Pedro de Oma, cantero de la anteiglesia de Kortezubi, en la merindad de Busturia, hará valer su hialguía el 28 de febrero de 1531. Alvar Ruiz del Castillo, que había sido escribano del concejo de San Clemente, y que para 1531 contaba con 74 o 75 años, decía que conocía a Pedro de Oma desde hacía 30 años, es decir, situaba a Pedro de Oma en San Clemente hacia 1501. Alvar Ruiz del Castillo había sido escribano del secreto del ayuntamiento en la primera década del Quinientos y recordaba a Pedro de Oma como un vizcaíno que hablaba en lengua vizcaína. Pedro de Oma ya buscaba la hidalguía en 1527, en 1529 había sido nombrado como alcalde de la hermandad por los hidalgos.
Antonio Rosillo, de 62 años, también se pronunciaba a favor de la hidalguía de Pedro de Oma. Además conocía y trataba a su hermano Juan de Oma, que vivía en Belmonte, pero que se acudía muy a menudo a San Clemente. Reconocía que había iniciado el pleito en Granada hacía cuatro años, junto a otros hidalgos.
La ascendencia vasca de Pedro de Oma nos la daban sus vecinos de Vascongadas: Marco Terleguiz, de la iglesia de Santiago de Kortezubi, de setenta y cinco años, conocía a Pedro de Oma de más de sesenta años atrás, lo que nos sitúa su nacimiento de 1470 o antes (la memoria de Marco se remontaba a los cinco años de edad, es decir, Pedro de Oma podía haber nacido hacia 1466 y llegaría a San Clemente mediada la treintena de edad). Sabemos por un pleito de 1514, que Pedro de Oma tenía 45 años o sea nacido en 1469. Lo tenía por natural de la casa de Oma, era hijo de Juan Pérez de Oma (casado con doña Gracia de Loyola) y nieto de Juan Pérez de Balza (casado con Mari Ruiz o Martínez según otros testimonios). Decía que tanto Pedro de Oma como su hermano Juan habían ido a la guerra de Granada.
Juan Martínez de Iturrondo era de la anteiglesia de Gauteguiz, de 85 años. Martín de Iturrieta era de la anteiglesia de Santiago de Kortezubi, de 77 años. Juan Ochoa de Gaceaga de la anteiglesia de Santa María de Gauteguiz
BNE, MSS/11727
PEDRO DE OMA, EL CANTERO DESCONOCIDO
Si se sale de la ciudad de Cuenca, su catedral y algún templo más, poco se sabe de los canteros vascos. Las referencias a estos canteros se convierten en autoría de la obra, para tener que desdecirse por la presencia de otros canteros que actúan en el mismo edificio.
Entre los más desconocidos, Pedro de Oma. Un cantero vasco que sale del baserri familiar, junto a su hermano Juan, para formarse, presumiblemente, en la catedral de Burgos, luchar junto a su hermano en la guerra de Granada y hacer una primera aparición por tierras murcianas en la década de 1490. Para el año 1505 ya está en San Clemente, sin vecindad reconocida, y casado con una hija del también cantero vasco Juan de Casabona, que andaba por Alarcón.
Si figura viene apagada por el desconocimiento (sus estudios están restringidos a la universidad de Murcia), la sombra de Pedro de Albiz y la falta de fuentes documentales. Él venía del baserri, caserío, de Oma, pero su madre procedía de eso otro caserío de Loiola (no el de San Ignacio en Guipúzcoa) a escasos metros de eso otro caserío de Olabe, de donde era la madre de Pedro de Albiz (cantero una generación posterior a nuestro Pedro de Oma), En fín, toda una historia de canteros de la merindad vizcaína de Busturia, que, discípulos adelantados de Simón de Colonia, llenaría de filigranas, es decir nervios, las bóvedas de las iglesias del obispado de Cuenca.
De Pedro de Oma nos ha quedado testimonio de ser un hombre analfabeto, aunque parece que aprendió a firmar y escribir su nombre. Un gran empresario con cuadrillas de una veintena de trabajadores, que lo mismo levantaba iglesias que reparaba los molinos de la ribera del Júcar. De su presencia en Murcia, sabemos que hubo dos momentos, con su hermano Juan obró en la iglesia de Santiago de Jumilla en la década de 1490; luego, desaparece, para reaparecer de nuevo en 1526 en la iglesia vieja de Caravaca y ponerse a las órdenes, y trazas, de Jerónimo Quijano de nuevo en Jumilla y,un poco después, tal vez, en la iglesia del Salvador de Caravaca. Pero, los nuevos tiempos y nuevas técnicas venían grande al viejo cantero, que subrogó la nueva iglesia de Caravaca en su sobrino Martín (hijo de Juan; bueno, este Juan debía ser un mujeriego que dejó preñada también a moza del Pedernoso, dejando un hijo que luego saldría bígamo). El caso es que Pedro de Oma, en la década de 1530, andaba en retirada; había dejado las obras de Murcia en manos de su sobrino Martín y las de San Clemente en manos del que suponemos convecino suyo, Domingo de Mestraitua, procedente del caserío de este nombre, distante unos setecientos metros del de Oma.
El problema de este Pedro de Oma es que viviendo en San Clemente desde 1505 poco sabemos de él. Muchos molinos en su haber (lo sabemos por los pleitos provocados, que, en los molinos y la maquila del trigo y la harina, se iba la vida a los nuevas repúblicas pecheras del Quinientos) y una mención a la torre de Villanueva de la Jara. Pensábamos que esa torre es la de plaza, aledaña al ayuntamiento nuevo, pero hoy creemos que es la de la iglesia. Se me dirá que las torres es lo último que se levantaba, pero eso es desconocer el orgullo de unas villas pecheras que hacían de las torres de sus iglesias el orgullo de su independencia. Las torres de Villanueva de la Jara y la de San Clemente son muy parecidas, si nos olvidamos de capiteles y nos centramos en la estructura constructiva o en la decoración perlada, que aparece en otros edifcios como el de Nuestra Señora de Gracia de San Clemente... y en más. Y la pregunta o reflexión es: si los sanclementinos recordaban, en sus respuestas a las RRTT, a sus antecesores como titanes que levantaron los pueblos, ¿qué hacía don Pedro de Oma en las dos primeras décadas del siglo XX, además de los molinos, que dejaba a su cuadrilla, sin molestarles mucho?
