El corregimiento de las diecisiete villas (fotografía: Jesús Pinedo)


Imagen del poder municipal

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EL CORREGIMIENTO DE LAS DIECISIETE VILLAS EN LA EDAD MODERNA (foto: Jesús Pinedo)

Saturday, March 7, 2026

Las aldeas del Cañavate en 1623

 Atalaya era un pueblo sin mesón, cuando llega Manuel Sánchez Moreno, receptor de la Chancillería de Granada, no tiene donde alojarse, debiendo hacerlo en El Cañavate. El motivo de su presencia era el contencioso entre Diego Martínez Merchante y Cristóbal Jareño, por las heridas recibidas por el primero del segundo.

El Atalaya era un pequeño pueblo de alrededor trescientos habitantes en 1623, pero que ya contaba con servicios básicos de carnicería y tiendas. Cristóbal Jareño, un pastor con ganados propios, fue designado como abastecedor de carnicerías del pueblo. Como auxiliar se buscó a Domingo Concha, encargado de cortar las carnes. Había llegado en fecha indeterminada a Atalaya desde Pinilla de las Monjas, una aldea de Jadraque, para no encontrar asiento cómodo en el pueblo. El del cortador de carnes era un oficio despreciado, de hecho, Domingo Concha ya trabajaba en otro oficio despreciable, el de guardar los panes, con unos trigales que ya estaban altos para el domingo Cuasimodo de ese año. Ese día Diego Martínez Merchante se presentó muy ofendido en las carnicerías para pedirle a Domingo que dejase de cortar carne y se dedicara a su trabajo de guardar los trigos. Diego Martínez Merchante actuaba en defensa de sus campos propios, pero asimismo como alguacil del pueblo, aunque su actitud no debió gustar a Cristóbal Jareño que lo descalabró de una pedrada. Fue preciso avisar al Cañavate para que un cirujano acudiera a curar al descalabrado. La curación fue muy simple: curar la herida con vino. Si bien el descalabrado pedía 300 ducados de indemnización, que, decía, es lo que había perdido en el cuidado de su hacienda. El hecho aparentemente intrascendente dio lugar a un largo proceso jurídico. Las primeras actuaciones de instrucción correspondieron a un escribano y alguacil del Cañavate enviados por su alcalde Diego de Ortega, los autos procesales siguientes al alcalde mayor de San Clemente y la apelación de la sentencia a la Chancillería de Granada.

No obstante, El Atalaya contaba con un protogobierno, cuyas competencias empezaban a definirse, Se contaba con un alguacil nombrado desde El Cañavate, cuyas funciones se limitaban a prender a delincuentes pillados in fraganti y, asimismo, contaba con un regidor perpetuo, es decir, un oficio comprado, con funciones de gobierno, aunque reducidas a las posturas y remates del abasto del lugar, pero que dado la ausencia del regidor, asumía dicho alguacil Al menos esa era la teoría, porque la debilidad de la administración del corregimiento, otorgaba cierta autonomía al lugar del Atalaya. Así, Atalaya debía proveer cien fanegas de trigo al pósito de la villa del Cañavate, que se encargaban de recoger los alguaciles de San Clemente, pero que, dada su incapacidad, lo hacía el alguacil del Atalaya, quien además repartía trigo a los labradores y espedía libranzas. De este modo, Diego Martínez Merchante, ejerciendo de alguacil, con un oficio apenas sin competencias, se había convertido en la mayor autoridad de su pueblo por los vacíos de poder... especialmente en los asuntos económicos.

La elección de oficios en El Cañavate se hacía para año nuevo, entre los oficios elegidos un alguacil para sus aldeas de Atalaya y Cañada Juncosa, entre vecinos de estos lugares, entre personas principales y abonadas, Diego Martínez era vecino del Atalaya. Así, la administración de las aldeas era prolongación y dependiente del Cañavate. La existencia de un regidor en el gobierno de la aldea no se reconocía como consuetudinario, por lo que hemos de suponer que tal oficio con funciones de gobierno respondía a la oportunidad de que hubiera vecino del Atalaya que hubiera comprado el oficio y residiera en el lugar.

que el cauildo de la dicha villa del Cañabate , quando hace eleción de oficiales que es por el día de año nuevo, nombra por alguacil en el lugar de la Atalaya una persona del mismo lugar y lo mismo hace en Cañada Juncosa que son arrabales de la dicha villa y los dichos alguaciles no tienen más jurisdición que poder prender en fragante, por lo demás es el regidor que ordinariamente asiste uno en cada uno de los dichos lugares y suele aber dos porque como son perpetuos quien puede los compra, de manera que el dicho alguacil no puede màs que prender en fragante y si ay otro negocio del gobierno tampoco lo puede hacer ni más que dar quenta en el cabildo de la dicha villa o a la justicia della y esto solo es lo que los alguaciles pueden hacer y no otra cosa y algunas veces el corregidor de San Clemente les comete la distribución del trigo del pósito para los labradores y nunca an tenido más juridición que prender y remitir luego y lo demás a sido a cargo de los regidores del dicho lugar

Las palabras tenían su significado, para El Cañavate, las aldeas de Atalaya y Cañada Juncosa eran arrabales sin jurisdicción alguna; para Alarcón, eran aldeas con autonomía jurisdiccional. Es cierto que la primera opción era la legal, pero la segunda se estaba imponiendo por las circunstancias. No obstante, el oficio de alguacil era nombrado por El Cañavate y a su justicia respondía.

En 1623, Ataya ha perdido una decena o veintena de familias respecto a 1591, lo que nos reafirma en al idea de esos flujos de población entre pueblos por las adversidades coynturales, que se manifiesta muy bien en la población fluctuante de los grandes pueblos, que es ahora cuando alcanzan su máximo de población, recogiendo los excedentes de unas aldeas con familias arruinadas por los censos contraídos. Son pocos los datos que tenemos para saber cuál era la configuración social de la aldea de Atalaya, pero de la probanza de testigos, un tercio del total de cabezas de familia, deducimos que la mayoría eran labradores propietarios, siendo pocos los que viven de su hacienda (grandes propietarios), y ya hay una minoría de trabajadores, es decir, jornaleros. El expediente muestra además que Atalaya es un pueblo de agricultores, Cristóbal Jareño es un pastor y ganadero, pero no rivaliza con esa capa de labradores y su función es el abasto de carnes. El problema con Domingo de Concha viene porque ha abandonado la guarda de campos desde carnestolendas a Cuasimodo. En la pequeña sociedad atalayense hay una estratificación de capas sociales, los cañavateros con grandes intereses en el pueblo, como los Ortega o los Araque, una capa de labradores acomodados y alfabetizados, que se va dejando en los extremos algunos arruinados como Andrés López, que ya "trabaja en lo que sale" y con orgullo y dificultades es capaz de firmar con su nombre, otra capa menor de jornaleros al servicio de los anteriores y, por último, el lumpen, encarnado por Domingo de Concha, un foráneo de Hontecillas,  que trabaja de meseguero o cortador de carne, realizando los trabajos tenidos por más despreciables. Faltaría un grupo social más, son los ganaderos de Alarcón y su aldea de Tébar, que controlan la dehesa de Atalaya, tenida por privilegiada de la villa de Alarcón y cuya misma existencia, y los difusos límites procedentes de 1481, justificará la futura división de la villa en 1637.

Testigos en 1624, presentados por Cristóbal Jareño: 

Diego de Ortega, vecino del Cañavate, alcalde ordinario por el estado de los Hijosdalgo, 30 años

Martín López Caballón, alférez mayor del Cañavate, 75 años

Juan de Olivares, vecino del Cañavate. labrador que vive de su hacienda, 57 años

Agustín Muñoz Piqueras, 35 años, alcalde ordinario del Cañavate

Gabriel de Torres, vecino del Cañavate, que vive de su hacienda, 64 años

Martín de Castro, vecino del Cañavate, tiene casa de posadas. 60 años

Domingo de Concha, morador en el lugar de Hontecillas, jurisdicción de Valverde. 70 años. Da para la Atalaya una población de sesenta o setenta vecinos. Compagina el oficio de cortador de carnes -no le lleva más de una hora- con el de guardar los panes y viñas.

Alejo Carretero, morador del Atalaya, labrador, 50 años

Cristóbal Carretero, morador de Atalaya, labrador, 24 años

Fernando Martínez Jareño, morador de Atalaya, labrador, 40 años

Bernardino Pastor, morador de Atalaya, labrador, 47 años

Juan López Montalvo, morador de Atalaya y natural de Palomares del Campo, 50 años

Testigos presentados por Diego Martínez Merchante (1624)

Pedro López del Río, labrador y regidor del Cañavate, 55 años

Miguel Martínez, vive de su hacienda, regidor del Cañavate, 58 años

Miguel de Osma, vecino de Cañavate, regidor del Cañavate y natural de Valera de Abajo, 60 años

Francisco Cañavate, regidor del Cañavate. 36 años

Alonso Martínez Salmerón, barbero, vecino del Cañavate. 36 años

Juan de Araque, alcalde ordinario del Cañavate por el estado de los hidalgos, 48 años

Damián Jareño Carrión, morador de Atalaya, labrador, 45 años

Alonso Carretero, morador en el Atalaya, labrador. 45 años

Pascual García Solera. morador de Atalaya, labrador, 40 años

Miguel Sánchez García, labrador, morador de Atalaya, 34 años

Andrés López,  labrador y trabaja a lo que sale, morador de Atalaya, 33 años

Juan López Luceño. morador de Atalaya, labrador. 32 años

Juan Rubio, morador de Atalaya, labrador. 35 años

Diego Martínez Cejalbo, trabajador, morador de Atalaya. 40 años

Juan Delgado, morador de Atalaya, trabajador y labrador. 30 años.

Rodrigo Ruipérez, labrador, morador en Atalaya. 74 años

Pascual Carretero, labrador, morador de Atalaya. 60 años

Fernando de Araque, vive de su hacienda, morador en Cañada Juncosa. 54 años

Antonio González, labrador, morador en Cañada Juncosa. 52 años

Pedro Gómez de Ortega, labrador, morador en Cañada Juncosa, 54 años

ACHGR, C9639-16

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