El corregimiento de las diecisiete villas (fotografía: Jesús Pinedo)


Imagen del poder municipal

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EL CORREGIMIENTO DE LAS DIECISIETE VILLAS EN LA EDAD MODERNA (foto: Jesús Pinedo)

lunes, 18 de enero de 2021

La elección de oficios concejiles de 1548 en San Clemente

 

El último gobierno concejil, en 1542, antes del establecimiento de los regidores perpetuos estaba formado por Pedro Rodríguez de Olivares y Alonso Oropesa como alcaldes ordinarios, Francisco de Perona, Amador López de Ávalos, Pedro López de Garcilópez y Antonio de la Fuente, regidores, y Miguel Vázquez de Haro, alguacil, junto a los diputados Francisco García y Alonso López de Garcilópez.

La división de la sociedad sanclementina se reflejaba en los repartimientos de alcabalas: se nombraban seis repartidores por los pecheros (a su vez divididos en tres estados: mayor, mediano y menor) y dos repartidores para los hidalgos. Pero en 1542, el repartimiento lo hacían seis pecheros, obviando los dos recaudadores hidalgos.

El establecimiento de los regidores perpetuos en 1543 en San Clemente supuso la venta de ocho regidurías, cinco de las cuales fueron compradas por hidalgos y tres de ellas por pecheros. Entre los pecheros, las dos más señaladas fueron las que compraron Sancho López de los Herreros y Cristóbal de Tébar. Pronto los Herreros que acumularon más regidurías se pusieron de acuerdo con los hidalgos para dominar los oficios elegibles, cambiando la tradicional elección por suertes en elección por mayoría de votos. En su intento chocaron con Cristóbal de Tébar que, representado en la Chancillería de Granada por el licenciado Perona, defendió la permanencia de un colegio de cuatro hidalgos y doce pecheros para la elección de alcaldes y alguacil. La disputa saltó en la elección de oficios de 1544 y fue llevada a la Chancillería de Granada a comienzos de 1545. La disputa era vieja y duraba ya más de medio siglo: era la disputa por el poder entre los Herreros y los Origüela, que ahora habían vuelto a la primera escena, blanqueando el apellido con el de Tébar como harán después con el de Avilés.

Los primeros encontronazos de los pecheros fueron con Francisco Pacheco, señor de Minaya, que pretendía ampliar los términos de su villa, y contra su primo Alonso Pacheco. Parece que, en la elección de 1543, pusieron un Garcilópez como alcalde, hombre de paja al servicio de sus intereses.

Las alianzas iban y venían; los Herreros se habían aliado con Francisco de Pacheco, señor de Minaya, y eran acusados, no sin razón de intentar cercenar los términos de San Clemente en beneficio de Minaya. También contaban con la alianza de Alonso Pacheco Guzmán, uno de los principales hacendados de San Clemente, pero esta alianza se rompió en seguida por la irrupción como regidor perpetuo de Hernando del Castillo e Inestrosa, el nieto del alcaide de Alarcón, que era cuñado y que pronto unieron a su alianza familiar otra de carácter político para hacerse con el poder en San Clemente. Herreros y Tébar atisbaron enseguida el peligro, que afectaba a la misma independencia jurisdiccional de San Clemente. Por esa razón, las enemistades entre Herreros y Tébar se olvidaron, y junto a los Pacheco de Minaya y los Valenzuela intentaron formar un grupo hermético que evitara la entrada de los Castillo en el gobierno municipal. No obstante, Hernando del Castillo y Alonso Pacheco supieron jugar sus cartas, ofreciéndose como garantía de estabilidad del poder concejil a los gobernadores y sabiéndose ganar a los pecheros o nobles discutidos que habían sido apartados del poder, caso de los Perona o Rosillo, o aquellos miembros de la baja nobleza apartados del poder, los de la Fuente, víctimas de los cambios: primero con la ejecutoria de 1538 que permitió a los hidalgos entrar en el poder o el establecimiento de las regidurías perpetuas en 1543.

Durante unos meses del año 1543 hubo una convivencia del viejo esquema municipal, dos alcaldes, cuatro regidores y un alguacil mayor (y la permanencia de unos diputados del común desfigurados) con los nuevos ocho regidores creados. No obstante, parece que el gobierno cayó en cuatro de esos regidores perpetuos, por ausencia del resto, y la permanencia de Francisco del Castillo Inestrosa, regidor añal, que garantizaba la presencia de la familia ante un Hernando del Castillo e Inestrosa que era una de los beneficiaros de la compra de regidurías perpetuas.

La lucha por el poder municipal en 1543 se trasladó de las regidurías al control de los oficios añales, alcaldes y alguacil. Y esa lucha tomó forma en el dilema de si los nuevos cargos añales debían ser votados por el concejo saliente o sacados en suertes. La elección de cargos entrantes por los miembros de la corporación saliente no era nueva, de hecho, San Clemente tuvo una estructura municipal compuesta por siete oficios concejiles y siete diputados, que en este último caso coincidían con los oficiales del año anterior. Al menos teóricamente, pues la realidad que el número de diputados variaba según las luchas por el poder, extendiendo su número para dar cabida a la diversidad de intereses y, en algún momento, llegando a ser concejos abiertos. Pero los concejos abiertos de comienzos de siglo pronto devinieron en asamblea tumultuarias en la que las diferentes facciones movilizaban a una parte del pueblo contra la otra. Estas disputas concejiles eran representación de la complejidad que había alcanzado la sociedad sanclementina: el odio que despertaban los Castillo o los Pacheco a comienzos de siglo, grandes hacendados y dueños de los molinos, seguía vivo, pero el equilibrio de las fuerzas pecheras estaba roto: los herederos de Miguel Sánchez de los Herreros buscaban el control total de la política concejil, aparte de los Tébar, el resto de familias pecheras eran incapaces de disputar ese poder. Desde luego existían multitud de propietarios, pero San Clemente ya no era una república de labradores, a pesar de lo extendido de la pequeña y mediana propiedad, pues se habían multiplicado otras capas sociales desligadas de la propiedad de la tierra. Es ahora, como si fuera una pequeña Albion adelantada a su tiempo, cuando San Clemente comienza a ser llamada una república de tenderos. Algún día se valorará en su justa medida esos intercambios que llegaban a las ferias de Mondéjar, a Madrid, Sevilla o Lisboa, por donde erraban los sanclementinos. Detrás de la expresión república de tenderos se amparaban los mercaderes de éxito o simples buhoneros, oficios diversos a mitad de camino entre el verlag system y la reglamentación concejil, junto a leguleyos, escribanos, alguaciles, mayordomos o simples criados al servicio de alcaldes mayores o gobernadores, clérigos beneficiados y toda una legión de hombres sin propiedad ni oficio alguno que acudían a la villa con ocasión de los trabajos agrícolas, de la vendimia o al mercado franco de los jueves. Esta es la razón por la que la Corona siempre dudaba de los padrones concejiles de San Clemente, pues ocultaban una población no reflejada, flotante o con residencia temporal en la villa. Es justo ahora, cuando nace la república de tenderos, cuando empieza a desintegrarse la república de labradores, cada vez más integrada en una economía monetaria arrastrada por procesos inflacionarios que llevará al endeudamiento de esta capa social. El sueño de la república de tenderos se extendería durante más de medio siglo, sueño que contribuiría a revitalizar la llegada de moriscos treinta años después. Pero era solo eso, un sueño.

Las disputas comenzaron con motivo de la elección de oficios de 1543. Al ayuntamiento presidido por el alcalde mayor, el licenciado Gamonal, acudieron el alcalde ordinario Antonio Ruiz de Villamediana, el alguacil Gonzalo de Tébar y el regidor Francisco del Castillo Inestrosa, todos ellos cargos añales, y junto a ellos tres de los nuevos regidores perpetuos: Alonso Pacheco Guzmán, Cristóbal de Tébar y Alonso García. No estaba el otro alcalde ordinario, preso por una causa pendiente, ni la mitad de los regidores perpetuos, entre ellos, Hernando del Castillo e Inestrosa. Si Antonio Ruiz de Villamediana impuso la presencia de hidalgos en los cargos añales según la ejecutoria de 1538, que les otorgaba a ocupar la cuarta parte; Alonso Pacheco Guzmán impuso un sistema de elección directo por votos, negando el tradicional de suertes, por el buen gobierno de la villa, se decía. Contaba con el apoyo de Cristóbal de Tébar y Alonso García, pero la solidaridad de los Tébar estaba rota, pues Gonzalo de Tébar tomó partido con Antonio Ruiz de Villamediana en su apoyo de la elección por suertes, con un colegio electoral votado nominalmente de seis pecheros y dos hidalgos.

Se mandó a escribano para tomar fe de lo que votaban los ausentes en el concejo. El alcalde Pedro Barriga se mostró favorable a las suertes, pero sobre todo por un colegio electoral que volvía al viejo espíritu pechero de la villa de San Clemente y estaría formado para la elección de alcaldes por el bachiller Rodríguez, Alonso González de Origüela, Pedro de la Fuente, Gines de los Llanos, Miguel López Cantero y los hidalgos Alonso Pacheco y Baltasar Granero y para la elección de alguacil al hidalgo Hernando Peralta y a los pecheros Cristóbal Ángel y Esteban González. Sus preferidos eran Alonso Pacheco y Alonso González de Origüela como alcaldes y Cristóbal Ángel para alguacil. Era costumbre el nombramiento de en el mismo ayuntamiento del alcalde de la hermandad pechero por votación, para cuyo cargo Pedro Barriga elegía a Rodrigo López de Valcárcel. La elección del alcalde de la hermandad hidalgo correspondía a este estamento, aunque no creemos que estuviera asentado el colegio electoral de cuatro miembros que se impuso después; es más Pedro Barriga pedía que fuera elegido, en su caso Alonso Valenzuela, por los oficiales del ayuntamiento, ya pecheros ya hidalgos. Las diferencias iban más hacia al sistema de elección que a los elegidos, pues Hernando del Castillo, abogando por el sistema de votos, tenía unos mismos candidatos: Alonso Pacheco Guzmán, el bachiller Rodríguez y Estaban González.

El alcalde mayor Gamonal impondría la elección por votos, aunque algunos de los oficiales votaron por un colegio electoral y no por candidatos directos. Se rompía así una tradición que se remontaba al privilegio que Juan Pacheco dio a la villa en 1445 (nombramiento anual por suertes de los oficios concejiles entre pecheros y posteros, idóneos y suficientes. Otra cláusula de la carta seria motivo de discordia futura, que los elegidos no pudieran repetir en tres años). Este fue el sentido de los votos:

  • Antonio Ruiz Villamediana votó para que entraran en suertes, como alcaldes, el licenciado Herreros, Andrés González, Luis de Alarcón y Cristóbal de Herreros, como alguacil, Martín de Oma, Cristóbal Ángel y Sancho López de los Herreros el mozo, Miguel Sánchez de los Herreros el mozo.
  • Alonso Pacheco votó directamente como alcaldes el bachiller Rodríguez y Alonso Pacheco de Guzmán y alguacil Esteban González.
  • Cristóbal de Tébar votó en el mismo sentido que Alonso Pacheco.
  • Alonso García votó como los dos anteriores
  • Gonzalo de Tébar como los tres anteriores

A pesar de las quejas de Antonio Ruiz Villamediana, la elección siguió adelante y, el grupo mayoritario decidió arrogarse el nombramiento de los dos alcaldes de la hermandad, incluido el hidalgo, cuyo nombramiento recayó en Luis de Alarcón; el pechero, en cabeza de Miguel Sánchez de la Pastora. El escribano del ayuntamiento, Rodrigo Ocaña, proclamó a voces los nombres de los electos desde la ventana de la sala del ayuntamiento.

La unanimidad entre los Tébar y los Pacheco de 1543 se rompió en la elección de San Miguel de 1544. Cristóbal de Tébar, apoyado por Sancho López de los Herreros, Francisco Jiménez, que había comprado regidurías, Alonso García y el alguacil Francisco Monteagudo, que había sustituido a Esteban González, manifestaron su deseo de volver al antiguo sistema de suertes. En el otro grupo estaban Alonso Pacheco, Alonso Pacheco de Guzmán, Francisco Pacheco, Hernando del Castillo, el bachiller Rodríguez y Francisco de los Herreros. Ganó el segundo grupo que impuso la elección por votos, decantándose por el licenciado Herreros y Diego de Alarcón Fajardo para alcaldes y Antón Gómez para alguacil. Pero en torno a Cristóbal de Tébar se consolidaba una oposición a los Castillo y Pacheco que conocemos gracias a la lista de un memorial de agraviados: Jerónimo Montoya, Baltasar Granero, Diego de Haro, Hernando Montoya, Diego de Montoya, el licenciado Herreros, el licenciado Perona, el bachiller Avilés, Cristóbal de los Herreros, Miguel Sánchez de los Herreros, Alonso González de Origüela, Juan de Caballón, Andrés González, Cristóbal Ángel el viejo, Esteban Ángel, Miguel López Cantero, Felipe Segovia, Juan López Perona, Gregorio del Castillo, Cristóbal Aguado, el bachiller Ángel y el mismo Cristóbal de Tébar. Ese año fueron nombrados para alcaldes de la Hermandad Hernando Montoya y Rodrigo Albelda.

Una vez más, según tradición, los nombres de los electos fueron proclamados por el escribano desde una ventana del dicho consystorio que sale a la plaça pública de la dicha villa donde estaban muchas personas.

La lucha sería sin cuartel en los próximos años: luchas de bandos y cuchilladas por doquier, pleitos en la Chancillería de Granada que acabaron en intentos de progroms anticonversos contra los Castillo, pero lo que se estaba dilucidando en la villa de San Clemente era la oposición al dominio de un patriciado enriquecido ya fueran los pecheros como los Herreros ya los Pacheco o los Castillo, familias embrionarias de la presente y futura nobleza regional. Mientras los Tébar, simple rama de los Origüela vivían esas contradicciones, afortunados y perdedores, en el seno del linaje familiar. Las décadas de 1540 y 1550, serían convulsas y de las luchas sociales nacería un nuevo patriciado que traicionaría el espíritu igualitario del San Clemente de comienzos de siglo.

La definición de bandos se produce en febrero de 1545, cuando Sancho López de los Herreros el viejo, apoyado por su familiar Francisco de los Herreros, decide tomar en común partido con Cristóbal de Tébar para cerrar el paso a los Pacheco y a los Castillo. Se trataba de que se volviere al sistema de suertes y se obviara la votación directa por los oficiales salientes de los oficiales entrantes. La iniciativa era apoyada por los hijos de Antón García, Francisco y Alonso (este último con regiduría perpetua) y el regidor Francisco Jiménez, un hombre de fortuna que nos reaparecerá en los disturbios de 1553, y asimismo de otros marginados de la política municipal como Pedro Garnica o Antonio Ruiz de Villamediana.

 

El divorcio definitivo en la elección de oficios se produjo en 1548, aunque la residencia del gobernador Carbajal de 1547, presentándose como ecuánime, contribuyó a acelerar el proceso, pues eliminaba de la política concejil a uno de los actores más poderosos, los señores de Minaya. El 29 de septiembre de ese año, los cargos cesantes del municipio salieron de la sala del ayuntamiento, negándose a participar en una elección que contradecía la ejecutoria de 1538. En la sala se quedaron solos dos regidores, Alonso Pacheco y Hernando del Castillo, y el alcalde mayor, bachiller Orozco, que fue recusado por los opositores. El asunto sería llevado a la Chancillería de Granada por un grupo de vecinos de San Clemente (Rodrigo de Albelda, Antón de Ávalos, Francisco de Albelda, Miguel Salamanca, Pedro Juárez, Pedro de Villamayor, Benito López y Diego de Caballón), que se movía en el segundo plano de la política y eran testaferros de otros, a decir de sus enemigos, al servicio de Cristóbal de Tébar y Francisco Pacheco, señor de Minaya. El acusador era Cristóbal de Tébar, y quien había amañado la elección era Hernando del Castillo Inestrosa y Toledo.

El 29 de septiembre de 1548 estaban presentes en el ayuntamiento, bajo la presidencia el alcalde mayor bachiller Orozco, los oficiales elegidos del año anterior y los regidores perpetuos: los alcaldes ordinarios, Pascual Valenzuela, sacado de prisión para la sesión, y Francisco de Olivares; los regidores, Francisco Pacheco, Hernando del Castillo, Alonso Pacheco, Cristóbal de Tébar, Sancho López de los Herreros, Francisco de los Herreros, don Rodrigo Pacheco, Alonso de Valenzuela y el alguacil Pedro de Alarcón. Aunque el sistema por suertes ya había sido discutido en 1544, ahora, Alonso Pacheco y Hernando del Castillo, pidieron que los votos de los candidatos no fueran proclamados en voz alta por los presentes, sino que cada uno emitiera sus votos apartada y secretamente en presencia del escribano que diera fe. El alcalde mayor se sumó a esta petición; los dos alcaldes salientes, junto a los regidores Francisco Pacheco y Alonso Valenzuela, y el alguacil Pedro de Alarcón Fajardo propusieron sus nombres en secreto, pero los dos Herreros y Cristóbal de Tébar se mantuvieron al margen y en silencio. Esta vez la acusación de Alonso Pacheco y Hernando del Castillo fue directa, acusando a ambas familias de esquilmar los propios, provocar la ruina de la villa con sus parcialidades y ponerse de acuerdo, eso sí, para colocar a sus deudos en el ayuntamiento

 

La importancia de este concejo era ya no solo la elección de alcaldes (licenciado Perona y Alonso Martínez Bermejo) y alguacil (Martín de Oma) favorables a Hernando del Castillo, sino que se aprovechó la sesión para nombrar aquellos oficios que el concejo tenía como propios: la escribanía recayó en Rodrigo de Ocaña por 120.000 mrs., la almotacenía, en Francisco de Ávalos por 27.000 mrs., la correduría, en favor de Miguel de la Serna por 310 ducados, la escribanía del ayuntamiento en Juan Rosillo, mayordomo de propios en Francisco Rodríguez el mayordomo del alhorí en Francisco Suárez de Figueroa, alcalde de la hermandad Ginés de la Osa y procurador de pobres de la villa, Hernán Sánchez Coronado. Un conjunto de apellidos nuevos o marginados del poder, caso de los Rosillo o Ávalos, que entrarán en los oficios menores de la política municipal al servicio de las grandes familias. Es simbólica la entrega de llaves del escribano del ayuntamiento entrante al saliente. Rodrigo de Ocaña entregó a Juan Rosillo cuatro llaves:

Que entregue sus llaves al dicho Juan Rrosillo y se siente en la silla donde yo el escriuano estava y ansí fue fecho, que se sentó en la dicha silla e yo el escriuano le entregué quatro llaves, una del arca de tres llaves, y otra del arca mayor y dos de dos cajones

El caso es que, al día siguiente de San Miguel de 1548, se procedió a la subasta de rentas y propios del concejo. La subasta se hacía desde debajo de la sala del ayuntamiento con el alcalde mayor Orozco, los oficiales elegidos y dos regidores solamente, Hernando del Castillo y Alonso Pacheco, con presencia de gran número de personas y, en lo que era un ayuntamiento paralelo, los cinco regidores excluidos que acudían a la subasta desde el cercano cementerio (lugar sagrado que les evitaría la persecución judicial). La postura de la escribanía corrió a cargo de Juan Robredo, por cien mil mrs., próximo a Cristóbal de Tébar, pero tuvo que ceder ante el remate a favor de Rodrigo de Ocaña por 120000 mrs. El arrendamiento de la escribanía suponía colocar a próximos como Sebastián de Oviedo, Rodrigo de Albelda, Francisco de Ocaña, Francisco Castillo, Lope González o Francisco Hernández. Así, las prebendas se multiplicaban al mismo ritmo que los oficios, aunque la lucha por nombrar estos escribanos continuaba hasta el final en medio de disputas.

Si la subasta de la escribanía se hacía a la vista de todos los vecinos en la plaza pública, el arrendamiento del resto de rentas se hacía en la sala del ayuntamiento, sentados los oficiales en sus poyos. La almotacenía se remataba junto a la fiesta del correr de dos toros, que recayó en Amador Rabel por 1000 mrs. de prometido; la cárcel quedó para Hernando de Avilés que recibía por este oficio mil mrs.; la caballería de sierra se remató en Ginés Romero, en once ducados; la correduría era uno de los oficios más ambicionados, por eso Miguel de la Serna pagó 310 ducados.

La ruptura ese año fue total, socavando los bandos existentes. El hecho de que los alcaldes y alguacil salientes se negaran a entregar las varas de justicia o el abandono de la sala del ayuntamiento por cinco de los regidores era la señal de salida de una crisis definitiva. A la disputa entre las viejas familias, Herreros y Tébar (es decir, Origuelas), se unía ahora la ruptura definitiva de los Pacheco; la rama sanclementina de esta familia defenderá en el futuro unos intereses alejados de sus parientes, los señores de Minaya. La alianza entre Alonso Pacheco y Hernando del Castillo, cuyas familias entroncarán matrimonialmente en la segunda mitad del siglo con el matrimonio de Juan Pacheco Guzmán y Elvira del Castillo y Cimbrón, es el símbolo del poder de los dos grandes terratenientes del pueblo, dueños de tierras en Rus y Perona y de los molinos Nuevos y de la Losa, y es el símbolo del final de una época: la de la república de los labradores de comienzos de siglo; no es que los Herreros o Tébar representen un espíritu igualitario, es que son incapaces tanto de mantener el viejo equilibrio de poderes como de monopolizar el gobierno concejil. La ejecutoria de 1538, al permitir la entrada de los hijosdalgo supuso el ariete que derribó el viejo poder de las familias pecheras. El final de la década de 1540 y 1550 será de una lucha sin cuartel por el control del poder concejil. Serán los Tébar, apoyados por las diferentes ramas de Origüelas y otras alianzas circunstanciales los que encarnen ese viejo espíritu de la república pechera y traten de impedir el acceso al poder y su monopolio por los Castillo, pero el arma usada es la acusación de judaísmo, de la que ni unos ni otros están libres.

 

ANEXO: VOTACIONES DE 29 SEPTIEMBRE DE 1548

 

Pascual Valenzuela, alcalde:

  • Hernando de Montoya, Antonio Ruiz, Diego de Haro, Juan de Oma, el bachiller Francisco Rodríguez, Esteban Ángel, Andrés González de Tébar, Gregorio del Castillo, Sancho López el mozo, Alonso de Oropesa, Gonzalo de Tébar, Martín López Merchante, Miguel Sánchez de los Herreros, yerno del bachiller, Diego Ángel, Juan López de Perona, hijo de Alonso López de Perona, Alonso Martínez Bermejo

Francisco de Olivares, alcalde

  • Hernando de Montoya, Antonio Ruiz, Diego de Haro, Juan de Oma, el bachiller Francisco Rodríguez, Esteban Ángel, Andrés González de Tébar, Gregorio del Castillo, Sancho López el mozo, Alonso de Oropesa, Gonzalo de Tébar, Martín López Merchante, Miguel Sánchez de los Herreros, yerno del bachiller, Diego Ángel, Juan López de Perona, hijo de Alonso López de Perona, Alonso Martínez Bermejo

Don Francisco Pacheco, regidor

  • Hernando de Montoya, Antonio Ruiz, Diego de Haro, Juan de Oma, el bachiller Francisco Rodríguez, Esteban Ángel, Andrés González de Tébar, Gregorio del Castillo, Sancho López el mozo, Alonso de Oropesa, Gonzalo de Tébar, Martín López Merchante, Miguel Sánchez de los Herreros, yerno del bachiller, Diego Ángel, Juan López de Perona, hijo de Alonso López de Perona y hermano del licenciado Perona, Alonso Martínez Bermejo

Alonso Valenzuela, regidor

  • Hernando de Montoya, Antonio Ruiz, Diego de Haro, Juan de Oma, el bachiller Francisco Rodríguez, Esteban Ángel, Andrés González de Tébar, Gregorio del Castillo, Sancho López el mozo, Alonso de Oropesa, Gonzalo de Tébar, Martín López Merchante, Miguel Sánchez de los Herreros, yerno del bachiller, Diego Ángel, Juan López de Perona, hijo de Alonso López de Perona y hermano del licenciado Perona, Alonso Martínez Bermejo

Pedro de Alarcón Fajardo, alguacil

  • El bachiller Francisco Rodríguez, Juan López de Perona, Andrés González de Tébar, Alonso González de Origüela, Gregorio del Castillo, Diego de Haro, Antonio Ruiz de Villamediana, Alonso Martínez Bermejo, Diego Ángel, Esteban Ángel, Miguel Sánchez de los Herreros, hijo de Bernardino de los Herreros, Juan de Oma, Hernando de Montoya, Hernando de Bustos, Diego de Ortega, Pedro Rosillo.

Propuesta final del alcalde mayor, a instancias de Alonso Pacheco y Hernando del Castillo

  • Por el estado hidalgo: Antonio Ruiz, Juan de Oma, Martín de Oma, Hernando de Peralta
  • Por el estado pechero: Martín López Merchante, Alonso Martínez Bermejo, Amador de Ávalos, Pedro Rosillo, licienciado Perona, Francisco Martínez labrador, Pedro de la Fuente, Fernando Figueroa, Sancho López el mozo, Gregorio del Castillo, Esteban Ángel, Juan López de Perona (estos tres últimos nombres en sustitución de tres impedidos: Pedro Juárez, Francisco Jiménez y Rodrigo Albelda)

ACHGR, PLEITOS, 721-6

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