo a los ganados que pasan al reino de Valencia y el montazgo a los ganados que pasan en dirección a Castilla y Reino de Murcia. Se denuncian abusos.

4.- Chinchilla

La ciudad de Chinchilla tiene encabezado el servicio y montazgo. El derecho que se debería aplicar sobre los ganados que herbajan en sus términos se aplican abusivamente a aquellos otros que herbajan en el resto del Marquesado. Se denuncian abusos de los arrendadores del impuesto, que suelen ser grandes ganaderos que no pagan y los acuerdos e igualas con otros ganaderos al margen del cobro de las rentas

5.- Montalegre

Lugar de Juan Fajardo; a pesar de su jurisdicción apartada de Chinchilla, sus recaudadores cobran  el servicio y montazgo de esta ciudad.




Archivo General de Simancas, CCA,DIV,47,14
Capítulos de avisos dados por Baltasar de Torralba, juez que fue del servicio y montazgo por comisión de SM en el Reino de Murcia y Marquesado de Villena y Reino de Granada.

sábado, 17 de abril de 2021

Iniesta: ganados mostrencos

8 de junio de 1577. Sentencia favorable a la Mesta, para que no se hagan mestas en Iniesta sin la presencia de alcalde entregador, perteneciendo al Honrado Concejo las reses mesteñas  y mostrencas, llamadas rehuseñas, 

El nombramiento de alcaldes de mestas propios en Iniesta era costumbre antigua, al igual que en otras villas. En Iniesta se nombraban dos alcaldes de mestas: uno ganadero y otro labrador, que cada año elegían otros sendos alcaldes. El fruto de reses mesteñas iban a los propios de la villa y a la reparación de los abrevaderos, pozos y balsas. La sentencia de 1577 sería recurrida por Iniesta en Granada, ganando sentencia y ejecutoria favorable diez años después, recogiendo dicha sentencia de diez de septiembre de 1586. La realidad era que Iniesta seguía haciendo mestas con los llamados alcaldes de corral. Tal ocurría en 1621 ante las quejas de la Mesta, que entabló nuevo pleito.


Archivo Histórico Nacional, DIVERSOS-MESTA,102,N.1

Conflicto de intereses entre Jorquera e Iniesta

 

El pleito entre Jorquera e Iniesta mostraba la comunión de intereses entre dos poblaciones de vecinas y como no podía ser menos la rivalidad. Pero mostraba más que nada la existencia de dos villas con historia diferenciada de sus orígenes, que la incorporación de Iniesta al marquesado de Villena con don Juan Pacheco había sido incapaz de borrar.

 

La villa de Iniesta fue detallando los momentos históricos que le daban identidad propia: aldea de Cuenca tras su conquista por Alfonso VIII, su integración en el obispado de Cuenca (a diferencia de su vecina Jorquera, perteneciente al obispado de Cartagena), aldea perteneciente a Cuenca con privilegio de donación de Alfonso X de 1255 y villa con jurisdicción propia por sí y para sí, de señorío cuando fue otorgada por Juan II a Ruy Díaz de Mendoza en 1439, que la trocó con Juan Pacheco en 1452 y emancipada de los Pacheco en 1476.

De su integración en el marquesado de Villena quedó la costumbre de aprovecharse de los suelos de tierras como la de Alarcón o la de Jorquera. Aunque la rivalidad con la villa sureña de Jorquera fue notoria comenzado el siglo XVI, negando a los ganados iniestenses el acceso a sus pastos y exigiendo el derecho de montazgo por pasar por sus términos, cinco reses de cada millar, y el llamado servicio por herbajar e invernar en los pastos de los baldíos de Jorquera, seis reses por cada millar. Era el conocido servicio y montazgo, que se aplicaba conjuntamente; asimismo, los ganados iniestenses que pasarán a términos de Jorquera estaban obligados a su registro y a obtener licencia, siendo quintados caso de no hacerlo.

Las miras de Iniesta hacia el sur también intentaban evitar el puerto seco de Requena, donde sus mercaderes habían de pagar los derechos impositivos. Con Juan Pacheco, Iniesta consigue beneficiarse de la exención y franqueza que disfrutaban las once villas de la parte baja del marquesado por sus mercancías en el puerto seco de Almansa. Usos favorables que obligaban a los iniestenses a pasar el Júcar por Jorquera y cuya pérdida obligarán a pagar una veintena del valor de las transacciones.

“que las honze villas del marquesado que conuiene a saber Villena e Almansa e Sax e Hellín e Touarra e Yecla e Chinchilla e Albaçete e la dicha villa de Xorquera e Alcalá del Rrío e Ves touieron e oy día tienen muchos términos e libertades especialmente que son e han seydo francos de diezmo de todas las cosas que pasan e han pasado de Aragón para Castilla e de Aragón para Castilla por el dicho puerto de Almansa e no pagan veyntena de lo que compran e venden ni seruiçio montadgo…. E que la dicha villa de Yniesta sienpre pagó el dicho diezmo por el dicho puerto de Almansa hasta que el señor maestre don Juan Pacheco la ovo del dicho Rruy Diaz de Mendoça que la franqueó del dicho diezmo e que pagan los dichos veçinos de la dicha villa de todo lo que conpran en todo el dicho marquesado veyntena como los otros lugares que no son del dicho marquesado”


Archivo Histórico de la Nobleza, FRIAS,C.100,D.10

Los Ruiz de Alarcón y la iglesia de San Juan Bautista de la villa de Alarcón

 Los Ruiz de Alarcón y la iglesia de San Juan Bautista de la villa de Alarcón

Floreció Hernán Martínez Ceballos en tiempo del Rey don Alfonso que venció la batalla de las Navas de Tolosa; hallóse en la toma de Cuenca que se hizo en 1176, cuando se ganó Alarcón donde según memorias antiguas se señaló y mostró más que otro ninguno, de cuya carta tomó el apellido de Alarcón, por se haber hallado en la empresa, poniendo sobre sus armas una cruz de oro de campo de sangre con orlas de ocho aspas de oro en campo azul por se haber ganado en día de San Andrés; fue este caballero alcaide de Alarcón, está sepultado en esta villa en la iglesia antigua de San Juan, donde hay algunas antigüedades por este linaje, especialmente, un escudo antiguo de guerra con armas de los de Alarcón y una bandera, que se tiene por ser cosa cierta la que ganó Hernán Martínez Ceballos de los moros; está su sepultura dentro de una reja de hierro en medio de la capilla mayor, junto a las gradas del altar mayor hay coro en él que denota ser ilustre y en otras dos tumbas altas dentro de la misma reja hay las mismas armas y lo mismo en los lados de la capilla a unas partes y otras. Proveen los señores de Valverde una capellanía en esta iglesia dotada de sus antecesores. Son todas estas comprobaciones para la antigüedad de este generoso linaje procedieron de Hernán Martínez Ceballos los caballeros de Talayuelas, de los que les hace mención la donación que hizo la villa de Alarcón año 1257
Real Academia de la Historia, Signatura: 9/336

PESTES PASADAS Y ACTUALES

 Se suceden las noticias sobre el coronavirus y no son buenas; el haber vivido en diferentes lugares es una suerte de desgracia para que se agolpen las nuevas desafortunadas, llegadas de diferentes rincones de España. Se piensa en el presente y en el pasado, creyendo ver olas de solidaridad hoy y actitudes ruines en el pasado. A pesar de todo, uno muestra tanta comprensión hacia aquellos hombres de quinientos años atrás como recelo a los contemporáneos y a uno mismo.

Ante mis ojos y en los papeles antiguos han pasado varios acontecimientos pestíferos, que son pequeña muestra de otros que se quedan ocultos. La peste de 1467-1468 quizás fue una de las peores pestes de la historia de España, vivida con resignación y sin cronista que contarla, forjó hombres que aprendieron a despreciar la vida o, al menos, a ser conscientes de la transitoriedad de la existencia. No es que los hombres devinieran mejores, simplemente quisieron ser libres en el sueño de despojarse de ataduras de un trayecto vital tan corto como azaroso, y lo hicieron en una guerra, mal llamada de Sucesión castellana; pues no fue sino contienda fratricida de unos hombres despojados de todo, que confiaban su destino a su valor personal y el ser o no ser a la fortuna cambiante de cada día. Pensamos en La Alberca esquilmada y empobrecida por la peste, tal como la encontró diez años después Jorge Manrique a finales de enero de 1479, y en aquellos alberqueños que desafiaron a don Diego López Pacheco y su capitán Pedro Baeza, levantando la horca, símbolo de su libertad, pagando su osadía con la humillación de ser llevados, encadenados y descalzos, con los pies ensangrentados, hasta Castillo de Garcimuñoz, donde el odio se transformó en compasión de unos frailes agustinos.
Aquellos hombres salieron de una guerra para entrar en otra, la conquista de Granada, y de allí trajeron otra peste, quizás por esa funesta manía de arrojarse apestados los unos a los otros. El mal y el contagio fue llevado a los pueblos de Cuenca: Castillo de Garcimuñoz decía haber perdido población y Motilla se quejaba de no poder pagar sus deudas. Era 1492, mientras España se reunificaba, los soldados llegaban a unos pueblos míseros, apestados y rotos. Los hombres enfermos eran brazos inútiles para el campo, en unas villas dominadas por viudas, menores y viejos. Ligas y monipodios al servicio de cuatro afortunados actuaban como refugio de los miserables que vagaban por los pueblos; los pórticos de las iglesias eran escenarios improvisados de peleas y cuchilladas.
Y de nuevo, unos hombres harapientos, huyendo de la miseria, forjan el milagro de levantar sus casas de morada y roturar sus campos de labranza. La frontera ya no es el moro, sino la naturaleza inculta ante los ojos de estos guerreros condenados en ser campesinos. No pudo ser, la naturaleza podía más que los hombres: los años 1504 y 1505 establecieron la locura como gobernanza. Los inviernos alternaban los rosales en flor con los hielos permanentes de los arroyuelos, las lluvias torrenciales anegaban los campos, los granos de las cosechas eran raquíticos. Cuando los cuerpos de los hombres estaban más debilitados, el año 1507 ya anunció la llegada de un nuevo mal pestífero, que arribará en la primavera de 1508. Se culpará del mal a los moros granadinos, renegados, y ese recuerdo pervivirá cien años después, junto al de unos pueblos abandonados. El mal, sin embargo, llegará por los puertos, bien por Cádiz bien por Barcelona, que las opiniones son varias. La crueldad del mal es incontestable: la pequeña aldea de Torrubia pierde sus cuarenta familias para quedar únicamente tres.
No sabemos nada de esta peste, más allá de intentar imaginar su recorrido, de Belmonte y por su camino llegaría a San Clemente; pero su narración es algo que se repite. Pueblos que se amurallan con improvisadas tapias y puertas cerradas, donde cuelgan bandos en papel, estigmatizando en relación acusatoria a aquellas otras villas apestadas; caballeros de sierra que expulsaban a los forasteros de los términos municipales; profanación de ermitas para expulsar a los refugiados, tal como hicieron los belmonteños con los pedroñeros acogidos en la ermita de Robledillo de Záncara; abandono masivo de los pueblos para instalarse en improvisadas tiendas al raso, mientras las lámparas de aceite seguían iluminando el Santísimo Sacramento en la Iglesia, que era este símbolo la única esperanza de los pueblos y sus vecinos y permanencia de las comunidades; si alguno quedaba en el interior de las poblaciones contagiadas asumía voluntariamente el papel de enterrador para cavar las tumbas de unos muertos que eran arrastrados a sus fosas con sogas atadas a sus cuellos o pies.
Aquellos hombres y mujeres se despojaban de sus vestidos para evitar el contagio y de sus pertenencias para comprar el grano que les faltaba. No pisaban sus pueblos pero sí acudían cada día a sus tierras con sus bueyes o mulas para cuidar de sus campos en la seguridad que era el mejor modo de cuidar de sus personas. Fue ese cuidado de los campos lo que procuró una excelente cosecha como nunca antes se había visto, casi una veintena de granos en cada espiga. Los hombres lo habían fiado todo a su esfuerzo y a la volubilidad de la naturaleza. Y ganaron; fue el origen de una de las mayores y más silenciosas revoluciones que ha vivido la Historia de España. Aquellos hombres no tenían casas para salir a ventanas donde aplaudir ni sanitarios que cuidaran de ellos, tampoco de imágenes para saciar su vanidad en las desgracias ajenas. Aquellos hombres luchaban por vivir a sabiendas que la muerte era un hecho rutinario.
Escrito el 27 de marzo de 2020

domingo, 4 de abril de 2021

EL BENEFICIO CURADO DE MOTILLA DEL PALANCAR

 

El diezmo de los garbanzos de Motilla del Palancar pertenecía al pie de altar de su iglesia de San Gil y sus clérigos. Al menos hasta 1528, un año en que se habían cogido más garbanzos que nunca, pues ese año el tercero Juan de Madrid decidió otorgarlo a algunos beneficiados. Juan de Madrid, escribano de Cuenca y tercero del obispado, descendiente de familia conversa, no parecía muy convencido de que las rentas decimales de los garbanzos se quedaran en Motilla. Es más, la finalidad pretendida para los garbanzos decimales era el beneficio que en la iglesia de San Gil de Motilla poseía el cardenal de Perusa*. Gaspar Granero, Juan de Segovia y Martín Sánchez Moreno servían como clérigos en esa iglesia de San Gil, viendo impotentes como debían repartir con otros beneficiados que no pisaban la iglesia los once almudes de los diezmos de Motilla del Palancar, aunque Martín Sánchez Moreno pronto se apartó del pleito por su condición de capellán al servicio del beneficio curado del cardenal de Perusa o Perugia. El hombre o factor del cardenal de Perusa en Motilla era Estaban Saco, conocido como el genovés, que nunca había sido visto por Motilla y que amenazó por carta con retirar el beneficio a Martín Sánchez Moreno si se entrometía en el pleito. La carta debió hacer mella en el clérigo, que venía sirviendo de capellán en ese beneficio curado desde hacía dieciséis años y que declaraba que el cardenal “no quería pleyto en su hazienda”.

“que los años pasados los benefiçios que ay en la dicha yglesia an estado y están en costunbre de preçevir e llevar los garvanços que se cogen en la dicha villa y en sus términos y que ansí lo an llevado e rreçebido los años pasados e que agora ay muchedunbre dellos en los veçinos del dicho lugar los clérigos que sirven los benefiçios en el dicho lugar se an puesto en que no ge los diezmen ni les paguen las primiçias dellas llegando a onze almudes”.

Gaspar Granero y sus dos compañeros eran considerados en la época como “clérigos mercenarios”, que no disfrutaban de renta alguna en la iglesia de Motilla, sus emolumentos se reducían a los pagos de los servicios religiosos y a los recibidos de los beneficiados y curas de la dicha iglesia.

Además de Motilla, el cultivo de garbanzos estaba muy extendido por varios pueblos del arcedianazgo de Alarcón: Castillo de Garcimuñoz, Honrubia, la Almarcha, Montalbanejo, Zafra, Villalgordo del Marquesado, El Pedernoso, Belmonte, Osa de la Vega, Tresjuncos o Monreal, aunque los testigos generalizaban el cultivo prácticamente a todos los pueblos del suelo de Alarcón. El diezmo cobrado sobre los garbanzos, al igual que el de las colmenas y el del ganado estante, o que pasara las noches de más de medio año en las tinadas del lugar de origen (el ganado en “teinas”) y sus productos, lana y queso iba al llamado pie de altar, es decir, para los capellanes de las iglesias locales. El cultivo de garbanzos, aparte de necesidad nutritiva, tenía su razón de ser en la necesidad de dejar en barbecho las tierras de pan llevar y cubrir esa carencia con la plantación de garbanzos. Sobre la generalización del cultivo de esa legumbre, más allá de su cultivo secular, Juan Cortijo reconocía su cultivo desde el año 1500 y, de hecho, el diezmo se cobraba desde la década de los noventa, tal como aseveraba también Alonso de Córdoba el viejo, vecino de El Peral, que así lo recordaba desde el momento de su casamiento en 1491. Alonso de Calatayud, sacristán de El Peral recogía estos garbanzos en 1528 para dárselos a los clérigos de su iglesia. El cultivo de garbanzos se había generalizado en la década de los años veinte, tal como reconocía Benito Cabañero de sesenta y seis años.

La tercia de Motilla del Palancar estaba en una casa arrendada, propiedad de Juan Salvador. El año 1527 se había recaudado de diezmo dieciocho celemines de garbanzos, mitad para Alarcón, mitad para el tercero Juan de Madrid. El año 1528 fue famoso en toda la Mancha conquense por la copiosidad de la cosecha.

Hasta la década de los veinte, si examinamos villas como Motilla, El Peral, Villanueva o las aldeas de esta última, existía una solidaridad de los vecinos de estos pueblos con sus clérigos. Estos clérigos o capellanes de misa malvivían de sus servicios religiosos en entierros, bautismos o matrimonios; estas prácticas sacramentales y alguna que otra dádiva no llegaba para el sustento de estos clérigos, que eran naturales de los pueblos, hijos segundones de las familias, excluidos de las herencias familiares, que conformaban una casta de media a una docena en los pueblos. Tal era el caso de Cristóbal Buendía; las tierras y ganados habían quedado para su hermano primogénito, él ejercía de clérigo en la iglesia de Quintanar del Marquesasdo. La solidaridad en los pueblos llevó a reservar para su sustento una parte del diezmo, aprovechando el “vacío legal” de esta imposición: las legumbres plantadas en los barbechos de las tierras de pan llevar y los ganados que dormían en las tinadas de los pueblos y sus alrededores. Miguel García, vecino de Villanueva de la Jara, reconocía, y defendía como beneficiario, que aparte del queso y lana de estos ganados, se solían diezmar una cabeza de cada sesenta en Villanueva de la Jara, mientras que el pie de altar se reducía en los rebaños inferiores a ciento cincuenta cabezas de ovejas, cabras o ganado mayor, de las que se otorgaban a estos mal llamados clérigos mercenarios la mitad y la otra mitad al tercero o arrendador (si la cabaña era de más de 150 cabezas, el clérigo no recibía nada). Vieja herencia de una economía doméstica que hacía del ganado un complemento y resultado del fracaso de un desarrollo ganadero, abortado por la interrupción de los pastos locales, por dedicarse estas tierras a la labranza. Fue ese mismo desarrollo agrario el que se volvió contra estos clérigos menores. Ya desde 1460, las tierras llecas fueron consideradas como el obispado, y por su cesión al deán y cabildo, como propias, o más bien, sobre las que poseía un derecho eminente que les permitía exigir las partes decimales de sus frutos. Esta pretensión jurídica frente a Alarcón o el marqués de Villena fue un acicate para la colonización de estas tierras en una frontera que mal reconocía derechos superiores, pero estos mismos derechos serían recordados por la iglesia de Cuenca, cuando a su obispado llegaron los italianos y exigieron las rentas de los beneficios de las iglesias de estas antiguas aldeas de Alarcón. La rebelión de las iglesias locales contra el obispado fue generalizada, ya hemos examinado los conflictos de las iglesias de Quintanar, Tarazona o Casasimarro con el obispado. Iglesias que desde la década de los veinte empiezan a despuntar y a consolidar su autonomía, ahora se une el malestar personal de los clérigos, llamados mercenarios en el argot de la época. Mercenarios de su comunidad pero que se negaban a serlo de extranjeros, pues querían que sus rentas dependieran de la solidaridad de sus comunidades locales antes que de la cesión de unos extranjeros que se llevaban la parte gruesa de las rentas decimales… de ellos y de sus convecinos labradores.

Por supuesto no todos los clérigos eran como Diego de Guadalajara, clérigo en Casasimarro y luego en la iglesia de Villanueva que se aferraba a sus garbanzos decimales como a la vida, pero todos estos clérigos que ejercían de capellanes o tenientes de curas en los pueblos tenían en el pie de altar unos ingresos seguros para vivir y que Pedro de Montagudo, tercero de Villanueva en el periodo de 1517 a 1528 nos recordaba:

“enjambres e miel e garbanços e guertas çerradas e herrenales çerrados y ganados que estén en teyna”.

Con el desarrollo demográfico estos clérigos iban en aumento, paralelamente al surgimiento de nuevas poblaciones que entraban en las imposiciones decimales. A la altura de 1528, ya aparecen pagando diezmo, Los Rubielos o La Puebla, que luego será de San Salvador. Los clérigos de Quintanar del Marquesado disfrutaban de los dieciséis celemines de garbanzos diezmados, cifra que variaba según la cosecha, pero que, junto al queso y lana, les valía en tanto daban el salto a la iglesia de Villanueva. Eran estas comunidades nuevas, como la del Quintanar, donde los hermanos Mañes labraban sus tierras y complementaban su hacienda con un poco de ganado que daba para su sustento y para el de los capellanes de su reciente iglesia, alejados de la matemática decimal e impositiva foránea. En estas tierras las constituciones sinodiales de las rentas decimales del pie de altar eran desconocidas e incompresibles: la división de estas rentas a mitad entre aldea y ciudad eran desconocidas en estos pueblos y la argucia del cabildo conquense para llevarse la parte de la ciudad primero y la de la aldea, como beneficio del curato, después, era vista como simple intromisión y robo de una comunidad solidaria. E incluso el hecho de que los clérigos solo diezmaran a su favor la mitad de las cabañas estantes de más de ciento cincuenta cabezas era visto como costumbre ajena a toda constitución y reparto acorde con la satisfacción de las necesidades de los pocos clérigos existentes den cada lugar. De hecho, las constituciones sinodales estaban pensadas para pequeñas aldeas y unas villas con escaso potencial demográfico.

El diezmo era visto como imposición consuetudinaria, pero también como exacción, que en la mentalidad de los lugareños era desconfianza hacia donde iba ese fruto. Juan Bonilla disponía de ciento veinte cabezas de ganado lanar y cabrío; un rebaño modesto, pero una fortuna acrecentada por el esquileo anual y por las cincuenta y nueve crianzas que le procuraron el año de 1528. El motillano Juan Bonilla llegó a un arreglo con los clérigos de su pueblo, en lo que era uso, y obviando donde debía pagar el diezmo o el número de cabezas de su ganado, entrando en pleitos con el dezmero de Cuenca, Juan de Madrid. El caso de Juan Bonilla no era único, otros había procedido igual que él, así Juan García, yerno de Pedro Mondéjar, o la viuda de Alonso Leal. A Juan García, sus setenta cabezas de ganado le procuraron ese año de 1528, veintitrés crianzas y otras tantas debía tener la viuda de Alonso Leal. Era un conjunto de ganaderos pequeños y oportunista en una villa que no tenía apenas ganados, que solían dormir dos terceras partes del año en sus tinadas, y destinado a su deshuese para el abasto de la villa; abasto, por otra parte, insuficiente en una villa que se veía obligada a contratar fuera su carne, ya fuera en Buenache, Iniesta o, más lejos, en El Provencio.

La sentencia de uno de octubre de 1528 a favor del tercero Juan de Madrid y en contra de los intereses locales motillanos venía a significar la ruptura de las comunidades locales autosuficientes. Su desarrollo económico las había puesto en el ojo de mira de intereses foráneos dispuestos a sustraer en beneficio propio un excedente tan mayor como menos oculto. Los motillanos no aceptaron de buen grado el pago del diezmo o, mejor dicho, que esa recaudación fuera controlada fuera del pueblo. Para 1530, sabemos de un vecino llamado Francisco Leal, que estaba descomulgado por negarse a pagar el diezmo.

 Los clérigos de La Motilla se debían adaptar a las circunstancias y así lo hizo Gaspar Granero. En octubre de 1529 el cardenal de Perugia había perdido el beneficio curado de Motilla del Palancar a favor de don Juan de Lerma, que colocó, mandamiento mediante del obispo Ramírez, como cura beneficiado a Gaspar Granero, convertido ahora en defensor interesado de los clérigos pobres de la villa como paniaguados suyos frente a un Juan de Madrid que no renunciaba ni al beneficio curado ni a su parte de garbanzos y “teynas”, pleiteando en Toledo y llevando después el pleito, en nombre del cardenal de Perugia, a la corte romana. El conflicto por el beneficio curado de Motilla se internacionalizaba, ante los ojos impotentes de los clérigos Gaspar Granero y Juan de Segovia que imploraban la defensa de sus intereses ante el arzobispo de España Alonso de Fonseca, reconociendo su pobreza interesada y tener por únicos bienes raíces, caso del segundo, una viña con sus pocas cepas. Los clérigos motillanos conseguirían sentencia favorable del provisor de Toledo una vez más, que intentaba a su vez evitar que el pleito acabara en Roma

La resolución del conflicto en Roma ya la hemos estudiado en otra parte y sabemos del principal beneficiario, un motillano que andaba por la corte romana: Francisco de Lucas, en la década de 1530, cura de Motilla del Palancar y prior de la colegiata de Belmonte.

 

*Agustín de Spindola que había llegado con otros genoveses de la mano del cardenal San Jorge. DIAGO HERNANDO, Máximo: “El cardenal de San Jorge y los hombres de negocios genoveses en Cuenca durante el reinado de los Reyes Católicos”. el principal beneficiario de los garbanzos era un genovés, el cardenal de Perusa, Agustín de Spínola, beneficiado de la iglesia de Motilla. Los genoveses, por ejemplo, Lorenzo Bosco en Villanueva de la Jara, se hacen con los beneficios de varias iglesias de la provincia de Cuenca tras el nombramiento del Cardenal San Jorge o Riario como obispo de Cuenca en 1493 y mantendrán esos beneficios (rentas decimales) en el primer tercio del siglo XVI.

 

Diego Hernández de Parada,

Ginés de Gumiel

 

Testigos presentados por Gaspar Granero ante los alcaldes ordinarios Aparicio Martínez y Martín Gabaldón y ante Juan de Valverde, teniente de cura de Santa María de Alarcón y Diego de Alarcón, cura de El Peral.

 

Gonzalo Tendero

Bachiller Diego Rodríguez, físico

Juan de Torralba

Alonso Cortijo, 70 años

Pascual Cano. 60 años

Pedro Moreno, 55 años

Alonso Cortijo de Nuestra Señora, 44 años

Gil Bermejo, 50 años

Pedro Navarro, 35 años

Martín Moreno, 55 años, hijo de Mateo López

Juan García, 35 años

Elvira Martínez, 55 años

Mateo López, 35 años

Fabián de la Parrilla, 38 años

Juan López de Almodóvar, 50 años, morador de Gabaldón

Teresa Martínez, mujer de Gil Navarro, 60 años

Juan Temprado, 60 años

 

Probanza de 1529, a cargo del vicario de Toledo

 

Juan Garrido, morador en Madrigueras, 48 años

Gaspar García, cuarenta años, teniente de cura en Villanueva de la Jara

Pascual García, setenta y cinco años, vecino de Villanueva de la Jara

Pedro Monteagudo, 40 años, vecino de Villanueva de la Jara

Diego de Guadalajara, 45 años, clérigo y tercero en Casasimarro.

Benito Cabañero, sesenta y seis años, tercero de El Peral.

Diego de Alarcón. Cuarenta años, clérigo y teniente de cura en El Peral.

Juan Rico, más de sesenta años, vecino de El Peral.

Gil Bermejo, vecino de La Motilla, cincuenta años

Blasco García, vecino de La Motilla, 55 años.

Francisco Carrasco, 30 años, vecino de La Motilla

Pedro Moreno, 60 años, vecino de La Motilla

Pedro Martínez, vecino de Alarcón, 45 años. Dispone de un ganado de menos de sesenta cabezas en Peñaquebrada

Martín Sánchez Moreno, 40 años, clérigo de La Motilla

Hernán García, apoderado de Juan Madrid como tercero de La Motilla, 25 años

Mateo López, 36 años

Martín Gabaldón, morador de Valhermoso, 55 años

Álvaro de Hontecillas, 69 años, morador de Valhermoso

 

Otros testigos en probanzas de 1528

 

El Peral

 

Martín González, clérigo de El Peral y tercero en La Puebla

Alonso de Córdoba, el viejo, vecino de El Peral, 60 años.

Mar García, mujer de Alonso Mateo, sesenta años

Alonso de Calatayud, 30 años

Juan Simarro, 50 años

 

Villanueva

 

Martín Gómez, 48 años, clérigo

Miguel García, 50 años, clérigo

Ferrán Mañes, 52 años, tercero

Cristóbal de Buendía, 50 años

Diego de Guadalajara, 50,años clérigo de Casasimarro

 

Alarcón

Melián Trejuncos, clérigo de Valhermoso, 27 años

Andrés López, clérigo de Alarcón, 30 años

Pedro Luis, el viejo, 60 años

Cristóbal de la Fuente, 44 años

Juan de Oros, 50 años, morador del Olmedilla

Pascual Rentero, morador en Gascas, 47 años

Juan de Blasco, 58 años, morador del Olmedilla

Antón Navarro, 45 años, morador del Olmedilla

 

Constituciones sinodales sobre el ganado de Teynas

“establesco e mando que ganado de teyna sea dicho fasta sesenta cabeças de ovejas e cabras e que cada noche vengan a dormir a casa e que dende arriba huere el diezmo destas tales vaya a la terzia e si huere vezino de la çibdad e toviere el tal veçino çiento e çinquenta cabeças e viniere a dormir cada noche a casa partase por medio la meytad a la parrochia de la çibdad o villa donde el tal vezino fuere vezino e la otra meytad a la parrochia del aldea donde viviere e sy el tal ganado del vezino en el dicho número no vinieren a dormir a casa cada noche parte según las otras vezindades de las çibdades e villas e logares e como se suelen rrepartir las tres partes a la parrochia del tal vesino e la quarta parte a la parrochia del aldea no viniendo a dormir a casa de noche según dicho es no enbargante qualquier costunbre que en contrario sea”

“estableçemos que ganado de teyna sea dicho fasta sesenta cabeças de ovejas e de cabras que la noche viniere a estar en casa o açerca de la aldea e dende ayuso el diezmo destas dichas sesenta cabeças que se diezme en la aldea e desde sesenta cabeças arriba hasta çiento e çinquenta sy huere vezino el señor dello de la çibdad o villa que se parta por medio a la parrochia de la dicha çibdad o villa e a la parrochia del aldea”


Juan de Madrid con Gaspar Granero y Juan de Segovia vecinos de Motilla de Cuenca sobre cumplimiento de un testamento. Cuenca

Archivo Histórico Nacional, CONSEJOS,28210,Exp.14

sábado, 3 de abril de 2021

La mención más antigua de Rubielos

 Al igual que otras aldeas de Villanueva de la Jara, es difícil definir el nacimiento de Rubielos. Únicamente podemos constatar que Rubielos no existía en el amojonamiento de 1481 de Villanueva de la Jara y cuando nos aparece posteriormente es para diferenciar dos pueblos, Rubielos Altos y Rubielos Bajos, que no es sino una misma comunidad, cuya única diferencia es que unas casas están asentadas en suelo de Alarcón y otras casas lo están en suelo de Villanueva de la Jara, respectivamente. Un caso más de dos jurisdicciones para una misma comunidad, que se mantendrá en el tiempo y que a diferencia de las aldeas jareñas del sur esta vez sí dará lugar a dos pueblos diferentes.

No obstante en un expediente de rentas decimales de 1528 ya nos aparece el nombre de Rubielos como un lugar más del arcedianazgo de Alarcón. Rubielos simplemente, sin diferenciar dos entidades, pero ya asomada definitivamente a la Historia. La razón histórica del nacimiento de Rubielos Bajos y Altos reside en las disputas que Alarcón mantiene por frenar el impulso roturador de Villanueva de la Jara hacia el Picazo y Pozoseco. No olvidemos que los límites entre Villanueva de la Jara y Alarcón se situaban en la misma iglesia de Pozoseco o que la dehesa de Robledillo era motivo de litigio entre el alcaide de Alarcón y la familia García de Villanueva de la Jara ya en la década de 1480. 

Mediada la década de 1520 se produce un nuevo e intenso movimiento roturador del que tenemos noticias por los conflictos estudiados de los ganaderos alarconeros (la familia Castañeda) con los colonos en la dehesa de Pozoseco, los asentamientos dispersos entre Casasimarro y El Picazo, en una zona conocida como una entidad poblacional fallida llamada La Ribera del Júcar, la intromisión de labradores jareños en las tierras de El Picazo o la roturación y distribución en quiñones de las pocas tierras adehesadas de El Peral. Sin duda, que alquerías aisladas existían desde antes, pero es ahora, en la década de 1520 y 1530, cuando las tierras llecas se cultivan definitivamente, ocupándose el espacio agrario. Coincidiendo con este nuevo  movimiento agrario, surgen nuevas agrupaciones de población: una de ellas es Rubielos.



Archivo Histórico Nacional, CONSEJOS,28210,Exp.14