Mientras que en los meses de noviembre y diciembre de 1600, San Clemente luchaba contra la peste, El Cañavate y Alarcón pleiteban por la aldea de Atalaya y su dehesa. Era una primera confrontación que anunciaba la división de la Atalaya en 1637.
La dehesa del Atalaya era una de las antiguas dehesas privilegiadas que se había reservado Alarcón tras la guerra de Marquesado, aunque ahora los derechos que Alarcón se arrogaba era por la práctica que había tenido de antiguo de arrendar dicha dehesa. Una dehesa cerrada, auténtica y privilegiada, en palabras de la época. Según Alarcón el aprovechamiento por las aldeas del Cañavate (Cañadajuncosa y Atalaya) estaba supeditada a la concesión de licencias por el concejo de Alarcón o conciertos con los arrendadores. Pero Alarcón también denunciaba que tanto Atalaya como Cañadajuncosa (o Cañada Hincosa) no eran barrios ni arrabales del Cañavate sino aldeas con alcaldes y alguaciles propios en esa época, con jurisdicción propia. Alarcón se buscó los testigos en su aldea de Tébar. Eran vecinos de este lugar los que solían tener arrendada esta dehesa, así, un tal Alonso Barriga, para pasto de sus ganados. De la probanza de testigos se desprende el interés en el pleito de una familia principal: los Villanueva
El papel autónomo que estaban adquiriendo las aldeas respecto a sus villas madre, en este caso el Atalaya y Cañadajuncosa, ya no era la vieja realidad de un mismo núcleo poblado en manos de dos jurisdicciones, Alarcón y El Cañavate, que también se mantenía con los correspondientes conflictos a la hora de litigar las competencias, sino una nueva realidad donde las aldeas estaban adquiriendo una personalidad propia. El Atalaya o Cañadajuncosa estaban orbitando en torno a la villa de Alarcón o, más bien, estaban cayendo bajo la influencia de las familias de Alarcón, establecidas en el lugar de Tébar, u otros como Honrubia, mientras que el papel de influencia de las familias principales del Cañavate se iba aminorando. La traducción era un independencia de hecho de estas aldeas de Cañadajuncosa o Atalaya. Estos dos pueblos apenas si tenía un puñado de familias al iniciarse el siglo XVI, pero, a la altura de 1600, Cañadajuncosa tenía cerca de sesenta familias y Atalaya, ochenta. Si bien lo que tenían era una organización administrativa propia que funcionaba, de hecho y sin haber alcanzado el villazgo, independiente de la villa de El Cañavate: en los dichos lugares del Atalaya y Cañadayuncosa sabe este testigo que los dichos lugares es población distinta y apartada de la dicha villa del Cañavate y en los dichos lugares ay su rexidor y su alguacil e tiendas e carnecerías y obligado de carne e pescado y su yglesia y pila de bautismo y cura que administra los sacramentos y cobra los diezmos. Esos hechos diferenciales eclesiásticos o administrativos no eran nuevos, pero el incremento de población los hacía más visibles y necesarios para organizar unas comunidades que se acercaban o rebasaban los trescientos habitantes en cada una de estas aldeas. Justamente, ahora, la palabra aldea que significaba sujeción a villa, se presenta como signo de apartamiento y concepto diferenciado del del barrio o arrabal.
ACHGR. C 14997-35
Testigos 1600
Pedro Martínez, pastor de Tébar, 70 años
Concejo de Alarcón de 18 de diciembre de 1600
Alcaldes: Antón Granero de Heredia y Fernán Vázquez de Garnica
Regidor: licenciado Bautista de Peralta
Almotacenes: Antonio de Peralta y Juan Rubio
Como testigos del poder: Gabriel de Castañeda, Pedro de Castañeda y Sebastián de Mora