El corregimiento de las diecisiete villas (fotografía: Jesús Pinedo)


Imagen del poder municipal

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EL CORREGIMIENTO DE LAS DIECISIETE VILLAS EN LA EDAD MODERNA (foto: Jesús Pinedo)

domingo, 24 de abril de 2022

DON JORGE MANRIQUE O EL MITO QUE NUNCA EXISTIÓ

 DON JORGE MANRIQUE O EL MITO QUE NUNCA EXISTIÓ

Se alimenta la cultura de mitos y de pocas realidades históricas. Tal sucede con al figura de don Jorge Manrique. Excelso poeta y aprendiz de soldado; decadente figura del caballero medieval e incipiente brote de nuevos tiempos humanistas.
Monolitos en Castillo de Garcimuñoz allá donde fue herido, polípticos en Santa María del Campo, recuperando su agonía, y tumba inexistente en Uclés, donde debía reposar su cuerpo para la eternidad.
La existencia de don Jorge Manrique tuvo poco de efemérides y mucho más de mundana en estas llanuras manchegas, que le debían resultar ajenas. Heredero de las andanzas guerreras de su padre, debió ser testigo de sus exitosos fracasos. Don Rodrigo Manrique, con campamento militar entre Villarrobledo y San Clemente, le fue grande toda conquista que fuera más allá de esta villa, debiendo desconfiar de los sanclementinos y sus poderosos clanes conversos, procedentes de Castillo de Garcimuñoz, que dominaban la vida del pueblo. Imaginemos a las huestes de don Rodrigo, derrotadas cerca de Santa María del Campo, y sus soldados buscando refugio en San Clemente, mientras Lope Rodríguez y demás conversos se mofaban de ellos al comentario de "¿os ha abandonado vuestro padre?". Y es que en tierras lejanas estaba la natura de los Manrique y aquí encontraron la sepultura.
Llegó don Jorge a estas tierras con el discurso inflamado y belicoso de las Hermandades de Castilla para encontrarse con unos capitanes del marqués de Villena que tenían el valor que le faltaba a su señor. Pedro de Baeza era demasiado militar para nuestro poeta, Diego Pacheco tenía los restos que faltaban al buen Jorge y Hernando del Castillo sabía de la vida lo que desconocía nuestro literato, enredado entre libros. Le tocó por compañero militar a nuestro Jorge un Pedro Ruiz de Alarcón, de familia de viejas glorias tan decadente como ansiosa de recuperar su pasado familiar y por fortaleza militar un cortijo o fortaleza de tierra que distaba de ser castillo y que Pedro Baeza acabó por aniquilar. Es de suponer que las viejas lanzas militares se encontraran más a gusto en campo abierto que encerradas en esta defensa tan vulnerable o quizás escondidas en cualquier lugar o, por qué no, viviendo del pillaje de las propias villas de realengo, fuera del alcance de las cabalgadas de Pedro Baeza.
Así don Jorge Manrique se refugió en su melancolía, ocultando su escaso fervor militar en una casa de pueblo. Una casa en San Clemente, junto a la de un tal Gallego, probablemente un criado de don Juan Castillo Portocarrero, otro al que la guerra le venía grande. En San Clemente, don Jorge derramaría sus penas escribiendo, a sabiendas que, noblesse oblige, antes o después debe salir para la guerra y que don Pedro Baeza le espera para darle muerte. Don Pedro sí que era un guerrero, tanto que recordando sus dos encuentros con don Jorge se quejará que nadie se acuerde de él, pues fue don Pedro Baeza quien había luchado valerosamente. El único pecado de don Pedro Baeza fue haber matado a uno de los genios de la literatura española y su consuelo su olvido para la historia,... él que fue el capitán más valeroso de cuantos hubo en el final del medievo. Tiempos en los que los ideales caballerescos quedaron narrados por un melancólico poeta que odiaba la guerra y cavilaba sentado en algún poyo al sol y no lejos de la morada del algún judío converso, dispuesto a denunciarlo a la gente del marqués.
¡Oh, mundo! Pues que nos matas,
fuera la vida que diste
toda vida;
mas según acá nos tratas,
lo mejor y menos triste
es la partida
de tu vida, tan cubierta
de tristezas, y dolores
muy poblada;
de los bienes tan desierta,
de placeres y dulzores
despojada.
Pintura: Víctor de la Vega

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