El corregimiento de las diecisiete villas (fotografía: Jesús Pinedo)


Imagen del poder municipal

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EL CORREGIMIENTO DE LAS DIECISIETE VILLAS EN LA EDAD MODERNA (foto: Jesús Pinedo)

Tuesday, December 30, 2025

Villarrobledo (1642)

 A comienzos de 1642, Villarrobledo seguía agobiada por las deudas. Todavía estaba hipotecada por los préstamos contraídos por la ensancha de la jurisdicción, los réditos de 24000 ducados pagados a Pablo de la Peña, y por la exención de San Clemente, los réditos de 20000 ducados pagados al marqués de Cañete y a otros vecinos de Madrid. A esto se sumaban otros censos tomados por el ensanche de la plaza, la compra de pinares y los donativos dados a la Corona por la guerra. Los bienes del concejo y de los vecinos estaban hipotecados, muchos de ellos había optado por abandonar el pueblo ante la insufrible carga impositiva y la esterilidad sucesiva de los años. Para conseguir que la villa pagase sus deudas y evitar que se despoblara se había decidido establecer una nueva carga, el llamado rediezmo, de cada cien fanegas de cereal cosechado por particulares se debía pagar una fanega para el pago de las deudas de la villa.

Las obligaciones militares continuaban; entre ellas, la leva de soldados de presidios. Diez nuevos soldados se habían pedido a Villarrobledo para conducir hasta Almansa. El diecisiete de febrero llega la orden del superintendente de milicias don Juan Santelices y Guevara pidiendo soldados. Se ha intentado cubrir el cupo con voluntarios, pero al no haberlos se tira de la antigua milicia del Reino. Los soldados han de estar listos en San Clemente para el 19 de febrero; Villarrobledo aportaba cien soldados de los quinientos del partido. En esta leva de trata de suplir sesenta soldados que faltan en el partido para los quinientos, ocho en Villarrobledo. Pero se anunciaban nuevos sacrificios y se pedía por Rodrigo Santelices el tres de marzo un padrón de todos los hombres de dieciocho a cincuenta años en el plazo de ocho días. El esfuerzo de Villarrobledo estaba siendo tremendo, en los últimos seis años (1636-1641), la villa había aportado más de quinientos hombres (si extrapolamos las cifras al partido de San Clemente, estaríamos hablando de más de 2500 hombres). Villarrobledo se estaba despoblando:

de auerle servido en seis años (al Rey) con más de quinientos hombres y particularmente con la gente de la compañía de milicia, causa que esta villa está despoblada  de mucha vecindad, mediante lo referido en el dicho tiempo an faltado mil vecinos.

Para el 25 de marzo son llamados los hidalgos de la villa a una jornada en Portugal. El ayuntamiento responde extrañado a este llamamiento militar, pues la milicia está en Cataluña y debe desconocer el levantamiento del reino vecino. Se llama a tres cuartos de los regidores a acompañar al rey en la jornada. Y por último, se establece una nueva leva de milicia para levantar cien soldados en el partido de San Clemente. Para el 23 de abril deben estar los hidalgos y regidores listos, pero los litados previos nos dicen que la mayoría se excusan del servicio militar. En el terreno de las milicias, los Santelices son sustituidos por un nuevo superintendente Pedro Morquecho, que el 29 de abril está en Villarrobledo procurando sacar dinero y trigo para una compañía levantada y que esta vez cogerá el camino de Requena, y no el tradicional de Molina, para dirigirse a Cataluña por el Mediterráneo. La compañía levantada en Villarrobledo será mandada por el capitán Francisco de Montoya, pero delegará en el alférez Bartolomé Gómez de Montoya. Una jornada en los Hinojosos para el mes de mayo exigirá de bastimentos a la villa. Los gastos se multiplican por todas partes, entre ellos, el llevar dos soldados de Las Mesas a San Clemente.

Este año coincide con la jornada real a Cataluña, al corregimiento de las diecisiete villas se le exigen 150 fanegas de trigo, 400 ducados en plata doble y trescientos ducados en vellón. La estrategia de Villarrobledo será protestar mandando procuradores para alegar que no puede cumplir compromisos una villa que ha aportado 500 hombres ya. 

El hecho era que los reclutamientos eran cada vez más impopulares y contaban con la oposición y complicidad de los pueblos. El 17 de junio se debe presentar en Villarrobledo el corregidor Antonio Sevillano para garantizar la leva de milicianos, pues muchos de los que han salido del pueblo tres meses antes han desertado y vuelto a su pueblo: los soldados que no an salido a seruir y aviendo salido se an vuelto y tiene muchos presos y va prendiendo.

Las quejas del ayuntamiento se resumieron así:

que esta villa se ofreció a seruir a su magestad por una vez con cien soldados de milicia armados, nombrándose en ella capitán y oficiales, en conformidad de lo qual su magestad le hiço merced y los a tenido para seruirle en la ocasión que le mandase y desde el año seiscientos y treynta y seis a esta parte para las ocasiones que se an ofrecido se an sacado en diferentes leuas más de quatrocientos soldados con los que se an sacado en tres ocasiones para las presentes guerras de Cataluña y la que últimamente sacó el señor don Pedro Morquecho del Consejo de su magestad por los últimos de abril deste año, acudiendo siempre esta villa a su seruicio con toda puntualidad y siendo ansi que su vecindad a venido a menos, que al presente no ay mil ochocientos vecinos y que su trato y granxería e la lauor no se halla en ella la gente necesaria para sus lauores y ganados y auiendo venido a la dicha villa el señor don Antonio Sevillano corregidor deste partido con comisión del señor don Joseph González del Consejo de su magestad, superintendente de milicias le apremia a que nueuamente conduzca otros sesenta ombres en que a puesto todos los medios posibles para seruirle y a proveydo muchos autos condenando a la justicia en muchas penas por no dar la dicha gente y prendiéndola por su persona asistiéndola toda esta villa por alentar dicho seruicio como lo pide la ocasión y esto a causado que los labradores y pastores se an dexado y dexan las lauores y ganados en los campos solos y no ay gente los guarde ni sirua y se teme una muy grande ruyna no puniendo remedio y para que los dichos años cesen y en todo su magestad se a seruido y tengan augmentos sus reales rentas... (19 de junio de 1642)

La villa seguía presentando un estado lastimero de la villa, que creemos exagerado pero muestra la ruina sobrevenida y lo que se temía: por aver venido esta villa en muy grande diminución de su vcindad porque al tiempo del ofrecimiento de la dicha compañía más de dos mil quinientos vecinos y al presente ay ochocientos y todos muy pobres y alcançados y que viendo que los señores superintendentes an procedido a sortear algunas plaças y por ellas apresó algunos se a ydo ausentando mucho gente dexando lauores y ganado solos y esto se a esperimentado en la ocasión presente que el señor corregidor de este partido está apremiando a que condugca más gente

La villa exageraba la catástrofe económica y demográfica (se habla de ochocientos, aunque en otros momentos se habla de la mitad de una población previa de 2500 vecinos) y ajustaba el número de soldados reclutados a 400, pues sus memoriales de queja iban al Consejo de Castilla, intentando poner en primer lugar la voluntariedad de la primera campaña de 1640, la única voluntaria, y, sobre todo, un exceso de la comisión del corregidor de San Clemente*. Ahora bien, la preocupación de la villa era natural si pensamos que la leva tenía lugar apenas medio mes antes de iniciarse la siega. Para el 25 de junio, Villarrobledo únicamente aporta 14 soldados esposados. Pero durante el mes de julio seguirá protestando, ligando la ruina de la villa a la de la hacienda real y de las rentas eclesiásticas: estar ymposibilitada de poder recoger sus panes, cultivar sus tierras que son de mucha consideración a causa de lo dicho de que se sigue grave daño al patrimonio real y rentas decimales

NO hay piedad, el 22 de julio se piden once nuevos soldados para levantar en Villarrobledo. En el partido de San Clemente, se piden 150 soldados y una cantidad de dinero en ducados de plata. Para esta vez, Villarrobledo ya tiene 28 mozos listos para la leva y sorteables. Al final, se mandan doce soldados el quince de agosto. La guerra traía consigo muertes de soldados y viudas desamparadas. Se debe improvisar, José González, de la Junta de Ejecución, decidirá que la viuda de Juan Perea, María Calera, reciba un real diario mientras mantenga su viudez y que el concejo le adelante de sus propios cincuenta reales. Más preocupante es que cuando se intenta hacer un padrón de los mozos solteros listos para la guerra, Villarrobledo solo aporta 44 mozos. ¿Verdad o fraude?

Los malos presagios se hacen realidad en octubre, apenas recogida, o dejada de recoger la cosecha, y se anuncia la falta de pan para los vecinos pobres y pasajeros. Las razones aducidas son dos: la bajada de la moneda (devaluación) y las pocas moliendas. Se adelanta así una situación de necesidad de abasto para la población en varios meses. Es más se avisa de que si no se moderan los precios, la devaluación provocará el cese del comercio.

1642 será el año de la ruina de los pueblos. Las levas de mozos se sucedieron hasta dejar sin brazos a los campos.

1642 acabará en Villarrobledo, cuando el clérigo licenciado Juan Romero interrumpa y deshaga la representación que se celebraba en el patio de comedias el día de la Cocepción ocho de diciembre.

*Completar con estudios de Cárceles de Gea... Desobediencia y fraude

Es difícil calcular el esfuerzo militar en hombres de la guerra de Cataluña de 1640 en sus años anteriores y posteriores. Los pueblos comenzaron a ser conscientes tras la elaboración de padrones de los hombres de 16 a 50 años en 1636. Es verdad que hubo dos formas principales de reclutamiento (a partir de 1642 se multiplicaron) con la dotación de presidios, que afectaba a pueblos de realengo y de señorío, y la milicia del Reino, circunscrita a los pueblos de realengo, con dos distritos diferenciados. Sabemos para el caso de Villarrobledo, que dependía de Alcaraz para los presidios y de San Clemente para la milicia, que en el periodo de 1636 a 1642 (o hasta mayo de 1642 para ser más concretos, pues hubo levas posteriores ese año), aportó más de 500 hombres y que en apenas seis años perdió mil vecinos, es decir, su población pasó de 2600 vecinos o familias a 1600 vecinos o familias. Aunque quizás haya que bajar en un quinto estas cifras, pues las del referencia del concejo de Villarrobledo fueron rebajadas en los memoriales al Consejo de Castilla.
El cataclismo demográfico se repitió en toda la zona, es ahora cuando se inicia, junto a la pérdida de población, la emigración masiva al Reino de Valencia y el fortalecimiento de las aldeas o casas frente a las villas. Si tenemos en cuenta que Villarrobledo suponía un veinte por ciento del esfuerzo exigido al corregimiento de las diecisiete villas podemos decir que de Las Mesas a Iniesta salieron de 2000 a 2500 reclutas en el periodo mencionado de seis años y que esta cifra se podría elevar a más de 3000 a 3500 reclutas con los pueblos de señorío. Estamos hablando de una zona que partía de 15000 vecinos o familias en su época de máximos demográficos. Si a esto añadimos la dispersión poblacional y la emigración, o la posterior peste de 1648 que afectó a pueblos como Barchín, es fácil entender las quejas de los pueblos presentando la situación como catástrofe. Por ejemplo, San Clemente pasará de máximos de 1800 vecinos a 900 en 1646, la mitad.


Tuesday, December 23, 2025

El Peral y la apropiación de baldíos en el siglo XVIII

 Casa de Cardos estaba incluida en la llamada Dehesa Redonda, dentro del término del Peral. El terrateniente Blas Antonio Zamora pedía entrar con sus ganados en las tierras que poseía en la Casa de Cardos; alegaba razones técnicas, la estercolización de la tierra, renovar la plantación con nuevos arbolados, desde olivos y moreras a almendros y olmos, la creación de nuevos prados, la estabulación del ganado para crear nuevo estiércol con la paja, la ubicación de nuevas colmenas. Por último, alegaba la procedencia de su familia del Peral, aunque viviera en la Jara y la comunidad de pastos entre estas dos villas. Viejos derechos, pues, con nuevos proyectos ilustrados en el mundo agrario. Pedía, en suma, el amojonamiento de una parte de la dehesa en su favor para complementar el cultivo de sus tierras con trescientas ovejas; dichas tierras se situaban hacia el camino de los Carros Viejos a Pozoseco hasta cerrar con el baldío de Villanueva de la Jara y los molinos y junto al cerro de la Catalinaza. Blas Antonio Zamora presentaba a la corona un proyecto de revolución agraria con la diversificación de cultivos, la complementariedad de agricultura y ganadería, el plantío de árboles, incluyendo moreras para cultivo de la seda, y el desarrollo de la apicultura, incrementando el número de colmenas con nuevos prados para el crecimiento de flores y la polinización. Los peraleños simplemente veían un intento de usurpación de tierras comunales y la interrupción de los viejos usos.

La dehesa Redonda tenía 2622 almudes, don Blas Zamora pretendía quedarse con 645 almudes y la Corona veía bien esta aprpiación por el uso que se hacía de ella: la plantación de arbolado. Un perito nos recordaba sobre los plantíos y arbolados: mayormente siendo este un país donde no se piensa en este ramo de agriculura.

Blas Antonio Zamora tenía una propiedad de mil quinientos almudes con una casa, colmenar, bodega, teinados, viñas y otros plantíos. En 1779, los deseos del terrateniente chocaban con los vecinos del Peral, que pretendían crear dos nuevos espacios cerrados para sostén de sus propios y de un médico que atendiera a los pobres del pueblo y que ahora pagaban estos por el sistema de iguala. Entre los enemigos de Blas Antonio Zamora había varios ganaderos: Pedro Garrido, Antonio Navalón, Gregorio Ramírez, Alejo Oñate y Antonio Monedero. Estos alegaban que esta dehesa Redonda entre viñas era pasto común desde tiempo inmemorial de los vecinos del Peral. También había que tener en cuenta que la Jara y Motilla tenía acceso a los comunes del Peral desde las sentencias de 1481.

Pero realmente don Blas Antonio Zamora era el terrateniente modélico con una gran heredad en torno a una casa. Esa era su pretensión, pero la realidad es que su hacienda se había formado por la agregación de heredades dispersas. La vecindad la había conseguido adquiriendo en El Peral una pequeña casita que tenía arrendada, las propiedades en torno a la casa de Cardos (seguramente propiedad que antaño perteneció a esta familia de canteros) eran 350 almudes en hazas intercaladas con las de otros vecinos en la dehesa Redonda, además poseía otros 400 o 500 almudes dispersos por los términos de calidad de muy baja calidad y otros cien almudes de calidad mediana. únicamente labraba 250 almudes y el resto, 800 o 900 almudes eran tierras llecas. Completaba su hacienda las colmenas, tinadas y bodegas, una viña de 3500 vides, plantío de árboles: 87 álamos negros recién plantados. El agua la sacaba de un pozo de 24 varas de hondo, que había provocado la sequedad de otros siete pozos y el estiércol para beneficiar las tierras lo llevaba desde un paraje de su propiedad en el llamado Llano del Buitre, en la Jara. En realidad, la hacienda de Blas Antonio Zamora, abogado de los reales Consejos y regidor perpetua de Villanueva de la Jara, ascendía a 2560 almudes según los peritos. Las tierras que ahora pretendía apropiarse eran baldíos, o tal se consideraban, propiedad de la corona y no del concejo. En la práctica, era una usurpación de tierras comunales, sobre las que, según las lenguas de los vecinos se pretendía crear mayorazgo familiar.

La usurpación de tierras de baldíos, considerándolas como tales y sometiendo los pleitos por su propiedad al Consejo de Castilla fue algo común desde mediados del siglo XVIII y sirvió, entre otras cosas, para menguar definitivamente las tierras de Alarcón al sur. Al igual que en El Peral, al no estar cerrado los términos, se mandaron jueces de baldíos para determinar las propiedades de las tierras o adjudicar  a manos privadas esas tierras.

Las viñas se situaban en torno a la dehesa Redonda, muestran un total de 43000 vides en varios pagos pequeños: 

  • Narciso Bascuñana: 800 vides
  • Herederos de Pedro García: 1000 vides
  • Catalina Cabañero: 900 vides 
  • Ginés de Tresjuncos: 1400 vides
  • Bartolomé Navalón; 1500 vides 
  • Pedro Garrido Moreno; 2200 vides
  • Heredero de Pedro Bascuñana: 1000 vides
  • Margarita Chavarrieta: 1000 vides
  • Bartolomé Sahuquillo: 1000 vides 
  • Bartolomé Córdoba: 800 vides
  • Julián de Navalón: 2000 vides
  • Julián de Navalón Moreno: 1500 vides
  • Pedro Monedero: 1500 vides
  • Herederos de Damián Castillejo: 2500 vides
  • Martín Mondéjar: 1500 vides
  • Herederos de Ursula Moreno; 1500 vides
  • Herederos de Pedro Navarro: 800 vides
  • Javier López: 700 vides
  • Don Pedro Torrijos: 1800 vides
  • Damián Moreno; 600 vides
  • Simón de Tresjuncos; 1600 vides
  • Fernando Carretero: 1000 vides
  • Herederos de Fernán Alarcón: 600 vides
  • Alonso Monedero: 1000 vides
  • Miguel Marquina: 600 vides
  • Miguel Bascuñana: 1800 vides
  • Diego López: 1500 vides
  • Vicente Contreras: 1000 vides
  • Francisco García Milla: 2500 vides
  • Otros vecinos con viñedos menores

CABEZAS DE GANADO

  • Joaquín Navalón: 250
  • Gregorio García Milla: 200
  • Joaquín de Zamora: 250
  • Ginés de Tresjuncos: 150
  • Pedro Garrido: 350
  • Damián Castillejo; 100
  • Miguel Zamora: 150
  • Antonio Monedero: 150
  • Gregorio Ramírez y Pedro Oñate: 300
  • Javiera López: 100
  • Alonso López: 100
  • Bartolomé Córdoba: 100
  • Don Blas Zamora: 2262 
Total: 4462 cabezas de ganado

LA DESCRIPCIÓN DE LA CASA DE LOS CARDOS (se aprecia una plantación numerosa de arbolado en los últimos años)

La mencionada casa tiene una entrada con puertas grandes como a el sol de las diez, se compone de un patio de veynte y dos varas de largo y veynte de ancho, contiguo  a él existe un emporchado de nueve varas de lonjitud y siete de latitud, una quadra al sol poniente de diez varas de largo y seis de ancho, con gallinero cubierto de ocho varas de largo y seis de ancho, una teinada para enzerrar ganado de veynte y ocho varas de largo y veynte y zinco de ancho, una cocina de onze varas de largo y seis de ancho, un quarto de abitazión sin acabar de arreglar, tiene onze varas de largo y seis de ancho, una bodega de zinco varas en quadro con su pila de jaraiz, en aquella se hallan tres tenajas , una como de sesenta arrobas, la otra de zinquenta, y la otra de veynte y zinco, en la misma bodega existe una cueva y en ella una tenaja de igual cabida que la prezedente. La cozina, cuarto de abitazión y la bodega se hallan encamaradas y un palomar sobre dicha cozina.

Luego se detallan las instalaciones y cultivos anejos a la casa:

  • Un pozo de agua viva de 19 varas de profundidad a 14 varas de la casa
  • Una noria empedrada a 49 varas de la casa
  • 118 olmos negros de cuatro años y otros 412 plantados recientemente y dos nogueras
  • Diez olmos y ochenta y un arbolitos, la mayor parte de ellos frutales
  • Un huerto cercado con sus paredes, junto a un colmenar y 23 olmos negros de cinco años, 90 almendros y 56 parras, plantados este año
  • Un colmenar cercado con 31 colmenas, 31 moreras de cinco años, 5 castaños y 40 moreras, nogueras, almendros y manzanos
  • 660 plantas de almendros para trasplantar
  • Viña de 3589 vides, cien almendros y 274 pies de olivar

LA ORGANIZACIÓN ADMINISTRATIVA EN 1780


Un corregidor en Iniesta con un teniente de corregidor dependiente en Villanueva de la Jara

Un alcalde mayor en la villa de Motilla del Palancar

Un alcalde mayor en Villarrobledo

Un corregidor en Tarazona

Un corregidor de Sisante

Un corregidor en San Clemente, que tiene una preeminencia sobre todos los demás

Otros corregimientos próximos eran los de Chinchilla, Albacete y Ves o Utiel, Requena y Cuenca


AHN, CONSEJOS, 29283, Exp. 18



Archivo Histórico Nacional, ESTADO-CARLOS_III,Exp.155



Sunday, December 21, 2025

Una nueva campana para la iglesia de El Peral

 El uno de noviembre de 1784 se cae y quiebra la mayor de las tres campanas de la iglesia del Peral. Sus sones dejarán de tocar para entierros y convocatorias de ayuntamientos,. Según el procurador Alonso López el pueblo y sus 160 vecinos estaban en un estado de miseria absoluta. Eran precisos 6000 0 7000 reales para fundir nueva campana mayor. Para sacar el dinero para la campana se decide adehesar una parte del término, en las lindes de Motilla e Iniesta, camino de Castillejo, la llamada dehesa Nueva, aneja a la Calera, pero sin interrumpir el paso de los ganados. Las anteriores campanas las habían pagado los vecinos, y así figuraba en un rótulo en las mismas con el año y los alcaldes a la sazón, gozando del privilegio de no tener que pagar por que doblasen durante los entierros.


AHN. CONSEJOS, 29276, EXP. 13

El Peral y la elección de oficios de 1815

 En 1815 ya solo quedaba un noble en EL Peral, don Joaquín Chavarrieta. Los alcaldes, uno pechero y otro noble se eligieron por insaculación hasta el año 1808 y ahora se pretendía volver a la tradición para evitar las parcialidades y desórdenes con  ocasión de la elección de oficios. Es curiosa la interpretación que se hacía de los cambios durante la ocupación napoleónica o vigencia de la Regencia y Cortes de Cádiz, reducidos a "ocurrencias": 

la qual práctica (de insaculación) se observó hasta 1808, en que a motivo de las desgraciadas ocurrencias que principiaron por entonces y concluyeron con el feliz regreso de nuestro muy amado soberano,

De hecho, quien ejercía de alcalde era don Joaquín Chavarrieta, por el estado noble, mientras que por el estado llano ejercía Miguel Monedero, al primero no se le consideraba alcalde del pueblo y se pretendía quitar el oficio. Los alcaldes se elegían cada año el uno de enero. Ahora en 1815, vuelto el Deseado se pretendía volver a las formas del Antiguo Régimen en este pequeño pueblo que decía pertenecer a la provincia de la Extremadura, aunque luego se rectificaba para decir que pertenecía a la de Cuenca. La última elección de oficios concejiles se había hecho el 27 de octubre de 1809, ante el alcalde mayor de Motilla del Palancar, según la tradición de la insaculación y al son de campana reunido el ayuntamiento, aunque este método de elección se había recuperado en 1797 tras décadas de olvido. Los cargos se elegían sacando un niño las bolas de siete saquillos que se guardaban bajo cerradura en el arca del ayuntamiento y que se sacaban para la ocasión.

Era El Peral un pueblo de cien vecinos, donde todos se conocían y estaban vinculados por lazos de sangre: Ahora, aunque el acusado era don Joaquín Chavarrieta, éste, junto a Miguel Monedero se defendía y hablaba de una unidad entre los vecinos del pueblo, rota por seis o siete vecinos que se habían dejado ganar por la influencia del cirujano Gaspar Cañadas. La motivación de don Joaquín consiguió echar atrás la petición de su enemigo.


AHN, CONSEJOS, 27653, Exp. 60.

Saturday, December 20, 2025

Dehesas e intereses oligárquicos

El pueblo de Tébar disponía de una dehesa, la de Riscas, para pastos de ganados, pero el dinero que aportaba su arrendamiento no iba a las arcas municipales, sino a pagar los réditos de dos censos o préstamos y en manos de un vecino de la Parrilla, Julián Simón, y de la Iglesia Catedral de Cuenca.

Juan Palomares Villanueva se había comprometido a pagar cien ducados anuales por el arrendamiento de la dehesa durante nueve años, de 1675 a 1684, pero llegado el año 1581, se acogió a una pragmática de 13 de junio de 1580 por la que se rebajaban los precios del arrendamiento de las dehesas y precio de las hierbas al precio que tuvieran en 1633. El precio de ese año había sido la mitad, lo que muestra que los precios de arrendamiento de las dehesas se habían duplicado en cincuenta años. La dehesa de Riscas siempre había tenido postores, pero parece que su arrendamiento databa de la década de 1650, en un momento en el que la Corona da licencia a los concejos para arrendar sus montes para conseguir subsidios para la guerra. Entre 1659 y 1665 estuvo rematada en don Juan de Pinagua, ganadero de la Osa de la Vega por 9000 reales; entre 1649 y 1652, en un vecino de Tébar por 4000 reales, No obstante, se reconocía que la licencia para arrendar la dehesa se había obtenido el año 1651, siendo hasta entonces coto de viñas viejas. Unas viñas que aparecen en explotación en 1533, pero que mediado el siglo se abandonan. Una situación que debió ser generalizada en la zona. La dehesa se arrenda primero como dehesa de arbitrios, es decir, para conseguir pagar a las peticiones de la corona, pero luego la villa de Tébar obtendría facultad para redimir son su arrendamiento los dos censos adeudados, es decir, como dehesa perpetua. Ese hecho se produce el año 1651. Una dehesa con capacidad para albergar cuatro hatos de ovejas para parir de quinientas ovejas en el invierno y primavera y dos hatos grandes de primales y borregos en verano y otoño en los blandos y cañadas y hasta ochocientas cabras.

Juan Villanueva, y la familia  Villanueva, era persona muy hacendada, como se pudo comprobar en los registros para el embargo de prendas por el impago de cincuenta ducados. De dicho registro, es destacable no tanto lo que se llevaron sino lo  que se describe que había: 250 arrobas de vino en una bodega, 18 arrobas de lana negra del lanero, 300 arrobas de vino y 34.5 arrobas de aceite en otra bodega de su casa. El precio de la lana era 25 reales al arroba, el aceite a 18 reales la arroba y el del vino cuatro reales la arroba. En cualquier caso, se embargaron bienes por valor de 3000 reales cuando el supuesto impago era de 50 reales.

Tébar se hallaba endeudada. El 27 de enero de 1639 había tomado un censo a favor de Julián Simón vecino de La Parrilla. El otro censo era a favor de la capilla de Nuestra Señora del Sagrario de la Iglesia Catedral de Cuenca. EL principal de ambos censos era de 2000 ducados. En esta época, década de los ochenta, la villa de Tébar aparece dominada por los Villanueva (Mateo, el hermano de Juan, era alcalde y otro de los hermanos, Pedro, era canónigo de San Justo y Pastor de la Universidad de Alcalá) y los enlaces familiares con las familias Montoya y Jávega de Vara de Rey. El control de los arrendamientos de las dehesa no suponía su explotación directa, sino que las dehesas se dividían en partes y se subarrendaban  a otros. Así Juan Villanueva había subarrendado la dehesa de las Riscas a dos vecinos de El Picazo: Lorente López y Diego Peralta, y a Juan Lozano, vecino de Tébar. En aquella época existía en la organización municipal de Tébar la figura del síndico de pobres, aunque dudamos que fuera defensor de los intereses de esta clase. En una probanza, el primer testigo presentado es Pedro de Luján y Frías. En la explotación de la dehesa había un monopolio de los ricos del pueblo. 

EL expediente muestra la oposición de una villa recién emanciapada de Alarcón al control y monopolio que sobre su gobierno concejil ejerce la familia de los Villanueva. Asimismo, por los bienes embargados, se deduce un decaímiento de las actividades ligadas al viñedo y la importancia acrecentada de los ganados; dos sectores ecónomicos en los que los Villanueva tenían puesta su hacienda. Decimos decaímiento del viñedo, pues el espacio adehesado es un espacio ocupado antaño por viñas y porque algunas de las tinajas embargadas o están vacías o están dañadas por falta de uso. En cuanto el proceso de adehesamiento, aunque sabemos que es antiguo y tenemos relacionado su proceso de usurpación de bienes comunales y su cerramiento para beneficio de particulaes, decir que los pueblos verán en estos cierres de su término una forma de pagar las cantidades dinerarias para sufragar sus aventuras miliares y las élites locales un modo de acceder sus ganados y privatizar estos espacios comunes antaños. Las dehesas, concedidas en un principio como arbitrios fiscales devendrán en perpetuas ligadas a las necesidades financieras de los ayuntamientos y las deudas contraídas con los prestamistas. Es esta nueva realidad la que lleva al enfrentamiento entre arrendadores de dehesas y los concejos. Si bien en la parte de los concejos hay dos partes interesadas: el común de los vecinos y los nuevos pretendientes ricos a las yerbas para pasto de los ganados. Los pretendientes iban más allá del ámbito local, configurándose una oligarquía regional, nacida de los enlaces familiares.

La intervención del Consejo de Castilla era muy mal vista por estos ricos de los pueblos, pues no siempre conseguían su favor y actuaba en su contra. En este caso, lo que más dolió a los Villanueva fue el embargo de bestias de labor, mulas y bueyes, y un carro, que impedía a sus criados seguir trabajando y paralizaba su hacienda.


AHN, CONSEJOS, 26207, EXP. 8. La villa de Tébar (Cuenca) contra Mateo y Juan de Villanueva sobre la reintegración de una dehesa y otras cosas. 2 piezas. Tebar y San Clemente (Cuenca).


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Tuesday, December 16, 2025

Martín de Oñate

 Martín de Oñati era hijo de Juan de Uribarri y Maria de Munozategui y nieto de Rodrigo de Balsategui y Domeza, los apellidos delataban el origen de la saga familiar: la casa solar en Balsategui, en el barrio de Uribarri en la villa de Oñate. Hacia 1536 o 1537 llega Martín al pequeño lugar de Canalejas en la Alcarria conquense. La ejecutoria de hidalguía la consigue el 25 de agosto de 1567.

NO podemos enlazar estos Oñate con los de Quintanar y Tarazona donde el apellido es muy común. Tampoco los podemos incluir en la tradición de canteros vascos, por falta de fuentes. Sabemos de este apellido entre plateros y entalladores de renombre


ACHGR, SIG. ANT. 301-43-29


Información genealógica para admisión a beca en el Colegio San Clemente Mártir o de Manchegos de Juan Oñate Ruipérez Sánchez Gómez, natural de Quintanar, del marquesado de Villena, obispado de Cuenca

AHN. UNIVERSIDADES, 390, EXP. 3

Saturday, December 13, 2025

La Hacienda municipal de Quintanar del Rey en el Antiguo Régimen

 En 1748, Quintanar pide  adehesar o cerrar su corto término, expuestos como estaban sus sembrados, viñas y olivos a la entrada de los vecinos de Villanueva de la Jara y Villalgordo del Júcar. Quintanar ese año era una villa arruinada, endeudada con los censos contraídos y sin apenas bienes propios, sus salas capitulares estaban arruinadas, su cárcel "inhabitable"; había ensanchado su dehesa carnicera para el ganado de abastos con un juez de baldíos en 1741, pero de modo insuficiente para sus necesidades. A diferencia de Villanueva de la Jara que mantenía cerrado su término, Quintanar con el villazgo no había conseguido cerrar los suyos, siendo invadidos por los ganados de los pueblos limítrofes con el consiguiente daño. Ahora se pedía cerrar los términos e incrementar los terrenos de su dehesa carnicera, según lo había señalado su juez de baldíos. La reparación de las casas capitulares y, sobre todo, de la cárcel se evaluaba en 3126 reales. 

La villa todavía seguía arrastrando deudas del último tercio del siglo XVI. Así, el marqués de Cilleruelo era a la altura de 1748 de un censo de dos mil ducados, el llamado el censo del villazgo para eximir a Quintanar de Villanueva de la Jara en 1564. En 1748 se estaban debiendo siete mil reales de réditos impagados.

El convento de religiosas dominicas de Santa Catalina de Sena de la villa de Madrid había prestado en siete de junio de1578 dos mil ducados  a la villa de Quintanar a catorce el millar, es decir, un interés próximo al siete por ciento y obligándose a pagar en dos plazos anuales unos réditos de 53571 maravedíes. Con el préstamo se pretendía comprar pan para constituir un pósito para garantizar siembras y alimentar a la villa. La villa había hipotecado sus bienes propios: las casas capitulares y ayuntamiento, las casas de carnicerías, una casa de horno de pan cocer, camino de Villanueva de la Jara, otra casa de horno en la calle de los Donates, linde de Mari Tébar, otra casa de horno de pan cocer llamada del Chico, linde de casas de Isabel Cuartera y Juan Serrano, la casa de horno llamada de la Rambla, linde de casas de Juan Serrano y la calle Real, una dehesa de boyal para el abasto de carnicería en el camino del Batanejo y el monte que está allí, un pinar y una dehesa nueva que está en el camino que va a Villanueva de la Jara, la renta de la almotacenía y la renta de la correduría arrendada. Además, numerosos vecinos habían hipotecado bienes particulares para conseguir los préstamos. A la altura de 1712, aún no se habían redimido mil ducados del citado censo de 1578 y que en 1748 las monjas exigían el pago de los intereses adeudados (1986 reales).

En cuatro de julio de 1584, año calamitoso y de carestías, la villa se vio obligada a tomar otro censo de dos mil ducados para alimentar a su población y proveer de trigo a sus labradores para sembrar. Las condiciones eran no hacer esas comprar el trigo en las doce leguas alrededor de Madrid. Entonces el concejo y varios vecinos respondieron con sus bienes, valorados en alrededor de 40000 ducados, como garantía del préstamo solicitado. Era una pequeña minoría de ricos del pueblo. El dinero se pidió prestado a Isén de Torres

En 1629, y ante una Corona arruinada por las guerras de Italia, Quintanar del Rey ofreció a la Corona 1300 ducados; la villa obtendría licencia real para conseguir los 1300 ducados a censo de ese donativo. El dinero para la ocasión lo prestó el regidor Martín Parreño Roldán el 16 de diciembre y el ayuntamiento de Quintanar del Rey se comprometió a pagar quinientos cincuenta reales anuales de réditos, estos réditos irán directamente a pagar una memoria pía fundada en la iglesia por doña Lucía de Tébar. Ese año los bienes propios eran similares a los de 1578, aunque se habían incrementado un poco. Los reproducimos de nuevo, pues nos acercan a la realidad del pueblo en 1629: las casas del ayuntamiento y cárcel linde de ellas, en la plaza del pueblo, que lindaban con casas de Juan de Oñate Talaya y Pedro el Royo, las casas de carnicerías del pueblo, lindantes con el mesón de Ambrosio Bastante y casas de Diego Bastante (¿Bustamante?), el horno de la Rambla, lindante con casas de Felipe Oñate Simarro, el horno Nuevo, lindante con casas de Martín de Alarcón y dos calles públicas, el horno del camino de Villanueva, linde con casas del cura licenciado Juan de Alarcón, la dehesa como se sale de esta villa al lugar de Casimarro, molino de los Nuevos, la Losa y el Batanejo, la dehesa del Pinar que está inmediata a esta villa y cerca del camino que va a la Jara, la renta de la correduría y mojonería, la rena de la almotacenía, la renta del estanco de aceite y saladura, dos oficios de procuradores de causas y la renta de ellos. Se debían de réditos en 1748, 2178 reales

Un censo con capital de 21000 reales a favor de la capellanía fundada por Juan Baquero Peralta, tomado el ocho de octubre de 1729. Además la villa tenía otros tres censos contraídos sin licencia real, El primero de 700 ducados a favor de Alonso Jiménez de los Herreros; el segundo de mil ducados a favor de doña Josefa Espinosa y Mota, vecina de la villa de Alcázar, y el tercero de 16000 reales a favor de la capellanía que posee don Julián Picazo, vecino de Tarazona. Estos tres últimos censos, se habían dejado de pagar los réditos y habían sido tomados en épocas de carestía para alimentar a la población.

Por el Consejo de Castilla se emitiría  provisión real sobre la conveniencia de cerrar los términos de Quintanar y ampliar su dehesa el 16 de diciembre de 1748. Las villas de Tarazona y Villagarcía del Llano parecían tener pretensiones iguales a Quintanar. No obstante, y no le faltaba razón, Villalgordo denunciaba que Quintanar se había adentrado en tierras y término de Alarcón, derribando mojones, e incorporando a su propio término lo que antaño era suelo comunero para todos los pueblos. El caso de Villalgordo era un problema de escasez de término, pero en el caso de Villanueva de la Jara, que también se oponía, era un veto de sus ganados a pastar en tierras antaño comunales y condenarlos a la trashumancia en tierras de Murcia o Andalucía; era, asimismo, el reconocimiento de que Villanueva de la Jara quedaba reducida a los términos definidos en 1481, mientras que Tarazona, Alarcón y Villagarcía del Llano se repartían los términos de Alarcón y sobre los que ya no tenía jurisdicción de hecho en estos parajes. En favor de Quintanar hay que decir que Villanueva de la Jara había cerrado anteriormente sus términos para obtener ingresos para pagar el sueldo del oficio de corregidor propio obtenido, quizás ese había sido el motivo pretextado por Tarazona para cerrar sus términos también.

PROPIOS DE QUINTANAR EN 1745 (los propios importan de 3570 reales a poco más de 4000 según los años)

  • La dehesa que llaman Abanilla-Torquilla
  • Ensancha de la casa de Félix, compartida con Tarazona de la Mancha
  • Dehesa Pinar
  • El cuarto fiel de medidor, Almotacenía y Correduría
  • Tres hornos de pan cocer concejiles, en los caminos de Villanueva, Iniesta y Madrigueras
  • 48 reales que anualmente paga Quiteria Aparicio por una casa que se le dio a censo
GASTOS DEL AYUNTAMIENTO EN 1746
  • 600 reales al ministro ordinario
  • 440 reales al corregidor y al alcalde mayor de San Clemente
  • 150 reales al predicador de cuaresma
  • 60 reales al maestro de niños
  • 80 reales al  médico por alquiler de casa
  • 33 reales al mayordomo de propios
  • Una arroba de aceite a la persona que cuida el reloj
  • 60 reales al correo que lleva el correo de San Cemente a Quintanar
  • 32 reales a los tenientes de curas por las rogativas, los días tres y ocho de mayo
  • 30 reales de limosna a la casa santa de Jerusalén
  • Papel sellado, pago de veredas
  • Mojoneras y reconocimientos del término, 
  • Reparos de edificios municipales: ayuntamiento, cárcel, carnicerías, tienda
  • Derechos de escrituras de rentas
  • Alimentación de presidiarios y su conducción
  • Niños expósitos
El saldo negativo de las cuentas municipales es de 796 reales y 24 mrs.

TIERRAS QUE SE PRETENDÍAN ADEHESAR EN 1748 y CERRAR EL TÉRMINO
  • Dos cuartos de dehesa que se llaman Redonda y Lantiscar, confinando con Villagarcía, 600 reales anuales
  • Tierra que confina con Villanueva de la Jara, 200 reales
  • La Hoya del Pino, que confina con Casasimarro y Villalgordo, antigua dehesa de Quintanar, 250 reales
  • Casa Gabaldón y monte de don Juan, que lindan con Villalgordo, 300 reales
  • Casa de Teresa y Matosa, que lindan con Tarazona, 600 reales
    AHN, CONSEJOS, 35372, EXP. 1

Los montes de Barchín y su aldea de Alcohol

 En 1794, varias tierras incultas de Barchín, Piqueras y Gabaldón se hallaban sujetas y vinculadas a una capellanía de la que disfrutaba el cura de Navalón y, que hasta entonces se venían utilizando como carboneras aprovechando la leña del monte. A estas tierras se unían las correspondientes a la capellanía la había fundado don Álvaro González y que disfrutaba un clérigo de tonsura de Almodóvar del Pinar y otras tierras de varios propietarios en régimen de propiedad libre. Ahora se pretendía que estas tierras pudieran ser roturadas y laboradas para cultivar trigo, pidiendo licencia al Consejo de Castilla. Se motivaba la petición en la escasez de tierras para la labor en Barchín. Las nuevas tierras que se pretendían cultivar estaban en la aldea de Alcol y eran tierras de pinares rodenos y alguna carrasca, poco aprovechables para la madera y destinadas a carboneras; eran tierras de hábitat para lobos y otros "animales nocivos", donde apenas si había espacio para algunos claros sembrados de trigo de poca calidad, pues "no se aireaba".

A la hora de pronunciarse el Consejo de Castilla buscó la referencia de un auto anterior sobre el monte de Belmontejo, que las monjas de la Concepción francisca de Cuenca, junto a otros propietarios, quería roturar para cultivo. Entonces, el 11 de noviembre de 1786, se decidió que, a pesar del estado de abandono del monte, siguiera con su uso tradicional de carbon para proveer a la corte. Es más, se hizo extensiva esta sentencia a cuantos montes hubiera en similar situación en la provincia de Cuenca: entre ellos, el de Barchín, NO obstante, en la provincia de Cuenca había una sentencia en sentido contrario ganada por el concejo de Fresneda en 1765, en la que se apoyarán los peticionarios para que el Consejo de Castilla les diese licencia el 10 de mayo de 1797 para roturar estas tierras, licencia condicionada a no cortar aquellos pinos más medrados.


AHN. CONSEJOS, 3171, EXP. 9

Friday, December 12, 2025

El pequeño comercio en Barchín del Hoyo

 El comercio procedente del exterior en Barchín del Hoyo era comercio de trajineros, ocasional e improvisado, sin atender a la regularidad de un día fijo en la semana. Un comercio dependiente de la casualidad y voluntad de los vendedores. Un comercio de cosas comestibles, que en 1777 saltó a la palestra por realizarse la venta de productos un festivo y la oposición del cura de la villa a que se comerciara en el pueblo sin su licencia. El cura impuso multas por el no respeto de las fiesta de guardas, aunque como él mismo decía: si a mi reconvención se allana y paga la perra, no hay contravención.

Al parecer en Barchín, era costumbre que los mercaderes foráneos para vender su mercancía obtuvieran una licencia del concejo, pero al ser el domingo o festas señaladas días de máxima concurrencia se había impuesto la costumbre de que los mercaderes dieran a la iglesia una limosna de ocho maravedíes para la fábrica de la iglesia. Estas limosnas, consideradas multas por Nicolas Casimiro Padilla*, no se ajustaban a la Real Cédula de 19 de noviembre de 1771.

El consejo de Castilla le quitará la razón al cura Bartolomé Belinchón, autorizando las ventas de mercancías los domingos, siempre que se haga con recato (media puerta abierta, evitar escándalos y decencia); también recordará a Nicolás Padilla el respeto que se debe a los curas. Es decir, se podían vender los días festivos mantenimientos y comestibles de surtimiento común, aunque la práctica era que los distintos oficios artesanales seguían con su actividad si lo hacían con sigilo y recato. 


*Pereas y Padillas dominan el pueblo en estos momentos vs. la extrema pobreza de sus vecinos. Por la fundación de un patronato de San José y consejos de los visitadores se daba a los pobres tres fanegas de pan cocido para la festividad del Santo y el día de Navidad. Los vecinos solían dar un celemín para mantenimiento del pósito

18 de junio de 1773, un pedrisco arruina el pueblo.

El pueblo se presenta como muy devoto de la virgen del Rosario.

AHN. CONSEJOS, 31434. Exp. 6

Proceso criminal contra Andrés Ramírez de Arellano (1635)

 Don Diego Pimentel, era marqués de Gelves, de los Consejos de Estado y Guerra, capitán de las Guardas Españolas y señor de la encomienda de la orden de Santiago de Villanueva de la Fuente. Entre todos los títulos destacamos el último, aunque sea el más insignificante, pues por la administración de la encomienda de Villanueva de los Infantes era motivo de litigio con Andrés Ramírez de Arellano, que a la altura de 1634 era familiar del Santo Oficio. Esta condición de familiar suponía que en cualquier acción contra él habría de entender el Santo Oficio. 

Andrés Ramírez de Arellano tenía arrendada la encomienda de Villanueva de la Fuente por 35000 reales al marqués de Gelves. Andrés Ramírez de Arellano había administrado la encomienda durante nueve meses y disfrutado de sus frutos y rentas, llevándose de Santa María del Campo a Villanueva de la Fuente toda su casa y familia. El caso es que de la administración de la encomienda, bien por los impagos del arrendamiento bien por operaciones de pago encomendadas por el marqués y no realizadas o enajenación de tierras y bienes, Andrés tenía una deuda con el marqués de setenta mil reales, que según la habladuría popular tenía enterrados y ocultos en Santa María del Campo y, según otros más sapientes, tenía como testaferros Alonso Rosillo, hijo de su mujer y a Pedro de Mendiola. Para garantizar su persona y evitar ser apresado, Andrés Ramírez de Arellano se había retraído al interior de la iglesia de Santa María del Campo. El familiar del Santo Oficio era acusado de alzamiento de bienes: gran cantidad de bienes, muchos dineros en doblones, plata labrada y otros muchos bienes de grande valor y estimación que fue llevando y transportando con la dicha fraude y ocultación desde la encomienda a la dicha villa de Santa María del Campo, donde según se dice tiene escondido y enterrado mucha parte dello en casas particulares, donde el encubren y receptan el dicho alzamiento.

La carta de arrendamiento de la encomienda, frutos y rentas entre el marqués de Gelves y Ramírez de Arellano era por cuatro años (1631-1634) por treinta y cinco mil reales de vellón. Además el arrendatario había de pagar el subsidio y escusado, la ayuda de costa de cura, limosnas y lanzas y demás que se da cada un año al prior del convento de Uclés. EL arrendatario también estaba obligado a los reparos en las casas, torre, molinos y tierras y a poner guardas en las dehesas.

El expediente aparece inconcluso.

AHN, INQUISICIÓN, 64, Exp. 3

Thursday, December 11, 2025

FRANCISCO SÁNCHEZ, EL BÍGAMO DE EL PEDERNOSO

 Francisco Sánchez Cortecero, natural de El Pedernoso y de profesión plomero, sería castigado en 1569 por el Santo Oficio por haber casado dos veces. La primera de las veces en Carmona, Sevilla, con Catalina Rodríguez, a la que abandona en Sevilla junto a un hijo recién nacido, para irse a trabajar a Almodóvar del Campo, donde casa con Mari Gutíérrez de nuevo. Antes de casar con Catalina Rodríguez, Francisco Sánchez había casado en una aldea de Toledo, Manzanaque, con Catalina Fernández, que había fallecido. A su primer mujer la había dejado viviendo como ama con un mercader sevillano, que tenía a su servicio, además, dos esclavas. El mercader era Rodrigo Núñez, de la compañía del nombre de Jesús.

Francisco Sánchez Cortecero había nacido en El Pedernoso, en la década de 1520, el segundo apellido delataba su profesión de curtidor de cortezas de árboles. Era un hombre desarraigado, sabía de su padre Juan Sanchez Cortecero, que debía acompañar del oficio de su segundo apellido con el de labrador y de su madre Juana de Oma, pero se perdía con los abuelos paternos, aunque no con los maternos. Si bien sabía que era nieto de Martín de Oma, un cantero vasco de renombre, asentado en Belmonte, pero no sabía el nombre de la abuela materna, quizás porque su madre era hija ilegítima del cantero vasco. De hecho, las vinculaciones familiares de Francisco Sánchez en Cuenca venían por sus tíos, Tenía tres hermanos, dos labradores y uno jornalero, y cuatro hermanas casadas tres de ellas con tejedores en Las Pedroñeras, La Alberca y El Pedernoso. 

Francisco Sánchez ocultó su bigamia ante la Inquisición, cuando fue conminado a declarar sus pecados, para inculparse por blasfemias proferidas en cierta ocasión en Almodóvar del Campo, siendo porquero. La indefensión de un reo en la cárcel de la Inquisición era total. Este hombre, con su silencio por no reconocer su bigamia, tuvo que esperar dos meses a que el fiscal del Santo Oficio le acusara del delito. Francisco Sánchez era un desgraciado en busca de oficio de aquí para allá, obligado a salir de su pueblo por la necesidad de una familia numerosa y desestructurada, en gran parte por culpa de su abuelo, un cantero rico, Martín de Oma, que daba rienda suelta a sus desenfrenos sexuales con mujeres desamparadas. Había ejercido de cortecero, plomero, porquero o segador. Un pobre hombre, al que posiblemente un primo suyo, un clérigo llamada Alonso Martínez Cortecero le había preparado un buen matrimonio con la vecina de Almodóvar, María Gutiérrez, cuya madre se hacía llamar "la duquesa", Allí donde no llegaba Francisco, sí que lo hacía su primo el clérigo Alonso Martínez Cortecero, que sabedor del pecado de la bigamia había convencido a su primo para que obtuviera la probanza falsificada de tres testigos de cómo su primera mujer era muerta (en realidad la segunda, pues la primera lo era realmente y Francisco ya sabía lo que era el valor de la probanza de los tres testigos). Muerta o no, probablemente, Francisco Sánchez es cómo deseaba ver a su esposa de Carmona,  pues seguramente tenía dudas sobre si el primer hijo de su esposa era suyo o del mercader sevillano y tenía la certeza que un segundo hijo lo era del mercader.

¿Cómo fue sentenciado Francisco Sánchez? debía salir al auto de fe con una vela de cera en la mano y con una coroza en la cabeza con insignias de dos veces casado y con una soga a la garanta, abjurar de Levi, sea traído a la vergüenza por las calles de Sevilla y llevado a las galeras a servir cuatro años como galeote.

AHN. INQUISICIÓN, 29, EXP. 21

Un pedroñero en la expedición dominica a Filipinas.

 Benito de Tébar era un joven pedroñero, estudiante que pretendía ordenarse de corona y grados. Hijo de Juan de Tébar y Catalina López. Su ascendencia familiar de cristianos viejos quedó probada el 26 de octubre de 1602 y avalada por el teniente de cura de Las Pedroñeras que consideró al joven como " hombre recogido y de buenas costumbres y a tratado muchos años y trata de ordenar para ser al estado sacerdotal y trae hábito de estudiante y a oydo decir que en la ciudad de Granada a estudiado y en otras partes y en ellas aber dado buen exemplo y así digo que merece las órdenes que pretende".

Benito de Tébar había sido bautizado el 19 de febrero de 1579 en la iglesia de Las Pedroñeras, tenía, pues, veintitrés años cuando pasó a Las Filipinas y había sido confirmado en diciembre de 1586 por don Gómez Zapata, obispo de Cuenca. Pasaría como uno de los seis criados que acompañaran al padre en su viaje a Filipinas, al quedar vacante dos de las plazas por enfermedad de dos aspirantes. Benito era moreno de rostro, con una señal de herida en la frente, donde nacía el cabello, y otras dos pequeñas a los lados y otras dos heridas en la mano derecha.

Benito de Tébar iba en una expedición de dominicos comandada por su vicario fray Gabriel de San Antonio. En total pasaron treinta religiosos y seis criados. La salida para Filipinas se retrasaría hasta finales de 1607. Se decía que, entonces, Benito de Tébar, tenía 24 años, pero sabemos que su edad real era ya de 28.

AGI, CONTRATACIÓN, 5300, N. 18


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La Casa de Contratación de Sevilla para dejar pasar a Indias, a la provincia de Popayán,  a la persona que designe Catalina López, a aceptar la hacienda dejada por su marido por Marcos Martínez, ya difunto. Las condiciones es que deposite 300000 mrs. de fianza y no esté allá más de tres años. 9 de febrero de 1574

    AGI, CONTADURÍA, 240, N. 1, R. 307

Pasajeros a Indias de El Provencio

 La fortuna heredada por Pedro García de la Alberca, vecino de El Provencio, de su padre Juan Martínez de la Alberca fue de 82781 mrs., pagados el 26 de enero de 1600. Juan Martínez había fallecido en Mérida, Tierra Firme. Juan Martínez de la Alberca había marchado a Indias tras la muerte de su esposa Quiteria Honrubia, sería el año 1585.

AGI, CONTRATACIÓN, 256A, N. 1, R. 12.

El 17 de marzo de 1589, el hermano Fernando Carrasco se embarca junto a otros ocho hermanos con destino a la ciudad de México para servir en el Hospital de San Hipólito, a las órdenes del hermano Esteban de Herrera. Su labor sería cuidar enfermos, por la falta de hermanos para esta ocupación

Se definía a sí mismo como cristiano viejo con ascendencia conocida. Hijo de Hernán Sánchez Carrasco y Mari López Pellejera, nieto, por línea paterna, de Martín Carrasco y Francisca Bonilla, y, por línea materna, de Francisco Pellejero y Catalina de Haro. Era un mozo de veintitrés años, huérfano de padres, al que comenzaba a crecerle la barba.

AGI, CONTRATACIÓN, 5232, N. 38.

Wednesday, December 10, 2025

Testamento de Alonso de Calatayud, señor de El Provencio

 Otorgado en Toledo, el 4 de julio de 1525, ante el escribano Fernando Rodríguez.

Manda ser enterrado en la capilla de enterramiento familiar, donde están sus padres enterrados, en la iglesia de su pueblo El Provencio (antigua iglesia de la Magdalena). Hasta en sus últimos momentos se mostró como una persona recelosa, sabedor que podía morir en Toledo, dispusó su enterramiento temporal en iglesia o convento de la capital hasta que sus restos fueran llevados a la capilla familiar de El Provencio, según dispusieran sus albaceas.

El día de su entierro y de su depósito en la capilla familiar se harían honras y exequias tal como ordenare su mujer Leonor de Toledo y Guzmán.

Manda las cinco mandas acostumbradas: para la obra de la Santa Iglesia de Toledo, para la Santa Trinidad y para Santa Olalla de Barcelona, para Santa María de Guadalupe, para Santa María de la Merced y para ayuda a sacar cristianos cautivos de tierra de moros. A cada una de las mandas medio real.

Manda que arda una lámpara de aceite delante del Santísimo Sacramento, durante el primer año de su enterramiento, en la iglesia o monasterio donde estuviera sepultado.

Se paguen deudas y descargos indicadas en el memorial que ha de acompañar el enterramiento. Asimismo se pague a aquellos que juren deudas por un valor de menos a quinientos euros, sin otro documento probatorio.

Confiesa tener en el término de El Provencio una casa, un molino, una huerta y ciertas tierras que son fuera del mayorazgo familiar y que ahora  con ellos se quiere dotar una capellanía con la obligación de una misa diaria. La ordenación de esta capellánía y nombramiento de capellanes queda en manos de su mujer Leonor de Guzmán.

Para evitar la enajenación de su villa de El Provencio, por las deudas que se mantienen con los acreedores, manda que se siga pagando de las rentas de la villa y no se haga uso de la dote de su mujer y se ordena que Leonor de Toledo y Guzmán sea pagada por lo adeudado de lo sacado de su dote.

Deja a sus hijos: a Marquesa de Guzmán, para sostenimiento del recogimiento que ha elegido, 300000mrs.; a Teresa de Guzmán, para ayuda de su casamiento, 500000 mrs.; a sus hijos Diego de Guzmán y Cristóbal Calatayud, 200000 mrs. a cada uno. Para estos pagos, se acudirá a los rentas y frutos de la villa de El Provencio, incluidas en el mayorazgo familiar; para hacer uso de estas rentas vinculadas al mayorazgo se hace necesario licencia del emperador.

El heredero del mayorazgo sería don Luis de Calatayud.

Se nombran albaceas: Leonor de Toledo y Guzmán, su mujer, Vasco de Guzmán, fiscal mayor de la justicia eclesiástica de la ciudad de Toledo; Pedro Sánchez Carnicero el mozo.

AHNOBLEZA, PASTRANA, C. 11, D. 1

Tuesday, December 9, 2025

El provenciano que se fue a Indias a comerciar con cacao

 Miguel Fernández, hija de Alonso Hernández Quintanilla y Teresa Olivares, era provenciano que había muerto en 1612 en Nueva España. No sabemos cuándo había salido de su pueblo para Indias, pero sí que su fortuna, acumulada en el entorno de la ciudad de Puebla (o Puebla de los Ángeles) se había forjado en torno al cacao. Once cargas de cacao había dejado en el momento de su muerte en la villa de Carrión en el valle de Atrisco, pero no consigo sino en el puerto de Acapulco. Miguel había muerto tras sentirse enfermo viniendo de Sonsonate (actual El Salvador), Es probable que Miguel Fernández no pudiera acudir a recoger estas cargas, pues hospedado en una posada estaba recibiendo atención médica. Su muerte llegó a su viuda Lucía López en 1619, en El Provencio. Por entonces, únicamente vivía su hija Catalina de Olivares, pues otro hijo llamado Miguel había muerto. En las informaciones de testigos de 1619 se dice que Miguel Fernandez había abandonado su pueblo hacía 17 o 18 años (hacia 1601-1602), aunque su pase a Indias se produjo un año después de abandonar el pueblo en busca de fortuna.

Miguel Fernández había conseguido una posición económica favorable en las Indias, contaba con una sirvienta en su casa y cuando muere encomienda a seis clérigos su entierro, con una misa cantada y 264 misas rezadas por él, sus padres y otras personas en Carrión, ciudad de México y conventos de carmelitas y franciscanos. Dedicado al comercio, cuando muere, se ha adelantado a un arriero a su servicio que trae once cargas de cacao para entregarle en Puebla de los Ángeles. El cacao se había recogido en Sonsonate, trasladado en barco a Acapulco y sería transportado por el recuero Bartolomé Martín hasta Puebla.

Las once cargas de cacao, y algunas ropas viejas, eran las única propiedades de Miguel en el momento de su muerte. Miguel no tenía deudas, creemos qu  era una persona avispada en busca de negocios y lo había visto en el comercio de cacao. El caso es que en el momento de casarse, Miguel Fernández no era pobre, había aportado al matrimonio 500 ducados y su mujer 30000 maravedíes en concepto de dote. ¿Entonces? Probablemente, Miguel y su hacienda se habían arruinado y se había visto forzado a buscar fortuna fuera de su pueblo


Hasta 1624, la viuda y su hija no recibirán la herencia del difunto, un total de14569 mrs. Es lo que quedaba después de pagar al recuero del cacao, al mesonero que atendió al moribundo, que no se olvidó de echar al alza los servicios como la esclava que atendió al moribundo o las sábanas y colchón orinadas en su agonía de cinco días, luego venían sueldos de escribanos, pagar el macho prestado con el que había llegado al mesón, los clérigos de su entierro, las misas y los impuestos exigidos por la Casa de Contratación (costas, flete y avería).


AGI, CONTRATACIÓN, 357, N. 7.


La peste del año 1600, que llegó a la Mancha conquense en dos oleadas, las crisis inmediatamente previas y la carestía en torno al año 1604 obligaron a los hombres a dejar sus pueblos y buscar nuevas oportunidades. Tal fue el caso del provenciano Miguel Fernández, que, abandonando El Provencio y su familia, anduvo errante por Andalucía antes de obtener el permiso para pasar a Indias.
El abandono de los maridos del hogar familiar, empujados por las ruinas de sus haciendas y a la búsqueda de fortuna, fue algo que se repitió en el tiempo. Las familias eran más extensas y los parientes, ya fueran tíos o yernos suplían en la medida que podían la falta del cabeza familiar. Miguel anduvo en busca de su oportunidad por Nueva España; debía ser una persona arriesgada, que buscó la oportunidad en los nuevos negocios. El lo intentó en el comercio del cacao, cultivado en Guatemala, este producto llegaba al puerto de Acapulco desde donde se distribuía no solo a Europa. Recuas de mulas ayudaban en la distribución. Miguel Fernández hizo lo propio contratando un recuero que llevara sus once costales de cacao hasta la ciudad mejicana de la Puebla de los Ángeles. El cacao llegó, pero él, no. Montado en un macho y enfermo llegó hasta un mesón en la villa de Carrión, para desplomarse de su cabalgadura y ser recogido por el mesonero, que lo atendió sus últimos cinco días. Poco antes, a ocho leguas de Acapulco había ordenado su conciencia y su hacienda, sabedor de su destino. Su fortuna se esfumó entre misas por su memoria, pago del recuero y del mesonero, que no le perdonó haber estropeado con su orina sus sábanas y colchón y las gestiones post mortem de sus albaceas. Su hija, en El Provencio recibió de su herencia tan solo 14500 maravedíes, cuando la hacienda del finado había gozado de tiempos mejores en el cultivo de la tierra de su pueblo natal: 500 ducados de patrimonio y 30000 maravedíes de dote matrimonial.

Una herencia de Indias

 Aunque ya hemos hecho múltiples referencias, las repatriaciones de capitales desde Indias, los llamados bienes de difuntos, vinieron a dinamizar la economía de los pueblos de La Mancha conquense en forma de fortunas sobrevenidas para sus destinatarios. Un caso es la herencia del provenciano Juan García, fallecido en Nueva España y cuya muerte debió acaecer hacia 1608 y que dejó una herencia de 134356 maravedíes. 

Juan García de Perona el viejo había marchado a Indias y se había instalado en la ciudad de Veracruz, dejando atrás a su mujer Mari Sánchez , un hijo, Juan y una hija, María, en El Provencio. Juan había rehecho su vida en México donde se había amancebado con una mujer llamada Catalina Martínez, que recibiría la cuarta parte de su herencia. Juan García había muerto en 1602, pero como suele pasar en estos casos una persona de confianza se había hecho con su herencia a falta de descendientes en México y solamente cedió la herencia cuando fue conminado por la justicia cinco años después. La afloración de estas herencias era posible por el envío desde la Península de jueces visitadores para reclamar las herencias no declaradas. Tal fue el caso del juez Juan Frías de Salazar que fue enviado a Veracruz en 1607; allí, en el puerto de San Juan de Ulúa, y con las voces de un mulato, acompañado de los redobles de una caja, se advirtió a los vecinos que dieran a conocer las herencias de que fueran depositarios.

Estas fortunas quedaban en depósito en la Casa de Contratación en Sevilla, desde donde se manaban requisitorias a los pueblos originarios de los difuntos para que sus herederos reclamaran la herencia. En los pregones de los pueblos se anunciaba la noticia y los vecinos eran reclamados para la misa mayor del domingo en la iglesia del pueblo para que, leída la requisitoria de Sevilla, los herederos pudieran tener conocimiento de la herencia legada y ejercer sus derechos.

El Provencio había estrenado iglesia y una plaza nueva delante de ella, en lo que había sido una constante en los pueblos de la Mancha conquense de crear espacios nuevos y públicos desde el siglo anterior. Era en esta nueva plaza, forjada en torno a la iglesia de la Asunción, que los alcaldes ordinarios de la villa hacían justicia y se pregonaban las órdenes ante numerosos vecinos. Ante el alcalde ordinario, el doctor Peláez Grimaldo y su acompañado, sentados en los poyos de la plaza, se presentaría Juan García Perona el mozo para exigir la herencia de su padre muerto en Indias, junto a varios testigos que ante el alcalde y escribano dieran fe de su descendencia directa de Juan García Perona el viejo y María Díaz o Sánchez. Examinados los testigos al pretendiente a la herencia se le exigía una escritura de obligación o fianza qnte el escribano Juan Merchante en el que varios vecinos respondieran con su patrimonio de la veracidad del parentesco para el entrego de los 134356 maravedíes en Sevilla. 

Gracias a una nueva información de testigos podemos saber de estos labradores ricos de El Provencio que aseguraron reunir entre cuatro de ellos mil quinientos ducados: eran  Diego García Ortega, Juan Zarco, Pedro Zarco y Francisco Zarco.

El 3 de junio de 1609 se iniciaría el proceso de pago por la Casa de Contratación, aunque Juan García Perona no recibiría hastael día cinco en Sevilla su herencia


Testigos; 16 de mayo de 1609

Fernando de Jerez, 70 años

Juan García, 44 años

Bartolomé Pulido, 49 años

Francisco Bonillo, 48 años

Eugenio García, 48 años

Marcos Provencio, 40 años


AGI, CONTRATACIÓN, 288B, N. 1 R. 3




Un barbero de Las Mesas en Filipinas

 NO debía ser muy seguro el pase a las islas Filipinas por los peninsulares, pues algunos o se volvían o no llegaban. Debemos tener en cuenta que la colonización de los españoles en Filipinas era muy reciente, se había iniciado desde Nueva España con la expedición de Miguel López de Legazpi en 1565. Así, cuando en 1581, en barbero de Las Mesas Esteban López pide pasar a Indias, lo hará con unas condiciones muy tasadas: 

  1. Exigencia de una fianza de 200000 maravedíes
  2. No detenerse en Nueva España
  3. Residir un mínimo de ocho años
  4. Presentarse ante el gobernador de Filipinas a los tres años de haber llegado y envía testimonio al Consejo de Indias.
AGI. CONTADURÍA, 242, N. 232

Monday, December 8, 2025

Los Enríquez y la prestamera de San Clemente

 Don Fernando de Alarcón Fajardo, clérigo y vecino de la villa de San Clemente, había ganados letras y bulas de impetración del Vaticano para gozar de un préstamo que en la iglesia de Santiago de San Clemente tenía don Francisco de Reolid y Peralta, clérigo de menores órdenes de la ciudad de Toledo. Las bulas despachadas por Inocencio X  se guardaban en el despacho de uno de los cuatro notarios apostólicos del obispado de Cuenca, Juan Carrasco, en una gaveta de su escritorio. Eran bulas escritas en pergamino, con unos cordeles y plomo colgando; estas bulas concedían mercedes a ruego de algunas personas que las impetraban o solicitaban, pero condicionadas a que los peticionarios demostraran en proceso posterior su derecho a tales mercedes. Tal era la pretensión sobre el préstamo (o prestamera) de la iglesia de San Clemente. 

La prestamera de San Clemente la venían disfrutando en los años 1647, 1649 los Enríquez de Cuenca y ahora a la muerte de Pedro Enríquez la prestamera se la disputarán los clérigos Francisco Reolid, que la venía disputando los tres últimos años, y Fernando Alarcón Fajardo, que ya disfrutaba de una prestamera en Chillarón y Arcas. Entre los frutos sacados de la tercia se detallaban:

  • Para el año 1646, 63 borregos, 68 arrobas de lana y cuatro libras, 2 arrobas de queso, 194 almudes y 2 celemines de trigo, 171 almudes de cebada, 39 almudes de centeno, 8 almudes de avena, 310 cargas de vino (que dieron 1000 arrobas de vino, quitada la costa de pisar), 134 arrobas de vino en las aldeas
  • Para el año 1647: 63 arrobas de lana, 53 corderos, 282 almudes y 4.5 celemines de trigo, 215 almudes y 3 celemines de cebada, 75 almudes de centeno, 77 cargas de uva de dezmeros de la villa, 56 arrobas de vino en dezmeros de caserías
  • Para el año 1648, 60 corderos, 60 arrobas de lana, 203 almudes de trigo, 170 almudes de cebada, 50 almudes y 2.5 celemines de centeno, 135 cargas de uva de la villa, 38 cargas de uva de las aldeas, 2 arrobas de queso, 8 almudes de queso
  • Para el año 1649: 53 arrobas de lana, 41 cabezas de ganado, 299 almudes de trigo, 148 almudes de cebada, 88 almudes de centeno, 190 cargas de uva en dezmeros de la villa y 104 arrobas de vino en dezmeros de las caserías.
  • Para el año 1650, 76 borregos, 66 arrobas y siete libras de lana, 3 arrobas de queso, 229 almudes de trigo y cuatro celemines, 142 almudes cebada, 97 almudes y 4 celemines centeno, 12 almudes y 4 celemines de avena, 103.5 cargas de uva de la villa y 43.5 cargas de uva de las aldeas
El montante de los frutos del total de cinco años correspondientes  a la prestamera de Pedro Enríquez era el siguiente:
  • 606 fanegas y seis celemines de trigo, a 14 reales la fanega: 8491 reales
  • 420 fanegas y tres celemines de cebada, a 7 reales la fanega: 2490 reales
  • 174 fanegas y ocho celemines de centeno a 8 reales: 1396 reales
  • 3055 arrobas de vino a dos reales: 6110 reales
  • 293 corderos a catorce reales el par: 2058 reales
  • 310 arrobas de lana a 16 reales por no ser fina: 4960 reales
  • El queso se daba a terceros
De subsidio y escusado se pagaban 1200 reales al año, 6000 en total; por la administración se pagan 1100 reales al año, 5500 reales en total; paga de pensión 550 reales al año, 2750 reales en total. A descontar del 25955 reales que sumaba el total de frutos de la prestamera, quedaban 11705 reales (2341 reales por año) para la prestamera de don Pedro Enríquez de Toledo. Esa cantidad de 2341 reales era cantidad buscada, pues la prestamera concedida lo había sido por un valor de cien ducados de oro, equivalentes a 1800 reales de plata doble, que traducidos a vellón eran 2700 reales.
A esta prestamera también le correspondía la tercera parte del queso diezmado, pero era de muy poca consideración, apenas una arroba y media en 1647 y 1649. Era administrador de los diezmos de la villa Francisco Torrijos, que actuaba por delegación de Francisco Martínez Perona, abad de Santiago y beneficiado de las parroquias de la villa de San Clemente. En 1651 el administrador de los diezmos es el presbítero, Cristóbal Caballón, por delegación de Juan Gregorio de Santos, inquisidor apostólico y cura de las parroquias de la villa. Andaba en litigio el diezmo de Villar de Cantos.

El pleito por la prestamera lo ganaría don Fernando Alarcón Fajardo en 1654

AHN, CONSEJOS, 25689, Exp. 16. El fiscal y Francisco de Reolid y Peralta contra Fernando de Alarcón sobre retención de bulas. San Clemente, Cuenca. 1655

Wednesday, December 3, 2025

GENEALOGÍA DE LOS CALATAYUD DE EL PROVENCIO

 


RAH. Signatura: 33, fº 25 v. — Signatura anterior: D-33, fº 25 v

ACUÑA DE CASTILLO DE GARCIMUÑOZ

 PRETENDIENTE AL HÁBITO DE LA ORDEN DE SANTIAGO (11 DE NOVIEMBRE1653)

PADRES

Don Vasco de Acuña, natural del Castillo de Garcimuñoz, y doña Elvira de Alarcón, natural de Arenas y vecina de Castillo de Garcimuñoz

ABUELOS PATERNOS  

Juan de Pedrola y Acuña, natural de Castillo de Garcimuñoz, y doña Ana Pacheco, natural de Belmonte.

ABUELOS MATERNOS

El licienciado Pedro de Alarcón, natural de Castillo de Garcimuñoz, y doña Catalina Medrano, natural de Arenas


RAH. Signatura: 9/328, fº 35. — Signatura anterior: D-54, fº 35.Certificación de la genealogía de Antonio de Acuña y Alarcón, natural de Castillo de Garci Muñoz, presentada para su ingreso en la Orden de Santiago en 1653. [Manuscrito]