Acusar de judaísmo a familias de abolengo podría resultar chocante, ... o no tanto, pero intentar manchar la sangre cristiana vieja de familias de abolengo como los Espinosa y Zapata, que pasaban por las más preclaras de Iniesta resultaba insultante. Pero hubo quien se atrevió. A la altura del siglo XVIII, los Espinosa de Iniesta ya se habían mezclado con las mejores familias de la villa: López Cantero, Zapata o Argandoña. Este apellido, el de Argandoña, pasaba por linaje vizcaíno, oriundo de Álava y solar en Cerio, pero en sus enlaces familiares figuraba la mancha de otro apellido tenido por judío, los Portillo. Estos también decían descender de la Montaña y haber bajado a Valladolid como mercaderes, para acabar estableciéndose en Motilla del Palancar, pero en la memoria popular permanecía el recuerdo de Quiteria Portillo, procedente de Villamalea y quemada por judía. La acusación de judaísmo contra los Espinosa iba más allá. Esta vez la acusación de judaísmo venía contra los Zapata. Se recordaba una Mariana Zapata había casado con el primer Espinosa, originario de Peñas de San Pedro (aunque decían venir de Burgos y la Inquisición negará la procedencia de los Espinosa de Iniesta de esa línea de Peñas de San Pedro), biznieta de una Juana de Moya, reconciliada por la Inquisición de Cuenca en 1521 y cuyo sambenito colgaba de la iglesia de Iniesta. Dicen que la vieja iglesia de Iniesta había sido quemada por los López Cantero, con la intención de hacerse una capilla propia en la nueva iglesia, la de Santa Ana, que curiosamente compartían con los Espinosa, después que un matrimonio forzado por las circunstancias entre el doctor Pedro López Cantero y Catalina Espinosa fuera incapaz de unir las fortunas de ambas familias y tuvieran que repartirse a su muerte la hacienda en dos partes iguales, incluidas la capilla citada y esa otra del convento franciscano. Entre los delatores de los Espinosa estaban los López Cantero y otros hidalgos recién llegados de Córdoba, los Saavedra.
Las acusaciones de judaísmo contaban en su contra el paso del tiempo pues son de los años 1731 y 1732, coincidiendo con las pruebas de limpieza de sangre que ha de pasar Francisco Espinosa para acceder al tribunal de la Inquisición de Cuenca, pero tienen su base de certeza en la negativa que obtuvo el linaje vasco e los Argandoña a obtener su hidalguía del tribunal granadino en 1611. teniendo que esperar a una tercera generación en 1662 para ver reconocido sus condiciones hidalgas. El primero de los Argandoña llegados a Iniesta había sido Pedro, casado en Villamalea con una vizcaína, probablemente hija de otro cantero vasco llegado antes y llamada María de Urquizu. Hasta ahí, la limpieza de sangre era innegable, pero los problemas llegaron para la familia con el enlace familiar de uno de los hijos, Bartolomé, casado con vecina de Villamalea, llamada Quiteria Portillo y cuyos ascendientes judíos eran innegables para el común de los mortales. Tanto Quiteria como su hermana fueron acusadas de judaísmo por el Tribunal de la Inquisición de Murcia, llevándose la peor parte Quiteria, que fue quemada. Los hechos debieron ocurrir hacia 1610, un momento que las hogueras se encienden con motivo de la persecución de la comunidad marrana portuguesa, pues la negación de la ejecutoria de los Argandoña data, según los testigos, de 1611. Del apellido Portillo no teníamos noticias de su origen judío, y, de hecho, posteriormente, ya en el siglo XVIII, la rama conocida de Motilla conseguirá ejecutoria de hidalguía al desplazarse a Villanueva de la Jara y Requena.
La posición de la familia Espinosa se había visto reforzada por el matrimonio del bisabuelo de Francisco, también llamado Francisco Espinosa Mora con María Treviño Carrillo, de la poderosa familia Treviño de Ciudad Real y donde Francisco había pasado como corregidor. Su hijo Francisco Espinosa Treviño había vuelto a su tierra para casarse con una mujer de la aldea de Castillejo, llamada Isabel Gómez, probablemente hija de un labrador rico. Los testigos recordaban hasta la generación del tercer abuelo, Francisco Espinosa, que al igual que sus hermanos, Gaspar, Pedro y Gregorio se habían hecho con familiaturas del Santo Oficio en 1602 o que antes Martín Espinosa había sido alguacil mayor de la Inquisición. El primero que puso en duda la honra de los Espinosa fue Alonso de Saavedra, un joven cordobés de 28 años, en 1731, avecindado en Iniesta, que fue el que lanzó la primera andanada contra los Espinosa: decía que el primer Espinosa llegado a Iniesta había sido Fernando de Espinosa y que procedía de Peñas de San Pedro (según las noticias que tenemos, los Espinosa están entre El Peral y Villanueva de la Jara, a finales del siglo XV). Fernando de Espinosa habría casado con Mariana Zapata "y la madre de doña Mariana era hija de Pedro Atienza, y este Pedro era hijo de Alonso de Atienza y Catalina González y esta Catalina fue hija de Jaime Carrión y de Juana de Moya, reconciliada de judaísmo por la inquisición de Cuenca, cuio sambenito está en la yglesia de Yniesta. Las fuentes de Alonso de Saavedra eran Pedro López Cantero y el escribano del ayuntamiento Damián Tórtola. El teniente de cura de Iniesta Juan del Campo manifestaba "que la enemistad que ay entre los Canteros y los Espinosas y los Argandoñas que juntándose en ayuntamiento se contradicen, sin atender a más razón". La oposición de los Cantero a los Espinosa ya se había manifestado con ocasión de las pruebas de un pariente de los Espinosa, un tal Francisco Alcanizo, para obtener hábito de orden militar. Parece que el detonante de las enemistades, aunque venían de antes, había acaecido en un ayuntamiento de 1671, "en que don Palmero allándose alcalde hizo un desayre a don Alonso Suárez vicario y esto lo reprendió don Francisco Zapata y sacaron las espadas y los Espinosas, González Argandoñas y los Zapatas se arrimaron a don Francisco Zapata y los Cantero y otros de su familia a Palmero que era su parte, y an continuado estos vandos".
Quiteria Portillo, según los testigos, había sido delatada por su marido Bartolomé Argandoña (aunque también se considera a Sebastián, hijo de Barolomé, como marido, en el pleito), junto a su hermana Isabel, que, aunque escapó de la hoguera, fue condenada a llevar sambenito. LAs acusaciones venían de la familia Cantero, que desde hacía cien años andaba en disputas y matrimonios malogrados con los Espinosa, aunque quien ponía voz era Alonso Saavedra, casado con Catalina López Cantero. Los Argandoña habían intentado borrar los testimonios del desgraciado enlace entre Bartolomé y Quiteria, rasgando hojas de los registros sacramentales, pero la tradición oral mantenía las manchas de judaísmo y a la altura de 1725 se llamaba a los Argandoñas como cardadores judíos y puercos judíos. No faltaba quien defendía la limpieza de Quiteria Portillo, haciéndola descendiente de la familia Portillo, procedente de Motilla del Palancar. Apellidos notables de Iniesta se solidarizaron con los Espinosa, tales los Peña, Garrido o Merino. La presión de la familia Espinosa conseguiría la prisión de Alonso Saavedra que había puesto mancha en la honra de la familia. Su esposa Catalina Cantero también sería encarcelada, pero no dio su brazo a torcer y siguió defendiendo el judaísmo de la que ella llamaba la "Portilleja", pero el Santo Oficio decidió dar carpetazo al asunto de 23 de abril de 1732.
AHN. INQUISICIÓN, 3728, EXP. 119
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